«Vuelta al Evangelio y nueva evangelización»



VUELTA AL EVANGELIO Y NUEVA EVANGELIZACIÓN
La historia para el creyente es historia de salvación y en ella, a pesar de las oscuridades y sufrimientos, vemos la obra del Espíritu Santo que actúa sin cesar en el mundo y en la Iglesia. Él suscita vocaciones a la santidad. Él ha inspirado la acción en el tiempo de profetas, apóstoles y santos. Su acción, con frecuencia, nos desconcierta. Ante nosotros innumerables historias de santidad donde constatamos que solo el esfuerzo humano hubiera sido insuficiente para sus vidas ejemplares. También el Espíritu Santo desconcierta cuando toca el corazón de la criatura y le impulsa a ser testigo del amor de Dios.Este es el caso de Carlos de Foucauld, en su vida, testimonio y en su carisma misionero. Conocemos su peculiar vida. En este artículo intentaremos volver al Evangelio para reflexionar sobre su originalidad, su radicalidad y su aportación al anuncio de Jesucristo en el mundo que nos ha tocado vivir.Dos son las claves de su espiritualidad. Ambas ponen ante nuestros ojos las claves del seguimiento de Jesucristo. Carlos de Foucauld invita a toda la Iglesia a «volver al Evangelio” y a imitar/seguir “al Modelo Único” del “bienamado y Señor Jesús”. Pretende, con la intuición de los santos, no quedarse en métodos, programas, planificaciones, sino ir a las raíces de la misión, a lo que verdaderamente funda y llena de sentido una existencia cristiana efectivamente misionera.Llama la atención el aporte de la espiritualidad que tiene su raíz en el hermano Carlos en cuanto que este hombre, muerto sin discípulos, inspiró después de su muerte no sólo nuevas fundaciones, especialmente las de los Hermanitos y Hermanitas de Jesús, sino también simplemente hombres y mujeres que viven, oran, evangelizan siguiendo sus intuiciones, en los cuatros rincones del mundo.Estas líneas las he agrupado en tres apartados bajo los siguientes epígrafes:
I) La misión no es una estrategia sino una forma de vida.
II) Esta forma de vida es inseparable de la experiencia de Dios.
III) La experiencia de Dios inspira la presencia entre los últimos como don

I) La Misión no es una estrategia sino una forma de vida1. Un mensaje misioneroEs evidente que el mensaje de Carlos de Foucauld se basa fundamentalmente en su vida, en el desarrollo completo de su vida desde el momento en que fue llamado por Dios en la Iglesia de san Agustín en París, gracias al padre Huvelin a finales de octubre de 1886 hasta su muerte el 1 de diciembre, delante de su ermita de Tamanrasset. Su vida y su muerte fueron reconocidas desde el primer momento como una llamada para una nuevo impulso de la misión cristiana, especialmente en África. Tal es la convicción expresada a su manera por René Bazin en la celebre biografía que dedica en 1921 a “El ermitaño del Sahara”: “Señor Jesucristo, mezclado con nosotros, mezclados con la multitud de pueblos y tribus que dependen de nosotros… Tu servidor Carlos de Foucauld ha mostrado el camino… Fue el monje sin monasterio, el maestro sin discípulo, el penitente que apoyaba en la soledad, la esperanza de un tiempo que no pudo ver. Murió en el empeño. Gracias a él, ¡ten piedad de ellos! Manifestad vuestra riqueza a los pobres del Islam, y perdonad la codicia a las naciones bautizadas”1.Los escritos de Carlos Foucauld, sin embargo, tan numerosos y tan amplios, se descubrieron y se difundieron después de su muerte. Sus propios escritos se referían en primer lugar a su vida y precisamente a la actitud misionera de la que nunca renunció: “predicar el Evangelio a los cuatro vientos no con palabras, como San Francisco de Asís sino a través de su vida”2.Más tarde, cuando quiso, durante su estancia en Beni-Abbès y en Tamanrasset, dar a su proyecto una forma concreta e incluso institucionalizada fue fiel a su intuición original: la proclamación del Evangelio está ligada a la vida y al testimonio, a la manera diaria de vivir con Dios y con los demás. Es evidente que esta misión que escucha y atiende a la vida no constituye en sí un programa o un método. Por el contrario, se sitúa bajo el signo del cotidiano discurrir de lo imprevisible, o si se prefiere, en palabras del Hermano Carlos, en un radical “abandono en las manos de Dios”.

2. Bajo el signo de lo imprevisible.Lo imprevisto e imprevisible caracteriza la vida del buscador Carlos de Foucauld y su carisma. Nada de cálculos, programas, organizaciones. A veces la improvisación hace aflorar la sensación de fracaso o, al menos, la sensación de proyectos incompletos, como Carlos de Jesús lo constata con harta frecuencia.Es la vocación misma de este convertido, vivir su vida y su misión bajo el signo de lo inesperado, es decir, en una actitud constante de auto-renuncia de si mismo. Para este ex oficial de Saint-Cyr, que había luchado en el sur de Argelia, hay una renuncia radical de cualquier cálculo, de cualquier estrategia humana.Esta renuncia fue para él objeto de un aprendizaje continuo. En 1900 se encuentra en Nazaret. Había dejado el monasterio hacía tres años. Escribe al padre Huvelin: “Estoy esperando. Dios mismo me trajo hasta aquí, a través de vuestra voz, y me ha mantenido aquí. Por su propia acción me hizo volver. Lo dejo dirigir mi vida. Cuando quiera que me vaya, si alguna vez lo quiere, me lo mostrará con claridad por vuestra voz, querido padre, o por los acontecimientos… Así que estoy esperando y me dejo llevar”3.Año tras año, mes tras mes, desde su estancia en Notre Dame des Neiges, desde 1890 hasta sus últimos años en el Sahara, Carlos de Foucauld aceptó que su vida fuese totalmente una respuesta a la llamada de Dios, a través de una total obediencia a sus superiores, y de manera particular a su director espiritual, el padre Huvelin. Supone para él, una opción de estilo de vida, una orientación fundamental. Incluso en 1897, cuando fue enviado a Roma por sus superiores de la Trapa, él está todavía dispuesto a todo, por obediencia. “El día en que mi vocación a mi Padre General y de mi Padre Maestro les parezca obvio que Dios no me quiere en La Trapa (al menos como Padre), me lo dirán y me ayudarán a retirarme, porque son demasiado concienzudos para desear retenerme un solo día, cuando ven que la voluntad de Dios está en otra parte”4. Unos días más tarde el hermano Alberic Marie abandonará la Trapa y se marchará a Nazaret, después de haber escuchado el consejo de su padre espiritual.

Palabra clave en su búsqueda personal es la obediencia con el necesario discernimiento. Así hemos de entender la expresión de “lo provisional” o “lo impredecible”. Hay que insistir que el abandono a Dios por la obediencia forma parte de su carisma misionero. O dicho de otra manera. La misión cristiana, que él quiere desarrollar, está bajo el signo de la radical entrega a Dios y nunca puede ser una mera estrategia o cálculo humano en la línea de la oración tan querida y conocida que se le atribuye a Carlos de Foucauld: “Padre mío, me abandono a ti”.

3. ¿Una nueva forma misionera?Podemos hablar con toda razón de una nueva forma misionera en Carlos de Foucauld. Nueva en el sentido de que la organización de la misión y la aplicación de sus recursos no son en absoluto esenciales. Él hablará de medios pobres y hará incluso una renuncia efectiva a todo resultado visible y calculable.Carlos de Foucauld actuando así se vincula a la experiencia de los apóstoles. “Para convertir el mundo como los apóstoles, siendo la piedra angular y el Jefe de la Iglesia, como san Pedro, no hay que prepararse en adelante, ni durante años ni meses, ni días, ni un solo minuto; es preciso obedecer en cualquier momento a las órdenes de Dios”5.

Con otras palabras, el abandono radical a Dios inspira una forma de vida y de acción misionera, que está directamente en sintonía con el proceder y las huellas de los apóstoles. Las primeras generaciones de cristianos nunca han programado sus empresas misioneras en el imperio romano. Evangelizaron simplemente e invitaron a vivir la novedad cristiana en medio de la sociedad pagana. En el último período de su vida, el Hermano Carlos de Jesús, de forma espontánea, hace referencia al ejemplo de Priscila y Aquila para encontrar nuevos caminos de evangelización aptos para todo el mundo a través del amor mutuo. «Hagamos como Priscila y Aquila. Dirijámonos a los que nos rodean, los que conocemos, los que están cerca de nosotros, y empleemos nuestros mejores recursos. Con unos, el discurso, con otros, el silencio, con todos el ejemplo, la bondad, el cariño fraternal, haciéndonos cercanos a todos para ganarlos todos para Jesús»6. Ciertamente, esta evangelización llena de sencillez, sin cálculo, sin una planificación previa, no es una evangelización fácil. Es una evangelización abierta a la novedad que aportan las personas y los acontecimientos. Es radical porque nos orienta y dirige a la fuente de la vida cristiana y a la vivencia del Evangelio sin glosa. Si Carlos de Foucauld es un modelo y una referencia para la misión cristiana es, precisamente, por su unión a la fuente de donde brota la vida cristiana que no es otra que el mismo Dios.

II. Esta forma de vida es inseparable de la experiencia de Dios.1. Una vida centrada en Dios.Todos aquellos que han hecho hincapié en la novedad del testimonio de Carlos de Foucauld, de René Bazin a Jacques Maritain, pasando por Paul Claudel, y por tantos otros, han insistido en el carácter radical de su experiencia de Dios. Igualmente piensan los que han seguido su estela y han intentado vivir el Evangelio con proyección misionera: de Madeleine Delbrel a Jacques Loew y especialmente los que viven de manera habitual, siguiendo al hermano René Voillaume y a la hermanita Magdeleine.

Aunque Carlos de Foucauld se convirtió en un apasionado por Jesús, por su humanidad, por su humildad, por su Cruz, su vida sigue centrada en el misterio de Dios, buscado incansablemente y con toda pasión. Fue llamado por Dios y respondió abandonándose a Él. Este abandono a Dios incluye no sólo la obediencia, la lucha interior, el trabajo personal por convertirse, como se podría pensar con demasiado facilidad. Esta entrega a Dios es fuente también de alabanza y de reconocimiento de las maravillas y grandezas del Señor.Once años después de su conversión, en 1897, en su pequeña ermita de Nazaret, Carlos de Foucauld recuerda su vida pasada, desde su infancia para celebrar la misericordia de Dios: “Oh Dios mío, todos tenemos que cantar tu misericordia, nosotros todos creados por la gloria eterna y redimidos por la sangre de Jesús, por tu sangre, mi Señor Jesús, que estás a mi lado en el Tabernáculo, si todos te debemos tanto, cuánto más yo! Yo que fui en mi infancia rodeado de tantas gracias. ¡Oh Dios mío, cómo tenía tu mano sobre mí, y cuán poco lo notaba! ¡Qué bueno eres! ¡Cómo me habéis protegido! ¡Cómo me habéis guardado debajo de tus alas cuando ni siquiera creía en tu existencia!”7.Y en 1904, cuando se fue de ermitaño al Sahara y seguía todavía buscando su camino, el Hermano Carlos de Jesús confía a su amigo Henry de Castries su absoluta confianza en Dios, que conduce su vida: “Es tan dulce sentirse en la mano de Dios, llevado por este Creador, bondad suprema que es Amor – Deus caritas est – Él es el amor, el amante, el esposo de nuestras almas en el tiempo y la eternidad. Es tan dulce sentirse transportado por esta mano a través de esta vida breve, hacia esta eternidad de luz y de amor por la cual nos creó.8”Todos los escritos de Carlos de Foucauld están impregnados por el sentido de la grandeza y de la providencia de Dios. La experiencia del desierto aumenta aún más en él estas experiencias. En este contexto de espiritualidad teocéntrica va desarrollando su pasión por Jesús, por su encarnación, por su humanidad, y por su Cruz
2. Una vida de imitación de Jesús y de su vida oculta.El carisma misionero de Carlos de Foucauld incluye en su centro, en su corazón, un anhelo ardiente, feroz y persistente, no sólo de conocer a Jesús en su humanidad sino de imitarlo también en su literalidad evangélica.En la vida y la experiencia del Hermano Carlos de Jesús, el principio de la encarnación se transforma en un principio misionero. Se trata para él de conformar su vida con Jesús de manera radical, es decir, mediante la práctica como él, del abajamiento, de la humildad, de la pobreza, de la abyección, la ocupación del último lugar.Sabemos que el nuevo converso se vio afectado de forma permanente por una frase pronunciada por el padre Huvelin en uno de sus sermones, diciendo a Jesús: “Ocupó de tal manera el último lugar que nadie jamás había sido capaz de arrebatárselo!” Esta frase quedó grabada en el alma de Carlos de Foucauld para siempre y buscará con todos los medios a su alcance compartir el último lugar con Jesús.Este itinerario espiritual de búsqueda del último lugar no es solo un descubrimiento espiritual. Es una orientación de vida que no lo dejará nunca tranquilo. No se conforma con anunciar a Jesucristo sino que tiene que vivir con él, compartiendo su condición real, como lo entiende con intensidad durante su retiro en Nazaret, en 1897: “Mi Señor Jesús, (…) quien te ama con todo el corazón, no puede soportar ser más rico que su amado (…) No me puedo imaginar el amor sin una necesidad, una necesidad imperiosa de conformidad, de semejanza, y más que todo, de compartir todas las penas, todas las dificultades, todas las durezas de la vidas”9.Sabemos que Carlos de Foucauld ha llevado muy lejos este realismo espiritual en relación con el misterio de Jesús. Eligió vivir en Nazaret, es decir, seguir a Jesús, donde se ha cumplido en el tiempo el misterio de la Encarnación. Se puede pensar que Carlos de Foucauld da así una forma casi sensible a las grandes afirmaciones teológicas inspiradas por Bérulle y por la tradición de la Escuela Francesa, a propósito del Verbo Encarnado.Creo que es necesario ir más allá, sobre todo si no olvidamos que la experiencia espiritual del hermano de Carlos Jesús no se detuvo en Nazaret, sino que lo llevó hasta el desierto, rodeado de nómadas Tuareg.Tal vez inconscientemente, el ermitaño de Nazaret, y después del Sahara, fue fascinado por el misterio del Dios oculto que se revela, paradójicamente, a través de los acontecimientos de la encarnación, desde Belén a Jerusalén pasando por Nazaret. Porque en Jesús, que desciende en nuestra humanidad, Dios al mismo tiempo se revela y se oculta. Esta ocultación de la gloria de Dios, de la pérdida de uno mismo a través de la Cruz, poco a poco va a estar en el corazón de la espiritualidad de Carlos de Foucauld y formará parte de su carisma misionero.Se trata de imitar, en su vida, el misterio de Dios humillado y escondido por amor a nosotros. Así lo había entendido el hermano Carlos desde su primera peregrinación a Tierra Santa, después de su conversión en 1888: la pasión de Jesús se refería a los años de vida oculta en Nazaret. Cuanto más va avanzando en su vida y pone en actos su carisma misionero, más comulga en este misterio de Dios oculto en Jesucristo: “Él bajó con ellos y vino a Nazaret, en su vida entera, no ha hecho más que bajar: bajar en la encarnación, bajar para ser un niño pequeño, bajar haciéndose obediente, bajar haciéndose pobre, abandonado, exiliado perseguido, torturado, poniéndose siempre en el último lugar”10. Este descubrimiento apasionado de Dios oculto y humillado en Jesucristo funda el carisma misionero de Carlos de Foucauld, es decir, su deseo de encontrarse al lado de los pobres y olvidados del mundo. Es la experiencia de Dios que exige una nueva forma de presencia entre los demás.

