Padre Carlos da Fraternidad Sacerdotal Carlos De Foucauld da cidade de Goiás no Brasil acaba de ser electo coordenador da fraternidad sacerdotal internacional que estão reunidos em Argentina
Con nuestro hermano Hugo de la CEHCF, obispo anglicano en Mato Grosso (Brasil)
En su primer encuentro con el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa León XIV mando un mensaje al mundo: promover el diálogo entre religiones como vía para alcanzar la paz global.
“La paz no es solo la ausencia de guerra”, dijo, “es un don que requiere compromiso, desde frenar la producción de armas hasta cuidar las palabras que usamos”.
León XIV, agustino de formación y elegido el pasado 8 de mayo, ha insistido desde el primer día en que la paz será una prioridad de su pontificado. Su mensaje busca inspirar no solo a líderes políticos y religiosos, sino también a las nuevas generaciones a comprometerse con la justicia, el diálogo y la defensa de los más vulnerables, coincidieron expertos en la sede vaticana.
Durante la audiencia privada en el Vaticano, el pontífice también reafirmó posturas tradicionales de la Iglesia sobre la familia y la dignidad humana, al señalar que esta debe fundarse en “la unión estable entre el hombre y la mujer” y que todos los seres humanos poseen un valor innegociable como criaturas de Dios.
En un clima cargado de emoción y fe, las religiones pudieron unirse en oración, impulsando el valor sagrado de la paz y resaltando la importancia del diálogo como espacio de testimonio y oración.
Curas, pastores y rabinos participaron del histórico encuentro.
Celebrado en la Escuela de Cadetes del Servicio Penitenciario Bonaerense, ubicada en La Plata, se llevó a cabo este viernes el primer encuentro interreligioso en contexto carcelario, donde referentes de los distintos credos rezaron por la paz, cada uno desde su tradición.
La apertura del evento estuvo a cargo del capellán general del Servicio Penitenciario Bonaerense, Carlos Pont Gasques, quien destacó la importancia de acompañar los procesos de resocialización de los privados de libertad, como así también la necesidad de reconocernos en nuestras diversidades y en nuestras tareas.
Durante las intervenciones de cada uno de los representantes de cada religión, han manifestado la convicción común en la construcción de un consenso de asistencia espiritual en el contexto carcelario.
El encuentro, desarrollado en el parque de la Capilla Nuestra Señora del Carmen, contó con la presencia de diferentes ministros de cultos no católicos, la directora de Población Carcelaria del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos Paula Montero, la directora General de Coordinación, Cristina Córdoba, la directora General de Institutos de Formación y Capacitación María Luján Arbe, la subdirectora General de Asistencia y Tratamiento Norma Díaz, el director de Coordinación de Asistencia y Tratamiento, Ramiro Bellusci, el jefe de Departamento Cultos no Católicos, Javier Reichman, la directora de Vinculación, Gestión y Planificación de Políticas Institucionales, Valeria Sampayo, directivos de la Escuela de Cadetes, la secretaria gubernamental de Berisso, Aldana Antonovich y directores de Culto de Berisso y La Plata.
En referencia, Javier Reichman explicó: ”Es fundamental el diálogo de todas las organizaciones religiosas ya que tenemos la misma intencionalidad que es trabajar en el proceso de resocialización de los internos”
En un clima cargado de emoción y fe, las religiones pudieron unirse en oración, impulsando el valor sagrado de la paz y resaltando la importancia del diálogo como espacio de testimonio y oración.
Al respecto, Pont Gasques, señaló: “Para el Servicio Penitenciario Bonaerense es importante encontrarnos, reconocernos y conocernos, en este primer encuentro presencial. Destacando el trabajo que realizamos en la diversidad que somos, pero bajo un mismo objetivo que es el proceso de recuperación de los internos. Es fundamental el diálogo como herramienta de transformación”.
Asimismo, los ministros evangélicos disertantes fueron: David Benedetich, Diego Olnik, Gonzalo Ayala, Park Kon Yung, Fernando Claus y el rabino Tobías Serber.
Por otra parte, en representación de la Iglesia Universal, el ministro Gonzalo Ayala, sostuvo: “Estar presentes hoy permitirá que se conozca el trabajo que todas las iglesias vienen realizando en el contexto de encierro, pero este encuentro es importante también para planificar nuestro trabajo, todos tenemos el mismo objetivo”.
El cierre del encuentro estuvo a cargo de Cristina Córdoba, quien resaltó la importancia de este primer encuentro interreligioso, destacando la esencialidad de los actores que llevan a cabo la tarea de reeducación y reinstrucción, puntualizando que: “nos fortalecen como institución”.
En la actualidad, más del 80% de la población mundial se identifica con alguna religión.
Aunque en algunas regiones, como Europa Occidental, la religión ha perdido fuerza, sigue siendo una parte esencial de la vida para miles de millones de personas. Las creencias religiosas no solo influyen en las decisiones individuales, sino también en la política, la cultura y las dinámicas sociales de muchos países.
Entender cómo se distribuyen las religiones por el mundo y cuáles son sus tendencias de crecimiento o disminución es clave para comprender mejor los cambios globales.
Según el Pew Research Center, en 2020 el cristianismo era la religión más practicada a nivel mundial, seguida por el islam, el hinduismo y el budismo.
Estas cuatro grandes religiones concentran juntas más de tres cuartas partes de la población mundial. No obstante, también hay millones de personas que no se identifican con ninguna religión formal, así como una diversidad de creencias tradicionales, filosóficas o espirituales que, aunque menos visibles en las estadísticas globales, siguen teniendo una gran relevancia en contextos locales.
Además del número de creyentes, factores como la edad media de las poblaciones religiosas, la tasa de fertilidad, la migración y los cambios de fe están transformando el panorama espiritual del planeta.
Cristianismo: la religión más seguida del mundo
De acuerdo con el Pew Research Center, el cristianismo es actualmente la religión con más fieles, representando al 31.1% de la población mundial.
Esto equivale a más de 2 mil 300 millones de personas. Es una religión monoteísta centrada en la figura de Jesús de Nazaret, considerado el hijo de Dios y salvador de la humanidad.
Los cristianos creen en la Trinidad, es decir, en Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Su texto sagrado es la Biblia, que se divide en el Antiguo y el Nuevo Testamento, y cuya enseñanza principal es el amor a Dios y al prójimo.
El cristianismo tiene varias ramas, siendo las más prominentes el catolicismo, el protestantismo y la ortodoxia. El Papa es la figura central del catolicismo, considerado el sucesor de San Pedro, uno de los apóstoles de Jesús. Es la máxima autoridad espiritual de más de 1,300 millones de católicos en el mundo y tiene una gran influencia en asuntos no sólo religiosos, sino también sociales y políticos.
Su sede está en el Vaticano, una ciudad-estado en Roma. Los católicos ven al Papa como el líder espiritual universal y el encargado de interpretar la doctrina cristiana en su nombre.
Por otro lado, el protestantismo, que surgió en el siglo XVI como una reforma del catolicismo, tiene una estructura más descentralizada. Las iglesias protestantes no tienen un líder único, pero los pastores y ministros desempeñan un papel fundamental en la enseñanza y orientación religiosa. Además, existen diversas denominaciones dentro del protestantismo, como los bautistas, los luteranos, los anglicanos, entre otros.
La Iglesia Ortodoxa, con sede en Estambul y otros centros en países de Europa del Este y Rusia, tiene una jerarquía encabezada por el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, aunque cada iglesia ortodoxa nacional es autónoma.
Islam: La segunda religión más popular
El islam es la segunda religión más grande del mundo, con más de 1,900 millones de seguidores, lo que representa un 24.9% de la población global. También es monoteísta y tiene sus raíces en la península arábiga en el siglo VII, con el profeta Mahoma como su figura central.
El islam considera a Mahoma el último de los profetas, y su revelación fue recogida en el Corán, considerado por los musulmanes como la palabra literal de Dios. La práctica del islam se basa en los Cinco Pilares, que incluyen la fe, la oración, la limosna, el ayuno durante el mes de Ramadán y la peregrinación a La Meca.
Los musulmanes se agrupan principalmente en dos ramas, el sunismo y el chiismo, y la religión tiene una gran influencia en el sudeste asiático, el Medio Oriente y África.
El islam no tiene una figura única equivalente al Papa en el cristianismo, pero cuenta con figuras de gran relevancia espiritual y política. Los imanes, que son líderes religiosos encargados de guiar a la comunidad en las oraciones y enseñanzas del Corán, tienen un papel central en la vida diaria de los musulmanes.
En el chiismo, el líder supremo tiene una influencia aún más fuerte. Por ejemplo, en Irán, el ayatolá es la figura política y religiosa más importante, con una enorme influencia sobre la sociedad y el gobierno. Los ayatolás tienen un liderazgo espiritual y doctrinal, y son responsables de interpretar las leyes islámicas y aplicarlas en el ámbito político.
En países como Arabia Saudita y Egipto, los ulemas (eruditos religiosos) también juegan un papel clave en la interpretación y enseñanza del islam. La autoridad religiosa en el islam es más descentralizada en comparación con el cristianismo, aunque ciertos centros como La Meca y Medina, en Arabia Saudita, siguen siendo lugares de gran importancia espiritual.
Ambas religiones tienen tasas de fertilidad relativamente altas en comparación con otros grupos. Según el Pew Research Center, los musulmanes tienen la tasa más alta, con un promedio de 2.9 hijos por mujer, seguidos por los cristianos con 2.6. Esto ha sido un factor determinante para su crecimiento.
Hinduismo: La tercera religión más practicada
El hinduismo es la tercera religión más practicada, con más de 1,100 millones de adeptos, lo que representa el 15.2% de la población mundial.
A diferencia del cristianismo y el islam, el hinduismo no tiene un solo fundador ni un libro sagrado único. En lugar de ello, se basa en una amplia variedad de textos sagrados, entre los que destacan los Vedas y las Upanishads, además de epopéyas como el Ramayana y el Mahabharata.
El hinduismo es una religión politeísta, aunque algunos seguidores creen en una deidad suprema como Brahman. Entre los dioses más venerados se encuentran Vishnu, Shiva y Brahma. El concepto de karma, que determina las consecuencias de las acciones en la vida de una persona, y la reencarnación son fundamentales en sus enseñanzas.
El hinduismo no tiene una figura central de autoridad similar al Papa o al ayatolá en el islam, pero los gurús desempeñan un papel crucial en la espiritualidad hindú. Un gurú es un maestro espiritual que guía a los devotos en su camino de autoconocimiento y crecimiento espiritual.
Los gurús pueden ser líderes de movimientos filosóficos o espirituales dentro del hinduismo, y su influencia varía dependiendo de la escuela o secta a la que pertenecen. Algunos gurús famosos incluyen a Sri Ramakrishna, Swami Vivekananda, y el Maharishi Mahesh Yogi, quien popularizó la meditación trascendental en Occidente.
En India, los líderes religiosos también tienen un papel importante en la política y la sociedad. Por ejemplo, en la India moderna, los líderes espirituales de la tradición hindú, como el Dalai Lama (en su papel como líder de los budistas tibetanos), aunque no son figuras directamente involucradas en el hinduismo, tienen una considerable influencia espiritual sobre muchos hindúes.
