P. René Voillaume y Hermanita Magdeleine

Memoria obligada de dos testigos
de la espiritualidad del siglo XX

JESÚS CASTELLANO, OCD, REVISTA DE ESPIRITUALIDAD (63) (2004), 123-138 Teresianum (Roma)

El 13 de mayo de 2003 concluía su vida mortal en Aix-en-
Provence el P. René Voillaume, Fundador de las Faternidades de los
Hermanitos de Jesús. Con sus casi noventa y ocho años —nació en
Versailles el 19 de julio de 1905— era un testigo y un maestro de
excepción de la espiritualidad del siglo XX tras las huellas de Carlos
de Foucauld. Sus obras espirituales, sobre todo las Cartas a los
Hermanitos de Jesús, fueron verdaderos bestsellers de espiritualidad
evangélica en torno a los años sesenta y setenta (Recordemos su célebre obra Au coeur de masses, Cerf, Paris, 1950; úl-
tima edición orginal en 1969, 2 vols. En español: En el corazón de las masas, Madrid, Studium, 1968, séptima edición). Había entrado en
un silencio contemplativo y orante desde hacía tiempo. Sus inter-
venciones no eran conocidas, aunque seguía siendo un testigo y un
maestro de espiritualidad para todos los seguidores de la espiritua-
lidad de Carlos de Foucauld.

Muchos preguntaban por él, en un momento en que la profecía
de este autor espiritual podía decir todavía mucho a la Iglesia. De
repente hemos sabido que vivía y estaba activo y lúcido. Lo de-
muestran dos hechos que ahora salen a la luz. Por una parte, la publicación de su testamento espiritual, redactado en noviembre de
1995, en forma de oración, en el retiro hecho en la Trapa de Fez en
Marruecos, que lleva la fecha del 22 de noviembre de 1995, tras
haber traspasado el umbral de los noventa años (Ha sido publicado recientemente, después de su muerte, en la revista
suiza Nova et vetera 78 (2003) pp.3-14. El testamento, redactado en forma
orante, tiene acentos autobiográficos muy importantes que coinciden con algunas de las páginas del libro que vamos a comentar). Por otra, ha publi-
cado recientemente algunas memorias suyas biográficas que tienen
una relación muy estrecha con el nacimiento de los Hermanitos de
Jesús y de otras familias espirituales del Carlos de Foucauld (Charles de Foucauld et ses premiers disciples. Du désert arabe au monde
de cités, Paris, Bayard, 1998; versión en italiano: Charles de Foucauld e i suoi
discepoli, Edizioni San Paolo, 2001. Seguimos en esta exposición la edición). Estas memorias, terminadas el 19 de octubre de 1997 y puestas bajo la
protección de Santa Teresa del Niño Jesús, una de sus maestras
espirituales preferidas, en el día que era proclamada Doctora de la
Iglesia, revelan por primera vez detalles y experiencias espirituales
del largo camino recorrido tras las huellas de Carlos de Foucauld.
Lástima que terminen allá por los años setenta, poco tiempo después
de su renuncia como Prior General en Navidad de 1965. En la
Cuaresma de 1968, por invitación personal del Pablo VI, que lo
conocía y apreciaba mucho, predicó los Ejercicios Espirituales al
Papa y a la Curia en el Vaticano (Retraite au Vatican avec sa Sainteté Paul VI, Fayard, Paris, 1968. Acerca de René Voillaume y de sus escritos se puede consultar la bibliografía esencial del libro citado y las noticias de primera mano que él nos ofrece. Una bibliografía esencial acerca de R. Voillaume no es fácil de encontrar en castellano. Puede ser un punto de referencia la tesis doctoral, presentada y defendida en Burgos, del sacerdote argentino JOSÉ MARÍA RECONDO, El camino de la oración en René Voillaume, Fundación Gratis date, Pamplona, 2002).