III. La experiencia de Dios inspira la presencia entre los últimos como don.1. Una referencia absoluta: la Eucaristía.En la fuente de esta presencia de entrega a los demás se encuentran la Eucaristía y la adoración eucarística. Carlos de Foucauld evoca la Eucaristía en las huellas directas de la Encarnación y de manera especial en la Pasión de Jesús. “Besar los lugares que santificó en su vida mortal, las piedras de Getsemaní y el Calvario, el suelo de la Vía Dolorosa, es dulce y piadoso, Dios, pero preferir eso a su Tabernáculo, es dejar a Jesús que vive a mi lado, dejarlo solo e irme solo a venerar piedras muertas en donde no está”, porque “en todos los lugares donde se encuentra la Santa Hostia está el Dios vivo, es tu Salvador tan cierto como cuando estaba vivo y predicando en Galilea y Judea y como está ahora en el cielo”11.Cuanto más el hermano Carlos de Jesús crece en su experiencia espiritual y misionera, más se convierte la Eucaristía en el medio esencial de su apostolado. Lo escribió al padre Huvelin: «Tenemos que seguir poniendo la Misa antes de todo y celebrarla en el camino a pesar de los esfuerzos adicionales que conlleva. Una misa, es Navidad, y el amor pasa primero antes que la pobreza»12.Desde que se ordeno de sacerdote, vivió con mayor intensidad lo que había aprendido de su director espiritual, inmediatamente después de su conversión: “En este misterio, nuestro Señor da todo, se entrega por entero: la Eucaristía es el misterio del don, es el don de Dios, es aquí donde tenemos que aprender a dar, a darnos a nosotros mismos, porque no hay don, si uno no se da”13. Muchas veces, evoca la “Sagrada Eucaristía”, que brilla en medio de las poblaciones musulmanes, en torno a ella sueña agrupar algunos discípulos, que pudieran formarse junto al Señor para el servicio incondicional de la evangelización.Para él, el tiempo que pasa en la celebración y en la adoración de la Eucaristía es una parte esencial de su misión, porque se une así a Jesús en el misterio y el don de su vida oculta. Sin embargo, en sus últimos años, se preguntó si no debería abandonar la celebración de la Misa para poder penetrar en el Hoggar y atender a los más desfavorecidos. Formula así su reflexión: “Una vez, me sentí inclinado a ver, en primer lugar, el Infinito, el Santo Sacrificio; y en segundo lugar, el finito, todo lo que no es, y siempre a sacrificarlo todo por la celebración de la Santa Misa. Pero este razonamiento debe pecar por algo, porque desde los apóstoles, los más grandes santos han sacrificado en determinadas circunstancias, la oportunidad de celebrar a actividades de caridad espiritual, de viaje o de otro tipo”14. Su deseo de ir a conocer a la gente y llevarles el Evangelio estuvo siempre directamente y estrechamente integrada con su espiritualidad eucarística. Como si viviera también el misterio de la Eucaristía entregándose a los que quiere salvar imitando a Jesús.

2. Carlos de Foucauld, el hermano universal.De la eucaristía nace el corazón universal. “los pobres son sacramento de Cristo” (San Juan Crisóstomo). A través de la Eucaristía, el amor de Dios brilla para toda la humanidad sin excepción. “Deseo acostumbrar a todas las personas, cristianos, musulmanes, judíos, e idólatras, a mirarme como a su hermano, el hermano de todos. Empiezan a llamar mi casa “la fraternidad” (el Khaoua en árabe) y eso me agrada”15. En múltiples escritos afirma esta intención universal: «Mirar a todo ser humano como un hermano amado». “Ver en todo ser humano, un hijo de Dios, un alma redimida por la sangre de Jesús, un alma amada por Jesús”16.Ciertamente que centra su vocación y misión en el apostolado fraternal por la práctica del amor y de la bondad hacía todos. Su mística del Sagrado Corazón de Jesús, toma así una forma muy concreta, incluso visiblemente ilustrada, por el signo que lleva en su vestido: el corazón coronado por la Cruz.Sabemos que los manuscritos autobiográficos de Teresa de Lisieux se acaban en un acto de fe sin reserva en la misericordia del Padre de los cielos. Carlos de Foucauld, fue también encargado de transmitir a través de su muerte, como a través de su vida, este mensaje esencial que tantas veces transcribió en sus notas, y en particular en el pequeño libro dedicado al Modelo Único: “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Unigénito para que todo aquél que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”17. El corazón de la misión cristiana según Carlos de Foucauld es también el corazón del Evangelio, la inspiración profunda de toda misión cristiana.Al final de este recorrido no podemos evitar una pregunta importante: ¿Por qué Carlos de Foucauld sigue siendo un don que Dios hizo de manera perdurable a la Iglesia? ¿En qué pueden contribuir su testimonio y su carisma a la renovación de la misión cristiana?A estas preguntas respondo sin vacilar, para que se reconozca la inspiración profunda de toda misión cristiana, que no está relacionada a una estrategia, incluso pastoral, sino a una forma de vida arraigada en la experiencia de Dios que exige, al tiempo, una presencia fraternal entre los hermanos sin ánimo de colonizar.Ya no podemos oponer entre sí las estrategias misioneras: por un lado, las que se centran solamente en las formas y los resultados visibles y, por otro lado, las que valoran las únicas virtudes de la inserción y la vida oculta.Parece que ha llegado la hora de reconciliar a todos los actores de la evangelización: aquellos que tienen tendencia a valorar la paciencia de las largas horas de la oración y de la adoración y los que son más sensibles a las expresiones públicas de fe; los que dan tiempo a los diálogos desinteresados y los que no tienen miedo de anunciar explícitamente a Cristo y a su Evangelio.Carlos de Foucauld se manifiesta para todos nosotros como un maestro exigente, dejando claro que su exigencia va a lo esencial: “¡Nos inclinamos a poner primero las obras cuyos efectos son visibles y tangibles, Dios da el primer lugar al amor y después al sacrificio inspirado por el amor y a la obediencia que deriva del amor. Es preciso amar y obedecer por amor ofreciéndose a sí mismo como una víctima con Jesús, como le plazca! A él corresponde decidir si para nosotros, es más conveniente la vida de san Pablo o la de santa Magdalena”18.
EMÉRITO DE BARIA______________________________

_1.- Carlos de Foucauld explorador de Marruecos, ermitaño en el Sahara, 1921,472.2.- Meditación sobre el Antiguo Testamento, 1896.3.- Carta al padre Huvelin, 22 de marzo de 1900.4.- Carta a la señora de Bondy, 1 de enero de 1897.5.- Comentario de la lectura en el Santo Evangelio, Mateo 4, 18-20, Nazaret, 1897.6.- Carta a José Hora.s, £8 de abril 1916.7.- Retiro de Nazare4 1897 noviembre.8.- Carkz a Henry de Castries, 27 de noviembre 1904.9.- Retiro & Nazare4 noviembre de 1897.10.- Meditación sobre Lucas 2, 50—51 del 20 de junio 1916.11.- Retiro de Nazaret, noviembre 1897.12.- Carta al Padre Huvelin, 1 de diciembre 1905.13.- Cf. A. GIBERT-LAFON, Ecos de las charlas del padre Huvelin, París, 1917, 62.14.- Carta a Monseñor Guérin, julio de 1907.15.- Carta a la Sra. Bondy, enero 1902.16.- Carta a Joseph Hours, 5 de mayo 1912.17.- Juan 3,16.18.- Carta a la Sra. de Bondy, 20 de mayo 1915.

 
 http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/173/Iesus-Caritas-173-Vuelta-al-Evangelio.htm

«Construir la Fraternidad» – Obispo de Orán (Argelia)

Carta Pastoral

+ hermano Jean-Paul Vesco op

Obispo de Orán (Argelia)

Queridos hermanos y hermanas  de la diócesis de Orán y en otros lugares

 cristianos, musulmanes y otros…

Introducción

El 4 de febrero de 2019, mientras seguía en la televisión el encuentro en Abu Dhabi entre el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, vuelvo a ver en el rostro de estos dos hombres la misma luz que iluminó los rostros de todos los participantes, cristianos y musulmanes, durante la beatificación del obispo Pierre Claverie y sus dieciocho compañeros mártires en Orán, el 8 de diciembre de 2018, bajo un resplandeciente sol de invierno. Voy tomando conciencia del significado simbólico del gesto que ha tenido lugar y de la llamada al mundo por parte de estos dos altos dignatarios religiosos, en nombre de la fraternidad humana.

Con la visita del Santo Padre a Marruecos unas semanas más tarde, quedo totalmente convencido de que sopla un aire nuevo que nuestra Iglesia aquí no puede pasar por alto. Madurándolo luego largo tiempo, por mi parte, se me ha abierto una nueva perspectiva. El Papa Francisco ha seguido multiplicando palabras y gestos altamente significativos hasta el punto de constituir un verdadero corpus de fraternidad con hechos.

Por esta carta, me gustaría:

• Tomar un tiempo para recorrer con vosotros este camino de fraternidad que el Papa Francisco traza de encuentro en encuentro;

• Profundizar un poco más en la comprensión de esta fraternidad que tiene sus raíces en lo más visceral de la vida, y conduce a lo más alto de la fe;

• Releer la vida de nuestra Iglesia a través del prisma de esta fraternidad manifestada como una mano extendida;

• Presentar el proyecto: Construir la fraternidad, que ilustra el paisaje de la diaconía de nuestra Iglesia para los próximos años.

Me he convencido de que la fraternidad, gracias a la cual podemos dirigirnos a Dios diciéndole Padre Nuestro, lleva en sí misma una lectura teológica esencial, clave para la vida de nuestra Iglesia. Esta fraternidad nos habla hoy de la urgencia de nuestros encuentros: de encuentros en encuentros, contribuimos a construir fraternidad.

I- Francisco, un camino de fraternidad

En el avión que lo trajo de regreso de Irak, al final de quizás el viaje más simbólico de su pontificado, el Papa Francisco se entregó sin reservas a los periodistas:

 «Muy a menudo hay que arriesgarse para dar el paso de la fraternidad. Usted sabe que hay críticas, que el Papa no es valiente, que es inconsciente, que está dando pasos contra la doctrina católica, que está a un paso de la herejía. Son riesgos, ciertamente, pero son decisiones siempre tomadas en oración, en diálogo, pidiendo consejo. Son fruto de una reflexión, no son un capricho. Esta es también la línea que nos marcó el Concilio.»1

1El vuelo apostólico del Papa Francisco a Irak – Conferencia de prensa del Santo Padre durante el vuelo de regreso, 8 de marzo de 2021.

Estas palabras del Papa Francisco tuvieron en mí el efecto de una descarga eléctrica, ya que me sonaron como las que a veces escuchamos nosotros sobre nuestra Iglesia en Argelia. Por lo tanto, un Papa pasa prácticamente por los mismos cuestionamientos que nosotros, y le atraviesan las mismas preguntas que nos hacemos dentro de nosotros mismos, individual y colectivamente. No se trata de una mirada externa, hecha incluso con benevolencia, sobre un anuncio evangélico considerado a veces un poco barato, pero que se excusa por la especificidad del contexto local.

2 Conférence Episcopale de la Région Nord de l’Afrique.

1.1 ¿Por qué?

Dada su situación como presencia cristiana en el mundo musulmán, nuestra Iglesia no puede contentarse con preguntarse simplemente cómo vivir esta presencia, sino que continuamente se cuestiona, y se pregunta a sí misma, el porqué de esta presencia ¿Por qué la Iglesia está presente aquí, en un país casi sin cristianos? Esta cuestión a veces esconde la sospecha de tibieza y falta de valor por parte de los cristianos de otros lugares, o bien de segundas intenciones proselitistas, por parte de los musulmanes aquí presentes.

Esta pregunta del por qué es más desestabilizadora que la del cómo, pero también es mucho más estimulante. Esta búsqueda incesante del significado de la presencia de una Iglesia en el mundo musulmán, sin el rescoldo de una antigua comunidad cristiana, ni siquiera una ultra-minoría como los países de Oriente Medio, ha conllevado durante décadas a un esfuerzo de creatividad teológica desproporcionado, en relación al minúsculo tamaño de nuestra Iglesia en el N. de África.

Podemos evocar los textos del CERNA2:

• Cristianos en el Magreb: el significado de nuestros encuentros (1979);

• El llamado (la llamada) de Dios a Su Iglesia en el Magreb (1990);

• Las Iglesias del Magreb en el año 2000;

•- Siervos de la Esperanza (2014).

