San Charles de Foucauld, consolador del Sagrado Corazón

Charles de Foucauld

Anne Bernet 

Este santo eremita, que tejió el Sagrado Corazón en su hábito, se propuso como misión «consolar el Corazón de Jesús». Murió «mártir despojado de todo»

Algunas personas están hechas para amar y perderse en el amor. Charles de Foucauld tuvo la gracia de comprender, desde muy temprano, que se había extraviado al aferrarse a pasiones decepcionantes y posesiones efímeras. Así, tuvo tiempo de ir más allá de ellas y amar y consolar al Sagrado Corazón de Jesús.

Durante su expedición solitaria a regiones donde ningún cristiano se había aventurado aún, entró en contacto con el Islam y experimentó la trascendencia divina en una religión tan alejada del creciente materialismo de Occidente que consideró convertirse.

Sin embargo, era en el catolicismo de su familia donde Dios lo esperaba. Más precisamente, en un confesionario de la parroquia de san Agustín en París, donde el padre Huvelin lo invitó a arrodillarse para una confesión general. 

El penúltimo lugar

Charles emergió de esta confesión convertido, creyente, consciente de repente de la omnipresencia del Dios de sus antepasados ​​en su vida. Reconoció la providencia divina como constante y atenta, pero sobre todo profundamente amorosa.

Una revelación lo asaltó: Dios es Amor, y el cristianismo es la quintaesencia de este Amor. La Iglesia llega a existir mediante la humillación de la Segunda Persona de la Trinidad en la Encarnación y la muerte de Cristo en la Cruz: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único para que el mundo se salvara». El padre Huvelin resumió esta verdad en palabras que, a partir de entonces, iluminarían el camino del vizconde de Foucauld y lo convertirían en el hermano Carlos de Jesús: «Jesús ha ocupado el último lugar de forma tan absoluta que nadie podrá arrebatárselo jamás». 

Dado que el Rey ya había ocupado el último lugar, su siervo intentaría ocupar el penúltimo e imitarlo en todo. Ante todo, en su amor a Dios y al prójimo, un amor que nada puede simbolizar mejor que el Sagrado Corazón. Así que era lógico que, en 1889, Carlos subiera a la Basílica de Montmartre en París, aún en construcción, para consagrarse al Sagrado Corazón, ese «resumen de nuestra religión».

Consolando el corazón de Jesús

A partir de entonces, solo tuvo una idea: revelar a todos este amor deslumbrante, infinito y absoluto, que se extiende a todos, pero al que casi nadie responde. Por consiguiente, la otra vocación de Carlos sería «consolar el Corazón de Jesús».

«Amar, imitar y consolar» sería su norma de vida hasta el final. Esta vocación requería su entrega total, no en el monasterio trapense de Notre-Dame des Neiges, como al principio pensó, ni en Nazaret, en la oscuridad de su oficio de jardinero (caminos que recorrió durante un tiempo). Más bien, fue en el sacerdocio y la vida eremítica en lo profundo del Sahara.

Carlos de Foucauld con un amigo

Allí, nadie antes que él había celebrado la Misa ni había hecho tangible el sacrificio de Cristo en la cruz mediante la presencia eucarística. Fue allí para hacer la voluntad de Dios, no la suya, respondiendo al amor con amor, hasta el punto de anhelar el martirio.

La noche oscura del alma

Habría sido sencillo si hubiera experimentado gracias tangibles y satisfacciones espirituales, pero no las tuvo. Al aparente fracaso de sus esfuerzos —solo vio dos conversiones, y nadie fue a compartir su soledad en Tamanrasset— se sumó la noche oscura del alma. Su amorosa conversación individual con Cristo en la Misa y la adoración eucarística se convirtió en un soliloquio perpetuo, también aparentemente estéril.

«Todo me duele, incluso decirle a Jesús que lo amo. Ojalá pudiera sentir que Dios me ama, pero nunca me lo dice», le escribió a su prima Marie de Bondy. Sabía lo suficiente sobre la vida mística como para no sorprenderse por esto, ni para rendirse por tan poca razón. 

«Dios nunca le ha fallado al hombre; es el hombre quien le ha fallado a Dios», dijo.

