DOCUMENTAL: BEATO CHARLES DE FOUCAULD, NY, USA

«Semillas del Desierto”

La herencia espiritual del Beato Charles de Foucauld

Durante mi adolescencia, me gustaba leer los libros de Carlo Carretto, Hermanito del Evangelio, aprovechando del largo recorrido de cada día al colegio. Sus escritos despertaron en mí la dimensión contemplativa. Años más tarde junto a mi hermana Liliana y a una joven sueca que acababa de convertirse al catolicismo, pasamos tres semanas en su casa/ermita en la campiña de Spello, Umbria, Italia. Cada mañana despertaba alegremente a los peregrinos con un: “Buon giorno, sorelline”, “Buon giorno fratelli”, llamándonos a la capilla. Finalizaba ese tiempo de oración con un capítulo de su último libro:“El desierto en la ciudad”.

Carlo Carretto, Spello

Carlo Carretto había optado por el camino oculto, propuesto por Charles de Foucauld, a los 40 años luego de ser un hombre muy activo como miembro y luego presidente de la Acción Católica Italiana. Siendo hermanito del Evangelio vivió diez años en el desierto de Argelia, trabajando y orando, siguiendo los pasos del Hermano Universal, como suele llamarse a Carlos de Foucauld.

El Papa Benedicto XVI en el día de su beatificación, 13 de noviembre de 2005, dijo que “la vida contemplativa y escondida de Charles de Foucauld en Nazaret, donde encontró la humanidad de Jesús, nos invitan a contemplar el misterio de la Encarnación. Allí descubrió que Jesús nos invita al amor y a la fraternidad universal, que él vivió más tarde en el Sahara. Como sacerdote, puso la Eucaristía y el Evangelio en el centro de su vida”.

El primer don es el de la sabiduría. Ésta no es fruto del conocimiento y la experiencia humana, sino que consiste en una luz interior que sólo puede dar el Espíritu Santo y que nos hace capaces de reconocer la huella de Dios en nuestra vida y en la historia. Esta sabiduría nace de la intimidad con Dios y hace del cristiano un contemplativo: todo le habla de Dios y todo lo ve como un signo de su amor y un motivo para dar gracias.

Papa Francisco, Audiencia 9 de abril de 2014

Esta experiencia selló mi vida espiritual.

Estar entre ellas, me hacía recordar lo esencial de la vida.

Por años busqué comunidades de los Hermanitos/Hermanitas para compartir con ellos su vida sencilla inserta en sectores de la ciudad/rural menos favorecidos y para entrar en el silencio de la adoración eucarística. Estar entre ellos, me hacía recordar lo esencial de la vida.

Por esta razón, cuando, en un viaje a Miami en enero de 1996, mi amigo Mike Mintern me propone que produzca un documental para la comunidad de los Hermanitos del Evangelio de Nueva York, quedé totalmente motivada y emocionada.

La Providencia hizo que tuviese programado un viaje a Philadelphia y a Washington DC. Por lo tanto, me era fácil hacer una visita a los hermanitos en NY y ver qué sucedería de ese encuentro.

En los siguientes meses pasaríamos por un proceso de discernimiento por parte de esta comunidad para abrirse a otro tipo de documental. Finalmente, decidimos producir un documental sobre las comunidades religiosas y laicas que nacieron de la espiritualidad de Charles de Foucauld

Charles de Foucauld no llegó a convertir a ningún Tuareg (población entre la cual  vivió) ni a fundar una orden religiosa. Pero hoy son once las congregaciones religiosas y ocho asociaciones de laicos que difunden su mensaje. Y miles de personas siguen su espiritualidad en el mundo entero.

NY, 16 de marzo de 1996

Me encuentro en un hotel en NY esperando a Patrizia y a la mamma que deben llegar en cualquier momento de Europa camino a la Argentina.

He pasado unos días con los hermanitos (Hermanitos del Evangelio). Es hermoso compartir la vida con ellos. No quisiera partir de NY por la pena de despedirme de ellos.

Todo sigue siendo incierto. Camino día a día.

El jueves estuve con los Hermanitos, Jim Murray y Mike. Una cena divertida y amigable. Se ha establecido un lazo fraterno inmediatamente con los hermanitos. ¿Qué es lo que me atrae tanto de estas fraternidades?