Podemos añadir la reflexión y las actas de las dos asambleas interdiocesanas cuasi sinodales de 2004 y 2014, y también los encuentros sacerdotales que periódicamente han marcado la vida de nuestra Iglesia en Argelia.durante décadas. Por no hablar de las aportaciones teológicas del cardenal Duval, Henri Teissier, Pierre Claverie, Christian de Chergé y su hermano Christophe Lebreton, por nombrar solo algunos.

Cada una de estas reflexiones denota la voluntad de pensar en una presencia cristiana involucrada en las circunstancias históricas del momento. De hecho, la misma Iglesia del Magreb se auto-analiza, y sin embargo debe decirse a sí misma constantemente el significado de su presencia, con nuevas palabras: Iglesia del encuentro, Iglesia ciudadana, servidores de la esperanza…

Y he aquí que de repente se nos presenta un Papa para hacer con nosotros ese mismo recorrido teológico, no por los senderos trillados, sino en la periferia de la Iglesia, y coloca esta periferia en el centro de su pontificado. Este recorrido tiene un nombre: fraternidad.

 2 Conferencia Episcopal de la Región Norteafricana.

1.2 Primeros pasos (desde el principio)

Juan Pablo II se había propuesto visitar nuestra región dos veces, Marruecos en 1985 y Túnez en 1996. En cada uno de esos viajes, que fueron memorables, expresó su interés por lo que nuestras iglesias viven. (Entiéndase siempre por “nuestra”, Iglesia en contexto musulmán del N. de África) . Entre ambos viajes, la reunión de Asís del 27 de octubre de 1986, viene a ser el acto fundacional de un diálogo interreligioso marcado por la fraternidad y el respeto a la variedad de expresiones de fe.

Aun cuando los obispos, a lo largo de las diversas visitas “ad límina”, tuvieron que responder a las preguntas recurrentes y poco condescendiente de “ cuántos” (¿cuántos seminaristas? ¿cuántos sacerdotes? ¿cuántos cristianos? ¿cuántos bautismos?), Juan Pablo II al compartir la mesa con ellos, les había dicho en esencia: «Básicamente, ustedes viven lo que el Concilio dice de la Iglesia. Es un sacramento, es decir, una signo, y no se le pide a un signo que haga números. Juan Pablo II entendió que el número de conversiones al cristianismo no era el mejor indicador para juzgar la fecundidad de nuestra presencia.

Benedicto XVI, en la primera carta encíclica de su pontificado, Deus Caritas es, coloca en su justo lugar la dimensión diaconal de la Iglesia universal y la distingue de una simple acción social a la que esta dimensión esencial de nuestro testimonio podría reducirse fácilmente:

«La naturaleza profunda de la Iglesia se expresa en una triple tarea: el anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (liturgia), servicio de caridad (diaconía). Se trata de las tres tareas que se complementan y no se pueden separar entre sí. La caridad no es para la Iglesia un tipo de actividad asistencial social que también podría dejarse a otros, sino que pertenece a su naturaleza, es una expresión de su propia esencia, a la que no puede renunciar».3

Francisco se inscribe en la misma dinámica que sus predecesores, pero le da un impulso sin precedentes, hasta el punto de que es posible verlo como un momento singular y fundante, un verdadero kaïros en la vida de la Iglesia en general y de la nuestra en particular. (del N. de África)

3 Le encíclica del Papa Benedicto XVI, Deus Caritas es n.25.

1.3 Francisco, un kaïros en la vida de nuestra Iglesia

El 31 de marzo de 2019, sentado en la catedral de Rabat, escucho el discurso de Francisco al clero y a los miembros de la vida consagrada. La evidencia está ahí, el Santo Padre realmente se dirige a nosotros, ha entendido lo que vivimos y queremos vivir:

«Esto significa, queridos amigos, que nuestra misión como bautizados, como sacerdotes, como consagrados, no está determinada particularmente por el número o espacio que ocupamos, sino por la capacidad que tenemos para producir y provocar el cambio, el asombro y la compasión; por la forma en que vivimos como discípulos de Jesús, en medio de aquellos cuya vida cotidiana, alegrías, tristezas, sufrimientos y esperanzas compartimos. »4

El Papa Francisco no solo se dirige a nosotros, sino que dice nosotros, es decir, en primera persona plural. Él se incluye a sí mismo, y a través de él incluye a la Iglesia universal en este nosotros en el que nosotros nos sentimos tan identificados.. De repente, queda claro que ya no hay, que subrayar la línea, por un lado, la gran Iglesia universal y su sueño de nueva evangelización y por otro lado, nuestra Iglesia del Magreb un poco demasiado celosamente apegada a su especificidad.

 En medio de todos estos gestos, confortado en este viaje, y con este nosotros, escuchado de una manera particular, regresé a Orán.

4 viaje apostólico del Papa Francisco a Marruecos – Encuentro con los sacerdotes, religiosos, consagrados y miembros del Consejo ecuménicos de las Iglesias. Catedral de Rabat. 31marzo 2019

La fraternidad es un camino

Mirando años atrás, es sorprendente observar que la expresión camino de fraternidad es una de las primeras palabras pronunciadas por el cardenal Bergoglio, quien, convertido en Papa Francisco, en la noche del 13 de marzo de 2013, en el balcón de la Basílica de San Pedro dijo: «Comencemos este camino: el obispo y el pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside todas las Iglesias en caridad. Un camino de fraternidad, amor, confianza entre nosotros. Oremos siempre .unos por otros. Oremos por el mundo entero para que llegue a ser una gran fraternidad .¡Espero que este camino que comenzamos hoy y a lo largo del cual seré ayudado por mi Cardenal Vicario aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan hermosa! »5

Todo el mundo ignoraba aún el giro inesperado que tomaría este camino, con esta revuelta tan pronunciada en dirección al Islam con el que el argentino Jorge Bergoglio había estado muy poco en contacto. Pero de una fraternidad más fuerte que la diferencia religiosa, e incluso enriquecida por ella, él ya había tenido, sin embargo, la experiencia; en particular por su amistad con el rabino Abraham Skorka, director del seminario rabínico latinoamericano.

El propio Papa Francisco no sabe entonces a donde llevará este camino. Se deslumbra en el transcurso de las reuniones. Sin duda debe mucho a la relación de amistad fraterna establecida con el Gran Imán de al-Azhar, que estará directamente en el origen del documento firmado el 4 de febrero de 2019 en Abu Dabi sobre “la fraternidad humana”. Así lo explica en el viaje de vuelta de Irak, cuando un periodista le pregunta si la reunión con el Gran Ayatolá al-Sistani había sido considerada como la contraparte en el mundo chiíta de lo que se había experimentado en el mundo sunita:

«El Documento de Abu Dhabi del 4 de febrero de 2001 se estuvo preparando en secreto con el Gran Imán, durante seis meses, rezando, reflexionado y corrigiendo el texto. Fue –es un poco presuntuoso decirlo – un primer paso de lo que vosotros preguntáis (los periodistas). Podemos decir que esta sería la segunda etapa (nota del editor: la reunión con el Gran Ayatolá Sistani) y que habrá otras. El camino de la fraternidad es importante. El Documento de Abu Dhabi dejó en mí la preocupación de la fraternidad, luego salió Fratelli tutti. Ambos documentos deben ser estudiados porque van en la misma dirección, en el camino de la fraternidad. »6

Este camino de fraternidad no responde a una estrategia premeditada, hábilmente calculada. Es el resultado de encuentros sucesivos.. En esto coincide nuestra propia experiencia tanto personal como en Iglesia. Si nuestra Iglesia puede definirse como la Iglesia del encuentro (en el N. de África) es porque es ante todo la Iglesia de los encuentros.

Como la fraternidad es un camino, no tiene fin. Sabemos por experiencia que nunca se adquiere nada definitivamente, pero eso no significa que no se haya recorrido misteriosamente un camino…. Después del increíble momento de fraternidad vivido durante la celebración de la beatificación, podríamos haber pensado que nada sería igual, que habría un antes y un después en nuestras relaciones personales e institucionales… No ha sido del todo así, la vida ha seguido su curso… ¿Paso de gigante o paso de hormiga? En cualquier caso, todo depende del punto de vista en el que te coloques.

Francisco dijo llegar a Irak como peregrino y penitente. Elevó así el camino de la fraternidad al rango de peregrinación. Revela su carácter sagrado e indica la naturaleza espiritual de los frutos que pueden esperarse de él.

5 Bendición apostólica «Urbi et orbi» – Primer discurso del Papa Francisco, Vaticano, 13 de marzo de 2013.

6 El vuelo apostólico del Papa Francisco a Irak – Conferencia de prensa del Santo Padre durante el vuelo de regreso, 8 de marzo de 2021.

La fraternidad es una urgencia

La Declaración de Abu Dhabi es una iniciativa absolutamente sin precedentes. Dos creyentes, que han forjado un vínculo de amistad y que son conscientes de su responsabilidad como líderes espirituales, lanzan una llamada a la fraternidad humana, como quien hace sonar la alarma. Hay una necesidad urgente de mirar al mundo, de denunciar la injusticia, la opresión bajo todas sus formas, incluida la económica, y la violencia, incluso en nombre de Dios. Declaran que quieren adoptar «la cultura del diálogo como camino, la colaboración común como forma de actuar, el conocimiento mutuo como método y criterio»7:

«Nosotros – creyentes en Dios, en el encuentro final con Él y en Su Juicio – partiendo de nuestra responsabilidad religiosa y moral, y a través de este Documento – nos pedimos a nosotros mismos y a los Líderes del mundo, a los arquitectos de la política internacional y de la economía mundial, el comprometernos seriamente en la difusión de la cultura de la tolerancia, la coexistencia y la paz; intervenir, lo antes posible, para detener el derramamiento de sangre inocente y poner fin a las guerras, los conflictos, la degradación del medio ambiente y el declive cultural y moral por el que el mundo está pasando actualmente. »8

Dos años después, con motivo del primer día internacional de la fraternidad humana, el Papa Francisco reitera la urgencia de la fraternidad, que define como la nueva frontera de la humanidad para hoy.

«Gracias a todos por haber apostado por la fraternidad, porque hoy la fraternidad es la nueva frontera de la humanidad. O somos hermanos o nos destruimos unos a otros. Hoy no hay tiempo para la indiferencia. No podemos lavarnos las manos, tomando distancias, despreocupándonos o desinteresándonos.. O somos hermanos —si se me permite— o todo se desmorona. Esa es la frontera. La frontera de la fraternidad sobre la que debemos construir; es el desafío de nuestro siglo, es el desafío de nuestra época »9

La l encíclica Fratelli tutti también debe leerse a la luz de esta urgencia para construir la fraternidad a la que insta el Papa Francisco. «Soñemos como si fuéramos una única y misma humanidad, como viajeros que comparten la misma carne humana, como hijos de la misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos». 10

Hermosas palabras un poco convencionales e insulsas, si no fueran pronunciadas por un Papa, garante del depósito de la fe católica. En la cruzada de fraternidad lanzada por el Papa Francisco, no se puede disociar el mensaje, de la categoría de quien las dice. Para decir esto, ¿es necesario alardear del anuncio del Evangelio y a la urgencia de conversión? Obviamente, él y el Gran Imán de al-Azhar no pretendieron convertir uno a la fe del otro. Se reconocen mutuamente como verdaderos creyentes y este reconocimiento es incluso el cemento de su amistad y compromiso codo con codo, en esta lucha por la fraternidad. Esta postura, que ellos presentan como tan natural, que uno llegaría a olvidar su carácter revolucionario, tiene un alto precio (riesgo) para ambos. Pero Francisco se atreve a correrlo.

  7 Documento sobre «Fraternidad humana para la paz mundial y la coexistencia común» firmado por Su Santidad el Papa Francisco y el Gran Imán de al-Azhar Ahmad al-Tayyib, 4 de febrero de 2019

  8 Ibid.

9 Primer Día Internacional de la Fraternidad Humana – Mensaje del Papa Francisco, 4 de febrero de 2021

10 ECarta encíclica del Papa Francisco Fratelli tutti n°8

La fraternidad es una audacia

La fraternidad ofrece una magnífica ilustración de la audacia teológica y humana de Francisco; las dos van de la mano. No cede en nada sobre la verdad, ni la doctrinal ni el depósito de la fe. Sencillamente, la persona humana, con su verdad y complejidad que la hacen fundamentalmente irreductible a una doctrina por santa que sea, permanece en primer lugar. Sería un error acusarlo demasiado rápidamente de relativismo con el argumento de que no establece que la adhesión a la misma fe, sea el requisito previo para un encuentro, incluido un verdadero encuentro espiritual.

Esta experiencia de encuentro espiritual con un gran creyente de otra religión, el Santo Padre también la vivió con el Gran Ayatolá Sistani. Él dijo: «Me sentí obligado a hacer esta peregrinación de fe y penitencia y a ir a visitar a una gran persona, un hombre sabio, un hombre de Dios. Con solo escucharlo, se puede ver eso. Fue muy respetuoso en la reunión. Me sentí sumamente honrado .ya en el momento del saludo, cuando él nunca se levanta, se puso de pie para saludarme, dos veces; un hombre humilde y sabio; este encuentro le hizo bien a mi alma. Él es una luz, y estos sabios están en todas partes porque la sabiduría de Dios se ha extendido por todo el mundo. »11

Sin duda, todos hemos pasado alguna vez excepcionalmente por una experiencia similar, que nos conmovió en lo más íntimo, la experiencia de un encuentro espiritual con un creyente de otra religión a quien reconocemos, y por quien nos sentimos reconocidos, como verdadero creyente. Qué bueno es sentirse acompañado por el Papa en esta experiencia que es la sal de nuestra vida en la Iglesia en Argelia. Las imágenes hicieron palpable esta comunión de corazones.