Y eso fue suficiente para seguir adelante a pesar de la soledad y la amargura, convencido de que su misión algún día daría frutos inimaginables de conversión.

Fuente: Aleteia

Documental: «León de Perú»

La Dirección Editorial del Dicasterio para la Comunicación, presenta el documental «León de Perú», con imágenes que siguen los pasos de la misión de Robert Francis Prevost en Perú. Un recorrido por Chiclayo, Chulucanas, Callao, Lima y Trujillo para descubrir la figura del Pontífice agustino a través de las voces y testimonios de quienes lo conocieron, trabajaron con él o recibieron su ayuda como misionero y pastor.

Perseguidos por creer

María Elena Fernández, Comunicaciones ACN Chile

Desde la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que sufre, y en el marco del Domingo de Oración por la Iglesia Perseguida, nos llega un llamado a recordar a quienes arriesgan la vida por vivir su fe.

Cuesta creer que, en pleno siglo XXI, millones de cristianos sigan practicando su fe bajo amenaza, violencia y persecución.

Esta afirmación es real y dramática. Hace sólo dos semanas, la noche del 13 al 14 de junio, al menos 200 cristianos fueron brutalmente asesinados por islamistas en el estado de Benue (Nigeria), en lo que pocos dudan en calificar como una de las peores masacres ocurridas en la región. Y no es precisamente que la zona sea un remanso de paz, sino en palabras de un sacerdote de esa diócesis, el padre Remigius Ihyula, viven la muerte a cuentagotas. Según él, aunque la masacre ha llamado la atención de la prensa internacional por la magnitud del número de muertos, en realidad se trata de una tragedia continua y sistemática: “Aquí vivimos un goteo constante. Un día matan a tres personas, otro a diez, y así sucesivamente”. 

El ataque ocurrió en Yelewata, llevado a cabo por terroristas yihadistas, tuvo lugar durante la noche, mientras las víctimas dormían en alojamientos temporales. Eran desplazados internos, que ya habían huido de sus aldeas para salvar sus vidas. Los perseguían grupos radicales, que buscan exterminar a los cristianos. Otro sacerdote del lugar, el padre Ukuma Jonathan Angbianbee, explicó que Yelewata ahora estaba prácticamente desierta, ya que muchos de sus habitantes se refugiaron en las cercanas Daudu y Abagena.

Los asaltantes, que irrumpieron en la plaza del mercado de Yelewata, gritaron “¡Allahu Akhbar!” (“¡Alá es grande!”) antes de comenzar la matanza. Las víctimas fueron quemadas vivas, acuchilladas y ejecutadas con disparos y machetazos cuando intentaban huir. Un informe inicial de la Fundación para la Justicia, el Desarrollo y la Paz (FJDP) de la Diócesis de Makurdi describió la escena como “una monstruosidad, una visión que nadie debería contemplar”, señalando que algunos cadáveres estaban “quemados hasta quedar irreconocibles: bebés, niños, madres y padres simplemente aniquilados”.

Días después de la masacre, el padre Ukuma Jonathan Angbianbee, señala: “Yo estoy aquí, en Yelewata, y aquí es donde me quedo y aquí seguiré sirviendo a la gente para la gloria de Dios”. Expresa firmeza y determinación, pero reconoce que tanto él como los demás están tratando de superar la “aterradora” experiencia. Y como él, “muchos de nuestros feligreses ahora dispersos desean regresar y reconstruir sus vidas”.

El papa León XIV, fue el primero en alzar la voz a nivel internacional. En el Ángelus del pasado domingo 15 de junio, expresó su oración por los “brutalmente asesinados” en la “terrible masacre”, la mayoría de ellos desplazados internos “acogidos por la misión católica local”. El Sumo Pontífice ofreció su oración por la seguridad, la justicia y la paz en Nigeria, y especialmente por las “comunidades cristianas rurales del estado de Benue que han sido víctimas implacables de la violencia”.

Pero como dijimos antes, la masacre se suma a un incremento de ataques en el estado de Benue, donde más del 95 % de la población es católica. Líderes de la Iglesia local han solicitado en repetidas ocasiones ayuda internacional, denunciando un “plan yihadista en marcha para apoderarse de las tierras y llevar a cabo una limpieza étnica de la presencia cristiana en la región”. 