Nada se ha concretado en este viaje. Emanuele me ha dicho que ore y discierna (por lo de Radio María). Con los Hntos, lo dejo en Sus manos. Me da alegría ayudarlos y lo hago con gran gusto. El Hno. Joe, quién es el responsable del video, dice que es un “milagro” que yo haya llegado.

Milano, 9 de julio 1996

Parto con gran dolor por dejar a mis padres. Cada vez me duele más dejarlos. Regreso a Estados Unidos y tal vez me quede ahí por un tiempo.

Luego de preguntar en varios lugares, el director del Centro Interdisciplinario de Comunicación Social de la PUG, p. Robert White, generosamente me prestó los equipos necesarios, pues serían utilizados por un profesor del mismo ateneo, amigo mío de mis tiempos universitarios.

En Le Tre Fontane, entrevisté a Sor Jeanne, la primera compañera de Sor Madelaine; era la primera vez que aceptaba estar delante de una cámara.

Chicago, 2 de agosto de 1996, Filmación de Hermanitas de Jesús en el Circo Carson and Barnes

Es un viernes por la tarde, y como todo fin de semana la gente sale a gozar del inicio de su descanso. Es una tarde resplandeciente. He venido al lago para escribir y meditar. Tengo una vista esplendorosa de la ciudad. Tiene una arquitectura contemporánea que expone a sus mejores diseñadores. El clima está en su punto justo: 70 grados fahrenheit y yo estoy también gozando del descanso.

Llegué para filmar a las Htas. de Jesús que viven en un circo y el testimonio de un hermanita que vive en un barrio de gente de color.

El mismo lunes que llegué conseguí al camarógrafo en una forma providencial. Un sacerdote de “Jesús Caritas” me dijo que llamaría a un amigo productor. Resultó ser Chuck Neff (productor que conocí años antes). El camarógrafo fue eficiente y capaz. Ya veré lo que ha filmado

El Hto. Joe me ha pedido que escriba los detalles de la Providencia de Dios (con respecto al documental). Este trabajo ha sido llevado por la mano de Dios. Recién ahora estoy descubriendo cuánto mi Dios desea esto. Pero me es muy pesado relatar eventos. Trataré de hacerlo poco a poco.

Estuve dos días con las Hermanitas de Jesús     en el circo Carson & Barnes. Fue muy triste entrar en el mundo sacrificado de estos acróbatas, payasos y obreros que en su gran mayoría son hispanos o chinos. Detrás de ese espectáculo hay vidas que ambulan de pueblo en pueblo, cambiando de lugar cada día, de los Estados Unidos durante ocho meses del año.

En el tráiler de las hermanitas conocí a Nick, un payaso desde hace 25 años, Jesuita hasta hace tres años. Siendo payaso, todas sus vocaciones se juntaron, me dice. Quiero grabar en mi memoria visual la imagen de Nick, cocinando spaghetti con “clams”, aceite de oliva, toneladas de ajo y de perejil celebrando como si fuese “Christmas day” por la fiesta de San Ignacio de Loyola. Yo estaba sentada en el “living-comedor” del tráiler, veía a través de la puerta abierta del “dormitorio” a Joel preparando un pie de cerezas. Amasaba la masa sobre una tablita-mesita que sale del closet. En ese espacio tan limitado este hombre y esta mujer de Dios preparaban un banquete. ¡Cómo gocé estar con Nick! Un Jesuita después de todo. Con las hermanitas volví a experimentar esa hermandad que ellas tan bien saben establecer. Sentí una gran pena al despedirme de ellas.

Anoche dormí en la casa de Olguita y esta tarde el camarógrafo terminó de filmar las imágenes que faltaban. ¡Todo fue tan sencillo, hasta rentar el auto!

Ciudad de Panamá, 14 de septiembre de 1996, Día de la Santa Cruz

Llegué a la iglesia justo para la proclamación de la Palabra. No me he quedado para el resto de la misa. Anoche estuve. No me quedé por el pánico de una homilía de 45 min., como lo fue anoche y mis azúcares me reclaman comida (sufro de hipoglicemia).

La Palabra, ¡cómo deseaba escucharla! Me desperté con ese deseo. Escuchar la Palabra de Dios esta mañana me era tan necesario como el pan, como la Eucaristía en otros momentos. Y las palabras de la 1era lectura, de San Pablo, las acababa de pronunciar en mi corazón al dibujar la cruz sobre el corazón, imaginando el inicio del video sobre Charles de Foucauld. Mientras imaginaba diseñándola sobre la arena recordé: “porque Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo unigénito para dar la vida por los hombres”.