La Hermanita Magdeleine nos dejó hace ya tiempo, el 6 de
noviembre de 1989 en Roma, donde vivía retirada desde hacía tiem-
po en la sede de la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús, junto a
la Trapa de Tre Fontane, donde moró un tiempo Carlos de Foucauld.
También ella había pasado el umbral de los noventa años, ya que
había nacido en París el 26 de abril de 1898. Y también ella había
dejado hacía tiempo el cargo de responsable de las Hermanitas de Jesús por ella fundadas. De ella conservamos también muchos escritos espirituales que son como la historia de la expansión de las Hermanitas de Jesús en el mundo entero. Recientemente ha aparecido en castellano una biografía de la H. Magdaleine (Desde el Sahara al mundo entero, Ciudad Nueva, Madrid, 1985), fruto de una tesis doctoral en la universidad de Friburgo que nos trae a la memoria la aventura de esta mujer. (ANGELIKA DAIKER, Hermanita Magdeleine. Vida y espiritualidad de la fundadora de las Hermanitas de Jesús, Sal Terrae, Santander, 2003. Nos serviremos de esta biografía, amablemente enviada por las Hermanitas de Jesús al autor, para hacer una presentación. Una bibliografía esencial en el libro de Daiker o.c., p.245). Esta circunstancia nos ha sugerido hacer memoria de estos dos testigos espirituales del siglo XX, ahora que, pasado el umbral del siglo XXI es tiempo de memorias y balances de las riquezas espirituales de los últimos decenios en personas, corrientes y movimientos de espiritualidad.

LA PEQUEÑA HERMANA MAGDELEINE

Empecemos por la Hermana Magdaleine. Los datos externos de
la vida de la Hermana Magdaleine (Hutin) se pueden resumir en tres
etapas: su infancia y juventud, su seguimiento de la espiritualidad de
Carlos de Foucauld, y su actividad como Fundadora de las Herma-
nitas de Jesús.

Nace en París el 26 de abril de 1898. A causa de la guerra se
educa también en España (San Sebastián) y en Italia (San Remo).
De los veinte a los treinta años sufre una grave enfermedad de
pleuritis. De 1928 a 1936 ejerce como directora de un Colegio en
Nantes.

Atraída por la figura de Carlos de Foucauld, cuya primera biografía se publica en 1921 y ella conoce en la casa paterna, viaja a
África y se establece cerca de Argel. En 1938 peregrina a la tumba de Carlos de Foucauld en El Golea y encuentra providencialmente
a René Voillaume. Empieza una experiencia de vida religiosa para
seguir las huellas del Hermano Carlos. Hace su noviciado con otra
hermana en las Franciscanas Misioneras de María y redacta las Constituciones de la futura Congregación. El 8 de septiembre hace sus
votos; una fecha que se considera como el principio de la nueva
Congregación, y un mes más tarde funda la primera fraternidad en
pleno desierto, bajo una tienda de nómadas, una de sus ilusiones de
un nuevo estilo de vida religiosa. Propaga en Francia su ideal en los
años siguientes, en medio de la guerra. En 1942 hace los votos
perpetuos. En 1944 llega a Roma y obtiene la primera audiencia con
el Papa Pío XII, que apoya su ideal de vida. En 1946 percibe la
vocación universal de las Pequeñas Hermanas de Jesús y su inserción en medios pobres, superando la total dedicación inicial al Islam
que parecía ser la inspiración exclusiva del Carlos de Foucauld.

En los años que siguen, después de la segunda guerra mundial,
la Hermanita Magdeleine da un impulso universal a la Congregación
que en 1947 es aprobada por el Obispo de Aix-en-Provence. Ya en
1949 deja el gobierno general de la Congregación, pero sigue siendo
la animadora de la expansión universal con fundaciones de fraternidades obreras, entre los gitanos y los pastores. Con intuición profética extiende las fundaciones en contacto con las Iglesias orientales
católicas y ortodoxas en el Líbano; más tarde se extiende las fundaciones por América del Norte y del Sur. Viaja mucho y penetra en
las naciones que entonces están todavía bajo el régimen comunista,
tras el telón de acero, tanto en Europa como en Asia. Quiere llegar
a los cinco continentes y llega de hecho a los confines de Rusia y
de China. Es un momento de expansión y de crecimiento de la
Congregación. La Hermana Magdeleine mira con simpatía los países
del Este europeo. En 1964, la Congregación recibe el reconocimiento de derecho pontificio y pasa a depender de la Congregación de
Religiosos, mientras anteriormente dependía, por los vínculos estrechados con algunas Iglesias del medio Oriente, de la Congregación
para las Iglesias Orientales. En 1963 nacen las Hermanitas del Evangelio; se funda en 1970 la primera fraternidad ecuménica en Suiza
y se aprueban definitivamente las Constituciones adaptadas al nuevo
Código de Derecho Canónico en 1988. A la muerte de la Fundadora, en 1989, la Congregación cuenta con 1.350 hermanas y está ya extendida en 65 naciones.