Siria: donde ser cristiano sigue costando la vida

Cuando aún sentíamos el peso de Nigeria supimos de otro terrible atentado. Esta vez el epicentro fue Siria un país que conoce de hace tiempo el terrorismo y su efecto devastador tanto en lo espiritual como en lo material. 

27 personas murieron y más de 60 resultaron heridas en un atentado suicida perpetrado el pasado domingo 22 de junio en la iglesia greco-ortodoxa de San Elías en Damasco. Se trata del primer atentado suicida de estas dimensiones contra una iglesia cristiana tras la caída del régimen de Bashar al-Ásad.

El Patriarcado Greco Ortodoxo de Antioquía y de todo Oriente, emitió un comunicado en el que condenaba el ataque en los términos más enérgicos: 

“Mientras seguimos contando los mártires y los heridos y recogiendo los restos y los cuerpos de nuestros seres queridos, martirizados, cuyo número exacto aún no hemos determinado, el Patriarcado Greco Ortodoxo de Antioquía y de todo Oriente condena enérgicamente este acto atroz y denuncia en los términos más enérgicos este horrible crimen. El Patriarcado insta a las autoridades a que asuman toda la responsabilidad por lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en términos de violaciones de la santidad de las iglesias, y a que garanticen la protección de todos los ciudadanos”.

Dos países, pero una misma situación: muchos cristianos son perseguidos por su fe. Son asesinados, desplazados, condenados al silencio, solo por vivir en lugares donde se intenta imponer una cultura única y borrar toda diferencia. 

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Ataque mortal en la iglesia de San Elías en Damasco el 22 de junio de 2025

¿Libertad religiosa?

Un tercio de los países del mundo (31,1%) —es decir, 61 de 196 naciones— presentan vulneraciones a la libertad religiosa. Y si analizamos con más detalle, 28 países (14%) viven situaciones de persecución, mientras que en otros 33 (17%) se constata discriminación religiosa.

Tanto así, que el 62,5% de la población mundial —¡unos 4.900 millones de personas!— vive en países donde esta libertad fundamental sufre violaciones graves o muy graves, según el Informe de la Libertad Religiosa en el Mundo de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN).

Entre los perseguidos por su fe, el 75% son cristianos. Viven situaciones extremas que marcan sus vidas, pero que no significan rendición. Al contrario, muchos de ellos encuentran en su sufrimiento la certeza de estar en manos de un Dios que no los abandona.

Occidente tiene mucho que aprender de ellos. Su fe, su resistencia y su capacidad de perdonar son un testimonio de esperanza y valor. Pero para que puedan seguir practicando su fe, necesitan de nuestro apoyo.

Por eso es tan importante el Domingo de Oración por la Iglesia Perseguida, una celebración establecida por la Conferencia Episcopal de Chile, que este año se conmemora el 29 de junio. Un día en que todos estamos invitados a unirnos en oración por los cristianos que son perseguidos por su fe.

Como ACN Chile, agradecemos profundamente esta oportunidad de visibilizar su realidad y de acompañarlos con nuestra oración y ayuda concreta. Conoce más sobre los cristianos perseguidos en www.acn-chile.org.


