
El hermano Carlos, desde el día de su “conversión” en la iglesia de San Agustín de París, sintió en lo más profundo de sí la convicción de ser amado por Cristo, “elegido” por él, hasta el punto de de escribir más tarde a su amigo Henry de Castries: «Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir sólo para Él: mi vocación religiosa data de la misma época que mi fe”1.
En sus meditaciones de Nazaret sigue paso a paso al “Maestro de lo imposible”, su “amado hermano y Señor Jesucristo” y nos enseña a cultivar el deseo de imitarlo. “Seamos hombres de deseo y pidamos a Dios lo imposible en nuestras oraciones por el bien de las almas, para su glorificación en ellas, ya que creemos que su bondad nos concederá los verdaderos bienes que le pedimos…”2
Recientemente, en En la encíclica “Dilexit nos” (Él nos amó), el Papa Francisco se centró en la figura de quien ha sido llamado “el ermitaño del Sahara”, lo cito: él “San Carlos de Foucauld quiso imitar a Jesucristo, vivir como Él vivió, actuar como Él actuó, hacer siempre lo que Jesús hubiera hecho en su lugar. Para realizar plenamente su objetivo, era necesario que se conformara a los sentimientos del Corazón de Cristo; de ahí la expresión “amor por amor” que aparece una vez más cuando escribe: “Deseo de sufrir para devolverle amor por amor, para imitarlo, […] para entrar en su obra y ofrecerme con Él, toda la nada que soy, como sacrificio, como víctima, para la santificación de los hombres”. [182] 3
El deseo de llevar el amor de Jesús, a través de su compromiso misionero, a los más pobres y olvidados de la tierra, le llevó a tomar como lema Jesús Caritas, con el símbolo del Corazón de Cristo coronado por una cruz. » (§ 179) Hace 75 años, Mons. DUVAL, entonces obispo de Constantino e Hipona, ya estaba, como muchos de sus contemporáneos, asombrado por la vida del “hermano”, que quería ser “universal”, y así lo expresaba. : “…La salvación será el resultado del esfuerzo de todos. En un período crítico, el contacto personal puede ser suficiente para mejorar el curso de los acontecimientos. Carlos de Foucauld, este prodigio de inteligencia y de caridad, mostró tan bien la eficacia de estos contactos personales, donde el respeto prepara el camino al amor fraternal y donde el amor fraternal obra verdaderas maravillas…«4
El celo de los conversos o de los “principiantes” – como se llama a quienes regresan a la fe de su bautismo – es bien conocido. Se ha dicho que Carlos era un “apasionado” de Jesús: “¡hizo de la religión un amor”! De hecho, basándose en la fuente del Evangelio y de la Eucaristía, pasó de la contemplación de Cristo siervo al servicio cotidiano de Cristo en sus hermanos humanos, sean quienes sean. “Seamos tiernos como Jesús, amemos como él”, meditó… Consolemos, consolemos como él a sus hermanos que son los aquellos miembros de sí mismo de quienes dijo: “Todo lo que hagáis a uno de estos pequeños, a mí me lo haréis”. Nosotros, que vivimos nuestra presencia, humilde y benévola, entre nuestros hermanos y hermanas argelinos, con la diversidad de nuestros propios orígenes, reconocemos que el ejemplo de Carlos de Foucauld, en su tiempo, sigue siendo, con las adaptaciones necesarias, completamente nuevo.
El “Dios que viene” –y a quien el tiempo de Adviento nos invita a desear nuevamente– no se impone, sino que se entrega gratuitamente. Así lo percibió agudamente el padre Henri SANSON, jesuita de Ben Smen, cuando escribió en 1990: “Esta presencia de la Iglesia en Argelia se hace, en principio, de sincera gratuidad a imagen de las obras de Dios que, son libre sin mezclar. A cambio de sus dones, Dios no pide nada a sus criaturas: le basta verlos realizados. A cambio de su presencia en Argelia y en los argelinos, la Iglesia no pide nada: basta con creer que puede, de algún modo, serles útiles…”5 (p. 153)
Que San Carlos de Foucauld interceda por todos de nosotros, para que permanezcamos fieles al “amor de Dios derramado por el Espíritu Santo en nuestros corazones”, este amor destinado a todos, sin distinción de filiación social, nacional e incluso religiosa.
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1 N.D. des Neiges, 14-8-1901.
2 O.S. tome 8, « L’Esprit de Jésus », 2005, p. 147.
3 Retraite à Nazareth, Jésus en sa Passion, du 5 au 15 novembre 1897.
4 Discours prononcé à la Basilique d’Hippone à l’occasion de l’Exposition agricole de Bône, Pentecôte 1949. Cité dans l’ouvrage « Paroles de paix », 1955, p. 48.
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