Religiones minoritarias y personas no afiliadas
Aunque menos numerosas, existen más de 4,200 religiones en el mundo. Entre ellas se encuentran el judaísmo, el sintoísmo, el taoísmo, el sijismo, el jainismo, las religiones tradicionales africanas y muchas otras.
El judaísmo, por ejemplo, tiene una larga historia como una de las tres grandes religiones monoteístas y sigue teniendo un peso simbólico y cultural importante, especialmente en países como Israel y Estados Unidos.
Un grupo que ha cobrado relevancia en las últimas décadas es el de las personas no afiliadas a ninguna religión, que representaban en 2020 el 15.6% de la población mundial, es decir, cerca de 1,200 millones de personas.
Este grupo incluye a ateos, agnósticos y quienes se identifican como espirituales pero no religiosos.
Distribución regional de las religiones
La religión no se distribuye de manera uniforme.
Por ejemplo, Asia es el continente con mayor diversidad religiosa, hogar del hinduismo, budismo, islam y muchas religiones tradicionales. África subsahariana se perfila como una de las regiones con mayor crecimiento religioso, especialmente en lo que respecta al cristianismo y al islam, debido a sus altas tasas de natalidad y una población joven.
Europa, en cambio, experimenta un descenso de la religiosidad. Entre 2010 y 2015, las muertes entre cristianos superaron a los nacimientos por casi 6 millones, especialmente en países como Alemania, según el Pew Research Center.
La República Checa se destaca como uno de los países menos religiosos del continente, con solo 28% de su población adulta identificándose como creyente, de acuerdo con datos de Statista. En contraste, Rumanía muestra altos niveles de religiosidad, con un 91%.
En América Latina, la mayoría de la población se identifica con alguna religión, en especial el cristianismo. Sin embargo, hay contrastes: Chile registra los niveles más bajos de religiosidad de la región, con 60% de personas que dicen ser creyentes, mientras que en Perú ese porcentaje alcanza el 82%.
Entonces, ¿Cuáles son las tres religiones más practicadas del planeta?
Según estimaciones del Pew Research Center, las tres religiones más practicadas del mundo son el cristianismo, el islam y el hinduismo. Estas tres creencias representan más de 70% de la población mundial y han tenido una profunda influencia cultural, política y social en diversas épocas de la historia.
Estas tres religiones, aunque muy diferentes en sus doctrinas y prácticas, comparten un profundo compromiso con la espiritualidad, la ética y la comunidad, y siguen siendo las principales fuerzas religiosas a nivel mundial.
La religión sigue siendo una fuerza poderosa en el mundo, con el cristianismo, el islam y el hinduismo representando más del 70% de la población global.
A pesar de su declive en algunas regiones como Europa, estas religiones siguen marcando profundamente la vida de millones de personas, influenciando no solo la espiritualidad, sino también la política, la cultura y las relaciones sociales.
La distribución religiosa varía según las regiones, con Asia y África siendo los continentes con mayor diversidad religiosa y con una alta tasa de crecimiento en creencias como el islam y el cristianismo.
Entender cómo se distribuyen y evolucionan las religiones es clave para comprender los cambios sociales y culturales que estamos viviendo, así como los desafíos y oportunidades que surgen en un mundo cada vez más interconectado.
Ciudad del Vaticano, Por la festividad budista de Vesak, que conmemora el nacimiento, la iluminación y la muerte de Buda, el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso del Vaticano emitió un mensaje dirigido a los budistas de todo el mundo, subrayando la necesidad de un “diálogo de liberación para nuestro tiempo”. El documento, firmado por el cardenal George Jacob Koovakad y el monseñor Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage, reconoce la riqueza espiritual del budismo y su búsqueda de la iluminación como un camino valioso que resuena con los valores del cristianismo.
Este mensaje, cargado del espíritu del Jubileo 2025, destaca la coincidencia con el 60 aniversario de Nostra Aetate, la declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. El texto reafirma que la Iglesia Católica «no rechaza nada de lo que en las religiones es verdadero y santo», y valora las doctrinas budistas como reflejo de “un rayo de la verdad que ilumina a todos los hombres”.
Los líderes vaticanos invitaron a transformar las palabras en acciones concretas de paz, justicia y dignidad, reconociendo que tanto el budismo como el cristianismo ofrecen respuestas espirituales profundas a los desafíos del mundo actual. Enfatizan la importancia de una cultura de diálogo basada en la cooperación y la comprensión mutua, especialmente en un tiempo marcado por la división y la incertidumbre.
Jubileo de las Iglesias Orientales reúne a miles de fieles en Roma
Paralelamente, el Vaticano es escenario de uno de los grandes eventos del Jubileo 2025, festividad entre la que se celebra el Jubileo de las Iglesias Orientales, que se lleva acabo del 12 al 14 de mayo.
Más de cinco mil peregrinos, incluidos patriarcas, metropolitas y fieles de diversas iglesias orientales católicas, se congregaron en Roma, además de congregaciones provenientes de países como México, Ucrania, Etiopía, Estados Unidos, Pakistán y Brasil. El programa litúrgico incluye celebraciones en múltiples ritos orientales —etíope, armenio, copto, siro-oriental, siro-occidental y bizantino— llevadas a cabo en la Basílica de San Pedro y en Santa María Maggiore. Cada rito refleja la diversidad y la riqueza espiritual de las Iglesias orientales en comunión con Roma. Este jubileo destaca el valor de la unidad en la diversidad y la vitalidad de las tradiciones orientales dentro de la Iglesia católica, en el marco del Año Jubilar dedicado a la reconciliación y la renovación espiritual.
Trapa de Siria donde Carlos de Foucauld pasó varios años
Carlos de Foucauld queda tan impactado por el gran regalo que Dios le hace en su conversión que, en el mismo instante, se dispone a responder con el don total de sí mismo y hacerlo todo en función del mayor amor, y la consecuente imitación de Jesús.
«Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no tenía otro remedio que vivir para El sólo: mi vocación religiosa data del mismo momento que mi fe: ¡Dios es tan grande…!
Yo deseaba ser religioso, vivir sólo para Dios y hacer lo que fuera más perfecto, fuese lo que fuese. Mi confesor me hizo esperar tres años; yo mismo, aunque deseaba “exhalarme ante Dios en pura pérdida de mí “como dice Bossuet, no sabía qué Orden elegir: el Evangelio me hizo ver que el “primer mandamiento es amar a Dios con todo el corazón”, y que era preciso encerrarlo todo en el amor; todo el mundo sabe que el amor tiene como primer efecto la imitación; así pues, era preciso entrar en la orden donde encontrara la imitación más exacta de Jesús. ¡Hay tanta diferencia entre Dios y todo lo que no es Él!»
(Carta a Henry de Castries 14 agosto de 1901)
A Carlos le cuesta mucho dejar a sus seres queridos, en particular a su prima Marie de Bondy. Pero el amor a Dios se manifiesta aún más fuerte que el dolor:
“Cinco de la tarde. Ha llegado el último día, llegado y casi pasado. (…) Son las tres menos cuarto en París, yo estaba con usted, a punto de dejarla a usted un ratito, para ponerme a los pies del Sr. Cura y entrar por última vez en San Agustín. (…) A esa hora, a las cinco, estaba de nuevo cerca de usted, por última vez en este mundo. ¡Bendito sea Nuestro Señor Jesús que me ha dado una fuerza que no es mía…! ¡Bendito sea Aquel que se ha dignado hacerme hacer este sacrificio! ¡Que Él la bendiga a usted, por quien Él me ha dado tanto; que Él nos haga agradecidos y fieles! ¡Que me enseñe a separarme cada vez más de mí mismo para encontrarle a Él, para no vivir sino para aliviar su corazón; que todos nuestros actos sean para aliviarle, para consolar ese Sagrado Corazón, que usted me dio a conocer; que todo lo que somos sea para su consuelo, para Él!”
(Carta a Marie de Bondy, enero de 1891)
El Padre Huvelin dijo de Carlos de Foucauld: “De la religión hizo un amor”… Y ¡cuán apasionado era este amor!
“El amor tiene sed de adorar, de postrarse, de empequeñecerse a los pies del Amado; tiene sed de darse, de poner a los pies del Amado todo lo que tiene y todo lo que es: esta postración, y este don total de sí mismo, contienen la obediencia perfecta: el amor siente una necesidad irresistible de no existir ya más para uno mismo, de fundirse y perderse en el Amado (…) Haced que permanezca, Señor, en el secreto de vuestro rostro: lo haré conservando sin cesar el pensamiento de vuestra presencia, haciendo de mi vida una oración perpetua, realizando las obras exteriores que mi deber quiere que haga, pero pensando que no son más que una figura que pasa, una vanidad que se disipa en humo, que no son lo profundo de mi vida; lo hondo de mi vida es estar escondido en el secreto de vuestro rostro, es contemplaros constantemente. Haced que vea la vanidad de todo lo que no sois vos, no dejéis que mi corazón y mi espíritu estén apegados, ni siquiera por distracción, a lo que no es vos; recogedlos sin cesar, cogedlos como un pájaro coge sus pequeños, (…) y sea lo que sea que vuestra voluntad me mande hacer exteriormente, interiormente, esté siempre a los pies del Sagrario, escondido en el secreto de vuestro rostro”.
(Meditación 27 de enero)
Amar a Dios es pensar, hablar, actuar como Jesús lo hubiera hecho:
“La verdadera, la única perfección no es llevar tal o cual género de vida, sino hacer la voluntad de Dios; es llevar el género de vida que Dios quiere, donde Él quiere y llevarla como Él la hubiera llevado … y en todo acerquémonos a Él con todas nuestras fuerzas y seamos en todos los estados, en todas las condiciones, como Él mismo hubiera sido, como Él se hubiera comportado, si la voluntad de su Padre le hubiera puesto donde a nosotros nos pone… Sólo ahí está la perfección… Y pensar, hablar, actuar como Jesús hubiera pensado, hablado, actuado”.
(Meditación, Nazaret, 1898)
El que ama pierde el tiempo mirando sus propias imperfecciones: solo mira al que ama y es feliz con Él.
“¡Alégrese! Alégrese por amor. El Amado es feliz; debemos estar contentos con su felicidad. Que nuestro corazón entre en la alegría y la paz porque Aquél a quien amamos más que a nosotros mismos vive en una felicidad y una paz infinitas perfectas, inmutables… No caiga demasiado en este fango que somos nosotros mismos; hay que hacer todos los días el examen de conciencia, pedir perdón, sufrir en nuestra infidelidad, en nuestra falta de amor, y humillarnos… Pero no debemos tener siempre los ojos puestos sobre nosotros… el amor mira a aquél que ama, el amor mira sin cesar, al amado, no puede apartar los ojos de él. Y lo contempla sin fin… Ya que nuestro Amado es feliz debemos ser felices con su felicidad.»
