Pelando verduras interculturalmente

Después del desayuno, encuentro  comunitario para pelar la verdura.  Es uno de los momentos en que podemos asombrarnos y maravillarnos por la manera como la otra empieza a cortar la verdura, por la manera distinta de manejar el cuchillo o también por lo que significa para la otra “no muy pequeño”… ¡Son sólo algunos ejemplos de las diferencias que cada una lleva en sí misma y que aprendemos a reconocer, apreciar y contemplar!

Qué sorpresa al descubrir que, aunque en nuestros países de origen hayamos ya vivido con varias hermanitas de diferentes nacionalidades, el encuentro intercultural nunca está hecho de una vez por todas. En este nuevo contexto descubrimos que cada experiencia de interculturalidad es única. Ante cada nuevo encuentro, en lo más profundo de nosotras hay una zona desconocida que no siempre somos capaces de controlar.

«Será necesario en primer lugar que todas las hermanitas, sea cual sea su origen y su cultura, confraternicen entre ellas en la unidad de un mismo amor.» Siguiendo esta inspiración de la hta. Magdalena, la Fraternidad nos llama a caminar juntas con el deseo de compartir, de encontrarnos en profundidad y de tejer lazos de amor. Pero, ¿cómo realizarlo siendo tan distintas?  Al principio, se trataba sólo de «vivir juntas»: no nos conocíamos y nos encontrábamos en un contexto donde ninguna de nosotras tenía puntos de referencia. En la vida cotidiana, a pesar de toda nuestra buena voluntad, nuestras reacciones espontáneas tropezaban a menudo con la incomprensión. Con el tiempo, profundizando más en la relación, pudimos tocar la riqueza de la otra, la belleza y la humanidad de cada continente, el tesoro de cada una de nuestras culturas de origen, y aprendimos a compartirlo con la comunidad. Fue un largo camino descubrir que la vida fraterna nos pide que seamos nosotras mismas, y al mismo tiempo, que acojamos a la otra en el respeto por su cultura, su historia, su ser. Nos hizo falta paciencia, benevolencia y una gran apertura para no dejar a nadie de lado, para buscar como desarrollar a la vez lo que es bueno en mi misma y en la otra.  

En este camino, dejar que el Evangelio transforme nuestra manera de pensar, de hablar y de actuar ha sido fuente de alegría y nos ha ayudado a ser testigos del amor de Dios.
El deseo de nuestro corazón es seguir al Señor y amar como Él, testimoniar por nuestra vida juntas que vivir la Fraternidad no sólo es posible, sino también hermoso. ¡Vale la pena poner en ello todo nuestro corazón, nuestra pasión y nuestra paciencia!

La formación a la “Comunicación No Violenta” fue para nosotras un lugar de aprendizaje y de compartir preciosísimo. Qué sorpresa para cada una descubrir que cada quien se puede expresar con sus palabras, sus gestos o su actitud, y que su mensaje es recibido diferentemente por las demás…Podemos incluso escuchar a la otra y no llegar a comprender lo que quiere decir…

Tomamos conciencia de la importancia de la palabra, de reconocer nuestras necesidades para poder comunicar a partir de una misma. Comprendimos que todo se puede decir si hay respeto y benevolencia mutua. Y también, que la palabra puede ser preciosa, no sólo para explicarse o resolver conflictos, sino ante todo para decir algo bueno de la otra persona. Expresar lo que en la otra nos hace bien o ayuda en nuestro camino personal, nos ha aportado mucho.

El trabajo que hemos realizado sobre nosotras mismas, al interior de nuestra vida comunitaria, toma una dimensión más amplia en la situación que vivimos actualmente. Venimos todas de países distintos y somos acogidas por un país que no es el de ninguna de nosotras. Fuimos llamadas, al mismo tiempo, a conocernos entre nosotras y a conocer al pueblo que nos acogía. Desde el inicio estaba claro que nuestra mirada personal no era la única y esto nos animó a acoger la diferencia.

Marruecos es un país rico en su diversidad y hay también mucha gente que viene de otras partes. Esta mezcla ha sido para nosotras una riqueza muy grande y nuestra fraternidad hace parte de ella. Esto nos ha hecho crecer personalmente, nos ha ayudado a vencer el miedo que nos hace percibir la diversidad como un peligro que podría destruirnos. Al contrario, hemos descubierto que es ahí mismo, en la medida de nuestra apertura, que nuestra personalidad puede desplegarse. Aún más, en el encuentro con el “otro” (nuestras hermanas o los amigos de aquí), es donde podemos descubrir cada vez más nuestras propias riquezas y aprender a darnos.
Por esto, nos gustaría terminar con esta frase del P. Claverie: “Acepto que el otro pueda poseer una parte de verdad que me falta y sin la cual mi propia búsqueda de verdad no puede llegar a término”.