El Santo Padre continúa: «Lo mismo sucede con los santos que no son sólo los que están en los altares. Esto sucede todos los días, es lo que yo llamo los santos de la puerta de al lado, hombres y mujeres que viven su fe, sea la que sea, con coherencia. Los que viven los valores humanos con coherencia, la fraternidad con coherencia. Creo que deberíamos descubrir a estas personas, destacarlas, porque hay muchos ejemplos». 12

¿Qué se entiende por esta expresión “lo mismo”? ¿Dice el Santo Padre que podemos reconocer oficialmente a los santos en el Islam? En cualquier caso, estos santos (¡y santas!) de al lado todos los conocemos, y ellos (ellas) también son de confesión musulmana. Estos hombres y mujeres que hacen el bien en nombre de su fe, que se involucran de manera cívica y desinteresada en la sociedad civil, que luchan por hacer (sobre)vivir a su familia con dignidad, que luchan con un hijo profundamente discapacitado, que en la enfermedad viven la virtud la esperanza en su más alto grado…

Al escuchar al Papa Francisco hablar sobre su encuentro con el Gran Ayatolá Sistani, me vinieron a la mente nuestras propias preguntas cuando preparábamos la celebración de la beatificación: “¿qué lugar debería reservarse a Mohammed Bouchikhi, el joven musulmán asesinado junto a Pierre Claverie?” (Obispo de Orán asesinado en 1996 y beatificado con otros 18 mártires en Diciembre 2018). ¿Podría estar su foto entre los nuevos beatos en el estandarte que se desplegaría durante la celebración, tal y como aparece en el icono-recuerdo (según la inspiración de su autora)?” No nos sentimos con derecho a hacerlo, pero su nombre fue inscrito en color junto al de Pierre Claverie y el del décimo-noveno beato. Un “guiño” muy significativo. ¡Qué bueno es sentir que la Iglesia, en su más alto y bello nivel, y nosotros, en el mundo musulmán, sentimos lo mismo y no nos limitamos a ver solo los aspectos que crean dificultad!

El encuentro entre el Santo Padre y el Gran Ayatolá Sistani, como el del Gran Imán de al-Azhar, nos recuerda que no es posible hablar de fraternidad sin vivir experiencias concretas de confraternización que den cuerpo a la fraternidad. De ahí que, por poco, la fraternidad se quedaría casi solo en palabras. Por tanto, tenemos que saber dar buena cuenta de estas experiencias. ¿Qué decimos cuando decimos fraternidad?

11/12 Viaje Apostólico del Papa Francisco a Irak – Conferencia de prensa del Santo Padre durante el vuelo de regreso, lunes 8 de marzo de 2021

II- ¿Qué decimos cuando hablamos de fraternidad?

Lejos de ser el valor secundario y consensuado en el que podemos encerrarla, la fraternidad es un valor exigente, se decide tanto como se recibe, y hunde sus raíces en las profundidades del misterio de la cruz.

2.1 Fraternidad difícil

Uno no elige a sus hermanos, ni elige ser hermano. Nacemos humanos con hermanos de sangre, tribu, etnia, religión. Lejos del dulce sueño de «todos juntos en el mundo dándonos la mano», la fraternidad diseña límites, designa pertenencias. Son tantos espacios vitales, pero no necesariamente regazos de paz. La Biblia comienza con el asesinato de Abel, el agricultor, por Caín el ganadero. ¡El primer asesinato en la Biblia es un fratricidio! La fraternidad no es en sí misma un baluarte contra la violencia, puede ser incluso un crisol privilegiado, ya que puede ser el espacio cerrado de todos los mimetismos, de todos los celos. Nuestras comunidades religiosas, comunidades parroquiales, realidades muy humanas, no son una excepción. Estas fronteras, sin las cuales la fraternidad carece de su «nosotros» constitutivo, crean un interior y un exterior. .O estamos o no estamos..

Podemos experimentar este sentimiento de una manera particular en Argelia, donde la fraternidad innata de la pertenencia cultural y religiosa ocupa un lugar tan importante. Podemos sentirnos cerca de nuestros amigos, colaboradores, vecinos, pero por mucho que nos sintamos bienvenidos y acogidos nunca lo seremos realmente. Es una pobreza y una riqueza. Los que de nosotros hemos elegido vivir en Argelia durante décadas, y de por vida, y algunos hemos podido obtener incluso la nacionalidad argelina, sabemos muy bien que la fuerza de nuestro testimonio en ese país reside en el hecho de ser y no ser argelinos. Lo mismo, los cristianos nacidos en Argelia, si no experimentan la misma brecha cultural, sí experimentan una distancia dolorosa, a veces incluso con sus seres más cercanos. Con discreción, humildad y comprensión, deben redoblar su fraternidad y resistir la tentación de diferenciarse. En nombre de su fe, necesitan ser padres, cónyuges, amigos, compañeros de trabajo, ciudadanos, aún mejores que los demás.

2.2 Una fraternidad recibida y una fraternidad por opción o elegida

Si la fraternidad humana necesita límites, un «nosotros», también está llamada a superarse si no quiere a condenarse al confinamiento y a convertirse en la sombra de sí misma. Nuestras fraternidades son plurales: familiares, nacionales, culturales, religiosas. Lo uno no pretende borrar a los otros. Se enriquecen mutuamente y nos constituyen como seres humanos, con todo el grosor de nuestra historia personal y nuestra solidaridad, no excluyéndonos unos de otros. La conciencia de pertenecer a un «nosotros» visceral constitutivo, es un punto de paso obligado para liberarse de ella, para poder descubrir estos otros «nosotros» hasta llegar a tomar conciencia de un «nosotros» con las dimensiones de toda la humanidad. Es la transición necesaria de una fraternidad recibida a una fraternidad por la que se opta..

Esta fraternidad elegida, optada, con lo agradable de la amistad, la vivimos aquí a diario. A pesar de las apariencias, no es trivial porque ha tenido que superar el obstáculo de la diferencia religiosa, los prejuicios y los miedos de ambos lados. Sabemos el valor y el precio que eso tiene.

La fraternidad, tomada tanto en su sentido más familiar como en su superación, es un rasgo esencial de nuestra humanidad. De hecho, no hay humano sin fraternidad tomada en su sentido existencial. Al mismo tiempo, la humanidad en su conjunto, no podrá sobrevivir si no encuentra el camino .de una fraternidad que se supere a sí misma.

En estas condiciones, ¿cómo podemos ver la fraternidad como un valor de segunda clase basándonos en que es un valor compartido a escala humana, y no un valor específico del cristianismo? Sobre todo cuando la fraternidad sabemos que ahonda sus raíces en el corazón del Evangelio y lleva en sí misma el más alto de los testimonios cristianos.

2.3 Y la Palabra se hizo hermano!

La expresión de Christian de Chergé dice cómo, lejos de ser un valor teológicamente débil, la fraternidad se inscribe en el corazón de la experiencia cristiana, desde la encarnación hasta la cruz.

  Del misterio de la encarnación…

Una de las grandes revoluciones de Jesús es romper con la concepción de la hermandad de sangre o linaje que es la del mundo judío en el que creció. En el evangelio, se menciona la incomprensión de su familia respecto a su vida pública. Cuando van y le dicen: » tu madre y tus hermanos están afuera y tratan de hablar contigo», Jesús responde: «¿Quién es mi madre, quiénes son mis hermanos? (…) Quien hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos es mi hermano, mi hermana, mi madre»13. Esta respuesta, que es extremadamente impactante en apariencia pero tan liberadora, nos obliga a considerar como nuestros hermanos y hermanas a todos aquellos que hacen el bien, cualquiera que sea su religión, o su ausencia de religión.

La renuncia a la primacía de los lazos de sangre hace que Jesús esté disponible para todos los encuentros que son el todo de los evangelios. Esta disponibilidad describe una nueva forma de fraternidad que será un ideal de la vida cristiana ofrecida a todos. Es el origen de la vida cristiana consagrada lo que tanto estructura la vida de nuestra Iglesia en Argelia. Optar por el celibato consagrado significa renunciar a un «nosotros» matrimonial y familiar, y eso tiene un coste. Pero este coste es el precio que se paga por una relación singular con el mundo que encuentra su significado sólo a través de un aumento de fraternidad.

La matriz de toda la actividad caritativa y educativa de la Iglesia a lp largo de los siglos es esta relación con el mundo. No puede dejarse atrapar dentro de límites sectarios sin traicionarse a sí misma. Aferrarse firmemente a la propia identidad no debe confundirse con el estrechamiento del campo de nuestras fraternidades. Por el contrario, la vitalidad de nuestra identidad cristiana se mide por nuestra capacidad de ser hermanos.

Está en el ADN de nuestra Iglesia en Argelia no limitar el horizonte de la fraternidad a la comunidad cristiana. Casi toda nuestra acción, tanto personal como colectiva, no sólo no mira su pertenencia religiosa, sino que se centra totalmente en el entorno humano musulmán en el que vivimos y amamos naturalmente.. Esto es obvio para nosotros, pero no es evidente, y así persiste siempre la pregunta : «¿Pero por qué insisten en esto?» En esta pregunta siempre abierta es donde reside la fuerza de nuestro testimonio, más que en las palabras con las que tratamos de responder.

En su búsqueda de la fraternidad universal, Charles de Foucauld, después de su conversión fulminante, irá incesantemente cada vez más allá, para saber por propia experiencia lo que significa «hermano universal». Y hermano universal lo será, no anunciando el evangelio como había imaginado inicialmente, sino apasionándose por la lengua y la cultura de las poblaciones tuareg hasta el punto de escribir el primer diccionario de la lengua tamasheq y poner por escrito toda una poesía transmitida de generación en generación oralmente. Al tomar en serio el singular «nosotros» de sus hermanos tuareg se convierte en hermano más universal, y no con el ideal de fraternidad que él c había concebido en su cabeza. Para ser hermano precisa ser dos.

12Mt 12, 47-50

… hasta el misterio de la cruz

Si la fraternidad tiene un precio, es porque tiene un coste pues el hermano nos obliga a ir más allá de lo previsto. Nos inscribe en una solidaridad cuyos contornos no medimos a priori. En su carta encíclica, Fratelli tutti, el Santo Padre comenta la parábola del buen samaritano que cuida de un enemigo extranjero. No sabe a dónde lo llevará este desvío en su camino, ni sabe cuánto le costará, pero el samaritano da su tiempo y abre una línea de crédito con el posadero.

Entrar en el gran baño de la fraternidad es aceptar avanzar en aguas profundas hasta perder pie.. A veces nos desanimamos, finalmente nos sentimos poco aceptados, queremos dejarlo correr todo En esos momentos, y no sólo cuando todo va bien, podemos sentir una especie de atractivo que es más cuestión de instinto que de afecto. En los momentos en que sentí al Obispo Teissier frente a una gran incomprensión por tal o cual reacción o situación, percibí mejor en él su apego inquebrantable a Argelia.

Llevada a la incandescencia, la fraternidad encuentra su cumbre en el don de su vida por Cristo para la salvación del mundo entero. Este don supremo es el modelo del martirio cristiano. «No hay amor más grande que dar la vida por los que se ama»14. La decisión que tomó el Papa Francisco de declarar beatos a los 19 miembros de nuestra Iglesia asesinados entre mayo de 1994 y agosto de 1996, es un reconocimiento al valor evangélico del testimonio dado por todos los miembros de nuestra Iglesia durante ese difícil período. Fue un desafío, explicar el significado de una beatificación, fuera de su universo de referencia, que es la Iglesia Católica. La solidaridad de estos hombres y mujeres, poniendo en riesgo sus vidas, con un pueblo, ha sido bien entendida como un signo de fraternidad en su más alto significado.. Este signo de fraternidad conmovió los corazones..

«Mi vida ha sido dada a Dios y a Argelia», expresión de Christian de Chergé en su testamento espiritual dice perfectamente este doble horizonte de una vida entregada, ojos levantados hacia Dios y vueltos hacia nuestros hermanos y hermanas en humanidad, no lo uno sin lo otro.

14 15,13

III- Pistas para releer la vida de nuestra Iglesia

3.1 Una Iglesia fraternal

Nuestra Iglesia es fraterna. Aunque desde el interior a menudo vemos el otro lado de la tela, con sus nudos y los hilos que parecen ir en todas direcciones, esta es la imagen que damos, y esta imagen no solo es cierta sino que es una parte importante de nuestro testimonio. «En el amor que os tendréis unos a otros conocerán que sois mis discípulos». 15 15Jn 13, 25.

En el seno de las comunidades de vida consagrada

Vivimos esta fraternidad en comunidades de vida consagrada. Esta forma de vida fraterna es un signo de contradicción para el mundo en general, y para el mundo musulmán en particular, que no conoce equivalente. Esto es aún más importante. ¿Cómo podemos explicar que en Tiaret, tiene mucho sentido que cuatro hombres vivan como hermanos una vida de comunidad de bienes, de oración y de acogida, cuando un solo sacerdote sería suficiente para el servicio de la pequeña comunidad cristiana de estudiantes? Esta vida consagrada en comunidad es difícil y a veces causa sufrimiento real, especialmente debido al pequeño tamaño de nuestras comunidades religiosas. Que esta dificultad no alimente en nosotros un sentimiento de culpa demasiado grande, sino que se entienda como una parte esencial de nuestro testimonio específico. Es bueno demostrar en lo concreto de nuestras vidas que no somos ángeles sino que llevamos un ideal que nos supera en vasijas de barro.

En nuestras comunidades parroquiales

En nuestras comunidades parroquiales. Vivimos esta fraternidad en nuestras comunidades parroquiales. Su tamaño es modesto y ninguno de los sacerdotes dedica todo su tiempo al servicio de la comunidad cristiana. Es una oportunidad que se nos da para poder vivir más una fraternidad y una corresponsabilidad que no tenga demasiado en cuenta la distinción entre clérigos y laicos. Sin duda, podemos ir aún más lejos en este camino de corresponsabilidad, especialmente en el compartir la Palabra de Dios.

El estilo sencillo en el que nos relacionamos no se les escapa a los estudiantes con los que vivimos un vínculo de fraternidad (estudiantes extranjeros, todos subsaharianos) que suaviza las diferencias de estatus. Cuántos nos dicen que antes de venir a Argelia, nunca habían tenido la experiencia de una relación cercana con el párroco, y mucho menos con su obispo. Esta relación de fraternidad se confirma con la implicación de algunos de ellos en la vida de nuestras comunidades parroquiales, hasta el punto de convertirse en elementos estructurantes. Cuando se van de Argelia, sufrimos al ver marchar a hermanos y hermanas, con los que nos hemos hecho amigos. Esta proximidad respetuosamente experimentada no es un obstáculo para el acompañamiento pastoral de estos jóvenes adultos, todo lo contrario, es una oportunidad para ellos, y para nosotros.