Janada y su renacerJanada tiene 25 años. Muy pocos para todo lo que ha vivido. Aunque su vida volvió a empezar hace tres, cuando siguió un camino de conversión y sanación que le ha hecho encontrarse a sí misma y entender quién es: una hija de Dios, cuya dignidad infinita viene, precisamente, de esa relación de filiación.perseguidos por creer 02Esto no es algo fácil de asumir para una joven que lleva toda su vida huyendo del grupo terrorista Boko Haram. Pero más difícil es entender que les ha perdonado. Ha perdonado que la obligaran a abandonar su hogar en el lago Chad, el incendio de su casa y el asesinato de varios familiares en su nuevo hogar y la ejecución de su padre ante sus ojos en la granja familiar de Maiduguri. Él, su padre, prefirió morir antes que violar a su hija, como le pedían los terroristas. Y también ha perdonado un secuestro de seis días durante el que sufrió torturas a nivel físico, emocional y mental. Su liberación fue hace cuatro años, pero el aniversario que ella celebra es el del encuentro con el padre Joseph Bature Fidelis, director del Centro de Atención al Trauma de la diócesis de Maiduguri.
Magdalena Lira, directora nacional de Ayuda a la Iglesia que Sufre, tuvo oportunidad de conocerlo durante su visita de trabajo a Nigeria. Y pudo apreciar el esfuerzo que se hace en devolver la vida a personas afectadas por el terrorismo: “Es un hombre admirable, profundamente entregado a su pueblo. Se dedica, casi sin recursos, a sanar las heridas de quienes lo han perdido todo, consciente de que, si él no lo hace, nadie más lo hará. Me impresionó, además, su sentido del humor y una alegría que era contagiosa, capaz de levantar el ánimo incluso en medio del dolor”.
El mismo padre Fidelis, recuerda en una entrevista con ECCLESIA cómo era Janada cuando la conoció: “Parecía un fantasma, padecía alucinaciones y pesadillas”. Tras seis meses de terapia, oración y orientación, está muy recuperada y se acaba de diplomar en Salud Tropical y Control de Enfermedades. Y es que este sacerdote, frente a las situaciones que le ha tocado ver y escuchar, decidió estudiar sicología para prestar una ayuda aún más eficaz:“El obispo y yo nos dimos cuenta de que hacía falta ayuda psicológica y que había que formar a los seminaristas en ello. Así que la decisión fue estudiar para ser sacerdote, pero también ser un experto en Psicología para poder acompañar a esta gente herida”.Cuenta que, durante su estancia en Italia, donde estudió sicología, el padre Fidelis recibió malas noticias de casa. Boko Haram seguía asesinando a su gente. Entristecido, entró en la catedral con una petición a Dios: “Dame algo para ellos”.
Se puso en contacto con ACN, que fue al terreno a conocer de primera mano la situación y empezó un trabajo conjunto. El fruto de ese trabajo es el Centro de Atención al Trauma, que ha devuelto la vida a Janada y a otras 2.000 personas. Fidelis insiste en que la atención psicológica es fundamental, pero que esta va acompañada de la fe. “Vienen a mí completamente devastados. Mi primera tarea es dignificar a la persona. Eso es lo que hace la fe, iluminar la vida”.El pueblo cristiano de Nigeria, en la región de Maiduguri y también en el resto del país, es un pueblo perseguido, torturado, marcado por el sufrimiento.
Según el Informe de Libertad Religiosa 2023 de ACN, Nigeria es la nación con más violencia contra los cristianos. Así y todo, ellos tienen esperanza en Dios, van a la Iglesia, se reúnen a rezar y ven que eso ilumina sus vidas. A la pregunta de por qué ha perdonado, Janada responde: “Mi madre solía rezar por nosotras cada día y nos enseñó que Dios nos manda perdonar para que tengamos paz en nuestra mente. Dios nos manda perdonar a nuestros enemigos, es parte de nuestra fe cristiana. Yo los perdono cuando rezo. Y ya tengo paz en mi mente. Yo perdono y olvido”.

El Dalái Lama anunciará este miércoles dónde buscar a su futura reencarnación

Pulso a China

El líder tibetano exiliado en India cumple 90 años y lo celebra con cien monjes budistas de todo el mundo 

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Monjes rezando para que el Dalái Lama, en el centro, tenga una larga vida, este lunes en McLeod Ganj (India) SANJAY BAID / AFP

Jordi Joan Baños Corresponsal de la Vanguardia

Corren malos tiempos para el exilio tibetano en India, encabezado por el Dalái Lama. No se trata solo del reloj biológico de Tenzin Gyatso, sino del acusado declive numérico de la comunidad que siguió sus pasos, tras su huida del palacio de Potala, en 1959. En este contexto sombrío, se espera con expectación el mensaje del líder budista, anunciado para este miércoles, cuatro días antes de su 90 aniversario. No son pocos los que esperan una pista sobre la identidad de su futura reencarnación o, por lo menos, dónde buscarla.

El mensaje será difundido por vídeo, pero no se sabe si ya ha sido grabado. Desde hoy y hasta entonces, el Dalái Lama estará rodeado de un centenar de monjes budistas eminentes, llegados de varios países. Con ellos deberá discutir aspectos relacionados con la delicada transmisión del poder en su secta Gelugpa y podría trasladar instrucciones sobre sus exequias y sobre procedimientos de búsqueda de su reencarnación. 