(Carta a Luis Massignon, Tamanrasset 7 de abril de 1912)
Consejos para amar a Dios rezando …
“El amor consiste no en sentir que se ama sino en querer amar: cuando se quiere amar, se ama; cuando se quiere amar por encima de todo, se ama por encima de todo. Si ocurre que se cae en una tentación, es que el amor es demasiado débil, no es que no haya amor.”
(Carta a Luis Massignon, 15 de julio de 1916)
“Hay que emplear pocas palabras, nada de grandes discursos, nada rebuscado: palabras sencillas, hay que dejar hablar al corazón; que nuestra oración sea así: larga por el tiempo que le consagramos, corta por las frases que usamos en ella, que esté hecha de gritos del corazón, repetidos tan a menudo como nuestro corazón tenga deseo de hablar, que clame a su Padre con toda libertad y toda sencillez, repitiendo las mismas palabras tantas veces cuantas experimente la necesidad. (…) Rezaremos largo tiempo, con pocas palabras, llamando con insistentes golpes a la puerta del Sagrado Corazón de Dios”
(Nazaret, meditación)
“Mt 14, 23. Nuestro Señor reza solo, reza de noche. Es una costumbre en Él. Muchas veces nos repite el Evangelio: “Se retiró Él solo durante la noche a orar.” Amemos, acariciemos, practiquemos a ejemplo suyo la oración nocturna y solitaria. Cuando todo dormita en la tierra, velemos y hagamos ascender nuestras plegarias a nuestro Creador.”
(Meditaciones sobre los santos Evangelios, Nazaret, 1897-1898)
Se nota cómo este amor a Jesús va a ir transformando la vida de Carlos en una configuración total al Ser Amado:
“Dios mío, yo no sé si es posible a ciertas almas verte pobre y permanecer voluntariamente ricas; verse más grandes que su Maestro, que su Amado, y no querer parecerse a ti en todo, aún en lo que depende de ellas, y sobre todo en tus humillaciones; yo bien deseo que ellas te amen, Dios mío; sin embargo, creo que falta alguna cosa a su amor, y, en todo caso, yo no puedo concebir el amor sin una necesidad, una necesidad imperiosa de conformidad, de parecido y, sobre todo, de participación en todas las penas, en todas las dificultades y durezas de la vida. Ser rico a mis anchas, vivir cómodamente de mis bienes, cuando tú has sido pobre, sin dinero, viviendo penosamente de un duro trabajo… por mi parte, yo no puedo, Dios mío, amar así. “No conviene que el siervo sea mayor que su señor”, ni que la esposa sea rica cuando el Esposo es pobre, cuando él es voluntariamente pobre, sobre todo porque él es perfecto. (…) Yo no juzgo a nadie, Dios mío; los demás son tus servidores y mis hermanos, y yo debo amarlos, hacerles el bien y orar por ellos; pero me resulta imposible comprender el amor sin buscar la semejanza y sin participar de todas las cruces.”
(Retiro en Nazaret, noviembre de 1897)
Asimismo, este amor absoluto no se queda algo abstracto o sentimental, al contrario, genera una conformidad completa de la voluntad personal a la voluntad de Dios:
«Hacer todo para Dios, en el fondo consiste en no tener ojos más que para Dios, en mirar siempre a Dios, y entonces, naturalmente, uno no obra más que para Él. Cuando se ama a un ser, se le mira sin cesar, solo se tienen ojos para él, no se tienen pensamientos más que para él, uno está totalmente orientado hacia él, todos los pensamientos, palabras y acciones se refieren a él, a su bien, a sus gustos: es el amor… ¡Oh Dios mío, haced que os amemos y entonces viviremos exclusivamente para Vos!”
(Meditación 9ª, Mt 6, 1. Nazaret 1897-1898)
Leyendo y meditando sin cesar el evangelio, Carlos va descubriendo cuál es principalmente esta voluntad divina: comportarse como Jesús se comportó con los demás, según las Bienaventuranzas,con el mismo amor absoluto…
“Debería ver en cualquier enfermo no a un hombre, sino a Jesús y, por tanto, debería mostrarle respeto, amor, compasión, alegría y agradecimiento por poder servirle con celo y con dulzura. Debería servir a los enfermos como sirvo a los pobres, esforzándome por prestar a unos y a otros los servicios más abyectos, como Jesús lavando los pies de sus apóstoles. Soportar la presencia de los malos, con tal que su maldad no corrompa a los demás, como Jesús soportó a Judas. No resistir al mal. Acceder a cualesquiera peticiones, aun las más injustas, por obediencia a Dios y para, mediante esta condescendencia, hacer bien a las almas y obrar con los demás como Dios lo hace. Seguir haciendo el bien a los ingratos, por imitar a Dios, que hace llover sobre buenos y malos. “Si no sois buenos más que con los buenos, ¿dónde está vuestro mérito?”; “Sed buenos con los malos, con los ingratos, con los enemigos, como Dios mismo”; Todo hombre vivo, por malo que sea, es hijo de Dios, imagen de Dios, miembro de Jesús: respeto, amor, atención, ternura… para el alivio material; celo extremo o por la perfección espiritual de cada uno de ellos.”
(Beni-Abbès, diciembre de 1902, Escritos Espirituales, A mis hermanos más pequeños)
(Dice Jesús) “Tu pensamiento de la muerte. Piensa que debes morir mártir, despojado de todo, tendido en tierra, desnudo, desfigurado, cubierto de sangre y de heridas, violenta y dolorosamente muerto, y desea que eso suceda hoy. Para que yo te haga esta gracia infinita, sé fiel en las vigilias y en llevar la cruz. Considera que es a esta muerte a la que debe conducir toda tu vida: ve, pues, la poca importancia que tienen tantas cosas. Piensa a menudo en esta clase de muerte para prepararte y para juzgar las cosas en su verdadero valor.”
(Nazaret, 6 de junio 1897)
“A esta vida seguirá la muerte: tu querrías la del martirio, sabes que lo puedes todo en quien te conforta, (…) pídemelo mañana y tarde, pero poniendo la condición de que ello sea mi voluntad, mi mayor bien, mi mayor consolación, la que tú quieres y pides, antes que nada… Pedir esto es una buena cosa: “no hay mayor amor que dar la vida por aquel a quien se ama”, y es perfectamente justo que tú quieras darme la señal del “mayor amor”.
Antes de que las autoridades argelinas fuesen notificadas de que al sur de su país un español había sido secuestrado por cinco hombres armados, Akli Sh’kk (Sáhara, 1983) había desplegado ya su extensa red de contactos para trabajar en su liberación. El trabajo de este experto en cuestiones de seguridad y política en el Sahel fue clave para liberar al arqueólogo Joaquín Navarro a finales del pasado mes de enero. Aquella liberación se la atribuyó el Frente de Liberación del Azawad (FLA), un grupo independentista Tuareg del norte de Mali para los que trabaja como asesor principal independiente. Atiende a La Vanguardia por videoconferencia.
La lucha del FLA
No buscamos la guerra por sí misma; exigimos el derecho a definir nuestro futuro”
Varias publicaciones lo describen como “el hombre del Sáhara”. ¿Fue su experiencia en la región la que ayudó a liberar al arqueólogo español?
El apodo refleja más que experiencia: es el resultado de una vida entera de compromiso con la región y su gente. Para mí, el Sáhara no es un desierto lejano, sino una aldea unida por lazos familiares. Es mi hogar. He estado junto a ellos tanto en tiempos difíciles como en épocas de calma. La rápida liberación del señor Navarro fue posible gracias al FLA y a la confianza que he cultivado durante años. Muy pocos rehenes son liberados en solo diez días. No fue suerte, sino fruto de la confianza construida a lo largo del tiempo.https://datawrapper.dwcdn.net/3OQWW/
¿Cómo supo del secuestro antes que las autoridades argelinas?
Puede parecer sorprendente, pero es una muestra del poder de la inteligencia comunitaria y de la importancia de las relaciones humanas. A lo largo de décadas, he construido una red confiable en todo el Sáhara, basada en el respeto mutuo, el entendimiento cultural y la comunicación directa. En regiones tan remotas e inestables como el sur de Argelia y el norte de Malí, las respuestas oficiales suelen ser lentas, mientras que las redes locales son mucho más ágiles. Actuamos con rapidez porque conocemos bien cómo se mueven las cosas en el terreno. Estos terroristas llegaron a nuestra tierra para dañar nuestra imagen, y queríamos demostrar que no somos como ellos.
Se le describe como el líder tuareg más influyente, “el hombre que tiene las llaves del desierto”.
Sí, lo he escuchado. Pero no me veo así. No me considero poderoso; me considero un servidor de mi pueblo. Lo que poseo no es poder, sino confianza. Esa confianza proviene de años de trabajo, escucha y defensa de las comunidades tuareg en toda la región.
En los últimos meses, los principales movimientos tuareg de Malí se unieron para formar el FLA. Como principal asesor, ¿cuáles son sus objetivos?
El FLA es la continuación de una larga lucha por la dignidad, la identidad y el reconocimiento. Es una respuesta directa a las fronteras coloniales que ignoraron nuestra existencia, dividiendo nuestra tierra. No buscamos la guerra ni la secesión por sí misma; exigimos justicia y el derecho a definir nuestro futuro. Nuestra causa es más antigua que muchas otras: más antigua que las luchas en Palestina, el Polisario o Sudán del Sur. Pero a diferencia de ellas, no somos ni árabes ni negros africanos, y eso, lamentablemente, ha hecho que gran parte de la comunidad internacional nos ignore. Nuestro pueblo merece el mismo derecho a ser escuchado.
El FLA instó a la población a defenderse de sus enemigos. ¿Quiénes son estos enemigos?
Nuestro principal enemigo es el Estado Islámico, cuyas acciones terroristas han devastado comunidades en todo el Sahel. Luego está la junta militar de Mali, que ha invitado al Grupo Wagner, mercenarios que están cometiendo una limpieza étnica contra tuaregs y árabes. Por último, el llamado gobierno de transición en Bamako, que sigue desestabilizando la región mediante la represión y el desgobierno. Defendemos a nuestro pueblo de estos actores que buscan silenciarnos.
Ha pedido el reconocimiento internacional del FLA. ¿Ha habido alguna respuesta?
El FLA es actualmente el representante más legítimo y organizado del pueblo del Azawad. El reconocimiento no es solo un acto moralmente justo; es una necesidad estratégica, especialmente para Europa. La creciente presencia rusa en Kidal, en particular en Amachach, es profundamente preocupante. Establecer una base militar allí pone a Europa a solo unos pasos de una zona altamente militarizada bajo control ruso. Reconocer al FLA sería un paso fundamental para contrarrestar esta amenaza y estabilizar la región.
España tiene claros intereses estratégicos en la zona…
Sin duda. Los territorios tuareg están en el corazón de las rutas migratorias clave hacia Europa. A diferencia de otros, nosotros podemos gestionar esos flujos con humanidad. Rusia, en cambio, ve la migración como un arma de desestabilización. Si Moscú logra el control total de esta región, podría explotar la migración para presionar a Europa, especialmente a España. El FLA es una barrera contra ese escenario. Sin nosotros, reinará el caos.
¿Ha habido conversaciones con el rey Mohamed VI de Marruecos?