Hay una línea providencial que es hilo de oro de la historia de
la Hermana Magdeleine. Está marcada por la piedad de la familia y
las muertes, enfermedades y contradicciones que vive en su familia
desde la juventud, pruebas que la van curtiendo en el amor a los
pobres y también en su amor por África. El encuentro con la figura
y espiritualidad de Carlos de Foucauld acaece en la propia familia,
gracias a la devoción que su padre tiene por este aventurero del
desierto cuya biografía y escritos suscitan un movimiento de fervor
en Francia en los años que siguen a la muerte del Hermano Carlos,
por mérito de sus grandes amigos y propagandistas L. Massignon y R. Bazin. Como un grano de trigo que muere en el desierto el primero de diciembre de 1916, el Hermano Carlos de Jesús, sin dejar un discípulo, empieza a brotar por doquier el interés por su persona, su obra y su espiritualidad.

La Hermanita Magdeleine, madurada por Dios en la pobreza y
en la enfermedad, obligada a buscar el clima de África, teniendo en
el corazón el ideal de Carlos de Foucauld, se siente en Argelia como
en su tierra prometida y empieza a ver a Jesús en los rostros de los
niños árabes. Atraída especialmente por los nómadas del desierto,
sueña con una vida religiosa que pueda vivirse bajo una tienda del
desierto. Hay una fecha carismática en este tiempo. Es su encuentro
con el misterio de Jesús, cuando percibe que la Virgen María se lo
entrega. Un Niño que es «luz, ternura y amor», una presencia de
encarnación que la marca profundamente y marca también el arte y
la vida de las Hermanitas de Jesús. Tras el encuentro, junto a la
tumba de Carlos de Foucauld, con R. Voillaume y el Obispo Gus-
tave Nouet, Padre Blanco, Prefecto Apostólico del Sahara, que la
invita a hacer un año de noviciado y redactar las leyes de la futura
Congregación, Magdeleine, fiel a lo que siente como una inspiración
de la Iglesia, se pone manos a la obra. Quiere fundar fraternidades
muy sencillas, sin el peso de las estructuras de la vida monástica de
entonces, siempre en camino, dedicadas principalmente a vivir en
los países del Islam. Madura su mística de la Encarnación, atraída
por la presencia de Cristo y por la imitación del gesto mariano de
entregar a los hombres y mujeres de este mundo al Niño Jesús, en el misterio de la pobreza y de la Encarnación. Lo vive, lo escribe,
lo representa con diversas formas artísticas. Jesús será el nombre
que ella misma asume cuando hace los votos el 8 de septiembre de
1939. Tras el sueño del desierto, las dificultades de la guerra y el
afluir de vocaciones nuevas y generosas en Francia, atraídas por la
novedad y sencillez de esta fraternidad que está naciendo, recibe
la aprobación de Pío XII en 1946, y se le abren nuevos horizontes.
Se fundan las primeras fraternidades obreras entre los gitanos y los
pastores en 1949. La Fundadora sueña a lo grande, en medio de la
sencillez, y piensa en fraternidades que se establecen entre los judíos en Jerusalén, entre los leprosos en Camerún y Vietnam, en
Japón, China Moscú, Estambul. Y los sueños se van realizando.
Siente la vocación de presencia entre las Iglesias orientales del
Medio Oriente, entre los judíos y palestinos de la Tierra Santa, pero
piensa también en África central, en América del Norte y del Sur;
realiza fundaciones entre las tribus indígenas de Brasil, de Australia,
entre los pobres de Sri Lanka, con los esquimales del Polo Norte. Se
va realizando el sueño de una universalidad dentro de la sencillez de
la presencia de encarnación, de la variedad de las culturas y de los
ritos, de la búsqueda de los más pequeños, los despreciados. Todo
con un talante a la vez hondamente contemplativo y concretamente
enraizado en el trabajo de los pobres, con y como los pobres. Poco
a poco la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús, con el sentido
universal y concreto de Magdeleine, se hace presente en los límites de lo humano y da sentido de presencia y amor al Evangelio de
los pobres. Cruza con frecuencia el telón de acero y dilata dentro
de sus posibilidades los horizontes de una presencia amiga, sencilla,
eclesial, con un sentido de universalidad y de inculturación profunda, según el espíritu de Carlos de Foucauld. Vive y vibra por los
grandes problemas de la justicia, de la paz, de la unidad de la Iglesia, con un amplio espíritu ecuménico.