Htas. Anna-Mai, Federica-Modesta, Juliette-Magdeleine, Solange-Wudindoh (novicias de Casablanca – Marruecos)
con hta Lucile

Los tuareg, hombres libres como los dromedarios

Sostener la cultura nómada para preservar la biodiversidad del Sáhara de la mano de los dromedarios

Los músicos de la región cruzan fronteras estilísticas y geográficas en un oasis al sur de Marruecos para honrar el modo de vida de la gente del desierto, en el Año Internacional de los Camélidos, según la ONU

Dromedarios en el Festival Zamane
Desfile de dromedarios en el Festival Zamane, en el Año Internacional de los Camélidos, el 29 de noviembre de 2024.Festival Zamane / Joudour Sahara

Analía Iglesias

Apenas dos veces por año se humedece el cauce del río Draa, en el sur de Marruecos, que serpentea desde las altas cumbres de la cordillera del Atlas hasta el océano Atlántico. Sin embargo, allí donde empieza el desierto, su inestable caudal alimenta las raíces de los árboles a su vera, nutre las capas freáticas del suelo de los palmerales que cimentan los oasis y rellena algunos pequeños embalses de riego. Pero, además, también tiene que colmar la sed de los establecimientos turísticos que hacen soñar a los viajeros del Sáhara, incluso en tiempos de sequía.

El Draa nombra el sistema fluvial más largo de Marruecos, con 1.100 kilómetros de longitud, y también designa el territorio de un patrimonio cultural ineludible, en el que confluyen los hábitos de los caravaneros nómadas y las costumbres de los pueblos árabes y amazighs que han construido sus casas junto a las puertas del norte del Sáhara. Allí, en los últimos terrenos antes de que las dunas se vuelvan olas de un mar de arena interminable, en la localidad de M’hamid El Ghizlane, se reúnen cada año músicos y camelleros con vecinos, mercaderes de zocos itinerantes y turistas para celebrar las culturas del desierto, y aprender a cuidarlo como espacio singular de biodiversidad.

Vista panorámica de la apertura del Festival Zamane, el 29 de noviembre de 2024.
Vista panorámica de la apertura del Festival Zamane, el 29 de noviembre de 2024.Festival Zamane / Joudour Sahara

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Sostener esos modos de vida nómada constituye, precisamente, el objetivo de la asociación local Joudour Sahara que, del 29 de noviembre al 1 de diciembre de este año, organizó la tercera edición del Festival Zamane, con apoyo estatal y socios internacionales. El festival son tres tardes de música que rescata los sonidos antiguos de la región, aunque también hay momentos del día dedicados a conocer los ecosistemas de un oasis, las amenazas a las que se enfrentan —entre ellas, los efectos del calentamiento global—, así como la encrucijada actual para sus poblaciones, mermadas por el éxodo de los jóvenes y los embates de todo tipo a los que se ha sometido a los espacios naturales en el último siglo.

En este imponente paisaje sahariano que ha atravesado todos los tiempos, emerge la figura del dromedario, protagonista de las antiguas caravanas como medio de transporte insustituible, actual atracción turística y eterno proveedor de cuero, leche y carne. Y Zamane rindió homenaje a esos animales de compañía, que han sido destacados por Naciones Unidas por su función “para generar resiliencia ante el cambio climático”, con la designación de 2024 como el Año Internacional de los Camélidos.

Sobre la arena más fina y dispersa que nunca (por la sequedad ambiente que la vuelve polvillo), donde las oraciones y las estaciones se establecen según la posición del sol, solo el fiel camello sigue encontrando caminos transitables. Esta capacidad de memorizar lugares exactos —aunque las dunas se muevan— y su resistencia a las variaciones térmicas son habilidades que rescatan algunos de los propietarios de las tropillas de camélidos reunidos en una jaima, en torno a una mesa con dátiles, durante una mañana de domingo en el oasis de M’hamid El Ghizlane. Hablan de su inteligencia y su valía, todavía hoy, cuando prácticamente han sido reemplazados en su función de transporte por los vehículos todoterreno. En efecto, hace solo un par de meses, cuando las inundaciones se volvieron catastróficas en la zona, solo se podía acceder a algunos sitios a lomos de un dromedario, porque en esas circunstancias, fallaba inclusive la última tecnología en tracción, según señalan.