No tengo conocimiento directo de conversaciones específicas, pero puedo decir que Marruecos ha mostrado un interés creciente en la situación del Azawad. Reconoce la importancia de resolver este conflicto y parece dispuesto a implicarse, de forma discreta.
La Unión Europea ha retirado sus tropas de Mali. ¿Fue un error?
Fue un grave error. La retirada en sí no fue el problema central, sino el hecho de que se hizo sin crear una alternativa sostenible. Se gastaron miles de millones, pero nunca se abordaron los problemas reales: pobreza, exclusión, injusticia. Ahora ese vacío lo ocupan mercenarios y señores de la guerra. Mientras no se resuelva la cuestión del Azawad, la estabilidad en el Sahel será inalcanzable.
El yihadismo en Mali está en niveles sin precedentes. ¿Puede detenerse?
Sí, pero no con drones ni tropas extranjeras. El yihadismo prospera en ambientes de desesperanza y exclusión. La única solución duradera es una gobernanza inclusiva, educación y el empoderamiento de los actores locales. Los kurdos jugaron un papel vital en la derrota del Estado Islámico; de manera similar, el FLA está en una posición sólida para ayudar a derrotar el terrorismo en el Sahel. Pero necesitamos reconocimiento y apoyo para lograrlo.
El tráfico de armas, drogas y personas sigue creciendo. ¿El mundo mirando hacia otro lado?
El mundo ve el problema, pero está reaccionando de forma equivocada. La ayuda y la atención están siendo canalizadas a través de regímenes corruptos que no tienen ningún interés real en detener estas redes. Las personas mejor capacitadas para combatir el tráfico –actores locales de confianza– están siendo ignoradas. Eso no solo es ineficaz, es peligroso. Los recursos deben dirigirse a quienes realmente pueden marcar la diferencia.
¿Rusia tiene ahora más influencia que China en la región?
Sin duda. Mientras China se enfoca en la inversión económica y la infraestructura, Rusia está llevando a cabo una agenda mucho más militarizada y desestabilizadora. Ha aprovechado la distracción de Occidente con la guerra en Ucrania para expandir su presencia en África; estableciendo bases, apropiándose de recursos y respaldando dictaduras. La presencia rusa en el Sahel no es desarrollo, sino de dominación. Y representa una amenaza no solo para África, sino también para Europa y el orden democrático global.
Joaquín Vera
Periodista especializado en información de Interior, Seguridad y Terrorismo
Redactor de la sección de Política de La Vanguardia. A cargo de la información de Interior y Defensa, con el foco en la Seguridad y el Terrorismo
El relevamiento, llevado a cabo por el Centro de Investigación PEW, se basó en encuestas realizadas en 36 países de seis continentes. Cuál es la posición de Argentina al respecto.
“Las creencias de la gente nunca se apagarán” o “hay que creer en algo”, son frases que parecen resonar con fuerza en el nuevo estudio del Pew Research Center, que revela cómo, más allá de religiones formales, las creencias espirituales persisten en todo el mundo. Desde la fe en la vida después de la muerte hasta la idea de que animales, objetos o elementos de la naturaleza poseen espíritus, estas convicciones siguen vivas en diversas culturas y generaciones.
El informe, basado en encuestas realizadas en 36 países, muestra que en la mayoría de las naciones, más de la mitad de los adultos cree que existe una vida después de la muerte. Por ejemplo, el 85% de los indonesios y el 80% de los kenianos expresan esta creencia. En América Latina, aproximadamente dos tercios de los adultos comparten esta visión.
Los países incluidos en el estudio
Hay un dato aún más llamativo: muchas personas creen que animales, partes de la naturaleza como montañas o ríos, e incluso objetos como cristales, pueden tener espíritus o energías espirituales. Estas creencias son comunes incluso en países donde la religión no es considerada muy importante en la vida diaria, como Suecia, donde sólo el 7% dice que la religión es muy importante, pero el 38% cree en la vida después de la muerte y casi dos tercios creen en espíritus en animales, naturaleza u objetos.
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El estudio también explora cómo estas creencias varían según la edad. En muchos países, los adultos mayores tienden a ser más religiosos que los jóvenes en términos de asistencia a servicios religiosos y oración. Sin embargo, en cuestiones espirituales más amplias, como la creencia en que los animales tienen espíritus o en la reencarnación, los adultos jóvenes (de 18 a 34 años) a menudo muestran niveles de creencia iguales o incluso superiores a los de los adultos mayores.
Por ejemplo, en aproximadamente la mitad de los países encuestados, la creencia de que los animales pueden tener espíritus es más común entre los adultos jóvenes que entre los mayores de 50 años. De hecho, en ningún país los adultos mayores son más propensos que los jóvenes a sostener esta creencia.
La creencia en la reencarnación también muestra patrones interesantes. En diez países, los adultos jóvenes son más propensos que los mayores a creer que las personas renacen en este mundo una y otra vez. En la mayoría de los demás países, no hay diferencias significativas por edad. Nigeria es la única nación donde los adultos mayores son más propensos que los jóvenes a creer en la reencarnación (63% frente a 47%).
Argentina se encuentra octava en el ranking sobre la creencia de espíritus en la naturaleza
El estudio también destaca que, aunque las mujeres son generalmente más propensas que los hombres a creer en la vida después de la muerte, en los espíritus ancestrales y en la reencarnación, estas diferencias de género son más pronunciadas en países europeos. En otros lugares, estas cuestiones son menos marcadas
En cuanto a la educación, no hay una relación clara entre el nivel educativo y la creencia en la vida después de la muerte. En algunos países, las personas con mayor educación son más propensas a creer en la vida después de la muerte, mientras que en otros, ocurre lo contrario. En muchos países, no hay diferencias significativas basadas en la educación.
Argentina: una mirada local
En Argentina, el estudio revela que el 37% de los adultos considera que la religión es muy importante en sus vidas, ubicando al país en un punto intermedio entre las naciones encuestadas. Este porcentaje es similar al de Estados Unidos e Israel. Además, el informe muestra que en nuestro país, el 61% de los adultos que oran diariamente consideran que la religión es muy importante en sus vidas, en comparación con el 21% de aquellos que oran con menos frecuencia.
Esto indica una fuerte correlación entre la práctica religiosa y la importancia atribuida a la religión en la vida personal. Estos datos sugieren que, en Argentina, aunque la religión puede no ser central para todos, las prácticas espirituales y las creencias en aspectos como la vida después de la muerte y las energías espirituales siguen siendo significativas para una parte considerable de la población.
En el mes de junio del año 325 tuvo lugar el primer Concilio ecuménico, el de Nicea, convocado por el emperador Constantino. Entre los muchos temas tratados, que intentaremos abordar brevemente, dos en particular han pasado a la historia: el Credo que, con varias modificaciones, se convirtió en la profesión de fe oficial de toda la cristiandad, y la decisión de unificar la fecha de la celebración de la Pascua. Esta conmemoración de los 1700 años del Concilio de Nicea se ha convertido en una ocasión para desarrollar nuevas líneas de estudio.
Según la historiografía tradicional, hacia el año 320 el presbítero Arrio, en un encuentro del clero alejandrino con su obispo Alejandro, habría negado la divinidad del Hijo de Dios, sosteniendo que había sido creado de la nada antes del tiempo y de la eternidad, como la primera y más excelsa criatura de Dios. Por lo tanto, también era mutable y podría haber pecado; sin embargo, no lo había hecho, porque Dios le había concedido la gracia de no pecar, conociendo de antemano su firmeza y piedad[1]. Al parecer, el contexto de la disputa lo constituía un problema que existía desde hacía tiempo en la Iglesia de Alejandría, a saber, el contraste entre los filo-monarquianos, preocupados hasta tal punto por no separar al Hijo del Padre que no lograban expresar la fe en la personalidad propia del Hijo, cayendo en un monoteísmo extremo, y ciertos teólogos, fieles a la tradición de Orígenes, que subrayaban la diversidad entre las Personas divinas, corriendo el riesgo de caer en el triteísmo.
Se discutió sobre este tema, y el obispo Alejandro pidió a Arrio que presentara su fe por escrito. Arrio redactó su propio Credo en forma de carta, que hizo llegar al obispo[2]. Este, con el sínodo de los obispos egipcios, tras el debido examen, excomulgó a Arrio y a un grupo de sus seguidores, entre ellos dos obispos. Posteriormente, Alejandro informó a los obispos de otras provincias de dicha condena[3], y Arrio, por su parte, escribió a sus amigos, entre ellos Eusebio de Cesarea y Eusebio de Nicomedia. La disputa, que al principio era de interés local, se difundió luego por todo el mundo, convirtiéndose así en un problema global. Por ello, el emperador Constantino intervino con una carta dirigida a Alejandro y a Arrio[4], pidiéndoles que se reconciliaran. La carta fue llevada por el obispo Osio de Córdoba, quien, al ver que no querían hacer las paces, regresó a Nicomedia, a la corte de Constantino. Entonces el emperador convocó el Concilio ecuménico para resolver tan importante cuestión.
La invitación al Concilio y la paz religiosa
La disputa podía realmente asumir esta forma, aunque parece excesivo considerarla la única causa de la convocatoria del gran Concilio. El emperador pudo escribir la mencionada carta solo después de haber concluido la guerra con Licinio, su excolega Augusto y cuñado, el mismo con quien firmó el llamado «Edicto de Milán» en el 313, antes de que sus caminos se separaran. Las divergencias entre ellos también se referían a la religión, porque, mientras Constantino aspiraba a la paz religiosa en el imperio apoyándose en la Iglesia, Licinio en cambio perseguía a los cristianos. La victoria de Constantino tuvo lugar el 18 de septiembre del 324, en la batalla cerca de Crisópolis, en Bitinia, cerca de Calcedonia. Licinio fue derrotado y poco después ejecutado. Constantino se trasladó al palacio imperial en Nicomedia, pudiendo disfrutar de la paz y del pleno poder como único emperador y celebrar la victoria. Había sido proclamado Augusto por el ejército el 25 de julio del 306. Así, en el mismo día del año 325 comenzaba el año jubilar, las vicennalia (veinte años) de su gobierno. En preparación para este evento, el emperador escribió varias cartas sobre el restablecimiento de la paz en la Iglesia, sobre el fin de las persecuciones y sobre las medidas a favor de los bienes eclesiásticos que habían sido confiscados en el pasado. Pero no todo era color de rosa, y en la Iglesia persistían fenómenos que oscurecían la atmósfera de paz. Escribía Eusebio: «Pero justo cuando [Constantino] se alegraba de estos hechos, le fue comunicada la noticia de que la Iglesia estaba desgarrada por un disturbio no menor, y cuando su oído fue alcanzado por esta noticia, se puso a pensar en una cura contra este mal» (VC II, 61,2); «Algunos en la misma Alejandría disputaban como niños sobre los temas más sublimes, otros en todo Egipto y la alta Tebaida discrepaban sobre una cuestión añeja que ya hacía tiempo se había presentado, y así las Iglesias se encontraban por todas partes divididas» (VC II, 62).
