“El gran regalo que se me dio, ese octubre, en el orden de la gracia, fue el descubrimiento de que la Pequeña Flor era realmente una santa, y no santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡Tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo.
EL ESPÍRITU no puede pasar inadvertido: es VIENTO, que sopla; es FUEGO, y abrasa; es AGUA, y fertiliza y limpia; es AMOR, y remueve el corazón y las de todos los sedientos de Justicia. El espíritu se mueve, y mueve; es comunicación, y se comunica; es Alegría, y destierra todo temor. El Hombre del Espíritu vive, trabaja, sufre, lucha, ama y espera con la profundidad del Espíritu, con la tenacidad del Espíritu, con la confianza del Espíritu, con la generosidad que solo puede dar el Espíritu. No pasa inadvertida la presencia del Espíritu Corazones que se le abren. Es un buen Minero que sabe extraer los más ricos tesoros de las profundidades de cada existencia: el tesoro de la fe del hombre en sí mismo, que lo hace audaz y creativo en sus empresas; el tesoro de la Fe del hombre en sus hermanos, que lo hace respetuoso, comunicativo, transparente; el tesoro de la Fe del hombre en Dios, que le comunica la experiencia de su Amor inquebrantable. El espíritu es soplo de eternidad que hace florecer al Cielo en la Tierra. El Espíritu viene de Dios, y vuelve siempre a Dios, pero aquel que se deja arrebatar en su corriente
infinita, se hace portador en todos sus gestos, en todas sus miradas, en todos sus respiraciones, de una sola Palabra, de un solo Nombre, con poder de Salvación: Jesús. El Espíritu no puede pasar inadvertido a su paso por este Mundo: el que lo invoca con sincero corazón se hace el mismo Viento y arrastra; Fuego, e incendia; Agua, y prepara los surcos de la Historia para la cosecha de los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva; Amor, se hace, sobre todo, Amor, y nos ayuda a descubrir y disfrutar la presencia de Dios como ternura que eleva nuestra carne. Antonio LÓPEZ BAEZA
como desde el punto de vista religioso, un problema de Foucauld”. Comienza por afirmar el padre Peyriguere, y lo propone inmediatamente con nitidez: “¿Cómo resolvió en su pensamiento y en su vida, la gran antinomia contemplación y acción…? Esta se presentaba en el padre de Foucauld de una manera especial: Ser el hombre de la contemplación con el fin de ser verdaderamente monje, ser el hombre de acción con el fin de ser verdaderamente misionero… La acción conquistadora del misionero, sí, pero también los silencios orantes e inmolados, los silencios fecundos del monje. Quería ser monje, no como los demás monjes: siendo, al mismo tiempo misionero. Sería misionero, no como los demás misioneros: siendo igualmente monje.” “Eran los dos extremos de la cadena que mantenía entre las manos sólidamente desde el comienzo, y nada podría hacer que los soltara…; desde el primer momento, estos contrarios aparentes se encontraban en el, ocultamente eslabonados uno a otro por afinidades que se irían robusteciendo de día en día, y que se encabritarían ante cualquier intento de separarlos. “
“Algo mandaba en el interior del padre de Foucauld que prohibía y hacía imposible que cada una de esas fuerzas paralelas fuera dueña de su alma con exclusividad por exclusión de la otra o simplemente porque le llegaba su turno. La vida del padre de Foucauld no sería ninguna, a no ser que fuera de las dos a la vez… Tanteo por mucho tiempo antes de dar con la fórmula exacta que, sin sacrificar ni multiplicar ninguna de estas riquezas tan diversas, reduciría toda a la unidad en ese término complejo, tan nuevo y tan poderoso, cuál es su concepción del monje misionero. Tal es el problema de Foucauld en toda su amplitud.”
Jesús te ha establecido para siempre en la vida de Nazaret:
La vida de misión y de soledad no son para ti sino excepciones: practícalas cada vez que su voluntad te lo indique claramente; tan pronto como deje de ser indicado, vuelve a entrar en la vida de Nazaret.
Toma por objetivo-ora estés solo, ora con otros Hermanos – la vida en Nazaret, en todo y por todo, en su sencillez y en su amplitud que miras…, sin hábito, como Jesús en Nazaret – sin clausura ,como Jesús en Nazaret-, no vivas lejos de todo lugar habitado, sino cerca de una aldea, como Jesús en Nazaret – no menos de ocho horas de trabajo por día, (manual u otro; si posible manual), como Jesús en Nazaret-, ni grandes terrenos, ni grandes limosnas, ni grandes construcciones, ni grandes gastos, sino más bien una pobreza extremada en todo cómo Jesús de Nazaret…. En una palabra haz en todo como Jesús de Nazaret.