Esta sola frase produce una revolución en nuestro ser y bastaría sólo ésta para vivir en un continuo agradecimiento a Dios.

Filmación en Bolivia de la comunidad religiosa: Las Hermanitas del Sagrado Corazón

Marta Palacio, P. Natallini y Fiorella

Al firmar el contrato con EWTN puse la condición de una pausa para un viaje a Bolivia donde filmaría en Potosí la historia de la comunidad de las Hermanitas del Sagrado Corazón en Potosí. Hice el viaje a Santa Cruz de la Sierra y desde ahí partí con mi amiga Marta Palacio y un camarógrafo hacia Sucre. Viajamos en bus para Potosí. ¡Seis horas para hacer 162 km! Nos hospedamos (Marta y yo) en el convento de los Franciscanos, fundado por Fray Gaspar de Valverde en 1547, siendo el monasterio más antiguo en Bolivia. Desde su observatorio vimos Saturno. ¡Una imagen inolvidable!

1)Convento de San Francisco, 1547, el más antiguo de Bolivia
2) Desde el techo del Convento de San Francisco, el famoso Cerro de Potosí desde donde se extrajo la plata para España y las colonias. En Potosí está la Casa de la Moneda donde se acuñó la moneda para el Virreinato del Perú.

Anacussi (sentada en primera fila), Hta. Anita, Marta, Hta. Michell, Fiorella, Hta. Chantal (sentada en el muro)

El compromiso de estas religiosas con el pueblo potosino fue todo un testimonio de fraternidad

Encuentro previo con la Hermanita Anita

Sapanami, Cochabamba, 12 de agosto de 1987

Encuentro con Anita, de la comunidad de las Hermanitas del Sagrado Corazón. Años más tarde, haré un documental sobre las comunidades que nacieron de la espiritualidad del Beato Carlos de Foucauld, volviéndome a encontrar con ella en Potosí, Bolivia.

A 3,700 mts sobre el nivel del mar, en un pequeño caserío de los andes bolivianos rodeada de silencio y belleza pura, cumplo 31 años. Todo lo vivido anteriormente me parece una “quimera” ante esta realidad en la que me siento sumergida. El ser humano luchando contra la naturaleza para sobrevivir. El campesino abandonado por el hombre de la ciudad. Solo se encuentra, solo se enfrenta a su dios con ofrendas y sacrificios.

Cochabamba, 14 de agosto de 1987

Gran cariño al despedirme de Anita. En tres días se entabló un vínculo entre nosotras dos. Dios nos amó a cada una a través de la otra. Ella escogió como nombre religioso “ternura de Dios”. Y así es ella. Las margaritas, los gatitos juguetones que buscaban el dulce calor del sol de las alturas y el del regazo, los niños y los rostros puros de algunas mujeres, todo me hablaba de Su ternura.

La noche del 13 la terminamos en adoración y oración. Silencio que habla. Nada “fuerte”. Dios se me presentaba en el viento, en la belleza del despojo.

Estaré unida a la hermana Anita en oración y en agradecimiento por su fraternal acogida.

Totoritas, Lima, 21 de enero 1997

Sigo en estas vacaciones de 24 h. Y creo que mi cuota es para otras 24 h. He descansado. Un verdadero reposo.

Recuerdo los rostros de Nicolasa, Michelle, Anita, Chantal, Anacussi… rostros radiantes en un despojo total de lo material (Hermanitas  del Sagrado Corazón, Potosí).

Qué libertad tan grade al estar libre de todo deseo. No mendigar el afecto de un hombre, no ambicionar un puesto, no esperar aplausos.

¿Esto significa que ya no hay ambiciones? ¿Ni deseos de superarse? Creo que la ambición/superación está en el orden de la caridad. La fuerza espiritual, la inteligencia y la voluntad se alinean en una sola dirección: obediencia total a la voluntad del Padre ejecutada en humildad, paciencia y amor. Es imitar al Cordero de Dios,      “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.

Siento que todas las energías que yo empleaba en “el hacer” van canalizadas a un “no hacer”. La fuerza está en no oponerse, en dejarse llevar por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Pero los temores, el ego, las complacencias que el cuerpo busca naturalmente, todo nos hace más difícil ese fluir.