Otra cuestión, que el mismo Constantino menciona en la carta a Alejandro y a Arrio, concierne al donatismo, el cisma de los «puros», katharoi, quienes, después de las persecuciones de inicios del siglo IV, fundaron una Iglesia paralela a la católica. El emperador escribía así: «En efecto, cuando se difundió por toda África una locura inaceptable a causa de quienes habían osado, con una ligereza imprudente, dividir en distintas sectas los cultos religiosos de los pueblos, yo, queriendo contener esta enfermedad, no lograba encontrar otro remedio adecuado a la circunstancia más que, una vez destruido el enemigo común del imperio que había opuesto su impía doctrina a vuestros santos sínodos, enviar a algunos de vosotros en auxilio para restablecer la concordia entre las facciones opuestas» (VC II, 66).
El donatismo ya existía desde hacía tiempo, y el emperador había convocado sínodos en Roma (313) y en Arlés (314) para buscar la reconciliación, pero sin éxito. También entonces, es decir, después de la victoria sobre el enemigo, Constantino envió delegados para intentar una solución[5].
En lo que respecta a la parte oriental del Imperio, se manifestaban dos problemas: el primero, considerado por Constantino como poco serio —«de niños», como él escribía—, estaba relacionado con las disputas inútiles que tenían lugar en Alejandría; el segundo, más grave, que afectaba a todo Egipto y a la Tebaida y que ya se prolongaba desde hacía años, se refería al cisma meleciano. El obispo Melecio, en Egipto, a comienzos del siglo IV, había fundado una Iglesia paralela a la católica: una Iglesia de «puros», intransigente con los «pecadores», especialmente con aquellos que durante las persecuciones se habían mostrado débiles; una Iglesia similar a la de los donatistas en África. Esta se había difundido tanto durante el siglo IV que llegó a constituir la mitad de las Iglesias egipcias[6]. Este tema era tan importante que el Concilio tuvo que ocuparse necesariamente de él, dedicando a este asunto y a los demás «puros» (katharoi) el canon octavo.
A los ojos de Constantino, en cambio, la disputa alejandrina no merecía más que una advertencia, por tratarse de un obstáculo para la paz. Basta leer algunas frases de su carta para darse cuenta de la poca importancia tenía para él dicha controversia: «Reflexionemos, entonces, con mayor atención y con más aguda comprensión sobre lo que se ha dicho: si es conveniente que una contienda verbal banal y de escasa importancia lleve a unos a oponerse a sus hermanos, y que a causa de una impía discordia se divida la preciosa unidad del sínodo, por culpa nuestra, que discutimos entre nosotros sobre cuestiones insignificantes y nada necesarias. Tal actitud, además, resulta vulgar y conviene más a mentes infantiles que a la inteligencia de sacerdotes y hombres sabios» (VC II, 71,3). Y también: «La causa que ha provocado entre vosotros esta disputa mezquina, dado que no afecta a la autoridad de la ley en su conjunto, no debería suscitar entre vosotros división ni rebelión alguna» (VC II, 71,5).
Constantino consideraba la controversia tan poco seria porque, probablemente, había sido informado sobre ella por Eusebio de Nicomedia, quien defendía a Arrio, sosteniendo que la sentencia de condena que le había impuesto Alejandro era demasiado severa y que, por una cuestión de tan poca importancia, Arrio no debía haber sido expulsado de la Iglesia. Constantino creyó fácilmente este informe, porque, a sus ojos, la unidad de la religión no debía basarse en la unidad del pensamiento, sino en la unidad del culto y de la práctica religiosa. Las disputas teológicas no tenían gran relevancia para él: para una cuestión tan poco importante habría bastado con una advertencia y una exhortación a la concordia.
¿Podía el emperador sospechar desobediencia por parte de súbditos de los que se sentía jefe en cuanto legítimo pontifex maximus, y por tanto responsable de la pacífica convivencia entre todas las religiones del imperio? Es difícil creerlo. Pero, incluso si esto hubiese sido cierto, no habría preocupado demasiado a Constantino, dado el escaso valor que la controversia tenía a sus ojos y la gravedad de los cismas presentes en África y Egipto, que él consideraba mucho más serios. Osio de Córdoba, una vez conocida la intransigencia de Alejandro, no habría podido informar a la corte sobre lo ocurrido, ya que en ese momento no había ningún barco que pudiera llevarlo de regreso a Nicomedia, pues durante la estación invernal los puertos permanecían cerrados[7]. Atanasio, entonces diácono en Alejandría, escribirá más tarde que Osio había participado en un sínodo en Alejandría, celebrado entre 324 y 325, dedicado al cisma meleciano[8]. Por ello habría tenido aún menos tiempo para trasladarse.
Dado que, como hemos dicho, para Constantino la idea de la paz religiosa debía basarse en la unidad del culto más que en la igualdad de las creencias teológicas, podemos afirmar que el tema más importante para él era la fecha de la Pascua, que hasta ese momento no había sido unificada en la Iglesia. Eusebio dedica todo el capítulo quinto del libro III de la Vita Constantini a este problema. El propio Constantino, en la carta dirigida a todos los obispos tras el Concilio[9], presenta la decisión sobre la fecha de la Pascua como el fruto más importante del Concilio. Recordemos también que el emperador ya anteriormente había pedido a los obispos de Arlés que fijaran dicha fecha[10], pero no había recibido de ellos más que el deseo de establecerla.
Así, a fines del 324, Constantino esperaba resolver estos problemas mediante delegados y cartas. Sin embargo, se acercaba el jubileo, que debía celebrarse solemnemente. En Roma, en el año 315, se había celebrado la conmemoración del décimo aniversario (decennalia) con la construcción del Arco de Constantino. El jubileo sería una buena ocasión para proclamar la victoria de Constantino, la reconciliación de todos los disidentes o cismáticos y establecer el calendario para los cristianos, como indican algunas fuentes.
La carta de Constantino —conservada en siríaco— con la invitación al Concilio contiene un párrafo introductorio en el que se lee que el emperador había invitado a los obispos para el 19 de junio, con el fin de celebrar el vigésimo año de su gobierno (vicennalia)[11]. Eusebio alabó al emperador, que «fue el único emperador de todos los tiempos que, tejiendo por Cristo una corona con los lazos de la paz, la ofrecía a su Salvador como un don de agradecimiento verdaderamente digno de Dios, realizando en nuestra época una imagen análoga a la del colegio apostólico» (VC III, 7,2). Puede pensarse, entonces, que Constantino juzgaba oportuno invitar a los obispos y con ellos declarar solemnemente la paz universal tras sus victorias, la reconciliación de todas las partes en conflicto, una sola fe y una única fecha de Pascua para toda la Iglesia. Este parece ser un motivo suficiente para convocar a tantos ilustres invitados, sin reparar en gastos. De hecho, para celebrar el inicio del jubileo, se ofreció al término del Concilio un gran banquete, al cual fueron invitados todos los participantes[12].
Pero si los trabajos terminaron el 25 de julio, ¿con cuánta antelación debía haber invitado el emperador a los obispos al Concilio? Según el historiador Sócrates[13], el Concilio habría comenzado el 20 de mayo; en cambio, la carta mencionada de Constantino habla del 19 de junio[14]. La primera fecha parece descartable, porque sería solo un mes después de la Pascua (18 de abril), y por tanto el tiempo para la llegada de todos los invitados habría sido demasiado breve. Si la invitación se hubiera hecho en primavera, su llegada habría sido demasiado tardía. Por lo tanto, la carta de invitación habría sido escrita, probablemente, en el mismo período en que el emperador enviaba su carta a Alejandría, es decir, entre octubre y noviembre del 324. Así, cuando, un siglo más tarde, Teodosio II invite al Concilio de Éfeso para el 7 de junio del 431, enviará las cartas el 19 de noviembre del 430, y el obispo de Cartago escribirá que solo la recibió en los días de Pascua, y que por tanto ya no había tiempo para elegir a los delegados que debía enviar[15]. Por otra parte, los obispos de Antioquía no lograron llegar a tiempo, y tampoco lo consiguieron los legados del obispo de Roma. Esto parece demostrar que Constantino no podía esperar el resultado de la misión de Osio, sino que tuvo que actuar mucho antes.
La apertura del Concilio
Para hacernos una idea de la importancia de la asamblea conciliar, leamos lo que escribe Eusebio: «Se reunió allí lo mejor del ministerio de Dios de todas las Iglesias que se encontraban en toda Europa, en Libia y en Asia. Un único lugar de oración, como si se hubiera ampliado por obra divina, acogía en su interior y en una misma sede a sirios y cilicios, fenicios, árabes y palestinos y, además de estos, también a egipcios y tebanos, libios y a cuantos se habían puesto en camino desde Mesopotamia. Participaba en el sínodo un obispo persa, y tampoco faltaba el de Escitia; también el Ponto y Galacia, Capadocia y Asia, Frigia y Panfilia enviaron a sus hombres más ilustres. También se presentaron los tracios y macedonios, los griegos y epirotas, y entre ellos incluso quienes habitaban en regiones más lejanas» (VC III, 7,1).
Con tanta variedad geográfica, cultural y de tradiciones, cabe preguntarse con razón de qué manera y en qué medida logró el emperador alcanzar su objetivo. Desafortunadamente, sobre el desarrollo de los trabajos tenemos una documentación muy escasa y parcial. Sabemos que, en la apertura del sínodo, uno de los obispos saludó oficialmente al emperador. Según Sozomeno, este obispo habría sido Eusebio de Cesarea[16]; según Teodoreto de Ciro, en cambio, Eustacio de Antioquía[17], pero la cuestión permanece incierta.
Después de las palabras del obispo, el emperador expresó su gratitud a Dios y exhortó a los obispos a suspender todas las controversias[18]. Constantino llamaba a los obispos «sacerdotes de Cristo» y hablaba en latín, que era traducido simultáneamente al griego, ya que quienes comprendían el latín eran una clara minoría. Este hecho resulta extraño, porque, como afirma Eusebio, durante las discusiones «Constantino se expresaba en griego, porque no ignoraba en absoluto esta lengua» (VC III, 13,2). Se podría suponer que su discurso debía entenderse como una intervención oficial, en calidad de pontifex maximus, dirigida al colegio sacerdotal. Cada culto tenía su propio colegio sacerdotal, pero el cristianismo, oficialmente, aún no lo tenía, así como tampoco tenía un calendario litúrgico establecido. El pontifex maximus habría hablado en la lengua oficial, instituyendo a los obispos como el «colegio sacerdotal» del cristianismo, con la intención de proclamar el calendario y la fórmula de fe. En épocas anteriores, los obispos y los presbíteros rara vez eran designados como sacerdotes. Esto sucedía cuando un homileta interpretaba los textos veterotestamentarios sobre el sacerdocio y trataba de actualizarlos, como hacía, por ejemplo, Orígenes, al explicar el libro del Levítico[19]. El cristianismo ya había sido reconocido oficialmente como religio licita en el año 313; ahora los obispos eran equiparados a los colegios sacerdotales de las religiones, por lo que podían esperar recibir los mismos privilegios.