No te afanes en organizar; prepara el establecimiento de los Hermanitos del Sagrado Corazón de Jesús; si estás solo, vive como si debieras vivir y quedar solo; si sois dos, tres o algunos más, vivir como si nunca hubieras de ser más. Ora como Jesús, tanto como Jesús, dando, como El, una gran cabida a la oración… Como El también, da amplia cabida al trabajo manual, que no es un tiempo robado la oración, sino dado más bien a la oración. Reza cada día con toda fidelidad el Breviario y el Rosario. Ama a Jesús con todo tu corazón…, y a tu prójimo como a ti mismo, por amor de Él. La vida de Nazaret puede llevarse por doquier; llévala allí donde fuere más provechosa para tu prójimo”.
(Sacado de un carnet – diario del Padre Foucauld con la fecha del 22 de julio de 1905, en Beni-Abbés)
«Es necesario pasar por el desierto y quedarse allí, para poder recibir así la gracia de Dios: es ahí donde se expulsa de sí todo lo que no es Dios y se vacía completamente esta pequeña casa de nuestra alma, para dejar todo el sitio solamente a Dios. Los hebreos pasaron por el desierto, Moisés vivió allí antes de recibir su misión, San Pablo se ha preparado, también en el desierto… Es indispensable… Es un tiempo de gracia, es un periodo por el que toda persona que quiera dar frutos tiene que pasar necesariamente. Es necesario al hombre este silencio, este recogimiento, este olvido de todo lo creado, en medio del cual Dios establece su Reino y forme en nosotros la actitud interior la vida íntima con Dios, la conversación del hombre con El en la fe, la esperanza y la caridad. Más adelante el hombre producirá frutos exactamente en la medida en que el hombre interior se haya formado en él. Si esta vida interior es nula, habrá celo, buenas intenciones, mucho trabajo, pero los frutos serán nulos. Es algo así como un manantial y quisiera dar santidad a los otros, pero no puedo hacerlo porque el mismo está seco. No podemos dar sino aquello que se posee; y desde la fe lo hemos de tener a partir de la soledad, de esta vida solitaria que es fruto del desierto y debe estar únicamente con Dios en nosotros mismos es en este recogimiento profundo del hombre que olvida todo lo creado para vivir exclusivamente de Dios, cuando Dios se da enteramente aquel que se entrega enteramente a Él. Entreguémonos enteramente a Él y Él se entregará totalmente a nosotros. Y en eso no tengamos miedo de ser infieles a nuestros hermanos los hombres. Al contrario este es el único medio para nosotros de poder servir a todos y eficazmente. Fijémonos en San Pablo, San Benito, San Gregorio el Grande y tantos otros: ¡qué largo tiempo de recogimiento y de silencio han vivido antes de darse a todos. Subamos más arriba: miremos a San Juan Bautista, contemplamos a nuestro Señor Jesús no tenía necesidad alguna de silencio, pues estaba siempre con el Padre, pero Él ha querido darnos ejemplo. Demos a Dios aquello que es de Dios». Carlos de Foucauld en carta al P Jerónimo.
Ante tanta destrucción y violencia que estamos padeciendo, sin el más mínimo respeto a los derechos humanos y a la dignidad de las personas, Einstein el de 30 de julio de 1932, en otro contexto social también horrible, preguntaba a Freud: “¿Existe un modo de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra? Existe la posibilidad de influir en la evolución psíquica para que los seres humanos sean más capaces de resistirse a la psicosis del odio y la destrucción? (Nathan &Norden, Einstein on Peace,1984, 98). Y esta fue su respuesta: «No existe la esperanza de poder suprimir de modo directo la agresividad de los seres humanos. Pero se pueden recorrer vías indirectas, por ejemplo, reforzando el Eros, principio de vida, en detrimento de Thánatos, principio de muerte. Todo cuanto hace que surjan lazos emotivos entre los seres humanos va en contra la guerra. Todo cuanto civiliza al ser humano, trabaja contra la guerra” (Obras III,3.215).
Siguiendo la respuesta de Freud podemos trabajar en dos dimensiones: A) Establecer lazos fraternales entre los humanos, y B) Fomentar todo lo relativo al arte como elemento civilizatorio. En pocas palabras: Amistad y Cultura. La Paz solo será posible en la medida de que las personas individualmente y colectivamente concedamos más espacio a cultivar consciente y organizadamente las dimensiones de convivencia, respeto, tolerancia, cooperación y amor. La cultura de la Paz depende del predominio que demos a estas posibilidades, manteniendo a raya la dimensión destructiva, siempre presente, como la rivalidad, el egoísmo y la exclusión de los demás.