Edición del documental

Los Ángeles, Mayo 1997

En Mayo estuve en Los Ángeles junto a la Hermanita de Jesús Cathy Wright y al Hermanito del Evangelio, Joe Barnett. Nos encontramos ahí para editar el documental. Con Marta Palacio habíamos hecho la pre-producción en Argentina. Era el tiempo en que se trabajaba con videos codificados para la pre-edición y edición. Habíamos trabajado largas horas escribiendo el guión junto con las imágenes. Apenas lo vieron Cathy y Joe así como su cuñado que era un productor de “traillers” (Moller) para grandes empresas cinematográficas de Hollywood, lo criticaron. Los hermanitos porque querían modificar el guión y el productor porque no era atractivo para el gran público. Le expliqué la finalidad de la comunidad para este documental. Estos comentarios más la gripe que tenía, hizo que en los siguientes tres días quedase casi inmovilizada debido al dolor de cabeza.

Hto. Joe Barnett, Fiorella, Editor, Anne Barnett, Ron, Hta. Cathy Wright

Fue una carrera contra el tiempo. Teníamos contratado el estudio de edición en Hollywood, literalmente en Hollywood Boulevard. Era simpático ir cada mañana al trabajo en un Mercedes Benz de lujo, con la Hermanita de Jesús vestida como una campesina china y su crucifijo, el Hermanito Joe, libre como un pájaro, y yo tensa ante el desafíodelante de mí. Los editores hacían su trabajo en forma serena y light, como buenos californianos. ¡Nunca habían tenido clientes tan estrafalarios! Compartíamos con ellos el almuerzo que traíamos y luego de dos semanas se formó un espíritu alegre y comunitario. No podía darse de otra forma teniendo a Joe y Cathy entre nosotros.

El último día en que mostramos el documental casi finalizado al productor, nos felicitó. ¡Fue un alivio! Vivíamos en Belle Air, entre los famosos de Hollywood y la casa era de fantasía como toda esa zona. ¡Eso sí que fue vivir en la libertad de los hijos de Dios! Habíamos producido el documental con escasosrecursos y para la post producción el Buen Dios nos regaló lo mejor en la tecnología de ese momento. ¡Por primera vez edité con un software digital! ¡Qué diferencia! Además un locutor, la mejor voz para los “traillers” del mercado, ofreció su voz para hacer la narración. Tuve el regalo de “dirigirlo”, él estando en un estudio de NY y yo desde Los Angeles. He aquí que teníamos el “cadillac” en equipos y personal. Hasta conseguimos voluntarios franceses para tener un inglés con acento para la voz de Charles de Foucauld y otra voz femenina. Sólo Dios puede hacer estas alquimias de amor…

Junio 1997, Filmación en Asís y en NY; final de edición en Los Ángeles

De Medjugorje viajé a Roma donde me encontré con mis padres para seguir viaje a San Giovanni Rotondo, pueblo donde vivió y está enterrado P. Pío. De ahí fuimos a la tierra de San Francisco. Ya había acordado de encontrarme ahí con el director y productor del film: “Padre Pio: The Night tof the Prophet”, .

El actor que hacía de periodista también vino a conocerme. Un hombre encantador. El p. Benjamin, me recomendó un camarógrafo. Me faltaba filmar unas imágenes de la campiña de esa zona. Justo ese día salió el sol. Un día esplendoroso de primavera, los campos con el trigo en flor y cubierto de amapolas rojas, tal como lo deseaba. Disfruté muchísimo ese día de filmación con un camarógrafo profesional.

Luego de unos días en Italia, partí nuevamente a NY donde me quedaba aún por filmar la historia de la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld en esa ciudad

y de la Fraternidad Iesús Cáritas de los sacerdotes diocesanos que viven la espiritualidad del Beato Charles.

Ese día nos divertimos muchísimo yendo a varios lugares, con Anne al volante (hermana de Joe Barnett), Joe de asistente, el camarógrafo (un estudiante japonés que estudiaba film en NY) y yo que realmente mucho no sabía de lo que estaba haciendo. Tomamos unas fotos extraordinarias de las torres gemelas, al atardecer, al otro lado del río; lamentablemente esas filmaciones no las guardamos…

De ahí partí a Los Ángeles para terminar la edición con las nuevas filmaciones que yo traía y que Cathy había hecho en Chicago.