Con nuestros hermanos y hermanas migrantes .

Vivimos esa misma fraternidad con nuestros hermanos y hermanas migrantes, en particular visitándolos en la cárcel. Este tipo de relación nos impacta profundamente. Nos ayuda a pasar de una forma de fraternalismo a una verdadera relación fraterna. Esto requiere deshacerse de la superioridad de aquel que está en una posición de ayuda para entrar en una relación de mayor alteridad. Personalmente, alimentar un sentimiento de admiración hacia tal o cual me ayudó a dar este paso, y sobre todo a esa toma de conciencia fundante: él (ella) podría haber estado en mi lugar y yo en el suyo. Me parece haber percibido eso en la vida del Padre Thierry Becker. (Puntal de la diócesis durante largos años, fallecido en 2020) A medida que sus fuerzas lo abandonaban, parecía sentirse más cerca de sus hermanos migrantes, hasta el punto que una mañana, después de una mala noche en el hospital, me dijo que había rezado a un joven migrante al que había acompañado en su agonía y se sintió acompañado durante la espantosa noche pasada…

Con los habitantes de este país.

Vivimos esa fraternidad con los habitantes de este país. Es la singular vocación de nuestra Iglesia, desde la independencia de Argelia: vivir la fraternidad, como cristianos, como miembros de la Iglesia, con hombres y mujeres de religión musulmana. Esta fraternidad que pasa por encima de los prejuicios religiosos y las heridas de la historia no es evidente, y eso es lo que le da su valor. Nuestras instituciones, centros de actividades, de educación, nuestras bibliotecas, son plataformas de encuentro, según la expresión de Pierre Claverie; son medios al servicio de esta fraternidad en los que se percibe su finalidad, incluso más allá del propio servicio _aun siendo de calidad_ que prestan. Nuestras iniciativas tienen dos vertientes: un verdadero servicio prestado, y también son un signo de lo que se pretende.

Este vínculo fraterno con la sociedad argelina era obvio para nuestros mayores que años atrás eligieron Argelia por sí misma, debido a su historia personal (todavía reciente, años atrás). Ya no es lo mismo hoy, con la internacionalización de los miembros de nuestra Iglesia. Este hecho no debe llevarnos a relativizar la vocación particular de nuestra Iglesia, sino al contrario a valorarla. De hecho, no duraremos mucho tiempo en Argelia si no estamos firmemente ligados a ella, aun cuando no siempre sea posible poner en palabras, a esta fraternidad elegida, por este pueblo que no necesariamente hemos elegido.

La llegada, en los últimos veinte años, de estudiantes y personas en migración, puede haber aumentado los temores de una nueva pastoral centrada en la comunidad cristiana, en detrimento de la relación con el mundo argelino. No solo no ha sido así, sino que nuestros hermanos y hermanas estudiantes o migrantes son actores privilegiados construyendo fraternidad. Lo experimentan en sus lugares de vida, tanto en la universidad, como en los barrios, o en el trabajo, o en la cárcel. Es hermoso sentir que se forjan lazos, hasta el punto de que tal o cual se siente como de la familia en una familia argelina.

3.2 Una Iglesia ciudadana de Argelia y del mundo

Detrás de esta expresión está la voluntad de una Iglesia, que aquí consta como una institución extranjera, aunque su estatuto sea el de una asociación argelina, con derecho a ciudadanía, tácitamente reconocido por razón de su historia en la Argelia independiente. El único derecho que reclama es el de ejercer sus deberes como ciudadano en la sociedad argelina actual, con las reservas de quien se reconoce a sí mismo como huésped. Ya es mucho, y nunca se gana. Es un sufrimiento no poder hacer siempre el bien que uno quisiera hacer.

Hablar de una iglesia ciudadana no significa tomar posiciones o apoyar reivindicaciones políticas. Este deber de reserva de la Iglesia tiene que ver con la postura fraterna de quien acompaña con benevolencia y a la debida distancia, que tal vez ilumina, pero que nunca dicta ni promulga nada.. La Iglesia está en el mundo, pero no es del mundo. No se puede confundir con ningún partido político en ningún país del mundo, y menos en Argelia.

Al ayudar a las personas en materia de emigración, por ejemplo, no nos sumamos a las campañas llevadas a cabo por ONG o asociaciones argelinas con este fin, y que pueden hacerlo legítimamente.

 Favorecemos la discreta pastoral del buen samaritano. Actuando así, somos conscientes de que estamos participando en la vida de la sociedad, al proporcionar ayuda de emergencia y apoyo a las personas en gran vulnerabilidad.

Estas personas plantean, aquí como en otros lugares, cuestiones sociales que son a la vez muy amplias en términos de justicia social a nivel mundial, y muy concretas en términos de subsistencia diaria y de la mínima dignidad humana. Ambas cosas entran plenamente en el ámbito de la ciudadanía y la fraternidad.

Como ciudadana, la Iglesia quiso comportarse como tal de muchas maneras, a través de su compromiso con la educación y la salud, y luego, tras la nacionalización de estos dos sectores en 1975-76, a través de bibliotecas y otros centros de actividades. Podemos esperar legítimamente que a las decenas y decenas de miles de estudiantes que han frecuentado nuestras bibliotecas durante varias décadas, les haya marcado, además de los conocimientos universitarios adquiridos, la acogida, el servicio, el tipo de relación de los que han disfrutado durante su época de estudiantes.

La ausencia absoluta de cualquier objetivo proselitista, el profundo desinterés del que da sin esperar nada a cambio, quizás les han dado el gusto por un mundo que no necesita barreras culturales ni religiosas para construirse. Lo que decimos referente a los jóvenes académicos argelinos es también cierto para las mujeres, los niños, los ancianos, los enfermos, las personas con grandes dificultades humanas y materiales a las que podemos llegar. O, para todas las personas que han encontrado o han vuelto a encontrar el gozo de salir los viernes a descubrir la naturaleza, la belleza de su país, y a saborear la alegría de compartir momentos de convivencia y amistad. Esta pastoral de la mano extendida, con un fuerte sabor de Evangelio, forma parte de la construcción de un mundo más fraterno.

Entonces empezamos a soñar con un mundo donde cada tradición religiosa tendría en el corazón sacar lo mejor de sí misma, no para ganarse a los demás, sino para construir con los demás una sociedad plural y fraterna, respetuosa con las convicciones de cada uno.

  Compartimos este sueño con Khaled Ben Tounès, Hermano Mayor y fundador de la hermandad sufí al-Alawiyya. Él está en el origen del Día Internacional de la Convivencia en Paz (16 de mayo) apoyado por Argelia y votado por la Asamblea General de la ONU por unanimidad de sus miembros el 8 de diciembre de 2017. Queríamos que esta iniciativa diera nombre a la explanada del santuario de Nuestra Señora de Santa Cruz. y quiso la Providencia que así fuera y se inaugurara con motivo de la celebración de la beatificación, el 8 de diciembre de 2018, ¡ justo un año después de la votación de la ONU!

3.3 Una Iglesia que profesa su fe pero sin proselitismo

  Una iglesia que profesa su fe

Nuestra Iglesia no duda en confesar su fe en un ambiente que con la suya, constantemente nos desafía sobre la nuestra. Nuestra vida nos recuerda constantemente nuestro anclaje en Cristo, sin el cual perdería inmediatamente la mayor parte de su significado, y se hundiría rápidamente en el absurdo. Cristo es para cada uno de nosotros la respuesta definitiva a la pregunta del significado de nuestra presencia, esta pregunta ¿de por qué? Vivir nuestra fe en Argelia estimula nuestra propia fe que no permanece bajo el celemín.

Esto es cierto para nosotros, actores en la vida de esta Iglesia. Lo es también para muchos de los estudiantes extranjeros que están con nosotros y que reconocen que esta fe es la que recibieron en su infancia y descubren a la vez que son protagonistas en una Iglesia en la que, en sus países de origen, solo eran consumidores más o menos pasivos; algunos de ellos piden recibir los sacramentos del bautismo y la confirmación. Nos impresiona mucho y nos conmueve profundamente constatar la trayectoria humana y espiritual de muchos de ellos.

Esto es cierto también para algunos de nuestros hermanos y hermanas migrantes que encuentran en la oración y la atención fraterna la fuerza para hacer frente a la dureza y las dificultades de sus vidas y pruebas. Los capellanes de las cárceles son testigos privilegiados de los caminos impresionantes de la fe que, sin duda, no dejan indiferentes a sus compañeros de celda musulmanes. Cierto eso les ocurre también a algunos argelinos cuya misteriosa irrupción de Cristo en su vida cambia radicalmente su curso, hasta en los más pequeños detalles de la vida cotidiana. Acompañarlos en el proceso de su fe, desafía la tibieza y la tranquilidad en las que la nuestra siempre corre el riesgo de caer.

…pero sin proselitismo

Si nuestra Iglesia confiesa su fe, no está ,no obstante, haciendo proselitismo. La diferencia puede parecer leve, pero sin embargo es una diferencia de naturaleza y no sólo de grado. Esta diferencia se basa teológicamente y tiene poco que ver con la prohibición promulgada por la ley. (16) El Papa Francisco, de una manera tan vigorosa como sorprendente por parte de un Papa, pronuncia esta prohibición en la catedral de Rabat y nos pone en la pista de su profundo significado:

 «Y aquí me viene a la mente el consejo que San Francisco dio a sus hermanos, cuando les envió: ‘Id y predicad el evangelio: y si es necesario, también con las palabras’. Esto significa, queridos amigos, que nuestra misión como bautizados, como sacerdotes, como consagrados, no queda determinada particularmente por el número o espacio que ocupamos, sino por la capacidad que tenemos para producir y provocar cambio, el asombro y la compasión; por la forma como vivimos en tanto que discípulos de Jesús, en medio de aquellos cuya vida cotidiana, sus alegrías, sus tristezas, sus sufrimientos y esperanzas compartimos.

En otras palabras, los caminos de la misión no pasan por el proselitismo. ¡Por favor, no pasan por el proselitismo! Recordemos a Benedicto XVI: «La Iglesia no crece por el proselitismo, sino por la atracción, por el testimonio». No, no pasan por el proselitismo que siempre conduce a un callejón sin salida, sino por nuestra forma de estar con Jesús y con los demás. Así que el problema no está en ser pocos, sino en ser insignificante, convertirse en una sal que ya no tiene el sabor de Evangelio, ¡ese es el problema! – o una luz que ya no ilumina nada.»(17)

Vale la pena detenernos un poco en esta tentación de hacer proselitismo a la que el Papa Francisco nos pide que resistamos. Se parece mucho al mandamiento de dar testimonio del Cristo que nos hace vivir, de anunciar la Buena Nueva de la salvación a todas las naciones. Pero es un veneno en la construcción de la fraternidad. Imposible reconocerse como hermanos, y pretender tener la última palabra sobre la fe del otro hasta el punto de quererle desviar de ella.

(16)cf. Ordenanza Nº 06-03, de 28 de febrero de 2006

 (17)Saludo apostólico del Papa Francisco a Marruecos – Encuentro con sacerdotes, religiosos, consagrados y miembros del Consejo Mundial de Iglesias, Catedral de Rabat, domingo 31 de marzo de 2019

La tentación del proselitismo

La tentación de hacer proselitismo, por supuesto que se apoya en el mandamiento que encontramos en nuestras sagradas escrituras, o al menos en la lectura que podemos hacer de él. Pero nosotros, los cristianos, sin embargo, es importante que tengamos en cuenta que la dimensión interreligiosa del universo de los Evangelios, sólo conoce a Israel y a las naciones. Por lo tanto, el uso del evangelio como argumento de autoridad sólo puede hacerse a costa de una interpretación y de valorar un texto sin tener en cuenta otros. Es importante ser conscientes de ello.

También justifica el proselitismo, el hecho de tener una mirada negativa respecto a la tradición y las escrituras del otro, que fácilmente nos parecen desprovistas de razón a nosotros, que somos de otra religión. Es un hecho que sólo una lectura creyente es capaz de percibir la parte de verdad que transmiten. ¡Esta incomprensión, tan dolorosa como estúpida, de las escrituras y tradiciones del otro, generalmente forma parte de un proceso de defensa…que debemos evitar!

No temer a la verdad

Lo que nos molesta en la religión del otro es que exista, que tenga un lugar en la Revelación del plan único de Dios del que nuestra religión nos habla claramente.. Por lo tanto, debemos hacer frente al hecho de que tenemos un problema no solo con lo que obviamente sentimos que es falso, sino que también debemos afrontar la parte de verdad que hace vivir a hombres y mujeres creyentes en una fe, que se nos escapa. De forma sutil e inconscientemente, parte de la tentación de hacer proselitismo nos viene por la necesidad de atacar la verdad del otro, más que su «error». Esta no es la menor de sus paradojas. Ser conscientes de esto nos abre a una posible superación de la tentación de proselitismo. ¿Qué podemos temer de la verdad, incluso de la verdad que se nos escapa?

Dejemos espacio a un no-conocimiento de Dios

Esta superación fue perfectamente puesta en palabras por Pierre Claverie: «Soy creyente, creo que hay un Dios, pero no pretendo poseer a este Dios, ni por el Jesús que me lo revela, ni por los dogmas de mi fe. Nadie posee a Dios, nadie posee la verdad, y yo necesito la verdad del otro. »(18)

¿Pura locura o gran sabiduría en estas palabras en boca de un obispo cuya responsabilidad es proclamar el evangelio y defender su verdad? En cualquier caso, un antídoto formidable contra la tentación proselitista. Puedo creer con razón que mi tradición religiosa me revela a Dios de una manera segura, como se señala una dirección, pero ninguna religión puede pretender encerrar a Dios en una definición dogmática por muy exacta que sea .Necesariamente Dios sobrepasará todos los aspectos. Como cristiano, profeso mi fe en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, en quien se realiza el plan de Salvación para toda la humanidad. Pero no puedo tener la loca pretensión de tener la última palabra sobre este Cristo y su proyecto de Salvación, ya que excede infinitamente el conocimiento y la consciencia que humanamente puedo tener de él.