La visión amplia del que monta un dromedario

Los hombres azules del Sáhara —por sus vestimentas y turbantes celestes— no se acomplejan al compararse con un dromedario en su concepción del espacio, abierto y sin fronteras, ni en su andar sin ataduras. La poesía oral que llega en árabe hassaní (la variante dialectal del sur marroquí) dice: El olor de mi bienamada no lo olvidaré jamás, ni a lo largo del tiempo ni en ningún lugar/ el olor de la bienamada no lo percibirá nadie más que quien monta sobre el dromedario.

Sin embargo, con el extractivismo, la agricultura intensiva y la sedentarización, ese espacio abierto y libre en el que las manadas de camélidos encontraban sus pasturas sin brújula se viene reduciendo inexorablemente. De ahí que los pobladores de toda la vida que han elegido quedarse en el lugar, como Halim Sbai, director de la asociación Joudour, ponen al Sáhara en pie de igualdad con la Amazonía, para decir que estos sitios naturales pertenecen a todo el mundo, y que deberían convertirse en espacios protegidos como los parques nacionales, en los que haya un turismo cultural y ecológico, restricciones vehiculares y se tracen pistas de velocidad limitada para el tránsito de quads y camionetas.

Históricamente, el oasis se ha integrado al desierto, con casas hechas de barro y ramas secas, una arquitectura que interactúa amablemente con el paisaje, o la “belleza innata que nos rodea”, según la descripción del adobe del arquitecto egipcio Hassan Fathy.

No obstante, “cuando construirse una casa de cemento fuera del oasis empezó a significar el progreso, este hábitat empezó a languidecer”, señala Sbai, quien nació y se crio en M’hamid, aunque tuvo que salir para hacer la secundaria y estudiar en la universidad, en Marrakech.

Al volver a su pueblo, relata, el turismo florecía y había empezado a entrar mucho dinero, “con todos los efectos colaterales negativos que esto conlleva, entre ellos, la polución o el que los jóvenes se descarríen”. Sbai confiesa que su reflexión acerca de la necesidad de “hacer cosas por el patrimonio cultural (lo inmaterial) y lo natural de este entorno” fue el germen de este festival. Porque a través de un evento festivo es posible visibilizar la problemática específica de estos espacios de frontera entre el oasis y el desierto. Al mismo tiempo, desde su asociación se impulsaron acuerdos con la fundación Playing for Change, para la creación de una escuela de música que ya está en marcha, y con otras ONG europeas para la construcción de huertos ecológicos y espacios comunitarios. Y con distintas administraciones marroquíes se comenzó el trabajo para revitalizar el ksar (ciudad fortificada) de Bounou, y dotarlo de las infraestructuras necesarias para fijar la población local.

“Los músicos son embajadores de lo que aquí sucede”, apunta el director del festival, mientras organiza la actuación de las cofradías de la región, que se forman en torno a los miembros más veteranos, blandiendo sus krakabs (castañuelas metálicas) que acompañan los coros de alabanzas, o las espadas para la teatralización de sus bailes. También hay invitados de Níger, como el músico Bombino, y del norte de Malí, entre otros.

Con el horizonte ondulado como escenario, las mujeres, ataviadas de manera diferente para cada ceremonia, cantan o bailan al ritmo de las palmas y los tambores; con sus característicos gritos ululan al viento o claman su sensualidad frente a los hombres casaderos, en danzas como la guedra. Cabe recordar que, en las sociedades saharianas, muy próximas a la cultura tuareg, la mujer tiene un estatus y una libertad particulares, además de su cuota de poder como ama de la jaima.

Grupo musical de la región de M’hamid El Ghizlane en el Festival Zamane, el 29 de noviembre de 2024.
Grupo musical de la región de M’hamid El Ghizlane en el Festival Zamane, el 29 de noviembre de 2024.Festival Zamane / Joudour Sahara

El desierto se desmembra en un campo de refugiados

“Yo quería ser artista; por las redes me enteré de que existía una app que simulaba las cuerdas de una guitarra y, usando la pantalla como mástil, comencé a aprender, solo”, explica Ali Ag Mohamed, de 18 años, líder del grupo Assouf N’dawna, que vive en el campo de refugiados de M’bara, en Mauritania, y que por primera vez ha viajado al exterior para tocar en un concierto propio, dentro del Festival Zamane. En ese asentamiento del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) se han establecido decenas de miles de malienses de diferentes etnias (tuaregs, bambara o peul, entre otras), que son las principales víctimas de décadas de conflictos entre facciones políticas que luchan por el poder y delincuentes con diversos negociados clandestinos en el Sahel.