Terminamos la post producción un sábado 18 de julio (aún quedaba por finalizar el audio, música y doblajes). Fui a casa de Anne Barnett en Belle Air, me duché, tomé mi pequeña valija que me había acompañado por tres meses en mis viajes por Estados Unidos, Polonia, Austria, Medjugorje e Italia. Cathy me llevó al aeropuerto de LA. Nos despedimos con gran afecto luego de tanto trabajo compartido con tesón, alegría y oración.

Oración de Abandono de Charles de Foucauld

El doblaje al español lo hice en varias etapas. Primero grabé las voces en un estudio en Miami con actores dirigidos por mi amigo Juan Pedro Somoza. La edición la hice en el verano del 98 en Nueva York. La música la editó Sr. Cathy. El tiempo ya no lo tenía por mi trabajo en Radio María.

Este documental fue traducido también al francés y luego al italiano.

Transmisión por Televisión:                

En Italia: TV 2000, el canal satelital de la Conferencia Italiana

Clara Visión, (hoy María Visión) canal satelital, Méjico, para toda América Latina

Pax TV: Perú

Otros canales que no los tengo registrados.

En el año 2007 gracias al trabajo del sacerdote p. Adriano, de Varese, se puso las versiones en Inglés, español, francés e italiano en un mismo DVD.

CARLOS de FOUCAULD: Al encuentro de Jesús y de sus hermanos

«Dios mío, si existís, haced que os conozca”…Es la oración de Carlos de Foucauld en el otoño de 1886. Tenía veintiocho años. Está en búsqueda. Desde hace cuatro años, en que dejó el Ejército e hizo una difícil exploración en Marruecos, verdadero trabajo de exploración científica. El contacto con la fe de los musulmanes le ha impresionado: “la visión de esta fe, de estas almas viviendo en continua presencia de Dios, me ha hecho entrever algo más grande y más verdadero que las ocupaciones mundanas”… “Quiero acostumbrar a todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos, a mirarme como a un hermano. Empiezan a llamar a mi casa •”la fraternidad” y eso me gusta”. “Han sido muy buenos conmigo, aquí, entre los tuaregs”….

A raíz de la Fraternidad, la búsqueda de un hombre…
Una búsqueda o tal vez mejor un encuentro,
El de Jesús y el de los hombres.
Una mirada sobre este encuentro

“Dios mío, si existís, haced que os conozca”.

Es la oración de Carlos de Foucauld en el otoño de 1886. Tenía 28 años. Está en búsqueda. Desde hace 4 años, en que dejó el Ejército e hizo una difícil exploración en Marruecos, verdadero trabajo de exploración científica. El contacto con la fe de los musulmanes le ha impresionado: “la visión de esta fe, de estas almas viviendo en continua presencia de Dios, me ha hecho entrever algo más grande y más verdadero que las ocupaciones mundanas”.

SEDUCIDO POR UN ROSTRO

La experiencia de base…

Busca, lee a los filósofos, libros sobre religiones, pero no encuentra. Su familia lo rodea con discreción: “Me encontré con personas muy inteligentes, muy virtuosas y muy cristianas y me dije que tal vez esta religión no era absurda. Al mismo tiempo una gracia interior, extremadamente fuerte me empujaba”.Decide seguir unas lecciones sobre la religión católica para ver “si se puede creer lo que dice”. Su prima lo envía al Padre Huvelin: “Pedía lecciones de religión: él me hizo poner de rodillas y me hizo confesar, y me envió a comulgar a continuación”. Es el choque y el encuentro. Buscaba ideas, un conocimiento, encuentra a alguien, cerca de él.
Este acontecimiento marcará toda su vida: en la experiencia del perdón dado en nombre de Jesús, encuentra a Dios, Padre misericordioso, que busca al pecador para decirle “te amo”; en la experiencia de la comunión en el cuerpo de Jesús, encuentra a Dios presente, que le hace compartir su vida, el Dios que salva.

… que le pone en camino

Su respuesta es inmediata: “Tan pronto como comprendí que había un Dios, me di cuenta que no podía vivir más que para Él”. Es la alegría llena del reconocimiento por ese Dios que nos busca y por Jesús que nos amó hasta el final. Y para manifestar su amor, Carlos se dará espontáneamente un doble objetivo: búsqueda de vivir en presencia de Jesús (sabrá encontrar los lugares en los que Jesús está presente: la Eucaristía, el Evangelio y los pobres), búsqueda de vivir este amor loco de Dios por los hombres, “trabajar por la salvación de los hombres” con Jesús, tomando los caminos de Jesús.