Estas palabras de Pierre Claverie tienen dos consecuencias esenciales:

La primera es atreverse a reconocer parte del desconocimiento de Dios.. Los fundamentalismos se alimentan de certezas sobre Dios; tienen en común la loca pretensión de poseer a Dios. Mientras no se reconozca la falta de conocimiento acerca de Dios, no hay un verdadero respeto por la libertad de conciencia del otro. ¡Sólo será reconocerle la libertad de estar en el error y de mantenerse en él!

La segunda consecuencia beneficiosa es que no tenemos que tener miedo de nuestras diferencias de credo, es decir, de la formulación de nuestros respectivos credos. En otras palabras, entre creyentes de diferentes religiones, la cuestión no es trata ante todo de la ortodoxia, de la creencia justa, sino de la ortopraxis, actuar de manera justa. Si nuestras diferencias en la fe se encuentran con un misterio insuperable que ninguna disputatio teológica superará, podemos por el contrario, cuestionarnos nosotros mismos muy concretamente sobre nuestro modo de actuar. Y ahí hay algo que hacer ya que nuestra actuación está condicionada por nuestra fe. Muéstrame cómo vives y veré en qué crees. Lo maravilloso es poder trabajar juntos, creyentes de diferentes religiones, en nombre de la fe que nos habita, para construir una sociedad más justa en la que todos sean respetados en su dignidad. Creyentes de diferentes religiones que juntos hacen el bien , hablan al más alto nivel de este Dios que nunca puede encerrarse en palabras.

(18) Pierre Claverie, Humanité Plurielle, Ed du Cerf, 2008, p 141

El Papa y el Imam

Esta es exactamente la postura del Papa Francisco y el Gran Imán de al-Azhar. Estos no son dos dignatarios religiosos que confrontan su verdad acerca de Dios en un diálogo interreligioso por fructífero y benévolo que sea, con la secreta esperanza de convencerse mutuamente por el bien del otro. Son dos hombres que se reconocen mutuamente como creyentes fiables, aun sin que pueda el uno reconocerse en el contenido dogmático de la fe del otro, y ambos miran con una mirada convergente al mundo que es el reino de Dios.

No pretenden convertirse el uno al otro, ¿son por eso infieles a su vocación personal y a la alta misión que se les ha confiado? ¿Están demostrando una falta de valentía cuando ambos saben que su enfoque no será comprendido y y será combatido, incluso en su entorno inmediato? ¿Es el Papa Francisco un pálido discípulo de Cristo, con el argumento de que su Santo Nombre apenas se menciona en la Declaración de Abu Dhabi, y tan poquito en la carta encíclica Fratelli tutti? ¿Es esta visión común del mundo, esta ortopraxis común, un primer paso antes de pasar a las cosas serias: la confrontación de nuestras ortodoxias, nuestras certezas sobre Dios? No lo creo.

Esta es una proeza de atletas de la fe, que provocan un cambio esencial en la dialéctica del diálogo y el anuncio. Este diálogo, más que un prerrequisito para un hipotético anuncio, es el comienzo de una fraternidad deseada que da un salto de confianza para juntos dar testimonio de un Dios mayor. Es por esto que ese documento sobre la fraternidad humana, no es un texto o iniciativa más, sino un cambio de paradigma bien en línea con nuestra vida y la misión de la Iglesia en Argelia.

Efecto espejo

          Vivir en casa de Otro (19) nos permite beneficiarnos del espejo que se nos ofrece, lo que el otro vive de hermoso o menos hermoso, para ver mejor nuestro propia hacer. . También nos permite negarnos a hacerle al otro lo que no nos gustaría que él nos hiciera.

A diario nos encontramos con personas que nos dicen que conocen nuestra religión y que saben por qué no es un verdadero camino hacia Dios. Sabemos también lo mucho que nos cuesta reconocer nuestra fe en la caricatura que llena de certezas a nuestro interlocutor. .Pero también, tengamos cuidado cada vez que sintamos la tentación de tener una visión negativa del Islam. Tal vez, también en el Islam, haya una parte de la verdad que escapa a los sabios y se revela a los más pequeños. Estos santos de la puerta de al lado de los que habla el Papa Francisco.

También todos hemos encontrado a personas que se sienten obligados a anunciar su fe musulmana y a intentar convertirnos, como para excusarse de su relación con nosotros y con frecuencia de estar a gusto con nosotros. Por el contrario, sintámonos libres, con la libertad de los hijos de Dios, de entablar amistad y tener un trato fraterno con los musulmanes sin culpabilizarnos por no intentar anunciarles explícitamente la Buena Noticia de Cristo resucitado. Sin duda Él hará su camino en los corazones, en el de ellos y en el nuestro, a través de una relación desinteresada. Ninguna relación fraterna o de amistad se da sin valorar al otro en todo su ser, empezando por su opción de fe.

  Sabemos muy bien lo difícil que nos resulta escuchar discursos auto-referenciales con el Corán y los “hadiths” como argumentos irrefutables de autoridad, que bloquean todo debate. De mis clases sobre Santo Tomás de Aquino, recuerdo cómo huía de todo esfuerzo por querer concordar los enfoques teológicos y filosóficos: no es porque una afirmación venga de Dios que es verdad, sino que es porque es cierta, que viene de Dios. Esta inversión, con personas de otra religión, evita recurrir al argumento de autoridad, pero da la libertad de entrar en relaciones y debates con ellas sin la barrera inmediata de la diferencia religiosa.

Esto es lo que hace el Papa Francisco con mucha frecuencia especialmente en las encíclicas Laudato Sí o Fratelli tutti. Al limitar el número de referencias al corpus dogmático y bíblico, revela su profundo significado y su riqueza a un mayor número de personas cristianas o no.

Así, sintámonos libres al confesar esta fe que nos hace vivir, y si es necesario también con palabras, a condición de ser conscientes y respetuosos con lo que no conocemos de la fe del otro, condición sine qua non para entrar en una verdadera relación de fraternidad. Después, el Espíritu sopla donde quiere…

(19) Bernard Janicot, “Vivir en la casa del otro”, Kartala 2010

3.4 Una Iglesia de cristianos y no cristianos

¡Lejos de mí querer hacer cristianos a mis amigos musulmanes, en contra de su voluntad! Pero también sabemos que no podemos vivir y dar nuestro testimonio sin nuestros colaboradores musulmanes argelinos. Son las personas que comparten con nosotros la responsabilidad de la animación de nuestros Centros, nuestras actividades e incluso nuestra vida eclesial. Son todos los formadores y formadoras, las mujeres que participan en las actividades de los talleres de artesanía y manualidades, los estudiantes que vienen a nuestras bibliotecas, los padres de los niños que se nos confían, los responsables de las asociaciones con las que trabajamos. Sin su confianza, no podemos vivir nuestro ideal de una Iglesia involucrada en el mundo. También son nuestros amigos, simplemente, o aquellos que toman la iniciativa de participar en nuestra oración en una ocasión particular, o en las celebraciones de Navidad, Pascua o Pentecostés. Unos y otros, de diferentes maneras, son conscientes de que hacen algo que los compromete. Quizás deben soportar miradas de desaprobación por parte de la gente que los ve, cuando entran por las puertas de nuestros centros, cuando nos confían a sus hijos para que hagan diversas actividades. Para ello, necesitan tener una buena dosis de confianza.

Si conociéramos el alcance de nuestro testimonio que engendra esa confianza que nos tienen ¿cuál es el perímetro de nuestra Iglesia? No se puede medir en términos territoriales sino de relación. Así como el Papa Francisco dice que la fraternidad es la nueva frontera de la humanidad, también podemos pensar que la fraternidad es la frontera de la Iglesia. Así que no tengamos miedo de tender la mano incansablemente, sabemos por experiencia que siempre hay quien la necesita. También a nosotros nos tienden la mano constantemente, y lo necesitamos. Entre las más simbólicas para mí es la invitación de los miembros de la Hermandad Sufí Alawiyya para que celebráramos juntos, sin confusión, la nochebuena y el nacimiento del Profeta, la noche del 24 de diciembre de 2015 en la Catedral de Orán.

Musulmanes y cristianos al servicio de la misma esperanza es una fuerte experiencia espiritual que se nos regala aquí a diario, y es importante que nunca se trivialice, sino que nos maravillemos ante esto constantemente. En cada uno de estos encuentros por más simples que sean se vive algo de la reunión del Papa Francisco y el Gran Iman de al-Azhar y da vida a la esperanza común existente.

 La celebración de las beatificaciones y la reunión de Abu Dhabi dieron lugar en la diócesis, particularmente en Orán, Máscara, y Sidi Bel Abbès, a la creación de pequeños grupos interreligiosos que se reúnen y dialogan. Se ha hecho una recopilación de textos de Pierre Claverie especialmente apropiados para este tipo de encuentros. Nosotros, cristianos y musulmanes, debemos acoger y multiplicar estas iniciativas de encuentros y fraternidad por todos los medios.

En la diócesis, tenemos la oportunidad de ser testigos privilegiados de la hermosa aventura islámico-cristiana del Movimiento Focolare presente hace cuarenta años en Tlemcen. Cristianos y musulmanes, de diferentes estatus y edades, solteros consagrados o casados, viven una verdadera comunión al servicio del mismo carisma de unidad. A unos y a otros los transforma. Ahí tampoco, no hay confrontación teológica sino la primacía del respeto y el hecho de tomar en serio la fe del otro, y miran a la vez a un mundo que hay que construir, como a un solo Dios presente en lo más íntimo de la vida de cada uno.

Todos tenemos experiencia de la alegría que da el hacer el bien. Sabemos que cuando podemos hacerlo juntos, es aún mejor. Pero hacer el bien juntos, cristianos y musulmanes, nos lleva a otra dimensión. Jesús dice en el Evangelio que cuando dos o tres están reunidos en Su nombre, Él está en medio de ellos. Siento de manera especial esta presencia divina cuando estoy comprometido en un proyecto, en nombre de mi fe, junto con los musulmanes. No llamamos a esta presencia el mismo nombre, pero vivimos la misma experiencia espiritual de un Dios presente en medio de nosotros.. ¡Y… Dios mío! ¡Qué bueno es eso!

IV Fraternidad en Acción: el proyecto Construyendo Fraternidad.

La fraternidad es inconcebible sin la solidaridad con nuestros hermanos y hermanas en humanidad. Ella impone una caridad (caritas) en acción. Es un rasgo característico de la historia de la Iglesia en general, y en Argelia en particular. La nacionalización de los sectores de salud y educación en los años 1975-76 ha fomentado hasta hoy la creatividad y el surgimiento de múltiples iniciativas. Esta diversidad es la gran riqueza de nuestra diócesis.

(Omitimos en la versión española la descripción de los diversos proyectos desarrollados y ejecutados).

  Conclusión

Al concluir esta carta, mido la oportunidad que tenemos de comprometer nuestras vidas en seguimiento de Cristo en este país. Con mis pobres palabras, se escucha la riqueza de cada uno de nuestras encuentros.

 La singularidad de nuestra vida eclesiástica en el mundo musulmán nos obliga a repensar constantemente el significado de nuestra presencia y esto es un gran estímulo para la reflexión teológica. Al ver al Papa Francisco embarcarse cada vez más en el camino de la fraternidad, me pareció que había en sus gestos llamando a construir fraternidad materia para ampliar y renovar el significado de nuestros encuentros21. Este es el objetivo de la presente Carta.

¿Qué hacemos cuando visitamos a una familia amable, visitamos a presos o enfermos, ayudamos a una persona en situación precaria, organizamos salidas y fiestas, animamos la vida de nuestras bibliotecas, nuestros talleres artesanos o nuestras parroquias? Con cada persona que conocemos, construimos fraternidad. La construcción de la fraternidad no es del orden de «hacer» sino de una fraternidad que se desvela que ya está ahí, esperando a ser revelada, nombrada. Y tan pronto como llega a la consciencia, la fraternidad llama a la fraternidad y se construye.

He optado por citar extensamente al Papa Francisco para que podamos releer juntos esta peregrinación de fraternidad a la que nos llama. Sería simplista verlo como un exceso de magisterio papal. Es cierto que para mí que lo que el Papa Francisco dice sobre la fraternidad es «palabra evangélica», no porque sea un Sumo Pontífice quien lo diga, sino porque encuentro en el compromiso del hombre y su audacia, el gusto, la libertad y el poder subversivo del Evangelio. Encuentro en ella el ideal por el que sentí la llamada a comprometer mi vida siguiendo a Cristo.

Por mi parte, no quiero vivir otra cosa que trabajar para construir esta fraternidad a la escala del proyecto de Dios para toda la humanidad. Es mi felicidad poder hacerlo aquí en comunión con personas de diferente religión, cultura y fe. Nuestra misión común es la base de la construcción de esta fraternidad infinitamente respetuosa del misterio del otro hasta el santuario inviolable de su fe, identificable o no con los dogmas de una religión. Todo lo demás se da por añadidura.

  «Que la Virgen María, nos apoye con su oración, para que la fraternidad, y la comunión que vivimos en estos días de Pascua, se convierta en nuestra forma de vida y sea el alma de nuestras relaciones». 22

21cf. documento CERNA 1979

22 Papa Francisco, Regina Coeli, 2 de abril de 2018

Traducido del francés por la hermana dominica María José Postigo y el hermano del Evangelio André Berger

Fraternidad Emaus – La adoración

DIOS HABLA EN LA SOLEDAD DEL SILENCIO

Dios está allí como lo estás tú, como lo están el cielo y la tierra. Puedes comenzar a hablarle de Inmediato. Así es su presencia. Sus palabras se confunden con los elementos que hay en el  paisaje. Su mensaje se halla dentro de las cosas. Su pensamiento está escrito en la realidad que nos envuelve. Dios se presenta así. Acéptalo. Basta una línea horizontal con el suelo  abajo tus pies, y tú, sentado en lo alto para mirar, y mirar, y mirar. No digas nada. Contempla. No te dejes arrastrar por la curiosidad de tu corazón. ¿No sientes que tu corazón, enfermo de ‘curiosidad’, quiere ya hacer preguntas en vez de contemplar? ¿Qué quiere rebelarse en vez de entrar en éxtasis?