Es bueno ser conscientes de nuestra polaridad sapiens/demens, pulsión de vida y pulsión de muerte, de luz y de sombra, de lo sim-ólico (lo que une) y lo dia-bólico (lo que separa) de nuestra condición humana. Esto constituye nuestra realidad histórico-social. ¿No nos referimos a esto cuando hablamos del pecado original que todos compartimos? Pero es bueno, a nivel personal, poner los medios para un recto comportamiento. Y esto solo es posible si nos dejamos conducir por el Espíritu, que viene al centro de nuestro ser para indicarnos el recto camino por medio de la Inteligencia Espiritual que todos tenemos.
¿De qué inteligencia se trata? Todos los humanos, por el hecho de ser hijos de Dios, tenemos tres dimensiones de la inteligencia. La Racional (IR), la Emocional (IE) y la Espiritual (IES). Y todos estamos llamados a desarrollar en plenitud estas tres dimensiones. Por desgracia, en nuestro universo cultural, se ha valorado y se valora casi exclusivamente la (IR), la razón y la Ciencia. A la (IE), la emoción y el Arte se la tolera, sin reaccionar ante tantos desequilibrios psiquiátricos. Y finalmente, la (IES) es la gran desconocida y sin embargo es la más importante, ya que es el foco desde donde orientar las otras dos dimensiones de la inteligencia. Que pena que tantas personas pasen por la vida sin haber desarrollado la (IES). Es como ser seres descabezados.
¿Cómo desarrollar la (IES)? La (IR) en este mundo tecno-científico en el que vivimos se alimenta de la Razón. La (IE) se alimenta de los sentimientos y de la empatía. ¿De qué se alimenta la (IES)? Del SILENCIO. Necesitamos acallar nuestra razón, nuestras emociones para recibir la luz interior que nos diga por donde seguir el camino. Es ya bastante conocido el dicho: «En el silencio se alumbran grandes cosas». Necesitamos ser personas guiadas por el Espíritu y alimentadas por los dones de su gracia, que son los sacramentos, para resistir los envites del maligno. Francisco de Asís tiene conciencia de que la realidad es contradictoria ya que abunda el odio, la discordia, la desesperación y las tinieblas, pero sabe que el mal debe ser superado por el bien. De ahí su hermosa oración:
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Que donde haya odio, lleve yo el amor. Donde hay ofensa, lleve yo el perdón. Donde haya discordia, lleve yo la unión. Donde haya duda, lleve yo la fe. Donde haya error, lleve yo la verdad. Donde haya desesperación, lleve yo la esperanza. Donde haya tristeza, lleve yo la alegría. Donde haya tinieblas lleve yo la Luz. Maestro, Haz que yo busque más consolar que ser consolado. Más comprender que ser comprendido. Más amar que ser amado. Porque es dando como se recibe. Es perdonando como se es perdonado. Y es muriendo como se vive para la vida eterna.
Es de subrayar el «plus» de esta oración cristiana. En las demás tradiciones religiosas se dice: ama a los demás como quieres que te amen a ti. En cambio en esta oración se nos dice: No busques la correspondencia de amar y ser amado, sino sobrepásala: consuela más, comprende más, ama más. Esta es la paz de Dios, que es don y gracia.
Intervienen en el acto junto con el autor, el sacerdote obrero Pepe Rodado y tres miembros del Instituto Emmanuel Mounier Cataluña: Sara Fernández Puerto, Martí Vila y Esperanza Puig-Pei.
Señor, mi debilidad te es conocida; cada mañana me propongo practicar la humildad y por la noche reconozco que todavía he cometido muchos errores de orgullo. Ante esta visión, me siento tentada a desanimarme pero, lo sé, el desánimo también es orgullo. Por eso quiero, oh Dios mío, basar mi esperanza sólo en Ti; ya que todo lo puedes, dígnate hacer nacer en mi alma la virtud que deseo. Para obtener esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muy a menudo: ¡Oh Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón como el tuyo!
Teresa de Lisieux, Oraciones, en: Obras completas (Cerf, 1992)
imagen: Teresa de Lisieux, iglesia parroquial de Sainte-Foy / Ródano-Alpes, Francia (patrimoine.rhonealpes.fr)