El itinerario de Carlos de Foucauld podrá parecer tortuoso y lleno de contradicciones. Está guiado poro ese gran deseo de estar con Jesús y de seguirle en su misión de salvación: “no puede concebir el amor sin una necesidad, una necesidad imperiosa de conformidad, de semejanza y sobre todo de compartir todas las penas, todas las dificultades, todas las durezas de la vida”. Es sencillo: hay que mirar a Jesús en el evangelio y poner sus pasos en los de Jesús.

JESÚS: DIOS CON NOSOTROS

Carlos abre pues el Evangelio: “Dios ha amado tanto al mundo que le ha dado a su Hijo único”. Para gritarnos su amor, Dios se ha hecho uno de nosotros, accesible.
Porque quiere salvarnos, es decir, darnos su vida Dios se ha hecho “servidor”, ”hermano”, “amigo”, estas son las palabras que Carlos encuentra en boca de Jesús. Humildad increíble de un Dios que ofrece su amistad y espera como un mendigo la respuesta. Carlos de Foucauld está deslumbrado.

Jesús, el crucificado

Otro rostro lo maravilla recorriendo el Evangelio y este rostro lo acompañará también toda su vida, es el rostro del crucificado: el grito de amor de Dios por los hombres ha llegado hasta ahí: “La Pasión, el Calvario, son una suprema declaración de amor –nos dice–. No es para rescatarnos que habéis sufrido tanto, oh Jesús, el menor de vuestros actos ha tomado un valor infinito puesto que es el acto de un Dios y hubiera bastado para rescatar mil mundos… Es para santificarnos, para llevarnos, inclinarnos a amaros libremente, porque el amor es el medio más poderoso para hacerse amar, y porque sufrir por lo que se ama es el medio más invencible de probar que se ama”. A la gratuidad de este amor, Carlos quiere responder con su lógica concreta: “Amémosle como Él nos ha amado, de la misma manera, imitándole, es decir, sufriendo para declararle nuestro amor como Él sufrió para declararnos el suyo”. Y toda su vida, guardará vivo en su corazón el deseo de dar a Jesús la prueba de su gran amor.

Jesús de Nazaret

Después de su conversión, el P. Huvelin, preocupado por verle tomar raíces en el Evangelio antes de comprometerse en una vida religiosa, lo envía a Tierra Santa. Navidad de 1888 en Belén: “¡Él, Dios, Creador, venido a vivir en la tierra!”. Estancia en Jerusalén: ¡hasta dónde fue su amor! Principios de enero en Nazaret. Surge una nueva luz: Dios no vio a cualquier sitio para vivir nuestra vida humana, vino a Nazaret, viviendo como un nazareno ordinario, ligado con los habitantes y con la reputación de su pueblo. Carlos está impresionado: “¡Dios, obrero de Nazaret!” ¡Dios actúa en ese hijo de carpintero! La obra de Dios está iniciada. Carlos encuentra el hilo conductor de su vida: la elección está hecha y parece clara: “Seguir a Jesús, pobre artesano de Nazaret, la vida de Nazaret en todo y para todo, en su simplicidad y grandeza”.

JESÚS Y SUS HERMANOS

La simplicidad de Nazaret y su grandeza. Carlos tomará su tiempo para descubrir este camino, tanto que podríamos tomarlo por un inestable. Intentemos seguirle en los descubrimientos que hace.

La ruta de Nazaret

Animado por este encuentro, Carlos sentirá que para seguir al que ama, le hace falta hacer rupturas con su pasado, con las actividades que amaba, con su familia, “el mayor sacrificio”. Además, vive en un contexto religioso en el que espontáneamente se puede pensar que para encontrar a Dios, hay que cortar con el mundo. Para seguir a Jesús en la pobreza de Nazaret, elige pues la Trapa más pobre que conoce, Akbès (Siria).Pero Jesús, “pobre artesano de Nazaret” lo ha cogido y no lo suelta ya; Él trabaja en su corazón: esta pobreza de la Trapa, ¿es la de la gente, la del Nazareno? “Somos pobres para los ricos, pero no como lo era nuestro Señor, pobres como lo fui en Marruecos, pobres como San Francisco”. A causa de Jesús de Nazaret, deja la Trapa y se instala en el convento de las clarisas de Nazaret.