Aún no ha tenido tiempo tu mirada para recorrer el horizonte abierto, cuando ya está pidiendo el corazón, desde las oscuridades tenebrosas de una duda, alguna señal de la presencia invisible; y grita: ‘Dame un signo distinto del que me has dado’. Dame una nueva señal para que sepa que estas aquí, en mí”. ¿Por qué eres así, corazón mío? ¿No te bastan los signos de la naturaleza? No, yo no te pediré otra señal, me bastan las cosas que veo.

No se pide a la propia madre una tarjeta de visita cuando  sales del útero… ¿Qué necesidad tiene mi madre de explicarme que existía antes que yo? Contempla lo que ves. Dios se presenta así. Basta una línea del horizonte, con un pedazo de cielo por arriba y una hormiga por abajo.

Lo invisible no está en el cielo ni en la tierra. Lo invisible es la trascendencia misma, el más allá de las cosas, lo que desborda la visión entera de la creación. Vuelve atrás, muy atrás en el tiempo e imagínate en el seno de tu madre. Encerrado en su útero, tú puedes tocar a tu madre con las manos, con los pies, con todo tu cuerpo. La percibes, la sientes, la tocas, pero no la ves. No ha llegado el momento. ¿Puedes acaso dudar de ella, de su presencia, de su realidad? Y sin embargo, no la ves. El vientre de tu madre constituye tu Génesis, y en el  Génesis hay muchas cosas que es necesario aceptar sin comprenderlas.

La llamada de Dios es algo misterioso, porque viene de la oscuridad de la fe. Además tiene una voz tan débil y discreta, que se necesita todo el silencio interior para percibirla. Y, sin embargo, no hay nada tan decisivo y perturbador para un hombre sobre la tierra, nada más seguro ni más fuerte, contemplación no significa tanto mirar a Dios, como ser mirado por Él.  No pienses en otra cosa Dios está frente a ti. Dios viene a tu encuentro.

Contemplar no significa mirar, sino ser mirado y Dios está ahí y te mira. “No basta lamentarse y decir: ‘¿Dónde encuentro tiempo para orar?’… No te preguntes si tienes tiempo de orar cuando te hayas muy ocupado, pregúntate más bien si tienes tiempo de amar. ”Estar en la mirada de Dios es dejarse mirar, no te preocupes si no sientes nada, déjate mirar sin más. Diría que es un dialogo de miradas tan profundas y silenciosas que envuelven la armonía del alma en un bello cantar espiritual que solo el alma y su espíritu pueden comprender.

Incluso cuando vuelvas a tus ocupaciones nunca dejarás de estar unido a Él, ¿Por ventura el enamorado olvida a su amada por causa de sus ocupaciones? ¡Verdad que no!  Cuando es el amor quien te invade no dejas de pensar todo el día en tu amor, incluso entando ocupado en mil formas de trabajos. ¿Pero porque el sonido del amor es el silencio? El amor, el verdadero, no habla. No reclama nada, no se traiciona a sí mismo, no grita te quiero en cualquier esquina. Suena extraordinariamente bien entre el silencio, es libre y es franco. El alma no habla, pero va del brazo de la eternidad al altar y de este al corazón de Dios.

Vivir es todo un arte complejo cuyas claves vamos desvelando a partir de nuestra propia experiencia en el día a día. Gracias a que hemos metido la pata en tantas ocasiones, somos un poco más sabios. El silencio y la palabra se intercalan en la comunicación humana marcando un código que no siempre es fácil de desvelar. Existen grandes amores que quedan ahogados en el vacío de un silencio eterno. Grandes sentimientos que quedan perdidos en el anonimato del corazón. El silencio es un gran amigo pero al igual que las palabras, tenemos que aprender a utilizarlo para sentirnos cómodos con él. El amor habla aunque se esté en silencio. «La rosa habla del amor en silencio, en un lenguaje conocido solo por el corazón»

El Silencio sagrado y divino es la música del alma, es la presencia amorosa del Espíritu de Dios, que nos transforma por dentro y por fuera, haciendo que nuestra vida sea transparencia amorosa de Dios. El Silencio es la música del alma. Escúchalo…Así, es posible que un día escuchemos, más allá de los sonidos y silencios, el mismo Silencio, sagrado y divino, que es la música del alma.

 “Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra” Col 3, 1-3

El fruto de la contemplación es llegar al Manantial del Encuentro, dar nuestra voluntad del todo, para que Él haga la suya en todo.  En el libro del “Peregrino Ruso” se nos dice que si en cada respiración se repiten las palabras: “Señor Jesús, ten misericordia de mí”, el corazón se serena y la persona alcanza el estado de unión con Dios. Esta invocación del nombre de Jesús repetida al respirar, unifica a la persona y la envuelve en su fuerza salvadora: «Señor… Jesús… ten misericordia de mí. Dios tiene su casa en la vida,  Dios no está en las nubes, está en la espesura de la vida. La humanidad tiene como misterio a Dios. La interioridad del ser humano es morada, o templo del Espíritu. Dios tiene sus delicias ahí, en estar con nosotros. Por esta misma razón el Espíritu mueve al alma para ese encuentro de Amor.  Por esto alma mía, no te asuste el silencio de Dios, solo espera que ese silencio sea sonoro. ¡Qué maravilloso es Dios! Te escucha en silencio, te observa sin criticar, valora tus sentimientos y te ama sin preguntar.

Yo creo en Dios como el ciego cree en el Sol, no porque lo ve, sino porque lo siente.

Rafael Verger

» La casita de un pobre obrero» – Carlos Carretto

¿Qué implica elegir la pobreza evangélica?

«La pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros.» J. Ratzinger

Jesús invitó a sus discípulos a seguirlo «sin mirar atrás». Ellos no llevarían no morral ni sandalias ni dinero. Tampoco recibirían un salario por las cosas que hicieran. En suma, Jesús invitó a vivir la pobreza evangélica, pues anuncia el Evangelio, que es Buena Noticia, como un modo de vida que pretende estar cerca de Dios.

¿Qué implica ser un seguidor de la pobreza evangélica de Jesús? En diversos pasajes, Jesús habla sobre las características que deben tener los que se deciden a anunciar el Evangelio y vivir como hijos del Padre. De este modo dice: «Quien toma el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios» (Lc 9, 62).Y en otro lugar dice: «Deja que los muertos entierren a sus muertos» (Lc 9, 60) Y también leemos: «Sin pan, no alforja, ni dinero en la faja». (Mc 6,8) En suma, Jesús llama a la pobreza, pues dejar los bienes materiales por un bien superior a ellos implica un tipo de pobreza: la evangélica.

Joseph Ratzinger, posteriormente Papa Benedicto XVI, habla brevemente de las 4 características que debe tener el seguidor de la pobreza evangélica. En la declaración Libertatis Conscientia, escrita para esclarecer algunos temas sobre la teología de la liberación en 1986, el entonces Cardenal Ratzinger propuso cuatro características de la pobreza que Jesús alaba: «La pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros.» (Libertatis Conscientia No. 66)

Notemos que la pobreza evangélica no es la misma que la pobreza originada por condiciones o sistemas económicos injustos. La pobreza evangélica es elegida voluntariamente como una manera óptima de ser discípulo de Cristo. Esto no significa que el deseo razonable de los bienes materiales sea malo, sino que se subordina a la vida que va hacia Dios.

El desprendimiento

La primera característica propia de los que siguen la pobreza evangélica es el desprendimiento. Desprenderse significa no estar aferrado a los bienes materiales o vivir para ellos, sino tenerlos como medios para un bien mayor. También se puede entender como la capacidad para ser libres de la esclavitud que pueden ejercer sobre nosotros los bienes materiales si los consideramos como fines en sí mismos en vez de medios para un fin mejor.

Una de las mejores maneras de ejercer el desprendimiento es a través de la limosna. Desgraciadamente se entiende por limosna la entrega de un bien  que nos sobra para un necesitado. Es insuficiente entender la limosna de tal manera porque si damos lo que nos sobra no somos desprendidos, pues lo superficial que demos no es una parte de nosotros y no se «desprende» de nosotros en sentido pleno. El desprendimiento implica dar limosna de lo que necesitamos, o sea, compartir plenamente un bien es hacer participar al necesitado de lo que nosotros tenemos. Esto lo hacemos a imitación de Cristo y no para gozo de nuestra propia virtud, sino por el verdadero deseo del bien del prójimo.

Confianza en Dios

La pobreza evangélica se apoya en la confianza en Dios como valedor y garante de nuestro bien. Cristo mismo ha dicho cómo hay que disponerse a seguir el camino del Evangelio: « Les ordenó que tomasen para el camino, un bastón y nada más pero ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. » (Mc 6, 8)

El cristiano que sigue la pobreza evangélica se apoya en Dios, pues sabe que está en sus manos y que su Providencia guiará sus pasos hacia su plenificación. Una manifestación de esta confianza es la alegría que provoca servir a Dios y a la difusión de su Evangelio.

Por otra parte, la confianza en Dios no anula los méritos del trabajo propio y de la capacidad para trabajar por el bienestar aceptable propio. Por ejemplo, se puede trabajar para comer, vivir y vestir dignamente sin hacer falta a la pobreza evangélica.

Sobriedad

Podemos hablar de la sobriedad en el sentido de la coherencia de los ideales de la pobreza evangélica con la vida práctica. Quien hace una acción diferente a su modo de concebir la acción no es coherente, y no es sobrio, pues la sobriedad tiene un sentido público de exclusión de hipocresía y de tranquilidad.

Sobriedad también es recato: en el vestir, comer, divertirse, expresarse, etc. No hay coherencia en nuestras acciones y pensamientos si, por una parte, nos decimos ser seguidores del Evangelio que reclama una pobreza adecuada a Él para la persecución de Dios, y si al mismo tiempo no estamos dispuestos a considerar los bienes materiales como medios para la obtención de un bien mayor.

Disposición a compartir con otros

El seguidor de Cristo es otro Cristo. Está llamado a imitarlo para ser óptimo como él fue óptimo. Cristo hizo partícipes a los hombres de muchos bienes: su salvación, su cuerpo, su sangre, curaciones, alimentos, etc. Como Cristo, los cristianos están llamados a compartir los bienes que han recibido.

Un cristiano que no sepa compartir no ha logrado un acercamiento completo al Evangelio pues no actúa como Cristo actuó cuando participó a los hombres de su salvación. Además, el compartir los bienes es símbolo de que los reconocemos como un medio para llegar a la felicidad y a Dios. Quien tiene presente que no hay mayor y mejor bien que Dios también podrá disponer de sus bienes materiales en orden a los espirituales y divinos. Y si, con caridad, se desprende de lo material para que otros puedan disfrutarlos hace un doble bien, pues se hace semejante a Cristo y busca el bien de los otros.

Fuente: https://encuentra.com/imitacion_de_cristo/que-implica-elegir-la-pobreza-evangelica/

Adoración y Evangelización

De Mgr. Dominique Rey, Obispo de Toulon, Francia, en Adoración y Evangelización

Hay unos 70 institutos y congregaciones dedicadas a la Eucaristía en el mundo. Sus fundadores son quienes han comprendido el vínculo substancial que hay entre la Eucaristía y la renovación de la vida cristiana. Entre ellos Julien Eymard, Theodolinde Dubouche al comienzo del 1800 fundadora del instituto de la adoración reparadora, santa Julienne du Mont Cornillon, del 1900, luego de una revelación privada le pide al Papa la celebración anual de la fiesta del Santísimo Sacramento, Marie Marthe Emilie Tamisier entre el 1800 y el 1900 que recibió en Paray-le-Monial la inspiración de crear congresos eucarísticos universales y de reencender la llama de la eucaristía para hacer arder al mundo de caridad, santa Teresita, santa Faustina Kowalska, Charles de Foucauld que hará de Jesús Hostia el corazón de su misión.

La primera persona que se encuentra en la misión es el mismo misionero. “Todo misionero no es auténticamente misionero sino emprende el camino de la santidad” (Redemptoris Missio n. 90)

Adoración y Evangelización

La Eucaristía nos sana de la indiferencia y de replegarnos sobre nosotros mismos.

«La Eucaristía sola puede revelar al hombre la plenitud del amor infinito de Dios y responde así a su deseo de amor. Sólo la Eucaristía puede guiar sus aspiraciones a la libertad mostrando la nueva dimensión de la existencia humana.» (JP II en Congreso Eucarístico de Wroclaw 1997)

En la Eucaristía Dios Todopoderoso se hace tan pequeño, tan pobre bajo la apariencia del pan. La singularidad de la adoración eucarística con respecto a todas las otras formas de oración y de devoción, es que por la presencia sacramental de Jesús-Hostia, Dios toma la iniciativa de encontrarse con nosotros. Cristo me precede en la respuesta que el Padre espera. “La Eucaristía significa: Dios ha respondido. La Eucaristía es Dios como respuesta, como presencia que responde” (J. Ratzinger – Dios está cerca- Palabras y silencio 2003)

Adoración, la palabra proviene de un vocablo latino cuya etimología está en “ios” (la boca). Comprende una postración que apunta al objeto de veneración y lo besa. Significa inclinarse profundamente en señal de extremo respeto. No faltan ejemplos evangélicos al respecto: la hemorroisa que se echa por tierra para tocar el borde del manto de Jesús (Lc 8,44); María Magdalena que se arroja a los pies de Jesús y los abraza. Esta actitud de adoración es bien natural al hombre cuando se encuentra ante algo o alguien que lo sobrepasa. La adoración debe expresarse con todo nuestro ser y entonces igualmente comprometer nuestro cuerpo. El hombre ha sido creado para adorar, para inclinarse profundamente ante Aquel que nos hizo y que nos sobrepasa.