En ese contexto, no cuesta imaginar a Ag Mohamed practicando la guitarra imaginaria, durante los largos dos años en que añoró tener una de verdad. Un día la guitarra llegó y, pronto, también el director de este festival magrebí, que quiso invitar a este joven y sus colegas a dar su testimonio, cantando sobre un escenario.

Actuación del grupo maliense Assouf N'dawna, cuyos integrantes provienen del campo de refugiados de M’bara, en Mauritania, en el Festival Zamane, el 1 de diciembre de 2024.
Actuación del grupo maliense Assouf N’dawna, cuyos integrantes provienen del campo de refugiados de M’bara, en Mauritania, en el Festival Zamane, el 1 de diciembre de 2024.Festival Zamane / Joudour Sahara

El siguiente capítulo es la travesía de Sbai, quien tuvo que viajar personalmente para que estos cuatro jóvenes de entre 18 y 32 años pudieran ir a Bamako y obtener sus papeles para cruzar varias fronteras que solo lo son a efectos burocráticos, porque en el Sáhara, todas las culturas se parecen como hermanas. Así llegaron al oasis de M’hamid El Ghizlane y pueden narrar su experiencia de autodidactas que, a pesar de vivir en las condiciones de un campo y casi haber “perdido la noción del tiempo”, se sienten “conectados con el mundo”, aunque no dejen de reclamar: “queremos volver a casa”, según expresa Ahmadou Ag Mohamed Aly, el mánager y hermano mayor de Ag Mohamed.

Ellos le llaman Azawad a la región saheliana que consideran su hogar. Hablan tamasheq y celebran la música tuareg, la que han popularizado sus ídolos de Kidal, los Tinariwen. El nombre del grupo evoca la nostalgia del lugar en el que nacieron, Gargando, en el que había un lago que no llegaron a conocer. Tocan, sobre todo, versiones de Tinariwen, ya que, según confiesa el representante: “Entre nosotros no hay derechos de autor, por eso queremos grabar nuestras canciones antes de hacerlas en vivo”. Por eso, sostiene Ahmadou, han demandado a las autoridades de Naciones Unidas poder contar con un estudio de grabación y una escuela de música en el campo.

Al otro guitarrista, Mohamed Aly Ag Mohamed (20 años), le preguntamos por sus referentes en la escena mundial, y tras un largo silencio, enumera: Dadju, Michael Jackson, Souf, Oussama, Goulame.

¿Sobre qué cantan? “La nostalgia, el placer, el sufrimiento”, desgrana el mayor de los intérpretes, Aboubacrine Ag Amano (hijo del conocido griot Amadou Ag Issa, del grupo Tartit), que en voz baja avisa: “Necesitamos cualquier tipo de ayuda para hacer música. Empezamos con nada. Gracias a Dios ya tenemos guitarras, pero necesitamos muchas otras cosas”.

“La raíz de los problemas de la región es el desconocimiento del otro”, interpreta Sbai, el anfitrión de este oasis. Para “arreglar estos conflictos hay que entender la cultura de estas personas nómadas, que son hombres libres, como los dromedarios, que no pueden estar en espacios cerrados porque se sienten prisioneros”, zanja.

La experiencia de fe y convivencia de la Comunidad Trinitaria de Al Hoceima (Marruecos)

«Ser parte de la Iglesia en Marruecos nos invita a orar y alabar más intensamente a Dios  Trinidad, recordando la importancia de estar siempre en relación con el TodoMisericordia,  tal como nos lo recuerdan diariamente los muecines»

«Nuestra  espiritualidad redentora-liberadora nos invita a vivir la experiencia del encuentro que se  manifiesta en la Casa de la Trinidad, convertida en hogar donde relacionarnos,  conocernos y crear lazos de comunión»

«En los dos extremos de la geografía del mundo árabe encontramos esos espacios de  encuentro y de diálogo, no siempre fáciles, pero por donde hay que transitar sin  descanso, para habitar y construir la fraternidad humana»

Comunidad Trinitaria de Al Hoceima

“La Santísima Trinidad es en sí misma un diálogo perenne de amor entre el Padre y el  Hijo en el Espíritu Santo, diálogo que se extiende a toda la humanidad. La Trinidad es, pues, un misterio que invita al diálogo, al encuentro y la acogida, y es fuente inagotable de  comunión y de paz”.