La autora de la primera biografía de la Hermana Magdaleine,
Angélica Daiker, ha intuido cómo sus caminos espirituales han estado marcados por las etapas de Jesús en el Evangelio. Belén son las
raíces con el encuentro decisivo de la Hermana Magdeleine con el
misterio de Jesús en el pesebre. Galilea son los caminos de universalidad. Nazaret el estilo de vida, la levadura en la masa de la vida cotidiana, el trabajo sencillo de los obreros y obreras, la contemplación y la adoración por los senderos del mundo, la amistad como estilo de comunión y la preocupación por la vida como lo que más acerca a los que es más divino y humano. De aquí la novedad del estilo de las fraternidades. Betania es la oración contemplativa, en adoración de la Eucaristía. Jerusalén es la plenitud, con las pruebas y gozos que nunca faltan en la vida de los Fundadores y Fundadoras.
Roma es como su patria espiritual, la unidad y el amor a la Iglesia,
la prueba segura de su catolicidad más acendrada, la obediencia y la
comunión con el Papa como garantía de esa universalidad que es
amor a la Iglesia universal, sentido de las iglesias particulares, amor
por la dimensión ecuménica y apostólica, sentido de inculturación.

Toda una aventura que es interpretación creativa y dinámica del
carisma de Carlos de Foucauld, bajo la guía del Espíritu Santo.
Desde su estilo y su originalidad, como trata de ilustrar la autora de
esta biografía, la herencia espiritual de la Hermanita Magdeleine
responde a muchos retos de la Iglesia de nuestro tiempo, desde lo
hondo de lo que se vive, sin ruido, como presencia de contempla-
ción y de amistad, de cercanía y testimonio. Con una abertura de
horizontes y una aceleración de la historia que se manifiesta preci-
samente por la presencia en las fronteras de los diálogos y de las
situaciones culturales de pobreza y de lejanía de la Iglesia, allí donde
las Hermanitas son presencia eclesial y mariana que ofrece la pre-
sencia de Jesús Salvador, el Niño de Belén.

Por los caminos de la Hermanita Magdaleine se cruzan persona-
jes de la historia espiritual del siglo XX, presencias de amistad y de
consejo sereno en los momentos difíciles. Entre estas presencia re-
cordamos a Pío XII, Pablo VI, Juan Pablo II, a René Voillaume, a
Mons. Charles de Provenchéres, al Cardenal Eugenio Tisserant. Pero
también la Madre Teresa de Calcuta, el sacerdote ortodoxo Alexan-
der Men, asesinado en Moscú, Roger Schütz, Prior de Taizé.

La documentación fotográfica que nos presenta el libro nos
ayuda a recorrer los caminos de la Hermana Magdeleine desde su infancia por Francia, Argelia, Camerún, Nazaret, Bélgica, Brasil, Alaska, Rusia, China.

En los últimos años de su vida, la Hermanita Magdaleine ha
vivido en su retiro de Tre Fontane los acontecimientos de la Iglesia,
ha tenido el gozo recibir a Juan Pablo II en su casa. Roma fue para
ella una patria espiritual, como lo fue el Sahara, la cuna espiritual
del carisma de Carlos de Foucauld, pero siempre con el corazón y
con los pies de peregrina y viajera en el mundo entero, como reza
el título del más conocido de sus libros que narra sus experiencias
fundacionales.

La pequeña Hermana Magdaleine es una mujer excepcional,
testigo de nuestra historia espiritual del siglo XX, pero a la vez pro-
tagonista de una dilatación del corazón de la Iglesia por el mundo
entero, con una presencia y una espiritualidad que llevan el sello de
lo evangélico —ésta es la fascinadora dimensión espiritual de Carlos
de Foucauld y de sus seguidores y discípulos— y acercan a la ver-
dad de lo cristiano en sus más hondas raíces humanas y divinas. Una
presencia evangélica que no se puede olvidar, ahora que nos deja-
mos fascinar demasiado por las presencias fuertes y avasalladoras y
por los entusiasmos conservadores de última hora, como si con ellos
empezara la Iglesia a ser presencia en la sociedad (Para conocer mejor a la Hermanita Magdeleine, además de la citada bibliografía esencial del libro de A. DAIKER, o.c., p.245, remitimos a estas dos obras en italiano: Magdeleine di Gesù, Gesù per le strade, Piemme, Casale Monferrato, 2000, Magdeleine di Gesù, fondatrice delle piccole sorelle, Milano, Jaca Book, 1999). La memoria histórica de los testigos auténticos del Evangelio es motivo de esperanza y garantía de autenticidad de la presencia constante del Espíritu en la Iglesia. Y el mensaje evangélico de la Hermanita Magdeleine es de tal calado que no podemos echarlo en olvido, por su universalidad y su profundidad espiritual.