Su cumpleaños, este domingo, contará con una sorpresa a medias. Un coro de cuatrocientos niños tibetanos le cantará en su lengua y en inglés, una canción de cumpleaños compuesta expresamente en Bollywood. La imagen dará una idea muy distorsionada de la realidad demográfica del exilio tibetano en India, que ha quedado reducido a la mitad en menos de quince años. Esta diáspora, que aspiraba a estar cerca del Dalái Lama -y en muchos casos a proseguir viaje hacia Occidente- tocó techo hacia 1992, dos décadas después del fin de la lucha armada. 

El secesionismo tibetano, protegido por Washington y Nueva Delhi, jugó su última carta en 2008, intentando movilizar al mundo contra los Juegos Olímpicos de Pekín. Desde entonces, las llegadas de tibetanos a India -generalmente, vía Nepal- se han reducido a un simple goteo. Y en India, su principal refugio, la comunidad ha pasado de 150.000 personas a menos de la mitad. 

Solo 8 en 2024

Los tibetanos ya no huyen de China para acudir a la corte del Dalái Lama en India

Por lo menos desde 2020, el número de exiliados tibetanos que regresan a China es presumiblemente superior al de tibetanos que cruzan a India. Se trata, en todo caso, de cifras modestas. La mayoría de los tibetanos instalados en India -en muchos casos, de segunda y tercera generación- prefieren hacer las maletas rumbo a Bélgica o Alemania. 

Educados en el nacionalismo e irredentismo tibetano más sinófobo, en escuelas financiadas por USAID, pocos se atreven a volver a China, donde viven 7 millones de los 7,7 millones de tibetanos, la mitad en la Región Autónoma de Tíbet y el resto, mayoritariamente, en las diez prefecturas tibetanas autónomas repartidas por varias provincias (como Qinghai, donde nació el actual dalái lama), dos condados autónomos y varias ciudades autónomas. El número de tibetanos en China aumenta tanto en números absolutos como en porcentaje de la población total (aun así, una gota de agua). Pero el uso de la lengua propia estaría retrocediendo, según fuentes del exilio. 

En cualquier caso, Xi Jinping ya no es la única bestia negra del exilio anticomunista tibetano. Ahora también lo es Donald Trump, porque su arremetida contra USAID es un atentado directo contra la viabilidad de lo que llaman “gobierno tibetano en el exilio” y las demás instituciones educativas, políticas y asistenciales que orbitan a su alrededor. Hasta la mitad de su presupuesto depende de la citada agencia de cooperación del gobierno estadounidense, ahora sujeta a recortes draconianos.

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El Ejército Popular de Liberación entró en Tíbet en 1951, cuando el Dalái Lama todavía era un adolescente, para no marcharse. El lugar de su futura reencarnación es ahora materia de estado o, mejor dicho, de estados  Getty

USAID, por ejemplo, pagó casi íntegramente el nuevo centro de acogida de exiliados cercano a McLeod Ganj y Dharamsala, en 2012, que opera como centro de capacitación profesional. Sin embargo, se ha quedado sin prácticamente nadie a quien atender, debido al fin de la emigración tibetana a India, tierra de la predicación de Buda y del Dalái Lama.  

Si en el momento álgido llegaban a Dharamsala unos 2.500 inmigrantes tibetanos al año (según algunas fuentes, hasta 3.000 e incluso 3.500), la cifra se redujo en 2020 a cinco. El año pasado fueron ocho y ninguno de ellos era un niño en edad escolar. 

El mayor control fronterizo en el lado chino, con medios tecnológicos avanzados, y las reticencias de sucesivos gobiernos marxistas en Nepal solo explican en parte el cierre del grifo. La realidad es que en India no hay trabajo -como repiten los tibetanos- y pocos emigran a un país más pobre que el suyo. Comunidades tibetanas muy antiguas en el nordeste de India, como las de Shillong y Kalimpong (donde el año pasado murió el hermano del Dalái Lama que ejerció de contacto con la CIA) reconocen la merma de efectivos. 