Estas palabras del Ministro General de los Trinitarios en la carta de preparación y  felicitación a toda la Familia Trinitaria en el día de nuestra fiesta principal, son una  invitación a vivir en profundidad el carisma propio recordando, además, los orígenes de la  inspiración de san Juan de Matha, el fundador de la Orden de la Santísima Trinidad, en  1198. 

Junto a la regla fundacional, Inocencio III escribió una carta de presentación al rey de  Marruecos, Miramamolín, explicando el servicio de redención que se proponían realizar  aquellos hombres en tierras marroquíes. 

En el período de “aggiornamento” de la Orden Trinitaria después del Concilio Vaticano II,  las experiencias han sido diversas y han mostrado que, lejos de “custodiar cenizas”, la  Familia Trinitaria “alimenta un fuego que arde” siempre de manera nueva, respondiendo a  los nuevos tiempos y soñando nuevos modos de realizar la misión de liberación. 

Comunidad Trinitaria de Al Hoceima
Comunidad Trinitaria de Al Hoceima Comunidad Trinitaria de Al Hoceima

Hace más de veinte años un Capítulo General nos instó a revitalizar de distintos modos el  acompañamiento a los cristianos perseguidos por su fe y su compromiso con los valores  del evangelio. Así mismo, se insistió en la necesidad “que está en los genes” de los  Trinitarios de dialogar con y vivir entre los musulmanes. 

Todo ello, unido a la experiencia de contacto con muchas personas venidas de la otra  orilla del Mediterráneo, nos ha hecho promover una presencia en territorio marroquí. 

Desde 2018 la Provincia de los Trinitarios de España tiene una comunidad en la ciudad de  Al Hoceima, en el norte del país, con la simple pretensión de “no tener miedo” al diferente,  tan cercano geográficamente y tan lejano por creencias, historia, modos de entender el  mundo o prejuicios recíprocos. 

Los trinitarios, parte de la Iglesia de Marruecos
Los trinitarios, parte de la Iglesia de Marruecos Comunidad Trinitaria de Al Hoceima

Ser parte de la Iglesia en Marruecos nos invita a orar y alabar más intensamente a Dios  Trinidad, recordando la importancia de estar siempre en relación con el TodoMisericordia,  tal como nos lo recuerdan diariamente los muecines. Nos motiva a tejer redes de amistad  en nuestra vida cotidiana, como vecinos más del pueblo, en el mercado, la cafetería o la  plaza, viviendo el diálogo de la vida. Además, nos llama a ofrecer un servicio redentor y  liberador a los migrantes subsaharianos y a los más vulnerables entre nuestros vecinos:  mujeres, jóvenes y necesitados, practicando el diálogo de la caridad. 

Desde la comunidad trinitaria atendemos la Parroquia de San José, que pertenece a la  Archidiócesis de Tánger. Además de la actividad pastoral, también se impulsan iniciativas  sociales que benefician tanto a la población migrante como a la local marroquí. Nuestra  espiritualidad redentora-liberadora nos invita a vivir la experiencia del encuentro que se  manifiesta en la Casa de la Trinidad, convertida en hogar donde relacionarnos,  conocernos y crear lazos de comunión.

Nuestra debilidad se une a la vulnerabilidad de todos los que participan en las distintas  actividades. Buscamos fomentar la posibilidad de encuentro con aquellos con los que  compartimos pobrezas diversas. La Casa de la Comunión Fraterna es lugar de encuentro  para los cristianos que vivimos en minoría en este país, estudiantes africanos para los que  somos referencia, migrantes en movilidad que reciben acompañamiento en todas sus  necesidades, mujeres rifeñas que miman su “espacio de mujer” y jóvenes marroquíes que  reciben las herramientas necesarias para su auto-emprendimiento. 

Fe y vocación trinitaria en Marruecos
Fe y vocación trinitaria en Marruecos Comunidad Trinitaria de Al Hoceima

Sentimos, que la experiencia de compartir nuestra fe y nuestra vocación en Marruecos, puede ser una invitación a la esperanza de que personas de distintas identidades nos  encontremos en espacios de entendimiento y fraternidad humana. Espacios que muestran  que nuestro Dios Trinidad es esa “fuente inagotable de comunión y de paz”. 

Con este espíritu de crear lugares de encuentro y diálogo, la Familia Trinitaria celebró su  última Asamblea Intertrinitaria en Marruecos, siguiendo los pasos de los primeros  redentores de la Orden. El mes pasado, nuestro Ministro General, junto a las Superioras Mayores de las distintas congregaciones femeninas trinitarias y los responsables de los grupos laicales que comparten el carisma, se reunieron en Bahrein para celebrar el  encuentro anual de Solidaridad Internacional Trinitaria, el organismo de la Orden dedicado  al servicio de los cristianos que viven su fe en situaciones de dificultad.  