Todas las posibilidades espirituales de nuestro cuerpo forman necesariamente parte de nuestra manera de celebrar la eucaristía y de rezar. La escucha atenta de la Palabra de Dios requiere la posición de sentado o el movimiento de la Resurrección reclama la posición de parados. La grandeza de Dios y de su Nombre se expresan de rodillas. Jesucristo mismo rezaba arrodillado durante las últimas horas de su Pasión en el Huerto de los Olivos (Lc 22,41). Esteban cae de rodillas antes de su martirio, al ver los cielos abiertos y el Cristo de pie (Hch 7,60). Pedro ruega arrodillado pidiendo a Dios la resurrección de Tabita (Hch 9,40). Luego de su discurso de despedida ante los ancianos de Éfeso, Pablo reza con ellos de rodillas (Hch 20,36). El himno de Flp 2, 6-11 aplica a Jesús la promesa de Isaías anunciando que toda rodilla se dobla ante el Dios de Israel, ante el nombre de Jesús…

Nuestro cuerpo manifiesta visiblemente aquello que nuestro corazón cree. La filósofa Simone Veil, de origen judío y no creyente, descubre a Cristo en Asís en 1936 y escribe: “Algo más fuerte que yo me obligó, por primera vez en mi vida, a ponerme de rodillas”.

El testimonio de los santos es elocuente: Santo Domingo se prosternaba sin cesar, boca abajo y todo a lo largo cuan era, en presencia del Santísimo Sacramento.

La actitud exterior traduce la devoción interior.

Decía san Pierre-Julien Eymard que el primer movimiento de la adoración consiste justamente en prosternarse a tierra, la frente inclinada. Es una actitud que nos permite proclamar sin palabras la majestad infinita de Dios que se oculta tras el velo de la Eucaristía.

La adoración eucarística es una prueba de fidelidad, de constancia y de perseverancia.

La adoración eucarística es una evangelización del tiempo. Se trata de vivir el instante presente del encuentro eterno con Dios por la presencia real del cuerpo eucarístico de Jesucristo. Como María, la discípula bienamada, María Magdalena y las santas mujeres presentes en el Calvario en el momento del sacrificio de la tarde, el adorador acoge el don inestimable que le ha sido hecho. Hay que rechazar la impaciencia para centrarse en Cristo. Se trata de contemplar la permanencia del Amor, de su fidelidad que clama la nuestra.

En Dies Domini, el Papa JP II, invitaba a los fieles a imitar el ejemplo de los discípulos de Emaús, quienes luego de haber reconocido a Cristo resucitado al partir el pan (Lc 24, 30-32) sienten la exigencia de ir rápidamente a compartir la alegría del encuentro con Él, con todos los hermanos.

El apóstol Pablo pone en relación estrecha el banquete y el anuncio: “Cada vez que comáis de ese pan y que bebáis de esa copa, proclamad la muerte del Señor hasta que venga” (1 Cor 11,26)

Evangelización no es sólo un anuncio de Cristo sino también un proceso de incorporación a la Iglesia. De donde el vínculo sacramental entre evangelización y eucaristía.

Para evangelizar el mundo se necesita apóstoles “expertos” en celebración, en adoración y en contemplación de la Eucaristía. JP II (Mensaje para la Jornada mundial de los Misiones 2004).

Santa Teresita decía: “¡Qué amor incomprensible el de Jesús, que quiere que tengamos parte con Él en la salvación de las almas! No quiere hacer nada sin nosotros. El creador del universo espera la oración de una pobre pequeña alma para salvar otras almas, rescatadas como ella al precio de toda su sangre”.

Y agregaba: «Nuestra misión es aún más sublime. He aquí las palabras de nuestro Jesús: “Elevad los ojos y ved. Ved cómo en mi Cielo hay lugares vacíos, es a vosotras que os toca llenarlos, vosotras sois mis Moisés orando sobre la montaña”.

«Esperanza en un mundo vulnerable» – Boletín Iesus Caritas (Familia espiritual Carlos de Foucauld) – Octubre-Diciembre 2021

SIEMPRE, AUNQUE SEA EN LONTANANZA,
HAY LUCES DE
ESPERANZA

La pandemia inesperada está siendo para la humanidad,
especialmente del mundo de la abundancia, una gran prueba al
poner límite a la autosuficiencia del ser humano. La alta
tecnología y el estado de bienestar han sido humillados por un
insignificante y mortal virus que solo parece vencido con el
distanciamiento social y, en consecuencia, con la desaparición de
fiestas y aglomeraciones. Algunos, con innegable buena
voluntad, pensaban que “saldríamos de ésta fortalecidos”.
Cuando escribo estas líneas, septiembre de 2021, parece que hay
cierta esperanza en volver poco a poco a la normalidad, pero ahí
quedan las huellas de una lucha. En general, me remito a los
datos a los estudios sociológicos divulgados estos últimos días
donde se habla de una apostasía silenciosa en la Iglesia española.
El título y el contenido de este BOLETÍN fue concebido y diseñado
en los momentos más virulentos de la pandemia. Su título sigue
siendo de una actualidad grande porque intentamos
humildemente sembrar esperanza en este mundo que se nos ha
revelado tan vulnerable donde necesariamente está naciendo un
mundo nuevo como leemos en la imagen simbólica de san Pablo:
«La creación entera gime dolores de parto» (Rom 8,22).
Ante la situación global que padecemos, prendemos la
humilde lámpara de la esperanza. Todos necesitamos esperar
algo. Ahora bien, las cosas pueden ofrecernos satisfacciones, pero
no nos aportan la felicidad. Así pues, no nos basta con esperar
algo. Necesitamos esperar a alguien. Lo sabemos por experiencia
todos cuando aguardamos la aparición de la persona en la que
deseamos depositar nuestro amor. Y lo saben los esposos que
esperan la llegada de sus hijos. Vivir “en estado de esperanza” es
la imagen de toda la existencia humana. Esperar a alguien exige
estar muy atentos a los signos que pueden anunciarnos su
llegada. No dejar pasar el momento. Y hacer de él un verdadero

encuentro que nos saque de nosotros mismos. Además de esperar
a alguien, necesitamos esperar en alguien. Poner en otra persona
nuestra confianza. Descansar en ella. Eso es lo que acerca la
esperanza a la fe humana y al amor interpersonal. Claro que el
esperar en otro puede a veces defraudarnos. A fin de cuentas,
deseamos poder esperar en Otro, mayor que nosotros. Queremos
que nos acoja con alegría y generosidad, que nos ame hasta
perdonarnos y que nos ayude a comenzar el camino cada día,
como si fuera el primero de nuestra vida. En realidad, de esa
forma solo podemos esperar en Dios.
Y, finalmente, necesitamos que alguien espere algo bueno
de nosotros. Y que espere en nosotros. Necesitamos sentirnos
necesitados. Todos agradecemos que los demás confíen en
nosotros y se fíen de nosotros. Queremos que estén seguros de
que podemos hacer algo significativo en nuestra vida y para la
vida de los demás. Pues bien, una esperanza tan firme y tan
inmotivada, tan amante y tan fiel, sólo Dios nos la puede
demostrar.
En este Boletín que anuncia el invierno divisamos en
lontananza las luces de esperanza como invitación de mirar a
Jesús y volver al Evangelio. El camino de la esperanza se rotula
acompañando a los débiles (A. Rodríguez Carmona) y frágiles de
los que Dios protector y materno, como un ave que recoge a sus
polluelos y bajo cuyas alas se encuentra refugio (Rut 2,12) (D.
Aleixandre), en misión y en camino hacia los más débiles (B.
García Traba). Un glosario espléndido de testimonios arropa la
reflexión sobre la esperanza cristiana y la lección de vida de
Mons. López Romero. El Manifiesto de la Esperanza, las letanías
de la esperanza y varios poemas escogidos llenan nuestro
apartado para la reflexión y oración.
Nuestra gratitud a Natalia Fernández por sus dibujos y a
Demetrio González Cordero por su reflexión sencilla y profunda
sobre esta virtud teologal en ediciones Paulinas (2000).
MANUEL POZO OLLER
Director

SUMARIO

FRANCISCO DE ASÍS Y CARLOS DE FOUCAULD

C. de Foucauld y el Espíritu de Asís, Raíz de Europa (Agustín Ortega)

Como se ha dicho, hay claras semejanzas entre Foucauld y Francisco de Asís, que recoge lo más valioso de la fe, de la santidad y tradición de la iglesia. Efectivamente, ambos europeos, la primera etapa de su existencia llevaron una vida más superficial y egolátrica, centradas en sus ambiciones e intereses individuales. Tras lo cual, experimentaron un proceso de conversión a Jesús en una espiritualidad de encarnación en la pobreza fraterna y solidaria con los pobres de la tierra; frente a los ídolos del poder y de la riqueza-ser rico. Como manifestaba Foucauld, “no sé si habrá alguien que pueda contemplarte en el pesebre y seguir siendo rico: yo no puedo”.

Una vida de fe mística en comunión con Dios en Cristo, con la iglesia y con los otros, con los pobres, excluidos y últimos de este mundo. Esta espiritualidad de encarnación, desde el último lugar en la pobreza solidaria y liberadora, como se revela en Jesús de Nazaret, asume la realidad y el mundo. Con sus alegrías e injusticias, sus gozos, trabajos, sufrimientos u opresiones. En el espesor u hondura de la realidad e historia, se realiza una vida espiritual profunda y madura que integra e inter-relaciona: la fe y la misión, la mística y el servicio, la contemplación y la lucha por la justicia; la oración y el compromiso liberador con los pobres, la celebración de la liturgia con sus sacramentos, como la eucaristía, y una vida honrada. Con una moral que promueve el desarrollo humano e integral.

Ante las autoridades y poderosos de la tierra, Foucauld denuncia constantemente la injusticia, tal como es la esclavitud. Como él mismo afirma, «hace falta querer la justicia y odiar la iniquidad, y cuando se comete una gran injusticia contra alguien, tenemos responsabilidad, hace falta decirlo…No tenemos derecho a ser centinelas dormidos o perros mudos o pastores indiferentes”. En Foucauld, como en Francisco de Asís, no hay dualismos espiritualistas o esquizofrenias entre la mística y la vida, la fe y la cultura o razón, la oración y la militancia por la justicia frente al mal e injusticia. El proceso de conversión en el seguimiento de Jesús, con una vida espiritual madura e intensa, se va realizando en la misión del Evangelio que se hace servicio de la fe, de la solidaridad y de la justicia con los pobres. Con un diálogo profundo con los otros, con las otras culturas, naciones o etnias y religiones que acoge todo lo bueno, bello y verdadero de esta alteridad. Y que, al mismo tiempo, va promoviendo la liberación integral de todo mal, pecado e injusticia.

La vida de humildad, entrega y pobreza encarnada en la solidaridad fraterna con los pobres, lleva a Foucauld a este diálogo de la fe con la cultura empleando las mediaciones de la razón e inteligencia. Frente a todo fundamentalismo y sectarismo, fanatismo e integrismo, es una espiritualidad y ética efectiva e inteligente que promueve la cultura, el estudio e investigación. En un conocimiento, compresión y transformación de la realidad, que es imprescindible en la misión evangelizadora. Es la misión de la inteligencia de la fe que transmite el Evangelio de la no violencia, de la paz y de la justicia con los pobres. Para testimoniar así el bien, la bondad y la misericordia, la verdad y la belleza del Dios que se revela en Jesús de Nazaret.

Todo un testimonio de inculturación de la fe que encarna el Evangelio en la realidad. Una mística de los ojos abiertos, asumiendo toda la realidad de los otros, la realidad social e histórica, para promover la salvación liberadora e integral de todo lo que deshumaniza u oprime. Como se observa, esta mística y espiritualidad que expresa todo este humanismo solidario e integral, es y debe ser la raíz de Europa. Frente a la Europa de los mercaderes, del capital y del mercado convertidos en falsos dioses con sus ídolos del poder y de la riqueza-ser rico. La Europa de las armas, guerras y violencias, de la destrucción cultural, social y ecológica, con sus vallas y fronteras excluyentes, que no respeta la vida, dignidad y derechos de las personas.

Por tanto, Carlos de Focauld en el espíritu de Asís, que es la más auténtica raíz de Europa como son sus santos, nos ofrecen toda una alternativa espiritual, cultural, moral y social. Desde la fraternidad y moral universal (católica) de la fe, que se hace pobreza solidaria en la paz y justicia con los pobres de la tierra. Con la acogida y cuidado de los otros, de los pueblos, culturas y de esa casa común como es el planeta (la naturaleza y hábitat ecológico). En un dialogo (encuentro) inter-religioso e inter-cultural que lleva al desarrollo y ecología integral, espiritual, humana, social y ambiental. Una espiritualidad y trascendencia de la existencia, hacia los otros y los pobres, hacia el cosmos y Dios que, en Cristo, es comunión con todo el universo.

La Iglesia y el desarrollo – La labor de los misioneros

La labor de los misioneros – Populorum Progressio nº 12 (Pablo VI)

12. Fiel a las enseñanzas y al ejemplo de su divino Fundador, que dio como señal de su misión el anuncio de la Buena Nueva a los pobres (cf. Lc 7, 22), la Iglesia nunca ha dejado de promover la elevación humana de los pueblos, a los cuales llevaba la fe en Jesucristo. Al mismo tiempo que iglesias, sus misioneros han construido hospicios y hospitales, escuelas y universidades. Enseñando a los indígenas el modo de sacar mayor provecho de los recursos naturales, los han protegido frecuentemente contra la codicia de los extranjeros. Sin duda ninguna, su labor, por lo mismo que era humana, no fue perfecta, y algunos pudieron mezclar algunas veces no pocos modos de pensar y de vivir de su país de origen con el anuncio del auténtico mensaje evangélico. Pero supieron también cultivar y promover las instituciones locales. En muchas regiones, supieron colocarse entre los precursores del progreso material no menos que de la elevación cultural. Basta recordar el ejemplo del P. Carlos de Foucauld, a quien se juzgó digno de ser llamado, por su caridad, el «Hermano universal», y que compiló un precioso diccionario de la lengua tuareg. Hemos de rendir homenaje a estos precursores muy frecuentemente ignorados, impelidos por la caridad de Cristo, lo mismo que a sus émulos y sucesores, que siguen dedicándose, todavía hoy, al servicio generoso y desinteresado de aquellos que evangelizan.

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