RENÉ VOILLAUME

Como hemos advertido al principio, el reciente libro de R.
Voillaume es una especie de biografía espiritual y fundacional. En ella traza ampliamente los caminos que condujeron al autor al encuentro con Carlos de Foucauld y con su vocación y misión, tras las huellas de este «Hermano universal». Lo hace con la responsabilidad de un testigo y con la humilde conciencia de que en él ha obrado el Espíritu. Rompe, pues, la reserva acerca de algunos momentos importantes de su biografía espiritual para dejar constancia de algunos momentos carismáticos vividos y sufridos en esta obra de fundación de la familia espiritual de Carlos de Foucauld, a
través de 49 densos capítulos que dejan huella en la historia espiritual del siglo XX. Con la gratitud de un hijo espiritual y de un discípulo fiel, R. Voillaume dedica una larga introducción a los caminos espirituales de Carlos de Foucauld, una síntesis madura de la espiritualidad del ermitaño del desierto.

La primera parte del libro (cap. 1-4), bajo el epígrafe Una frágil
herencia espiritual nos introduce en la situación del patrimonio
espiritual del Hermano Carlos después de su muerte violenta, acae-
cida el 1 de diciembre de 1916, con todas las riquezas y contra-
dicciones de un testamento rico y abierto al futuro, sin herederos
precisos, hecho de escritos, de discípulos lejanos, de admiración,
de intentos de participación en su espiritualidad. La segunda parte
(cap. 5-7), presenta los primeros discípulos que de cerca o de lejos,
pero sin una clara estructura fundacional se aventuran por sus cami-
nos espirituales africanos o en la patria francesa.

Con la tercera parte (cap. 8-20), el libro empieza a ser autobio-
gráfico. Voillaume nos introduce en su infancia y familia, en los
inicios de su vocación y en los varios intentos de búsqueda de su
camino espiritual durante su juventud, entre la llamada a la vida
sacerdotal y la vocación religiosa y misionera, entre pruebas y en-
fermedades. Nos habla de su encuentro con la figura y los escritos
del Hermano Carlos, de su ordenación sacerdotal el 29 de junio de
1929, del periodo de sus estudios en Roma, en contacto con perso-
najes de gran importancia espiritual como el P. R. Garrigou Lagran-
ge, cuando consigue el Doctorado en el Angelicum. Nos confía su
primera orientación hacia el estudio de la lengua y la cultura islá-
mica para poder realizar un proyecto que le bulle en el alma, el de
seguir en África las huellas del que empieza a ser su maestro espi-
ritual, Carlos de Foucauld. Estamos en la década que va de los años 1923 a 1933. Ese año nace la primera fundación religiosa en Montpellier inspirada en Carlos de Foucauld, las Hermanas de Sagrado Corazón.

La parte cuarta es de un interés extraordinario. Son los capítu-
los 21-32. Cuenta las primicias de la fundación de la Fraternidad
de los Hermanitos de Jesús en el desierto de El-Abiodh-Sidi-Cheikh,
con unas normas y un programa rígido de una especie de ermitaños y
monjes del desierto con la adoración del Santísimo sacramento, la
clausura, el silencio, la oración día y noche, sin apostolado. Nos cuen-
ta los primeros intentos y osadías de una adaptación ritual a algunas
tradiciones islámicas en la oración. Van llegando los primeros novi-
cios y van surgiendo vocaciones en Francia. Hay momentos de crisis
por la dureza del régimen de vida, sobre todo cuando se trata de inte-
grar dentro de la vida contemplativa el trabajo intelectual de los estu-
dios para preparar los candidatos al sacerdocio. El 19 de marzo de
1938, junto a la tumba de Carlos de Foucauld, se encuentran por pri-
mera vez los Fundadores de la Fraternidad masculina y femenina de
los Hermanitos y Hermanitas de Jesús, R. Voillaume y la Hermanita
Magdaleine. Se trata de un encuentro providencial y profético. La
Hermana Magdaleine lleva ya en su corazón una visión más univer-
sal, abierta y creativa del carisma; con osadía femenina le propone a
Voillaume esta visión, le exhorta a trabajar juntos y le profetiza que
llegará un tiempo en que dictará conferencias a los Hermanitos y
Hermanitas unidos y recorrerá el mundo hablando a los sacerdotes;
algo insólito para Voillaume, que creía a pie juntillas en la fidelidad
a una vida de silencio y de clausura en el desierto sahariano. Con la
guerra y la llamada a las armas en 1939, llega el tiempo de la disper-
sión, con retornos a la fraternidad del desierto y con balances serios
sobre el camino recorrido y el futuro del carisma, como el que se hace
al cumplirse los diez años de vida de la fraternidad. Con la paz de
1945 empieza una nueva época y una novedad sustancial en la voca-
ción de las fraternidades.