En los dos extremos de la geografía del mundo árabe encontramos esos espacios de encuentro y de diálogo, no siempre fáciles, pero por donde hay que transitar sin  descanso, para habitar y construir la fraternidad humana. Este camino es una manera  privilegiada de vivir nuestro carisma, habiendo sido llamados a ser vasos escogidos de la Trinidad para llevar su nombre.

En Marruecos siguiendo a Foucauld

 Bajo el título » En Marruecos siguiendo a Foucauld «, y bajo la pluma de J. Ladreit de Lacharriere, la Société d’Editions Géographiques Maritimes et Coloniales de Paris publicó en 1932 una obra que revive a través del texto y la ilustración el » Reconocimiento de Charles de Foucauld en Marruecos.

      Una revista franciscana mensual de la época, Le Maroc Catholique , hizo una reseña de ella en su número de junio de 1932, páginas 182-183, reseña que finalizaba con las siguientes consideraciones mediante las cuales el autor (probablemente el padre Achille Léon ofm) resumía la Actitud foucaultiana:

     Marruecos fue, para Foucauld, la escuela del «deber personal». A cambio, toda su vida permanecerá «a disposición de este suelo», habiendo encontrado allí junto a grandes ocasiones de sufrimiento de todo tipo, «almas de élite, francas, delicadas, ricas en dones espirituales y morales», dignas de atraer la «simpatía de su corazón».

      Recomienda practicar el trabajo de acercamiento, «para hacerse querer, para inspirar estima, confianza, amistad», y, para ello, «conocer suficientemente a la población»; realizar «una obra de elevación moral, modificar las ideas de los indígenas con el ejemplo de nuestra vida; enseñarles con un contacto cotidiano, cercano , lo que se aprende en la familia, para hacer su familia …»

      “Aprender a conocer para aprender a amar”, diría Laperrine.

      Para continuar una obra de alta «civilización pacífica, intelectual y moral» sólo es necesario escuchar a Foucauld.

      «El explorador de Marruecos, con toda su fe, su caridad, su experiencia de las almas magrebíes, trazó la regla del deber de simpatía mutua para todos los hombres de buena voluntad».

      Busca con larga paciencia y desarrolla lo que une.

      Un deber de paz y estima recíproca.

      ( Fuente: Marruecos católico , Rabat, Marruecos, junio de 1932)

http://lafregate.over-blog.com/article-a-propos-de-la-reconnaissance-au-maroc-par-charles-de-foucauld-96822839.html

Contexto sociopolítico en el que vivió Carlos de Foucauld

La batalla de Isly se libró el 14 de agosto de 1844 entre Francia y Marruecos

Norte de África

El origen del enfrentamiento entre Marruecos y Argelia

El conflicto entre ambos vecinos empezó a fraguarse hace más de 50 años

Antonio M. Carrasco
Antonio M. Carrasco El Debate

05/11/2021 Actualizada 09:30a rivalidad, a veces violenta, entre Argelia y Marruecos viene de antiguo. Tenemos que remontarnos al siglo XIX. En 1830, Marruecos es el único país independiente del MagrebArgelia, Túnez y Libia estaban bajo la dominación del Imperio Otomano y Mauritania no existía. Es cierto que la autoridad de los beys otomanos sobre Argelia y Túnez era escasa, casi nominal. En 1830 los franceses desembarcaron en Sidi Ferrouch e inician la toma de Argelia. Encuentran una dura resistencia que acabará liderando el emir Abd el Kader. En un principio, mientras consolidan el dominio sobre Argel y su región, pactan la paz con aquél, llegando incluso a firmar el Tratado de Tafna en 1837, tras una derrota militar francesa, donde reconocen al caudillo argelino como soberano de amplios territorios en el oeste y sur del país. Abd el Kader organizó el país y su ejército y comenzó a ser una grave amenaza para la Francia colonial que temía su nacionalismo y su independentismo. En 1839, el duque de Orleans provocó un incidente con el emir con la excusa de que no respetaba los límites fronterizos trazados en Tafna. Abd el Kader declara la guerra santa contra los franceses, ataca y destruye posiciones de éstos en la Mitidja (la mejor zona de agricultura del país).A partir de aquí la guerra se prolongó durante años. Francia se decidió a acabar con el desafío y mandó a la colonia al general Bugeaud que desarrolló una táctica novedosa. En vez de llenar el territorio de fuertes y posiciones (como luego haría el general Silvestre en el Rif español), decidió organizar columnas móviles que actuaban con rapidez, recorrían bien armadas el territorio para someter a los pobladores y usaban la política de tierra quemada contra los rebeldes. Bugeaud logra mermar la resistencia de Abd el Kaker que, en 1843 arrinconado en las montañas y con muy pocos fieles –unos 3.000–, decide refugiarse en Marruecos donde encuentra la protección del sultán Abderrahman. Francia reaccionó con gran dureza contra los marroquíes, les declaró la guerra y bombardeó Tánger, Oujda y Essaouira. Finalmente, el 14 de agosto de 1844 los franceses y las tropas del sultán con los pocos hombres del emir, se enfrentaron en la batalla de Isly. Fue una gran victoria de Bugeaud, una derrota catastrófica para Marruecos y el principio del fin de Abd el Kader que acabaría entregándose a los franceses de Argelia.