La formulación del «Credo» y la decisión sobre la fecha de Pascua
Parece que Constantino había previsto que los obispos querrían tratar diversas cuestiones importantes para ellos, y tal vez por eso los había invitado con un mes de antelación respecto al inicio del jubileo. Y así fue, pero resulta que exageraron en la presentación de cuestiones: las peticiones, de hecho, fueron tan numerosas que, al final, el emperador ordenó recogerlas y quemarlas todas[20]. Eusebio de Cesarea se muestra más moderado y, aunque recuerda el gran número de peticiones y las disputas entre los obispos, subraya la calma y la atención prestada por Constantino a todos[21]. Luego pasa a hablar del acuerdo alcanzado sobre el Credo y el calendario. También nos informa de las (al menos) dos facciones o agrupaciones que se establecieron entre los obispos[22].
La escasez de fuentes podría inducirnos a error respecto al desarrollo del Concilio. Ya hemos mencionado la carta de Constantino enviada a todos los obispos y distribuida a los participantes al final de la asamblea, de la cual se deduce que ciertamente se había discutido sobre la unidad de la fe, pero que el tema principal fue la fecha de la Pascua. A este tema, en efecto, el emperador dedicó gran parte de su escrito. Conservamos también la carta que Eusebio de Cesarea envió a su Iglesia después del Concilio, para justificar su actuación dentro de la asamblea, es decir, su adhesión al nuevo Credo elaborado allí[23]. Puesto que escribe solo sobre este tema podríamos pensar que el tema principal del Concilio fue la redacción del Credo. Sin embargo, el emperador, en su carta, parece despachar este asunto con pocas frases: «Todo aspecto del culto fue sometido a una investigación adecuada, hasta que salió a la luz una conclusión grata al Dios que todo lo gobierna, en la dirección de un acuerdo unitario, hasta el punto de que ya no quedó margen para divergencias de opinión ni disputas sobre la fe» (VC III, 17,2).
Según la carta de Eusebio, fue él quien presentó el borrador del Credo, que fue aceptado por el emperador, aunque criticado por los demás. Se llegó a una fórmula consensuada con las precisiones aportadas por el mismo Constantino, quien habría sugerido el término homoousios, «consustancial», atribuido al Hijo en relación con el Padre. Es posible que haya sido así, ya que el emperador no estaba al tanto del pasado «herético» de dicho término, que aún no había sido utilizado por ninguno de los Padres que conocemos. De hecho, hicieron falta varios años para que, gracias a las explicaciones ofrecidas entre los años 350 y 380, sobre todo por Atanasio, Basilio de Cesarea y Gregorio de Nisa, el término pudiera ser aceptado. Quizás el emperador fue tan conciso porque estaba convencido de que, con su carta, todos los obispos llevarían consigo el texto del Credo y los cánones, los cuales debían bastar para esclarecer la cuestión. En cuanto a la fecha de la Pascua, en cambio, quiso informarles personalmente, porque para él era mucho más importante.
Al parecer el Credo universal servía más al emperador que a los obispos. En aquel tiempo, en cada Iglesia se proclamaba un propio Credo trinitario, utilizado en el catecumenado y en la administración del bautismo, y ningún obispo sentía la necesidad de unificarlo. La fecha de la Pascua sí interesaba a las Iglesias, pero, después de las discusiones del siglo II y tras muchos sínodos en los que se trató el tema[24], parecía que todos se habían adaptado a la situación, aceptando la solución propuesta por Ireneo, según la cual la tradición de los apóstoles permitía utilizar tanto el calendario judío como otros calendarios. Este problema concernía más bien al emperador, quien, en cuanto pontifex maximus, se sentía obligado a unificar el calendario y la fórmula de fe.
No sabemos nada sobre las discusiones al respecto. Solo Constantino nos informa, en la carta postsinodal, que «cuando se abordó la cuestión relativa a la fecha de la santísima Pascua, por decisión unánime pareció oportuno que todos, en cualquier lugar, la celebraran el mismo día» (VC II, 18,1), porque ya no había ninguna costumbre en común con los judíos y porque era más razonable y conveniente seguir «la norma que es respetada con un ánimo único y concorde» (VC II, 19,1) en la mayoría de las Iglesias.
Los cánones conciliares
El Concilio formuló 20 cánones de indudable autenticidad, ninguno de los cuales menciona ni la Pascua ni el Credo[25]. Sin duda, reflejan el desarrollo del debate, ya que los cánones nunca se formulaban sin alguna discusión previa. Estos pueden indicarnos mejor que las cartas monotemáticas el contexto eclesial, es decir, los problemas que vivía la Iglesia y que el emperador quería resolver. Ya hemos señalado cómo muchas propuestas o solicitudes presentadas por los obispos fueron dejadas de lado e incluso quemadas. Podemos suponer, por tanto, que las que se conservaron eran las más importantes para amplias regiones de la Iglesia, y como tales fueron consideradas por el emperador.
Daremos ahora un breve vistazo a los cánones aprobados. En los primeros se establece que quienes se castran no deben ser admitidos en el clero (canon 1); lo mismo vale para los neófitos (canon 2), y se prohíbe a los clérigos «convivir con una mujer, a menos que se trate de su propia madre, una hermana, una tía o una persona que esté por encima de toda sospecha» (canon 3). Dado que aquí se trata de todos los miembros del clero, incluso del clero inferior, que podía casarse —es decir, ostiarios, lectores y acólitos—, parece que vivir con la esposa no estaba prohibido. Los cristianos podían ser ordenados diáconos y presbíteros aun estando casados, pero no podían volver a casarse. Varias décadas más tarde, el sínodo de Cartago de 390 establecerá, en el canon 2, la obligación de continencia para ellos.
El canon 4 trata de la consagración del obispo, la cual debía ser realizada por al menos tres obispos de la provincia. No sabemos cómo se organizaba la Iglesia anteriormente en este punto: probablemente se procedía a la elección, y el nuevo elegido asumía sus funciones en virtud de esa elección eclesial, incluso sin la imposición de manos por parte de otros obispos.
En el canon 5 se habla de los excomulgados y se prohíbe reconciliarlos fuera de la Iglesia que los había condenado. Debemos notar que este canon será retomado en varias ocasiones posteriormente[26]. Esto indica que las situaciones en las que los excomulgados, sintiéndose quizá injustamente perseguidos, buscaban la reconciliación fuera de su propia Iglesia, eran frecuentes. Para evitar injusticias, el canon recomienda que los sínodos provinciales se celebren dos veces al año, para discutir juntos los problemas. Es posible que la ocasión inmediata para la formulación de este canon haya sido el caso de Arrio. De hecho, no se habla de él en ningún documento contemporáneo; incluso Atanasio de Alejandría, en De decretis Nicaenae synodi, se limita a presentar la interpretación antiarriana del Credo, sin mencionar a Arrio. Es posible que alguien —por ejemplo, Eusebio de Nicomedia, u otro en su nombre— haya pedido a la asamblea la reconciliación con Arrio. El canon lo prohíbe, y el mismo Constantino, después del Concilio, pidió a Alejandro —y más tarde a Atanasio— que reconciliaran a Arrio, ya que él era el único capaz de hacerlo, por ser obispo de Alejandría[27]. Tampoco se habla de la condena de Arrio en Nicea, porque habría sido contraproducente excomulgar a alguien que de hecho ya estaba excomulgado.
El canon 6 establece la precedencia de las sedes episcopales: la primera sigue siendo la de Roma, seguida por la de Alejandría y la de Antioquía. Este canon resultará ser una piedra de tropiezo para la Iglesia de Constantinopla, que en las décadas siguientes querrá asumir el primer puesto en Oriente, lo cual causará gran irritación en las otras dos sedes orientales mencionadas. También se reconoce la posición privilegiada de Jerusalén (canon 7), pero sin atribuirle la jurisdicción metropolitana.
El canon 8 aborda un tema delicado para la Iglesia: la reconciliación de los cátaros, divididos en varios grupos. No hay argumentos convincentes para limitarla únicamente a los novacianos, como se ha repetido durante siglos[28]. Los clérigos cátaros —ya sean novacianos, donatistas, montanistas, melecianos u otros— pueden permanecer en el clero, ya que sus ordenaciones son válidas, pero deben comprometerse por escrito a observar la práctica de la Iglesia respecto a los pecadores arrepentidos, ya sean lapsi (quienes habían apostatado durante las persecuciones) o digamoi (personas casadas dos veces): después de una debida penitencia, tienen derecho a la comunión de la Iglesia, y quien se la niegue será excomulgado. No se especifica si se trata de viudos/as vueltos a casar o de divorciados/as, pero dado que la ley estatal permitía el divorcio, estos también debían ser considerados dentro de la práctica penitencial[29].
El canon 9 trata el tema de los clérigos promovidos demasiado pronto al sacerdocio. El canon 10 se refiere a quienes han sido ordenados a pesar de haber renegado de la fe y haber ocultado ese hecho. El canon 11 habla de los fieles que renegaron de la fe y quedaron entre los laicos, y de las penitencias que se les deben imponer. Se puede observar cómo, después de la persecución ocurrida en tiempos de Licinio, habían quedado diversas heridas en el cuerpo de la Iglesia: era necesario restablecer una serie de reglas para que estas pudieran cicatrizar.
El canon 12 también se refiere a ese periodo y habla de «quienes renunciaron al mundo y luego regresaron a él». Aquellos que en un principio se habían mostrado valientes y habían abandonado el servicio militar (durante el cual se exigía participar en sacrificios a los dioses), pero que más tarde, por ambición profesional, volvieron atrás y buscaron ser reintegrados en el servicio abandonado, debían hacer penitencia; el canon recomienda tratarlos con discernimiento, pero con seriedad.
El canon 13 se refiere a «aquellos que, en el momento de la muerte, piden la comunión». También en este caso se trata de la penitencia de los lapsi desde los tiempos de Licinio. Recordemos que Cipriano no permitía privar de la comunión a quien ya la había recibido una vez, durante una enfermedad[30]. Ahora, en cambio, para el mismo caso, se prescribe que el penitente curado debe continuar su penitencia, aunque de forma atenuada: «Si luego no muere después de haber sido perdonado y admitido a la comunión, sea acogido entre los que participan solamente en la oración (hasta que haya transcurrido el tiempo establecido por este gran concilio ecuménico)».
¿Significa esto que se habían producido abusos más frecuentes que los de setenta años antes en África? Es posible, pero en tal caso habría que suponer también que la gravedad de las transgresiones era mayor, que la Iglesia unificada por Constantino tras los años de guerras civiles presentaba un perfil moral bastante bajo y que el número de lapsi era incluso superior al del año 250. El canon 14 también aborda este tema, concentrándose en los catecúmenos que habían renegado de la fe.