Pero desde Dharamsala -la Miami tibetana- en lugar de hacer autocrítica, optan por culpar a la inmensa mayoría de tibetanos que nunca salieron de Tíbet. “Antes tenían cinco o seis hijos y siempre había alguno destinado a la vida monástica y que quería estar cerca del Dalái Lama. Ahora solo tienen dos o tres, hijas incluidas”. 

Dharamsala

El mazazo de Trump a USAID pone contra las cuerdas al exilio tibetano anticomunista

La transmigración del alma de Tenzin Gyatso es, ahora mismo, una de las mayores preocupaciones geopolíticas a ambos lados del Himalaya. El plan divino podría no estar reñido con una cuidadosa planificación humana. El anciano lama, como es natural, ya no estará en este mundo cuando otros monjes de su secta Gelugpa (del Sombrero Amarillo) partan en busca de señales de la reencarnación, normalmente al cabo de por lo menos un año desde su fallecimiento. 

El funcionario a cargo del “oráculo de Estado” de McLeod Ganj -la adivinación es parte consustancial del budismo tibetano- reconoce que es anómalo discutir una reencarnación en vida. “Pero de lo que se trata es de asegurar la continuidad de la institución”. 

Esta tiene casi seiscientos años de historia. Pero Pekín nunca rehúye los argumentos históricos. Al contrario. El gobierno comunista dice ser, precisamente, el garante de “que el XV dalái lama sea escogido del mismo modo que lo fue el actual”.  Sus argumentos se quedan algo cojos, porque si bien es cierto que la mayoría de los daláis lamas de los últimos siglos fueron ratificados en Pekín (en la denominada Urna Dorada), Xi Jinping no es propiamente el emperador de China. 

Pero tampoco lo era el generalísimo Chiang Kai-shek, cuya administración dio por buena la selección del niño Lhamo Thondup -luego Tenzin Gyatso- eximiéndolo de la Urna Dorada. El padre de Taiwán, por cierto, también consideraba que Tíbet formaba parte íntegra de China. De su República de China. 

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El Dalai Lama en otra ceremonia en McLeod Ganj, el 7 de mayo. El año pasado fuer operado de la rodilla en EE.UU. y su salud no es la que era, aunque con su proverbial humor diga que vivirá 110 años – / AFP

El Dalái Lama ha dicho en alguna ocasión que podría reencarnarse tanto en un niño como en una niña y que podría ser en India. Se supone que en Arunachal Pradesh (Zangnan o Tíbet del Sur para Pekín) y más concretamente en Tawang, donde hay un monasterio tibetano histórico y de donde ya salió un Dalái Lama. En previsión de la jugada, China lleva años oficializando topónimos del lugar en tibetano y chino. La última hornada, de 27, hace un mes y medio. 

Pero el futuro Dalái Lama también podría ser rastreado a miles de kilómetros del Himalaya. Por ejemplo, entre el numeroso exilio tibetano en Karnátaka, cerca de Bangalore. O más cerca de Delhi, en Dehradun o en la propia Dharamsala. Sea como sea, no será el único. 

El XIV Dalái Lama -el actual- fue “identificado” cuando tenía dos años. Algo parecido podría suceder en el futuro. Eso significa veinte años por delante de  interinidad, en los que Pekín tendrá la sartén por el mango y en los que además impulsará a su propio Dalái Lama, como ya hizo con el Panchen Lama. 

El círculo del Dalái Lama también forzará las convenciones a su manera. Tradicionalmente, el Panchen Lama confirma al Dalái Lama (y viceversa), pero esta vez no será posible. El Panchen Lama bendecido por Tenzin Gyatso “desapareció” hace treinta años en China, junto a sus padres. Un motivo de peso para que la transmigración del alma escoja la vertiente sur del Himalaya. La camarilla de Dharamsala tiene muchos motivos para temer un Dalái Lama escogido por Pekín. Tantos como Pekín para temer un Dalái Lama procedente de un entorno bendecido e instruido por Washington y Nueva Delhi. 

Supuesto “Tíbet del Sur”

Pekín oficializa el nombre tibetano y chino de docenas de localidades de Arunachal

Joe Biden no fue un amigo de China, pero con Donald Trump el choque está siendo todavía más frontal. El Tíbet agotó ya su condición de ariete, para la que los islamistas uigures presentan muchas más cualidades. El mismo Dalái Lama renunció hace años a la independencia, en favor de una autonomía mejorada y respeto a la lengua, cultura y religión tibetanas. Pero el Partido Comunista de China (PCCh)  no perdió ocasión de tildarlo de “tigre disfrazado de cordero”. 

