La lucha de Carlos de Foucauld contra la esclavitud en el macizo de Ahaggar

Después de la ocupación francesa de Argelia en 1830 y de la revolución de 1848, el gobierno provisional de la Segunda República Francesa suprimió legalmente la esclavitud en las colonias a través del Decreto de abolición de la esclavitud del 27 de abril de 1848.Sin embargo, la esclavitud persistió en la práctica, algo que Carlos de Foucauld constató al llegar a Béni Abbès en 1901.​ Para mostrar su oposición a los usos y costumbres esclavistas, el 9 de enero de 1902 compró la libertad de un primer esclavo al que llamó José del Sagrado Corazón.​ El 4 de julio hizo lo propio con un segundo esclavo.​ A ambos les dio libertad de practicar su fe.​

Inmediatamente, Carlos denunció la práctica de la esclavitud en su correspondencia a María de Bondy y a Henri de Castries:La plaga más grande de este país es la esclavitud.​Carta a Henri de Castries, 12 de enero de 1902

Luego escribió al abad de Nuestra Señora de las Nieves una carta en la cual señaló su indignación por el tema de la esclavitud al tiempo que remarcaba el comportamiento hipócrita que implicaba el sostenimiento de la esclavitud en el marco de la República: ​Lo que usted dice es lo que hago de cara a los esclavos, pero dicho esto, y aliviándolos en la medida de lo posible, me parece que el deber no acaba allí y que hace falta decir, o hacer decir a quien puede: «Esto no está permitido, ay de ustedes, hipócritas, que escriben en los sellos y en todos los lugares: «Libertad, igualdad, fraternidad», «Derechos del Hombre», y que luego clavan el hierro del esclavo; que condenan a las galeras a quienes falsifican los billetes de banco y permiten luego robar los niños a sus padres y venderlos públicamente; que castigan el robo de un pollo y permiten el robo de un hombre» (de hecho, casi todos los esclavos de esta región son niños nacidos libres arrancados con violencia, por sorpresa, de sus padres). […]
No debemos meternos en el gobierno temporal, y de esto nadie está más convencido que yo, pero es preciso amar la justicia y odiar la iniquidad, y cuando el gobierno temporal comete una grave injusticia en contra de quienes, en cierta medida, están a nuestro cargo (soy el único sacerdote de la prefectura en un radio de 300 km) es preciso decírselo […] y no tenemos el derecho de ser «guardianes que duermen», «perros mudos» (Isaías 55, 19), «pastores indiferentes» (Ezequiel 34).​Carta a Dom Martin, 7 de febrero de 1902

Carlos dedicó parte del año 1902 a mantener correspondencia sobre su lucha contra la esclavitud en el  Ahaggar con el prefecto monseñor Charles Guérin, y a través de él conoció que la esclavitud se mantenía por orden del general Risbourg, confirmada por el coronel Billet. Pidió a su amigo Henri de Castries que colaborara en Francia para la erradicación definitiva de la esclavitud.​ El 8 de febrero de 1902 escribió a monseñor Livinhac para pedirle que hablara con los senadores católicos al respecto:​No tenemos el derecho a ser perros mudos y centinelas silenciosos: debemos clamar cuando vemos el mal.​

Carlos instaló un local para acoger a los esclavos.​ Sin embargo, tuvo que moderar sus reinvidicaciones por petición de monseñor Guérin, quien le solicitó que no actuara políticamente. En varias ocasiones le requirió que dejara de comprar esclavos porque los jefes de las tribus estaban descontentos con «esas iniciativas del marabout blanco».​ Por otra parte, el clima político en Francia estaba marcado por una ola laicista y anticlerical, que desembocaría en la sanción de la Ley francesa de separación de la Iglesia y el estado de 1905 cuya implementación generaría aún mayores controversias.​ Monseñor Guérin veía en la vehemente lucha antiesclavista de Carlos de Foucauld un motivo de eventual conflicto que podría obstaculizar la continuidad de los Padres Blancos en Argelia, por lo cual el 17 de septiembre de 1902 terminó por ordenarle que dejara su actividad pública en contra de la esclavitud.​ Carlos escribió que le obedecería,​ no sin manifestar antes su profundo desacuerdo con él: Estas razones no me dejan –digámoslo una vez más– sin lamentar que los representantes de Jesús se limiten a defender «al oído» (y no «desde los tejados») lo que es la causa de la justicia y de la caridad.​

Poco a poco, el activismo y la proximidad de Carlos de Foucauld a las autoridades condujeron a un cambio en la situación. El 15 de diciembre de 1904, Carlos anunció a Henri de Castries que, de común acuerdo, los jefes habían tomado medidas para la supresión de la esclavitud de forma progresiva: los esclavos ya no podrían venderse; quienes tenían un esclavo podrían conservarlo, pero ningún esclavo podría cambiar de amo; y ante la denuncia de abusos, el esclavo sería liberado.​

Fuente: Wikipedia , Foucauld


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