
El hermano Pedro de Taizé, amigo personal de juventud en Barcelona, hace cincuenta años que forma parte de la Comunidad.
Catalunya Religió. Dll, 30/08/2021
Ramon Bassas –CR)
El hermano Pere es miembro de la comunidad ecuménica de Taizé desde hace cincuenta años. “Conocí la comunidad por los escritos del hermano Roger, el fundador, en este pequeño pueblo del sur de la Borgoña, a unos cien km. al norte de la ciudad de Lyon. Con un equipo de la parroquia vinimos para participar en un encuentro, me desveló mucho, ensanchó mi mirada sobre el mundo, empecé a pensar que quizás me podría quedar… el resto son cosas del Espíritu!”, me comenta.
En verano, los jóvenes de menos de 29 años pueden acompañarlos durante una semana, de domingo a domingo, participando en las plegarias de la comunidad de hermanos, tres golpes en el día con los cantos meditativos, tradicionalmente conocidos como cantos de Taizé”. “Hay momentos de reflexión e intercambio de experiencias con jóvenes de todas partes” —señala el hermano Pere—. “También participan en los talleres de temas sociales, ecológicos, espirituales, bíblicos. Algunos espacios están reservados para vivir un tiempo de silencio”
Este año los encuentros parten del mensaje que ha escrito hermano Alois, el prior de la comunidad y que se llama “Esperar en todo tiempo, que busca desvelar la atención en los signos de esperanza”. A nivel más práctico, en verano se puede llevar tienda y se tendrán que adaptar a las medidas
El alojamiento y las comidas son muy sencillas y se toman en común. Cada cual aporta su participación económica para hacer posible la acogida. A cada joven participante se le encomienda un servicio durante la semana. También hay jóvenes que se quedan algunas semanas o meses como voluntarios.
Los encuentros internacionales de jóvenes a Taizé empezaron hace muchos años, verdad?
Sí, los hermanos abrieron sus puertas para crear un lugar de encuentro entre jóvenes de tradiciones cristianas y culturas diferentes, para ir juntos a las fuentes espirituales y encontrar fuerzas para habitar juntos nuestro planeta con dignidad y cuidando la Tierra.
Los encuentros son cada semana durante todo el año. Son diferentes, ahora que somos en periodo de vacaciones?
Venir a Taizé no es ir de vacaciones. Venir a Taizé es ponerse en camino para descubrir o redescubrir un sentido en la vida, y para retomar el aliento. Estar en Taizé significa también prepararse para asumir responsabilidades de vuelta a casa, para ser portadores de paz y de confianza. Quién viene a Taizé es recibido por una comunidad de hermanos que han tomado el compromiso de seguir el Cristo con una gran sencillez de vida.
Tengo entendido que con la pandemia habéis tenido que cerrar al menos en tres ocasiones. Cómo lo vivís?
La incertidumbre de esta pandemia nos ha hecho más disponibles pero también más vulnerables. Hemos tenido que adaptar horarios y estilos de vida. La pandemia nos hace estar cada vez más atentos a los otros y en la Tierra. Los encuentros personales son fuente de vida.
Y qué retos os planteáis a partir de ahora?
>Queremos poner en práctica esta nueva sensibilidad a la solidaridad hacia toda la familia humana y hacia toda la creación. No podemos volver «al mundo de antes», «a la normalidad». Nuestras vidas tienen que encontrar un sentido y calidad. Cambio interior y cambio de prioridades.
El hermano Pere nació en Barcelona, hijo de una familia de agricultores aragoneses emigrados en Cataluña. “Hice estudios de comercio, sociología y después un poco de teología, antes de hacer toda la formación para ser hermano de Taizé” —me explica—. “Siempre buscaba como poner en práctica los dones recibidos: para mí el do más grande, junto con la vida, es la fe, do de Dios y de mis padres. Siempre me pregunto cómo vivir mis dones en el servicio de la humanidad”.
No hay que decir, pues, que la fe juega todavía un papel fundamental en su vida. Es el motor. Es la voz interior que siempre me dice “Levántate, adelante! Dios te estima y quiere que seas feliz”. La profundización más intelectual también tiene su lugar, pero el importante es esta voz de confianza, voz que invita a seguir el Cristo y su Evangelio.
Y que podríamos hacer por Taizé?
Si podéis, venid! En este tiempo de pandemia vuestra ausencia ha sido difícil, vuestra presencia cuenta mucho para nosotros. Os hemos echado de menos. Necesitamos compartir los dones de cada uno.






