La Devoción al Sagrado Corazón en Charles de Foucauld

Julia Crespo (Comunidad Horeb)

El Hermano Charles de Foucauld, hombre solitario, que nunca pudo atraer hacia su ermita a ningún discípulo (a pesar de la perseverancia que puso hasta el final por construir una orden religiosa dedicada al Sagrado Corazón de Jesús) y que nunca convirtió a nadie (a pesar de haber sido reconocido como un morabito, una palabra musulmana que designa a una persona a la que se atribuye santidad) ha sido, sin embargo, inspirador de una espiritualidad de vasta repercusión en el siglo XX y XXI cristiano, sobre todo a través de lo que se conoce como espiritualidad de Nazaret .

Las dos columnas vertebrales de la espiritualidad del Charles De Foucauld han sido la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús y la adoración al Santísimo Sacramento. De la Adoración Eucarística frecuente y prolongada, De Foucauld obtiene la fuente de su espiritualidad. De la Devoción al sagrado Corazón de Jesús obtuvo el impulso decisivo de su caridad hacía todos los hombres (1)

Ambas devociones revelan el carácter intensamente cristológico de la piedad foucauldiana. La devoción al Sagrado Corazón (que en su forma moderna data de las revelaciones de Paray-Le-Monial de Santa Margarita María Alacoque, 1647-1690) introdujo un punto de inflexión entre la oración rogativa (característica de la piedad mariana) y la oración contemplativa (2) . Orar no es solamente pedir y agradecer el don recibido, sino también mirar el corazón de Jesús traspasado de bondad, a Aquel que es la fuente primordial del amor, el “Modelo único” como le llamó De Foucauld. Todo el camino de la devotio moderna y de la imitación de Cristo atraviesa este puente de la oración contemplativa, que crea una relación de amistad, intimidad y confianza con Cristo.

Si bien son muy pocos los textos concretos en los que Charles de Foucauld se refiere a la devoción al Sagrado Corazón considerándola en sí misma, se advierte con facilidad, que la vida del Sagrado Corazón se encuentra para él subyacente a todo, y emerge a cada instante como algo tan natural, que pareciera hacerle innecesaria una referencia más explícita. El culto al Sagrado Corazón es, en el Hermano Carlos, inseparable del de la persona misma de Jesús. Y la necesidad imperiosa de asemejarse al Señor que él experimenta desde un comienzo, lo lleva a querer conformarse con los sentimientos de su Corazón. Muestra de esto será el dibujo que hace del Sagrado Corazón para la capilla de Beni Abbés y el símbolo de Jesús Caritas que llevó prendido durante un tiempo en su vestimenta(J.L. Vázquez Borau)

En su literatura epistolar que contiene lo mejor de su testamento espiritual podemos extraer mucha información. (3)

Su búsqueda de conformidad con el sagrado Corazón de Jesús, hace nacer en él un deseo de inmolación, que se expresará primeramente en el anhelo del martirio. Pero habrá luego en él una actitud de constante inmolación interior, traducida particularmente en su voluntad de participación, mediante el sufrimiento, en el trabajo redentor de Jesús: «Deseo de sufrimientos para devolverle amor por amor, para imitarle, […] para entrar en su trabajo, y ofrecerme con El, la nada que yo soy, en sacrificio, en víctima, por la santificación de los hombres» (Ch. de Foucauld, Écrits spirituels, París 1947, 67). “Nazaret —dice De Foucauld— es la raíz y el tronco, mientras que el “Calvario es el fruto”

«El tipo de vida contemplativa que nos ha legado el padre Charles de Foucauld no sólo se distingue por el hecho de que se viva en medio del mundo y compartiendo la condición de la gente pobre (esto implicará, por lo demás, una transformación de los medios de la vida contemplativa); va más allá, puesto que esa vida contemplativa, centrada en el Corazón de Cristo, se abre al misterio de la caridad para con los hombres, contemplada en su fuente divina» (CONT, 61).

De Foucauld se asienta en la confianza en el poder absoluto de la bondad y en la convicción —específicamente cristiana— de que Dios puede ser enteramente conocido a través del amor al prójimo. “El amor a Dios es el más importante… pero el amor a los hombres está tan unido al otro, que no pueden ir separados. Cómo amar a Dios si no amamos a sus hijos… el mejor medio para alcanzar el amor a Dios es practicar la caridad con los hombres… Contemplemos a Nuestro Señor en cada ser humano” (4)

Su método misional se asienta en la espiritualidad completamente original que De Foucauld había experimentado en la vida de Nazaret y que se consolida en el ardiente deseo de comunicar a Jesucristo únicamente a través de la fuerza testimonial de la bondad. “Yo quisiera ser —dice De Foucauld— lo bastante bueno para que ellos digan: Si tal es el servidor, ¿cómo entonces será el Maestro…?”. Esta posibilidad misional descansa en la capacidad innata de todos los pueblos —y de cualquier persona— de reconocer y apreciar el bien, cualquiera sea su fuente, incluso cuando esta proviene de alguien extraño y desconocido.

El llamado “apostolado de la bondad” tiene un camino trazado por este “monje singular” de la era moderna. 

[1] Citas tomadas de Charles de Foucauld et ses prémiers disciples, op.cit. Capítulo final.

[2] Beck, Victor ss.cc. Neuf Siècles d’Histoire du culte du Sacre Coeur. Paris Alsatia, 1963.

[3] Tomado de Père de Foucauld, Abbé HuvelinCorrespondance inédite. Desclée, 1957. Carta enviada desde Tamanrasset en 1907, pp. 269-270.

[4] Tomadas de sus notas de espiritualidad en de Foucauld, Charles, Viajero en la Noche. Notas de Espiritualidad. Editorial Ciudad Nueva, Madrid, 1994, p. 29.


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