Una lección de amor

Muchos de los y las que conocieron a la hta. Magdalena dicen que no se podía olvidar su mirada. Yo también, recuerdo muy bien la primera vez que la encontré, en el año 1957. Acababa de hacer mi primera profesión y venía a Tre Fontane para un mes de formación. Llegaba de América Latina con otra hermanita de Brasil. Como las hermanitas vivían allí entre los Tapirapé (un grupo de indígenas brasileños), esta hermanita había traído como regalo una lanza Tapirapé.

Al llegar a la fraternidad después de un largo viaje, las hermanitas quisieron que fuéramos enseguida a saludar a la hta. Magdalena. Ella estaba trabajando en ese momento con su consejo y con el Padre Voillaume (fundador de los Hermanitos de Jesús). Para mí fue un momento muy emocionante porque, habiendo llegado de lejos, en un instante conocía «toda» la Fraternidad, con hermanitas de todos los Continentes que en aquel momento estaban a cargo de la Fraternidad.

Algunos años más tarde, fui nombrada a mi vez consejera general. Fue entonces cuando conocí mejor a la hta. Magdalena. Si ella estaba en Tre Fontane y nosotras no estábamos viajando, nos veíamos todos los días. Comía con nosotras. Eran momentos de preciosos encuentros. Era muy accesible. Nos compartía las cartas que llegaban de todo el mundo, las peticiones y reflexiones de las hermanitas. Pensábamos juntas cómo responderles. Había un buen ambiente y compartíamos nuestras opiniones y preguntas con sencillez.

Muchos gestos y palabras de la hta Magdalena han marcado mi vida. Cada vez que tenía un problema, encontraba en ella «una madre». Aún hoy pienso en algunas de las cosas que nos decía, en su visión de la vida. Era muy exigente y muy franca, pero también había en ella una gran ternura. De hecho, pasara lo que pasara, hiciéramos lo que hiciéramos, podíamos volver a ella, y nunca se detenía en lo que habíamos hecho: era como si ya lo hubiera olvidado. También me conmovió su sencillez, su bondad, su gran cuidado y amor por las personas más pobres. Se notaba en su manera de acoger a todo el mundo. Durante la construcción de una parte de Tre Fontane, había obreros trabajando con nosotras. Era muy atenta con cada uno y con sus familias. Cuando salía a Roma, sólo visitaba a esas diferentes familias. Nunca iba a comer a otro sitio, pero iba a sus casas con mucha alegría. Preparaba con esmero los pequeños regalos que llevaba a los niños.

Fue esta vida contemplativa vivida en medio de los más pobres la que me atrajo hacia las Hermanitas y la que he intentado vivir lo mejor que he podido durante todos estos años. Durante más de 30 años, compartí la vida cotidiana de la gente de La Victoria (un barrio de la periferia de Santiago). Todas esas familias que luchan cada día por ganarse la vida, criar a sus hijos y salir adelante han dejado su huella en mi vida y en mi oración. Aún hoy, es el mismo deseo el que guía mi vida, ahora que comparto el día a día de los ancianos en una residencia.

El deseo que ardía en la hta Magdalena y que brillaba en todos sus mensajes, en todas sus cartas, en todas sus acciones, era el del amor: el amor hacia todas las personas, el amor más allá de las fronteras, el amor entre los pueblos, el amor entre nosotras… Lo repetía constantemente y en todas partes, como un estribillo que ritmaba su vida y que vivía profundamente. Conocerla y vivir con ella fue para mí una lección de amor y de ternura.

Hta María Elena


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Un comentario en “Una lección de amor

  1. Gracias Hta.Maria Elena, te conoci en Chile y conoci a tu Mama . Gracias por todo lo que dices de la Hta. MAGDALENA, POR ESO Y PORQUE SE DEJO LLEVAR DE LAS MANOS DEL SEÑOR SERA PRONTO BEATA. REZO POR ELLA Y POR UDS.UN FUERTE ABRAZO.SOY ROSA GODOY MIEMBRO DE LA F.J.C. LA HTA. CUCULI ,BRASILERA ME FORMO PARA PRONUNCIAR MIS PRIMEROS VOTOS…EN PERU. YA LLEVO 44 AÑOS Y SOY FELIZ….VIVO EN UNA ZONA PERIFERICA DE HUACHO AL NORTE DE LIMA 150 KL.LA MAS GRANDE DEL NORTE CHICO. GRACIAS, POR VIVIR LA ESPIRITUALIDADDE NAZARET, QUE DESCUBRIO EN SU BUSQUEDA, EL PADRE DE FOUCAULD. UN FUERTE ABRAZO.

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