Los cuatro cánones siguientes tratan sobre el clero. Los cánones 15 y 16 hablan de aquellos que, abandonando la Iglesia para la cual habían sido ordenados, se trasladan por iniciativa propia de una ciudad a otra. El hecho de que este tema reaparezca en tantos sínodos nos indica que se trataba de un problema recurrente. En efecto, si el propio Eusebio de Nicomedia, obispo de la capital y sede del emperador, actuaba así y, tras haber sido ordenado en Berito (Beirut), se había trasladado a Nicomedia y, algunos años después, a Constantinopla[31], ¿qué se podía esperar del clero inferior? Podemos suponer que para el emperador —quien evidentemente aprobaba los traslados de Eusebio y de otros— esta era una cuestión de poca importancia. A sus ojos, el traslado de un funcionario de una sede a otra podía ser señal de prestigio y de promoción si la nueva sede era más grande y más rica que la anterior; en caso contrario, se interpretaba como signo de decadencia o castigo. Tal vez haya sido precisamente la falta de respaldo imperial lo que provocó el fracaso de este canon y la necesidad de que fuera retomado varias veces[32].
El canon 17 amenaza con la reducción al estado laical a los clérigos usureros.
El canon 18 recuerda que los diáconos deben estar subordinados a los presbíteros también en el momento de recibir la comunión: los diáconos pueden recibirla de los sacerdotes, pero no pueden dársela a ellos, porque no tienen el poder de consagrar. Hoy esta prescripción podría parecer banal, pero refleja la disciplina de la época, dado que el rol de los diáconos variaba según las distintas Iglesias. En Roma eran solo siete y ocupaban puestos de autoridad junto al obispo. En Oriente, como testimonian las Constitutiones Apostolicae, se los consideraba en segundo lugar después del obispo, y estaban junto a él como Cristo está junto al Padre, mientras que los presbíteros eran considerados sucesores de los apóstoles. Como consecuencia, en ciertos lugares y circunstancias, los diáconos podían sentirse más importantes que los sacerdotes.
El canon 19 establece cómo recibir en la Iglesia a los herejes seguidores de Pablo de Samosata. En el canon 8 se prescribía que los clérigos cismáticos podían ser aceptados con una simple bendición; aquí, en cambio, se prescribe que sean bautizados y, si un clérigo es considerado digno de su cargo, debe ser ordenado de nuevo. En este contexto encontramos la única mención de las diaconisas: deben permanecer entre los laicos, ya que no han recibido la imposición de manos.
La diferencia en el tratamiento de los cismáticos es importante y merece ser mencionada; ignorarla, de hecho, provocó muchos problemas en la Iglesia tras el Concilio. Atanasio, que se convirtió en obispo de Alejandría en el 328, comenzó a tratar a los cismáticos melecianos como si fueran herejes, y no reconocía la validez de sus ordenaciones, exigiendo que recibieran la ordenación de parte suya. Esto provocó la indignación de Constantino, quien lo condenó al exilio.
Al término del Concilio, tal vez ninguno de los participantes podía imaginar el significado que tendría en el futuro. En los 20 años siguientes, casi no se hablaba de él, pero cuando las discusiones entre las diversas facciones teológicas continuaron creciendo, poco a poco el Credo niceno fue ganando cada vez más adeptos, y la «consustancialidad» del Padre y del Hijo, proclamada por el Concilio, se reveló como la fórmula más adecuada para expresar la fe de la Iglesia. Con las precisiones aportadas por los Padres Capadocios y con el apoyo de los emperadores, la profesión de fe de Nicea se volvió comprensible para la mayoría y, finalmente, se convirtió en un canon de la ortodoxia. En cuanto a la celebración común de la Pascua por parte de todos los cristianos, sigue siendo un deseo, y podemos esperar que las celebraciones del aniversario del Concilio en 2025 ayuden a superar todos los obstáculos.
Cf. Ario, Thalia, en Atanasio de Alejandría, s., Apologia contra Arianos, I, 6; Epistula encyclica ad episcopos Aegypti et Libyae, II, 12. ↑
Carta citada por Atanasio de Alejandría, s., De Synodis, 16; Epifanio de Salamina, Panarion, 69, 7. ↑
Alejandro de Alejandria, s., Carta a todos los obispos; Sócrates, Historia Ecclesiastica, I, 6. ↑
Eusebio de Cesarea, Vita Constantini, II, 64-72; en el texto, esta obra será citada con la sigla VC. Cf. H. G. Opitz, Athanasius Werke, III, 1, Berlin – Leipzig, Walter de Gruyter and Co, 1934, 32 ss.; H. Pietras, Concilio di Nicea (325) nel suo contesto, Roma, Gregorian & Biblical Press, 2021, 85-110. ↑
Cf. S. G. Hall, «Some Constantinian Documents in the Vita Constantini», en S. N. C. Lieu – D. Montserrat (edd.), Constantine. History, Historiography and Legend, Londres – New York, Routledge, 1998, 86-103. ↑
Cf. A. Martin, Athanase d’Alexandrie et l’Église d’Égypte au IVe siècle (328-373), Roma, École française de Rome, 1996, 303-312. ↑
Cf. Centro Italiano di Studi sull’Alto Medioevo, La navigazione mediterranea nell’Alto Medioevo, Spoleto, Fondazione Cisam, 1978; R. Chevallier, Voyages et déplacements dans l’Empire romain, París, Armand Colin, 1988. ↑
Atanasio de Alejandria, s., Apologia contra arianos, 76; H. Pietras, Concilio di Nicea…, cit., 58 s. ↑
Costantino, Carta a todas las Iglesias, en VC III, 17-20. ↑
El sínodo de Arlés tuvo lugar el año 314. Cf. A. Di Berardino (ed.), I canoni dei concili della Chiesa antica, Roma, Institutum Patristicum Augustinianum, 2010, 38; Id., «L’imperatore Costantino e la celebrazione della Pasqua», en G. Bonamente – F. Fusco, Costantino il Grande dall’Antichità all’Umanesimo, t. I, Macerata, Università degli Studi di Macerata, 1992, 363-384. ↑
Cf. F. Nau, «Littérature canonique syriaque inédite», en Revue de l’Orient chrétien 4 (1909) 5 s. ↑
Sócrates, Historia Ecclesiastica, I, 13,13. Lo siguen M. Simonetti, La crisi ariana nel IV secolo, Roma, Istituto Patristico Augustinianum, 1975, 38; G. Alberigo (ed.), Storia dei concili ecumenici, Brescia, Queriniana, 1990, 26. ↑
Cf. F. Nau, «Littérature canonique syriaque inédite», cit., 6. Se muestran de acuerdo con él N. P. Tanner, Decrees of the Ecumenical Councils, vol. I, Londres – Washington, Sheed & Ward – Georgetown University Press, 1990 y los comentaristas de Sócrates en Sources Chrétiennes, n. 477. ↑
Cf. G. CAPRÈOLO, «Epistula “ad concilium Ephesinum”», en Acta Conciliorum Oecumenicorum I-II, 64 s; Patrologia Latina Supplementum, 3, 259 s. ↑
Sobre las discusiones en torno al orador que habría tenido este honor, cf. la nota 2 en Teodoreto de Ciro, Histoire Ecclésiastique, París, Cerf, 204 s. ↑
Sobre la intervención de Constantino, cf. VC III, 12. Para lo que sigue, cf. H. Pietras, Concilio di Nicea…, cit., 133 s. ↑
Cf. H. Pietras, «Od prezbiteratu do kapłaństwa: ewolucja pojęć i urzędu», en Studia Bobolanum 3 (2002) 5-17. ↑
Cf. Sócrates, Historia Ecclesiastica, I, 8, 19; Rufino de Aquilea, Historia Ecclesiastica, X, 2. La escena está ilustrada en un fresco del baptisterio lateranense. ↑
Cf. Eusebio de Cesarea, Lettera alla Chiesa di Cesarea, en Atanasio de Alejandría, Il credo di Nicea, apéndice; Sócrates, Historia Ecclesiastica, I, 8. ↑
Por ejemplo, Roma (154 y 193), Mesopotamia (196), Osroene (196), Pont (197), Lyon (197), Cesarea de Palestina (198). ↑
Sobre ellos, cf. H. Pietras, Concilio di Nicea…, cit., cap. 5. ↑
Cf., por ejemplo, Antioquía (341), c. 6; Sérdika (343), c. 53; Cartago (390), c. 7 etc. ↑
Atanasio de Alejandria, s., Apologia contra Arianos, 59. Cf. H. Pietras, «Fonti sulla condanna di Ario a Nicea nel 325», en Gregorianum 104/3, 2023, 491-493. ↑
Para el examen de la cuestión, cf. H. Pietras, «Fonti sulla condanna di Ario a Nicea nel 325», cit., 493-496; Id., Concilio di Nicea…, cit., 144-149. ↑
Cf. G. Cereti, Divorzio, nuove nozze e penitenza nella Chiesa primitiva, Roma, Aracne, 2013. ↑
Entre los Concilios y los Sínodos más importantes que lo trataron, recordamos: Ankara (314), c. 18; Arlés (314) I, 2; II, cc. 2; 21; 27; Antioquía (341), cc. 3; 16; 21; Cartago (ca. 348), cc. 5; 7; Roma (376-377), 9 (Tomus Damasi); Calcedonia (451), cc. 5; 10; 20; Quinisexta (692), cc. 17-18; Nicea (787), cc. 10; 15. ↑
I. Shantivanam, un ashram cristiano. En la Declaración sobre religiones no cristianas, suscrita por el Concilio Vaticano II se afirma: “La Iglesia no rechaza lo que sea verdadero y santo en esas religiones” y animó a los católicos a “reconocer, preservar y promocionar los valores morales y espirituales, sociales y culturales que se encuentran en ellas”. Siguiendo esta dirección, el All India Seminar, compuesto por la jerarquía eclesiástica y representantes de toda la Iglesia católica en India habló en 1969 de “La riqueza de la verdad, bondad y belleza de la tradición religiosa india” como un regalo de Dios a la nación, desde tiempos antiguos. El Seminario mostró la necesidad de una liturgia “estrechamente vinculada a la tradición cultural india” y una teología “vivida y ponderada en el contexto de la tradición espiritual india”. En particular, la necesidad fue expresada “para establecer formas auténticas de vida monástica conservando las mejores tradiciones de la Iglesia y de la herencia espiritual de India”. De entre los regalos concedidos por Dios a India, se considera el mayor la interiorización de la consciencia de la presencia de Dios, que habita en el corazón de cada persona y de cada criatura, que se adopta mediante la oración y la meditación, con el silencio contemplativo y la práctica de yoga y sannyasa . “Estos valores pertenecen a Cristo y son una ayuda positiva para una vida cristiana auténtica” En las conclusiones de dicho seminario se mencionaba la necesidad de implantar ashrams donde se viva la auténtica espiritualidad cristiana, también abiertos a los no cristianos, para experimentar una expresión genuina del cristianismo en India. Shantivanam es un ashram a cuyo cargo está una comunidad monástica que se dedica a la vida contemplativa dentro de la tradición benedictina. Su propósito, siguiendo