Es la quinta parte de esta historia (cap. 33-43) la que comprende
los años 1945-1960. El título de esta parte es significativo. Se trata
de una primera orientación que abre la fraternidad a otro estilo de
vida y de presencia: Del silencio del Sahara al mundo del trabajo.
Estamos en la Francia «país de misión» de la postguerra, con todos los fermentos en las masas obreras, la misión de Francia, los curas
obreros. Voillaume es sensible a toda esta orientación de presencia
e inserción en ambientes descristianizados, sin perder la hondura de
la espiritualidad de Carlos de Foucauld. Nacen las primeras fraternidades obreras con la apertura universal que llevaba ya en el corazón la Hermanita Magdeleine.

Desfilan por estas páginas personajes de gran importancia en
la historia espiritual de la Francia de la postguerra. Recordemos
algunos: los dominicos de Marsella, donde se fija la casa de forma-
ción de los futuros sacerdotes de la fraternidad, para que puedan
aprender bien la teología en francés, renunciando al proyecto de
Roma donde se hacían las clases en latín; el P. J. Loew, trabajador
en el puerto de Marsella; Mons. Ancel, de la Fraternidad de El
Prado de sacerdotes obreros; Roger Schütz, Prior de Taizé; el céle-
bre jesuita chileno P. Hurtado, hoy beato, a quien Voillaume le
promete una fundación en Chile; la fundadora de los Foyers de
la Charité, Marthe Robin, y muchos otros. Y son de gran importan-
cia los contactos personales con Pío XII y con Mons. Montini de la
Secretaría de Estado.

R. Voillaume narra ampliamente los contactos con la Hermana
Magdaleine cuando se consolidan los proyectos de universalidad,
la amistad con las Iglesias orientales, el sentido de la unidad en
Roma, la unidad y la diversidad en el amor, el sentido de la incul-
turación, los instrumentos concretos de la vida contemplativa, la
unidad entre los Hermanitos y las Hermanitas de Jesús. Es el tiempo
fecundo de doctrina que R. Voillaume transmite con sus cartas re-
cogidas en el libro En el corazón de la masas, título muy significa-
tivo de la inserción en ambientes de trabajo y de descristianización.

Es un tiempo de rápida expansión, de vocaciones abundantes y excelentes, de atracción por un tipo de vida religiosa nuevo que suscita también algunas incomprensiones. Afluyen vocaciones de valor; baste pensar en algunas vocaciones que nacen de una opción radical, como la de Carlos Carretto, dirigente nacional de la Acción Católica italiana, o de Arturo Paoli.

La sexta parte, que comprende los capítulos 44-49, nos acerca al
tiempo que precede y sigue el Concilio Vaticano II con el título
significativo: El tiempo de las pruebas en el Norte de África y en Francia. Son las pruebas de la independencia de Argelia y la suspensión de los sacerdotes obreros en Francia con un decreto del Santo Oficio de 1960, con todas las consecuencias que comporta para la nueva orientación de algunos de los Hermanitos de la Fraternidad.

R. Voillaume nos cuenta las cosas con la memoria y la pasión del
momento, nos detalla el encuentro con Pablo VI, abierto a una revi-
sión de aquella suspensión; nos narra la consolidación de la Fraterni-
dad y la expansión por el mundo entero, con esos viajes
que la Hermanita Magdaleine había profetizado. Es el tiempo del Con-
cilio, en el que R. Voillaume ha quizá dejado una huella en la pasión
por la pobreza de la Iglesia (Con motivo de la muerte de R. Voillaume, el dominico G. Cottier hoy Cardenal, que conoció R. Voillaume desde joven al tiempo de los estudios de los Hermanitos de Jesús en Marsella, le ha dedicado un hermoso testimonio acerca de la pasión de R. Voillaume por la teología y su influjo en el Concilio por el tema de una Iglesia pobre y de los pobres. Cfr. su testimonio en la revista italiana I piccoli Fratelli di Gesú, n.9, primer semestre 2003, con ocasión de la muerte de Fr. René Voillaume, pp.28-30) . Es tiempo fecundo de fundaciones y de vocaciones, poco antes de la gran crisis de 1968, el año en que el Papa lo llama a predicar los Ejercicios Espirituales en el Vaticano.

R. Voillaume concluye sus notas biográficas y el camino funda-
cional de la Fraternidad, con la aprobación por parte de la Santa
Sede, el 13 de junio de 1968, como Instituto religioso de Derecho
Pontificio. Los Capítulos Generales posteriores han tratado de pro-
fundizar la vocación y misión de los Hermanitos de Jesús. Mientras
tanto habían nacido los Hermanitos del Evangelio. El último capí-
tulo es una visión retrospectiva del camino recorrido, de la inspira-
ción original de Carlos de Foucauld y de los avatares de una historia
con sus problemas abiertos de cara el futuro. Las últimas líneas del
libro, en el estilo más puro del espíritu eclesial de los Fundadores,
es una confesión de fe en el camino recorrido en comunión libre y
obediente hacia la Iglesia y el Papa.