Momentos de alegría y de paz en la oración y la soledad. Sin embargo, después de algunos meses se interroga de nuevo: para estar con Jesús de Nazaret, ¿hay que “ir allí donde la tierra es más santa” o bien “allí donde las almas tienen mayor necesidad”?. Una vez más, el Nazareno lo ha sacudido y lo empuja fuera; ya no volverá a Palestina.

Carlos acepta el sacerdocio, “ese divino banquete del que me convertía en ministro, había que presentarlo no a los parientes, ni a los vecinos ricos, sino a los cojos, los ciegos, los pobres, es decir a las almas a las que les falta sacerdotes”. Piensa entonces en esos hombres encontrados en Marruecos y es hacia ellos que querrá ir. Esto es lo que le conduce a Argelia, a las fronteras de Marruecos aún cerradas. Se instala en Beni Abbés, con un esbozo de clausura que no terminará nunca: está asaltado por las visitas: “las gentes empiezan a conocer la casa como “la fraternidad” y eso me gusta”.

Marruecos permanece cerrado. Se habla de la posibilidad de ir hacia el sur, en el Hoggar: hay allí gentes todavía más alejadas y abandonadas; no duda mucho tiempo: “me preguntáis si estoy dispuesto a ir fuera de Beni Abbés por la extensión del Evangelio: para ello estoy dispuesto a ir hasta el fin del mundo y a vivir hasta el juicio final”.

Hace varios viajes antes de instalarse en Tamanrasset. En sus giras, busca de encontrar cuanta más gente posible, se pone a estudiar la lengua; más tarde comienza un diccionario y recoge poesías de los tuaregs; pone en sus búsquedas tanta precisión y ciencia, tanta pasión como puso en sus trabajos sobre Marruecos. Restablece las relaciones con los amigos de siempre.

¿Ha vuelto a recuperar todo lo que dio al entrar en la Trapa?

¿Ha renunciado a Nazaret a pesar de que haga siempre referencia?

Hacerse cercano

¿Infidelidad? Al contrario. En su fidelidad a “hacer compañía” a su “bien amado hermano y Señor”, encontró poco a poco, en el silencio y la oración, el camino de una fidelidad a los que Jesús llama: “estos son mis hermanos”. El Nazareno lo hace hundirse con él en un compartir cada vez más profundo con los hombres. Siguiendo su intuición, no podrá ya separar a Jesús de sus hermanos, y poco a poco las barreras que creía necesarias para su vida religiosa caen para una mayor proximidad: “la vida de Nazaret puede llevarse en todas partes, puede vivirse en el lugar más útil para el prójimo”. Sí, estar con Jesús, es estar cerca de los pobres, para hacer desde ahí el trabajo de Jesús: ofrecer el amor, acoger la amistad. Con Jesús de Nazaret, ya no se tratará más de separarse del mundo sino, al contrario, integrarse en el mundo y dejarse adoptar por sus hermanos.

Habría que citar muchos ejemplos de esta evolución. Un día, en el curso de una gira en el Hoggar, ve un lugar para una futura implantación. Anota en su diario: “dos puntos me parecían habitables… El primero tiene el inconveniente de estar cerca de los hombres y expuesto a muchas visitas. El segundo tiene la ventaja de estar lejos de los hombres y del ruido y procurar la soledad con Dios…” Continúa, haciendo hablar a Jesús: “Establécete en el primer lugar en el que tienes a la vez la perfección de mi imitación y la de la caridad; en cuanto al recogimiento, es el amor el que debe recogerte en mí interiormente y lo el alejamiento de mis hijos: mírame en ellos; y como yo en Nazaret, vive cerca de ellos, perdido en Dios…”

La pobreza verdadera

No tener miedo de estar cerca de la gente, en seguimiento del Nazareno, es pues el descubrimiento progresivo de Carlos de Foucauld, un arte de amar al cual Jesús lo inicia y del cual tiene todavía que descubrir dimensiones inesperadas.
El 20 de enero de 1908, Carlos anota en su diario: “Me he visto obligado a interrumpir mi trabajo… Jesús, María y José, os doy mi alma, mi espíritu, mi vida”. ¿Qué le sucede?