El desencuentro era y es total. Menos por Dios que por la tierra. El palacio de Potala en Lasa y los monasterios eran los grandes terratenientes de Tíbet, antes de que el PCCh ganara la guerra civil china y entrara en la meseta más alta del mundo. La mitad de los tibetanos eran hasta entonces siervos de los abades, como en la Edad Media. Ahora bien, en la China comunista, la tierra  pasó a ser propiedad del Estado, hasta hoy. 

La Revolución Cultural pudo doler más en Tíbet porque venía de fuera, pero fue igual de iconoclasta, bárbara e inmisericorde en toda China. El budismo, finalmente, llegó a Tíbet mucho más tarde que al resto de China, donde también forma parte del  fondo cultural, aunque con menor peso que los valores confucianos. Un antiguo “primer ministro” del autoproclamado “gobierno tibetano en el exilio”, Samdhong Rinpoché, de aspecto imperturbable, perdía la compostura con la caracterización del viejo Tíbet como una teocracia. ”¡Teocracia!¿Cómo podemos ser una teocracia si en el budismo no hay Dios?”, le decía a este corresponsal, hace más de quince años, en el fantasmal complejo “gubernamental” de McLeod Ganj. 

Aunque el actor Richard Gere vuelva esta semana a la vecina Dharamsala a felicitar al Dalái Lama, su entorno tiene motivos para la inquietud. La supuesta amistad de casi una década entre Donald Trump y el primer ministro indio, Narendra Modi, empieza a presentar fisuras. Y si las dos orillas se separan, los primeros en caer pueden ser los exiliados políticos tibetanos. 

Hedin se convierte en el primer europeo que circunvala el sagrado monte Kailash
El monte Kailash, sagrado para cuatro religiones indias y “morada de Shiva”, en Tíbet Getty Images/iStockphoto

El reciente almuerzo en la Casa Blanca del jefe de las Fuerzas Armadas de Pakistán, general Asim Munir (en lugar del primer ministro o el presidente) fue un auténtico bofetón a India, a los dos meses de una tremenda escaramuza. Cuando todavía escocía la amenaza de aranceles estadounidenses del 27%.

China lee las hojas de té y la semana pasada mandó dos mensajes fuertes de reconciliación a India, que aumentan los nervios en McLeod Ganj. El Asesor Nacional de Seguridad indio, Ajit Doval, se reunió con el ministro de Exteriores, Wang Yi, en Pekín, un día antes de que se encontraran los ministros de Defensa de ambos países.

Pero mucho más importante para el hombre de la calle y no digamos para el votante de Modi, fue la reapertura, tras seis años, de la peregrinación de indios al lago tibetano de Manasarovar, al pie del intacto monte Kailash, mítica morada de los dioses Shiva, Párvati y su retoño Ganesh (el de cabeza de elefante). Es difícil sobrevalorar la importancia sentimental de este dato, coincidiendo además con los encuentros de alto nivel citados.

Nada de eso impedirá que India mande al cumpleaños de Dharamsala a por lo menos un ministro, Kiren Rijiju. El único, precisamente, originario de Arunachal Pradesh. Y también ese día está previsto que el Dalái Lama hable durante media hora.

“Habrá algún tipo de marco en el que podamos hablar de la continuidad de la institución del Dalái Lama”, adelantó este, sobre su próxima declaración, en el mayor encuentro religioso en Dharamsala desde antes de la pandemia. En un libro en inglés aparecido en marzo, firmado por el Dalái Lama -aunque no necesariamente de su autoría- este habría afirmado que se reencarnará “en el mundo libre”. Pekín replicó: «Se reencarnará en China». 

“Velamos por la encarnación del Dalái Lama, no solo por la supervivencia de Tíbet como cultura, religión y nación distintas, sino también por el bienestar de toda la humanidad”, aclara finalmente el oráculo oficial, Thupten Ngodup, experto en misterios inescrutables. 