Tratado de Lalla Marnia

Catastrófica para Marruecos porque Francia, aprovechando la ventaja que le dio el triunfo militar, se quedó con una franja importante del territorio oriental de Marruecos. Tras el Tratado de Lalla Marnia en 1845, la frontera entre Marruecos y la Argelia francesa se traza desde Saidia en el norte hasta el puerto de Teniet Sassi en el sur sahariano. Son las fronteras que Marruecos sigue reconociendo. Pero los franceses comenzaron una larga y continua labor de menoscabo del territorio sur de Marruecos. La Francia colonialista fue ampliando su posesión en Argelia hacia el sur y el oeste, entrando en territorios donde el sultán era reconocido como líder, al menos religioso, y con los que había lazos evidentes de relación que no existían con Argelia. Se apoderaron de oasis, salinas, minas e incluso de ciudades como Figuig.En 1900 Francia firma el tratado de París con España y delimita las fronteras en Guinea y Sahara, privando a España de zonas en el Sahara que había explorado firmando tratados con tribus locales como las salinas de Iyil y Adrar Tamar. Lo que era contrario al espíritu de la Conferencia de Berlín. Pero también siguió menoscabando el territorio de influencia marroquí, ocupando las áreas de Gurara, Tuat y Tidikelt. El sultán Hassan no tenía fuerza militar para oponerse, intentó conservar otras regiones cuya soberanía estaba sin concretar en el tratado de 1845 y firmó un protocolo que consolidó el dominio francés. Tras la instauración del Protectorado francés en Marruecos en 1912, Francia trazó una nueva frontera argelina en la región, de manera unilateral, con la llamada línea Varnier (en honor del residente francés en Rabat). En 1934, el coronel Trinquet ocupó Tinduf, fundó una posición en Fort Trinquet en Tiris Zemmour (actual Mauritania) y culminó el proceso de usurpación territorial con una nueva línea fronteriza.Después de la independencia de ambos países en 1956 (Marruecos) y 1962 (Argelia), Marruecos reivindicó estos territorios a Argelia. Primero, por derechos históricos, segundo por la ayuda prestada en 1844 y en la guerra de liberación argelina, y tercero por seguir las tesis nacionalistas de Allal el Fassi, fundador del partido Istiqlal, ejemplo de ultranacionalismo y que reivindicaba hasta la zona norte de Mali. Origen también del anhelo marroquí por el Sahara español. Argelia se negó a tratar el asunto, aceptó como territorio nacional lo que había dejado Francia y dio lugar a una serie de incidentes diplomáticos y encuentros armados. Los incidentes fueron especialmente graves en Tinduf en 1962. Y siguieron en aumento.

En 1963 los hechos acabaron produciendo una guerra entre los dos países que rompió la colaboración entre ambos y que dio lugar a una larga etapa de malas relaciones que dura hasta hoy. Ese año se produjo la llamada Guerra de las Arenas. Con varias escaramuzas, ataques a posiciones, bajas y prisioneros, la guerra pudo haber derivado en un conflicto largo y sangriento que ninguno de los dos países deseaba. Argelia acababa de salir de otra muy larga y de alto coste económico y social. La intervención de la Liga Árabe logró que los combates cesaran y que las tropas volvieran a los cuarteles, pero no se solucionó el fondo del conflicto y las fronteras no se tocaron.Por último, en 1972 ambos países firmaron la convención de Rabat que declaraba intangibles las fronteras coloniales hasta que se llegara a un acuerdo de delimitación de fronteras. Marruecos aceptaba la frontera desde el río Draa hasta Figuig y esperaba la explotación conjunta de las minas de Gara Yebilet en Argelia. Este acuerdo ha permanecido siempre entre una nebulosa que lo oscurece. Se llegó a decir que lo firmo Ufkir con Boumedianne a cambio del apoyo de Argelia a su golpe de Estado, fracasado en Sjirat. Ha habido momentos de distensión y de tensión, pero el conflicto sigue latente.