UNAS OBSERVACIONES FINALES

Al final de esta rápida visión del libro de R. Voillaume, compendio de autobiografía personal y de historia del carisma de Carlos de Foucauld en la Iglesia, hasta estos momentos, se me hace imprescindible hacer un triple balance.

1. El primero se refiere al carisma original. Con una cierta cu-
riosidad y un sentido de maravilla en las páginas 559-560 del libro se
encuentra un amplio elenco de los Grupos de la Asociación General
de las Fraternidades Carlos de Foucauld. Por una paradoja de la Igle-
sia, el ermitaño del desierto que murió sin tener un solo adepto para
sus fundaciones, ha engendrado a lo largo de los años que nos separan de su muerte toda una serie de grupos que llevan su nombre o se
inspiran en su espiritualidad. Se trata ante todo de once institutos religiosos, de derecho pontificio o diocesano, que en orden de fundación son: los Hermanitos de Jesús (1933), las Hermanitas del Sagrado
Corazón (1933), las Hermanitas de Jesús (1939), los Hermanitos del
Evangelio (1956), las Hermanitas del Evangelio (1963), las Hermanitas de Nazaret (1966), los Hermanitos de «Jesús Cáritas» (1969), los
Hermanitos de la Encarnación (1976), las Hermanitas del Corazón de
Jesús (1977), los Hermanitos de la Cruz (1980), las Hermanitas de la
Encarnación (1985). Hay un Instituto secular femenino: La Fraternidad «Jesús Cáritas» (1952). Existe una asociación sacerdotal: La Fraternidad sacerdotal «Jesús Cáritas» (1951). Finalmente hay una serie
de Asociaciones de fieles: Grupo Carlos de Foucauld (1923), la Fraternidad secular (1952-1953), la Sodalité (1956), la Comunitat de
Jesús (1968), la Fraternidad Carlos de Foucauld (1992). Una verdadera familia numerosa, unida por la inspiración de un hombre que ha
dejado huella en la Iglesia: Carlos de Foucauld.

Los avatares de la inspiración original, de las formas que ha
revestido el carisma, su capacidad de equilibrio y de adaptación han
sido enormes, para poder crecer junto con la Iglesia y la sociedad,
gracias a hombres providenciales como R. Voillaume, sus discípulos
y seguidores, y de una mujer de gran calado profético, la Hermana
Magdeleine y sus seguidoras.

2. El segundo balance se refiere al entramado de personas
y contactos que supone la historia contada por R. Voillaume. Ya
hemos tenido ocasión de evidenciar algunos personajes importantes
de la historia espiritual del siglo XX que se entrecruzan en este relato
fundacional. Una atenta lectura del índice de nombres (pp.563-573),
ofrece un panorama interesante de personas que han tenido contactos con esta historia. Baste una serie de nombres, entre los más
conocidos, por su doctrina o su testimonio espiritual, además de
los que forman parte de la historia de Carlos de Foucauld: los Cardenales Gregorio Pedro Agagianian, J. Cardijn, A. Dell’Acqua, L. E. Duval, M. Feltin, P. Fumasoni-Biondi, G. Garrone, P. Gerlier, Ch. Journet, A. Larraona, A. Ottaviani, V. Valeri, E. Tisserant, D. Tardini, E. Suhard, J. Villot, P. Veuillot; los Obispos Ancel, C. Constantini y otros, como Roland Gosselin; sacerdotes como H. Caffarel, A. Gelin, J. F. Six; los dominicos Bruckberger, Congar,
Cottier, Duroux, Garrigou Lagrange. Labourdette, Loew, Lebret,
Roland de Vaux; jesuitas como el P. Hurtado Cruchaga; hombres
y mujeres espirituales como R. Schütz, M. Robin, G. Sortais; personas de la cultura como el hebreo A. Chouraqi, el célebre R. Follerau, los esposos Raïssa y J. Maritain; este último terminó sus días con los Hermanitos de Jesús… Además de los contactos oficiales
con los Papas Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II.

3. La tercera reflexión y balance se refiere a la espiritualidad
del Carmelo. En el índice de nombres se citan con amplitud los tres
doctores de la Iglesia que tiene el Carmelo, porque, en cierto modo,
forman parte de esta historia espiritual, tanto por su influjo en Car-
los de Foucauld como en la trayectoria de R. Voillaume. Dejando lo
que se refiere a la formación espiritual carmelitana del Hermano
Carlos, tanto tras su conversión como durante su noviciado entre los
Trapenses, recogemos algunos testimonios del autor.