las directrices del All India Seminar, es traer a nuestra vida cristiana la riqueza de la espiritualidad india, para compartir en esa profunda experiencia de Dios que se origina en los Vedas, se desarrolló en los Upanishads y el Baghavad Guita y ha llegado hasta hoy a nosotros a través de una sucesión continua de sabios y de hombres y mujeres santos. De esta experiencia de Dios vivida en el contexto de una vida cristiana auténtica, esperamos asistir al crecimiento de nuestra propia liturgia cristiana india, y también una teología. Saccidananda, o Shantivanan, el ashram de la Santísima Trinidad lo fundaron dos sacerdotes franceses: Jules Monchanin, que tomó el nombre de Parama Arubi Ananda (la bendición del Espíritu supremo) y Henry Le Saux, con el nombre de Abhishiktananda (la bendición de Cristo). Saccidananda significa “la bendición de ser consciente”, un término del hinduismo para referirse a la cabeza divina, QUIZÁS EXPLICAR MÁS, PORQUE ES LA CABEZA QUE MIRA A TODOS LOS LADOS que lo tomamos cono símbolo de las tres personas de la Santísima Trinidad. Con ello sus fundadores pretendían mostrar su identificación con la búsqueda de Dios, la búsqueda de lo Absoluto que desde el principio ha inspirado la vida monástica en India; también pretendieron relacionar esta búsqueda con su propia experiencia de Dios en Cristo, en el misterio de la Santísima Trinidad. Desafortunadamente el padre Monchanin murió en 1957, antes de que el ashram estuviese en marcha, y Abhishiktananda permaneció durante un tiempo solo hasta que se asentó como ermitaño en los Himalayas, donde murió en 1973. En 1968, tras la marcha de Abhishiktananda, un grupo de monjes benedictinos dirigidos por Bede Griffiths (ver apartado II) se hizo cargo de Shantivanam, provenientes del ashram de Kurisumala, en Kerala (Sur de India). Desde 1980 forma parte de la orden de los Benedictinos, como comunidad de la Congregación de los Camaldulenses y teniendo a San Romualdo como patrón. Un lugar de oración El propósito del ashram es establecer un camino de vida contemplativa, basada tanto en el monacato cristiano y el sannyasa hindú, tradición de renuncia al mundo para la búsqueda de Dios, que la considera como una liberación. Esta tradición se remonta muchos siglos atrás del nacimiento de Jesús y continúa hasta nuestros días. Nuestro propósito en Shantivanan es unirnos con esta tradición como sannyasis cristianos. La vida en el ashram se basa en dos ejes: por un lado la regla de san Benito, el patriarca del monacato occidental, y las enseñanzas de los padres monásticos de la Iglesia. Por otro con el estudio de la doctrina vedanta advaita (no dualidad) y la práctica de los métodos de oración, meditación y yoga propios del hinduismo. De esta manera esperamos asistir al encuentro de dos grandes tradiciones de vida espiritual, reuniéndolas en nuestra experiencia de oración y contemplación. Exteriormente la comunidad sigue la tradición de un ashram hindú, vistiendo las ropas de color anaranjado de los sannyasis, sentándonos en el suelo y comiendo con la mano. Buscamos preservar el carácter de pobreza y sencillez que siempre ha sido seña de los sannyasis en India. Cada monje ocupa una cabaña o habitación, que le da cobijo para la oración y la meditación en una atmósfera de soledad y silencio. Hay dos horas especialmente indicadas para meditación, según la tradición india, al amanecer y durante el ocaso. La comunidad se reúne para orar en común tres veces al día, en la mañana después de la meditación – a la que sigue la Eucaristía- a mediodía y a la puesta del sol. Durante la oración hacemos lecturas de los Veda, los Upanishads y el Baghavad Guita, y también clásicos tamiles y otras escrituras, junto con los salmos y lecturas de la Biblia; cantamos canciones en lengua sánscrita y tamil, y como fondo tocamos instrumentos musicales y hacemos presentes otros símbolos. También realizamos el ritual del arati , con una pequeña llama que se ondea ante el Santísimo Sacramento, y otras ceremonias propias del hinduismo, que ahora se aceptan generalmente en la Iglesia india. De esta manera confiamos ver crecer una liturgia autóctona, de acuerdo con la mentalidad de la Iglesia actual. Un lugar de encuentro El ashram pretende ser un lugar de encuentro para personas de otras religiones, o de ninguna, que están genuinamente buscando a Dios a través de las distintas tradiciones religiosas. A los numerosos visitantes, provenientes de India y de otras partes del mundo, que acuden para retiro, diálogo y debate religioso, etc. queremos ofrecer un centro espiritual en el que puedan encontrar una atmósfera de calma y quietud para el estudio y la meditación. También nuestra comunidad les brinda guía y apoyo en esta búsqueda.
El ashram cuenta con alojamiento para los visitantes y una biblioteca, con obras sobre la Biblia, filosofía cristiana y teología, y una selección de textos sobre el hinduismo, budismo y otras; también una sección sobre estudio comparado de religiones. Para quienes buscan ingresar permanentemente en la comunidad, hay tres estadios de compromiso con la vida del ashram. La primera es la de sadhaka, o aspirante. La segunda es la de brahmachari, en el que hay un compromiso en la búsqueda de Dios pero no es necesario permanecer constantemente en el ashram. La tercera es la de sannyasi, a quien se le impone el hábito naranja y se compromete de por vida en la búsqueda de Dios, renunciando al mundo, a los lazos familiares y a sí mismo para que pueda darse completamente a Dios. Esto, sin embargo, no implica una estancia permanente en el ashram puesto que de acuerdo con la tradición india el sannyasi es libre para peregrinar según le guíe el espíritu. El ashram también está involucrado en la ayuda a la población de las aldeas vecinas. Aunque su misión primaria es descubrir en el interior el reino de Dios, también se toman en serio las palabras de Jesús “cualquier cosa que hagáis al más pequeño de mis hermanos y hermanas, lo estáis haciendo conmigo”. Para personas y familias con recursos muy escasos Shantivanam tiene a su cargo: un centro de día para ancianos válidos; un jardín de infancia para el cuidado de menores de 5 años, cuyos padres trabajan; provee de material escolar y uniformes a numerosos niños; facilita ayudas económicas para la asistencia sanitaria; reparto de leche, proveniente de nuestra granja; construcción de viviendas; talleres artesanales de confección; centros de repaso y apoyo escolar Ver página web ( http://www.shantivanamashram.com ). Se aceptan donativos de quienes quieran contribuir a estas actividades asistenciales. El ashram se mantiene parcialmente con el cultivo de las tres hectáreas de su propiedad y una granja de ganado vacuno, destinado para el trabajo de la tierra y para producción de leche. Se complementa con las aportaciones de los visitantes y bienhechores de muchas partes del mundo. En todo nuestro trabajo, el necesario para el mantenimiento de la comunidad y el que realizamos para la gente más pobre que vive a nuestro alrededor, tenemos en todo momento presente que lo que necesitamos todos – por encima de todo, más que comida, ropa, medicamentos o educación- es el conocimiento de Dios. Un ashram debe sobre todo ser un lugar de oración, donde las personas puedan encontrar a Dios, donde puedan experimentar la realidad de la presencia
de Dios en sus vidas y saber que fueron creadas no solamente para este mundo sino para la vida eterna. Símbolos utilizados en la liturgia En nuestra oración hacemos uso de varios símbolos tomados de la tradición hindú, para adaptar nuestra oración cristiana a las tradiciones y costumbres indias, de acuerdo con la mentalidad actual de la iglesia. En la oración matutina empleamos pasta de sándalo que la colocamos en la cabeza o las manos, como manera de consagrar el cuerpo a Dios. El sándalo es la más preciosa de todas las maderas, y por tanto considerada como un símbolo de divinidad, cuya fragancia dulce es también un símbolo del amor incondicional de Dios. Estamos llamados a irradiar el amor incondicional de Dios en nuestra vida diaria. En la oración de mediodía usamos polvo de color púrpura denominado kumkuma, que se coloca en el entrecejo como un símbolo del tercer ojo, el ojo de la sabiduría. Mientras que los dos ojos son los de la dualidad, que ven el mundo exterior y el yo externo, el tercer ojo es interior, contempla la luz interior de acuerdo con la palabra de Dios. Este tercer ojo es un símbolo universal, pues aparece en los iconos griegos de Cristo. En India el color púrpura se considera femenino, es la marca de la diosa madre. Consideramos que simboliza la sabiduría femenina, que se recibe a Nuestra Señora de la Sabiduría. La oración de mediodía es relativa a la sabiduría, consistiendo en el salmo de la sabiduría (118) y en la lectura de algunos de los libros de la tradición sapiencial. En la oración del atardecer empleamos cenizas (vibhuti). El simbolismo aquí va más allá del “polvo eres y en polvo te convertirás”: la ceniza es la materia resultante de las impurezas quemadas. Al aplicarlas en la frente significamos que nuestros pecados e impurezas se han quemado, y las cenizas representan al yo purificado. El arati es un ritual del hinduismo que consiste en ondear un pequeño fuego o incienso como signo de adoración o veneración ante cualquier objeto sagrado o persona. En cada una de nuestras oraciones ofrecemos arati ante al Santísmo Sacramento en el altar mayor, que ocupa una capilla interior que siempre se mantiene oscura, significando que Dios habita en la cueva del corazón. Cuando las llamas ondean ante la capilla descubre al Dios oculto y al pasar por delante de todos los presentes tomamos simbólicamente la luz de Cristo en nuestros ojos. En el ofertorio de la Misa hacemos una ofrenda de los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego, según el ritual hindú de puya (se verá escrito generalmente en su grafía inglesa, puja) como signo de que la creación entera se ofrece a Dios a través del sacrificio cósmico de Cristo. Primero rociamos agua alrededor del altar y después a todos los asistentes para purificarlos. Tras esto, el sacerdote toma un sorbo de agua para purificar su interior. Posteriormente, al tiempo que el sacerdote consagra, se colocan ocho flores alrededor de un plato grande y sobre éste se disponen frutos de la tierra. Las ocho flores representan las ocho direcciones del espacio, y significa que la Misa se ofrece en el centro del Universo, haciendo referencia así a la creación entera. Durante la ofrenda se entonan cánticos en sánscrito. Finalmente hacemos arati con incienso, representando el aire, y después con alcanfor representando el fuego. Así la misa se considera como un sacrificio cósmico en el que la creación entera junto a toda la humanidad se ofrece al Padre a través de Cristo. En nuestra oración diaria hacemos uso constantemente de la sílaba sagrada OM, que no tiene un significado específico. Parece que originalmente era una forma de afirmación, como la aserción solemne hebrea “amén”, como cuando en el Nuevo Testamento Jesús dice “Amén os digo”. De esta manera OM se concibió como el sonido primordial, la palabra original de la que vino toda la creación. Esto es afín al evangelio de San Juan que dice que Dios es el principio de todo, y sin él nada puede hacerse. En los Upanishads se identificó con el más alto Brahman 7 7, la realidad suprema. Así se dice: “Te contaré la Palabra que todos los Vedas ensalzan, expresa todo el autosacrificio, todos los estudios sagrados y toda la búsqueda de vida santa. Esa palabra es OM, esa Palabra es el Brahman eterno, esa Palabra es el más alto fin. Cuando se conoce la palabra sagrada todos los anhelos se cumplen, es el medio supremo de salvación, es la ayuda suprema. Cuando esta gran palabra se conoce uno es grande en el cielo de Brahman”. Para un cristiano esta Palabra es Cristo.