DIOS ES CASI TODO

Dios es casi todo. El resto es casi nada y depende de Dios.
El teocentrismo es la única perspectiva sana, si es auténtica,

porque la realidad es teocéntrica.

Tan claro es como que todo lo relativo depende de lo absoluto,
siendo una dependencia flexible, recreada, con autonomías,
y, en las criaturas espirituales, tremendamente libre.
El universo es inmenso, una exageradísima y desmesurada creación,
que, sin embargo, es sólo un tenue eco de su Creador y Sustentador.
No depende de nosotros nuestra divina dependencia,

sino reconocerla o no.

Si, descentrados, no la asumimos a fondo y con sinceridad,
¿qué sabemos de nosotros mismos y del resto de lo real?.
¿Qué nos quedaría, sino una fragmentación mental de fragmentos?.
La bella paradoja es que sólo la dependencia divina garantiza nuestra independencia

de toda tiranía mundana, incluidas las propias esclavitudes.
Sólo en Dios somos libres, con una libertad finita, pero inmensa, universal.

Dios es casi todo y nos da totalmente todo,
pero no es que no nos deje hacer nada o poco,

sino que es Él quien nos activa, cooperando íntimamente con nosotros.

En Dios nuestro operar emerge grandioso.

Así, somos milagros que hacen milagros, incluso sin darnos cuenta,
porque obramos sí nosotros, mas del Señor somos obra y obramos en el Señor.

Al darnos Él todo, nos da quehacer,

un cohacer con Él y con los hermanos, un colaborar, coexistir y convivir.
¿Qué son las abrumadoras inmensidades intergalácticas
frente a la grandeza de una sola alma o a la dignidad de un solo ángel?
¿Qué es la tierra entera y todos los soles y lunas y espacios intersiderales

ante un solo atisbo de Cielo, del trono de Dios?.

El mundo es gigante, porque con arte gigante lo ha creado Quien sobrepasa lo gigante

en su unidad y su trina comunión personal.

Vivamos, pues, centrados en Dios, en el núcleo de la realidad.
Vivamos teocentrados, realizados y unidos en la Trinidad.
Teocéntricos, centrados en el corazón celeste de Dios,

nos hallamos geocéntricos, con los pies y las responsabilidades en la Tierra.
Así, y así sólo, nos descubrimos antropocéntricos, maduros en humanidad.
Este teocentrismo antropocéntrico es el del Hijo de Dios y del hombre, el del Nazareno.

¡Contemplamos la gran unión sin confusión de la unidad de Dios
con sus tres amorosas personas, tan distintas como unidas en comunión!.
¡Admiramos la íntima unión sin confusión de Dios en pleno

con la perfecta humanidad de Jesús!.

Gozamos también con la armonía de ser a la vez teocéntricos y antropocéntricos,

como lo fue y sigue siendo Jesucristo.

En Él somos cristocéntricos, ínsitos en su trinitaria divinidad y su humanidad judía.
Unidos a Cristo, siendo con Él y en Él otros cristos, semillas de nuevos cristianos,

transcendemos nuestra escasa vida terrena.

Como más podemos hacer y fructificar, es viviendo el Cielo en la Tierra,
y, sobre todo, al cuidar a los de la Tierra desde la gloria del Cielo.

Concentrados en Cristo, nada nos descentra de la unidad terreno-celeste en nuestro corazón.

El Reino de Dios, anunciado y materializado en Jesucristo,

es que Dios sea todo en todos,

sin anular nada de lo otro, de lo creado y recreado por Él.

Cuando Dios sea todo en todo,
todo lo otro será todo,

en plenitud compartida por Quien todo lo es y lo da.

Puede parecernos que en nuestra vida práctica Dios es nada o casi nada.
Pero sin Dios y su acción discreta, sería nada todo lo demás.
Todo depende de Dios, como si nada dependiera de Él.
Dios hace, más que nadie, y, como nadie, deja hacer.

Es extremo en hacer y dejar hacer.
Todo, directa o indirectamente, de Él proviene,
salvo el mal o pecado, procedente de nosotros.

De Él deriva sólo por habernos creado libres y para una mayor libertad.

Siendo omnipotente, Dios es incapaz de mal,

Y de grandes males, como tantas cruces, saca los mayores bienes, como tu salvación gloriosa.

Pablo López López