R. Voillaume recuerda su contacto con las obras de San Juan de
la Cruz y Santa Teresa de Jesús antes de su ordenación, los cursos
seguidos en Roma sobre San Juan de la Cruz con el P. Garrigou
Lagrange, el influjo ejercitado por los Santos del Carmelo en el
hermano Carlos. Hay páginas elocuentes en las que el autor confiesa
el influjo que en los principios de la vida eremítica del desierto
ejercitaron sobre los primeros Hermanitos la doctrina de los Santos
del Carmelo y la tradición de los Desiertos de la Reforma Carmelitana (R. Voillaume recuerda en varias ocasiones (pp. 254, 269) la lectura y el influjo del libro del P. BENOIT-MARIE DE LA SAINTE CROIX, Les saintes déserts des carmes déchaussés, y en general el influjo de la espiritualidad del Carmelo). Es interesante la anécdota que cuenta cuando invitado a predicar un retiro en Lisieux a los que se preparaban para la
misión obrera en Francia, tras haber insistido en el valor de la oración contemplativa, el Rector, un tal L. Augros, le dijo si todavía a
esas alturas creía en San Juan de la Cruz, la respuesta fue neta: Sí
creo. Y el comentario hecho a distancia escueto: «Y quedamos en
silencio, toda la diferencia entre nosotros estribaba en esto» (No cabe duda, como recuerda en varias ocasiones R. Voillaume, que la tradición espiritual y contemplativa del Carmelo con la doctrina de sus Santos los confirmaba en la opción por la dimensión contemplativa y orante de su vocación. Una nota que enriquece la relación constante que en la historia de la Iglesia existe siempre entre nuevos y antiguos carismas). De hecho la doctrina de Juan de la Cruz era guía en la formación de los novicios y criterio de verdad para la formación en los estudios con un talante contemplativo.

Teresa de Lisieux aparece también muy temprano en la formación del joven seminarista Voillaume; cuenta que cuando fue operado de apendicitis en Argel, al recobrar el sentido después de la anestesia, soñó en voz alta hablando de Santa Teresita. Su doctrina espiritual fue de gran importancia en la vida de los primeros Hermanitos que hasta se inspiraron en ella para el voto de víctima, cambiado después en voto de abandono. Lo recuerda el autor citando incluso algunos escritos del Hermanito Noel, maestro de
novicios (Cfr., pp.211-212. 296. 346. 364. Hemos recordado al principio que el libro lo dedica R. Voillaume a Teresa de Lisieux en el día en que Juan Pablo II la proclama Doctora de la Iglesia (19 de octubre de 1997).

CONCLUSIÓN

Cuando se escriba con una cierta perspectiva la historia espiritual del siglo XX, no faltarán entre los fundadores de nuevas formas de vida consagrada, entre los maestros espirituales y entre los testigos de la vida espiritual renovada y comprometida, la mención de estos dos cristianos a los que hemos dedicado esta nota, con ocasión de la reciente publicación de algunos libros suyos. Es suficiente por ahora haber dejado constancia de ello, con la invitación a la lectura de estos escritos que nos traen a la memoria dos insignes contemplativos y apóstoles, enamorados de Cristo y del Evangelio.


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3 comentarios en “P. René Voillaume y Hermanita Magdeleine

  1. Querido hermano, al leer este artículo, me llegó al recuerdo de mis inicios. Dios obra en todo y en todos. Comencé con San Juan de la Cruz siendo muy joven. Hice mi primer retiro con el P. Fernando Portillo, cura obrero en Avellaneda, Buenos Aires. Y me fascinó En el corazón de las masas de Voilloume. Hice un retiro con la fraternidad secular en Uruguay, con Arturo Paolo y luego a los 21 años cuando me recibí de dentista, y no conseguía trabajo, surgió una posibilidad en Bahía blanca. Me dijo de la fraternidad, nosotros elegimos el desierto» También la hermanita Madelaine cautivó mi corazón. Sigo caminando con Jesús. Y agradezco todo lo que usted hace. Un saludo fraterno de Laura Torres Pángaro lt912340@gmail.com

    1. Estimada Laura: Paz y Alegría!!!
      Viendo tu caminar a lo largo de los años, ¿no has pensado en vincularte más estrechamente con la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld? Te lo digo porque desde hace ya bastante tiempo te siento como hermana, pero se muy libre.
      Un abrazo de comunión.
      JLVB

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