Está completamente agotado y enfermo. Ha superado sus límites: 11 horas de trabajo al día, haciendo traducciones para comprender mejor a los tuaregs. El país está diezmado por el hambre, las gentes no tienen ya nada, él tampoco; no puede dar nada, de repente nadie viene ya a verle. Sufre de la soledad. Sólo una carta desde hace seis meses: la amistad de los suyos, el consuelo del P. Huvelin ya no llegan; soledad del corazón. No tiene autorización para celebrar la Eucaristía solo, y desde hace meses ningún cristiano ha pasado por allí. Navidad sin Misa… ¿Para qué sirve su vida? Ninguna conversión desde que llegó… ¿Va a morirse ahora? Sin embargo hay tanto para hacer por la “salvación de las almas”. Es el fracaso completo.

Es entonces cuando la gente se da cuenta de su estado y hacen todo por salvarle. Él no puede ya nada, pero ellos se sienten responsables de ese extranjero que es su huésped. “Me han buscado todas las cabras que tienen aún un poco de leche, en esta terrible sequía, a 4 km. a la redonda”. “La gente ha sido muy buena conmigo”. Gestos sencillos de compartir y de solidaridad, sin embargo, un umbral decisivo acaba de ser franqueado, se han convertido verdaderamente en hermanos, sin que él ni ellos se den cuenta.

Que lo quiera o no, seguía siendo el extranjero ligado con los militares y los colonizadores. Que lo quiera o no, era el bienhechor, el que hace limosna pero que no necesita nada.

A pesar de todos sus esfuerzos por comprender la cultura de los tuaregs, él es portador de una cultura y de una fe que no piensa más que en compartir. El foso permanecía enorme entre ellos y él. Faltaba esa reciprocidad que da la amistad, esa situación de igual a igual. Hoy cuando estaba a punto de morir, ha recibido la vida de la mano de los tuaregs. De golpe, entraron verdaderamente en su vida.

Hermanos

Su mirada sobre Nazaret se profundizó de esta manera: Nazaret, e siempre “descender”, pero al igual que Jesús, para estar verdaderamente ligado a los pobres, hasta el punto de ser pobre con ellos y dependiente de ellos, en igualdad. Su sed de trabajar por la “salvación de los hombres” encuentra en ese Nazaret realizaciones inesperadas, porque está verdaderamente desamparado. Carlos permite a los que le ofrecen un poco de leche que le digan: “venid y recibir en herencia el Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer…”

El deseo de estar nido a la cruz de Jesús le ha sido concedido y ha dado fruto por caminos imprevistos. La frase de San Juan de la Cruz tan a menudo meditada por Carlos toma un aire nuevo: “nuestro anonadamiento es el medio más poderoso que tenemos para unirnos a Jesús y hacer el bien a las almas”.

Este cambio se sentirá en su vida. Primero las visitas de los vecinos se hacen más numerosas. Su amigo Laperrine que viene a verle algunos meses más tarde escribirá: “Es más popular que nunca entre ellos y los aprecia cada vez más”. No se contenta con anotar los consejos que debe dar a Moussa, el jefe de las tribus Agra, sino que recoge también los consejos que Moussa le da, o los de su amigo Ouksem. Y nos meses después, un amigo protestante, el doctor Dhauteville, le oirá decir: “Estoy aquí no para convertir de golpe a los tuaregs sino para intentar comprenderles y mejorarles… y además deseo que los tuaregs tengan sitio en el paraíso. Estoy seguro que el Buen Dios acogerá en el cielo a los que fueron buenos y honestos sin que sea necesario ser católico romano. Usted es protestante, Teyssère es agnóstico, los tuaregs son musulmanes…
Estoy convencido de que el Bueno Dios nos acogerá a todos si lo merecemos, y busco de mejorar a los tuaregs para que merezcan el Paraíso”. No se trata tanto de convertir, sino de caminar juntos hacia Dios, dejarse vincular a los compañeros de camino; Dios no separará los que sean hermanos.

1º de diciembre de 1916. Es la guerra en Europa y los efectos se hacen sentir hasta en el fondo del desierto. Ese día, Carlos es asesinado, víctima silenciosa como todos los pobres aplastados por los conflictos que los superan. Ese día, tiene lugar el encuentro definitivo con Jesús de Nazaret, su bien amado hermano y Señor.

 Solinet 21 febrero, 2005