Carlos de Foucauld explorador en Marruecos (1882-1886)

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Carlos de Foucauld se trasladó a Argel en mayo de 1882 y se preparó para su viaje.A 22​ La reunión con Oscar Mac Carthy, geógrafo, explorador y director de la Biblioteca Nacional de Argelia, confirmó el objetivo del proyecto: Marruecos, un país por entonces muy poco conocido. Carlos estudió durante un año el idioma árabe y el islam, así como el idioma hebreo.A 23​ Siguiendo el consejo de Mac Carthy, se reunió con el rabino Mordejái Abi Serur (en hebreo, מרדכי אבי סרור; más conocido por la transliteración al francésMardochée Aby Serour) quien se ofreció como guía y le sugirió que simulara ser judío para pasar desapercibido en aquel país,14​ por entonces prohibido para los cristianos y poblado mayormente por tribus que escapaban al control directo del sultán.A 24El rabino y explorador Mordejái Abi Serur, guía de Carlos de Foucauld en Marruecos.

Comenzó su viaje el 10 de junio de 1883, en compañía del rabino Abi Serur. Carlos se hizo llamar «rabino Joseph Aleman»; dijo haber nacido en Moldavia y haber sido expulsado de su país por los rusos. Declaró que el objeto de su viaje era visitar la comunidad judía de Marruecos.A 25​ Llevaba consigo todos los instrumentos de trabajo necesarios para su expedición: sextantebrújulasbarómetrostermómetros, mapas y documentos que escondió en su mula.A 25

De acuerdo con los consejos de su guía, vivió como un indigente y observó el Sabbat. Estando todavía en Argelia, el 13 de junio se cruzó en Tremecén con oficiales franceses que no lo reconocieron. Uno de ellos se rio al ver a Carlos y dijo: «Miren al pequeño judío comiendo aceitunas en cuclillas. Se parece a un mono».A 26B 17​ Arribaron a Marruecos y disfrutaron de la hospitalidad de las familias judías. Carlos subía a la terraza para hacer sus mediciones mientras Abi Serur vigilaba, desviando la atención de los eventuales curiosos.A 27​ Ante la imposibilidad de cruzar la salvaje región de Rif, tomaron el camino de Fez.A 28​ Carlos decidió explorar el este antes de ir al sur.A 27​ Frente a los temores de Abi Serur y para garantizar la seguridad, Carlos contrató algunos jinetes como guardaespaldas que los condujeran a la ciudad de Taza. En cada pueblo debía desembolsar dinero para comprar la protección del kaid o jefe local.A 27​ Llegaron a Mequinez el 23 de agosto para dirigirse luego hacia el sur, a pesar de la desconfianza manifestada por Abi Serur. Durante el viaje, Carlos tomaba notas en un cuaderno pequeño escondido en la manga, incluyendo datos topográficos y croquis, que ocultaba de la vista de sus acompañantes. Durante la noche comenzaba el largo proceso de transcribir en un libro más grande las diferentes anotaciones tomadas durante el día.Imagen de una sección del Alto Atlas, tomada por la NASA.

La expedición llegó al Alto Atlas, las mayores alturas del norte de África, cruzándolo a través del paso de Tizi n’Telouet situado a más de 2600 msnm. Foucauld se convertía así en el primer europeo que exploraba esa región de Marruecos.A 29B 17​ El trayecto estuvo pleno de riesgos e incidentes. A modo de ejemplo, Carlos relató que el 26 de octubre vio tres pequeñas caravanas. El jefe de una de ellas entró en largas discusiones con los custodios de Carlos. Quería robarle y sugería a quienes lo escoltaban que lo ayudaran, ofreciéndoles la mitad del botín. Los custodios rechazaron la oferta y el tentador no encontraba palabras para expresar cuán estúpidos eran.A 29Ilustración de Reconnaissance au Maroc (1883-1884), libro de Carlos de Foucauld ilustrado con cuatro fotograbados y 101 dibujos realizados a partir de bocetos del autor. Albert Dujardin fue responsable de los grabados, mientras que Carlos de Foucauld fue el autor del texto. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia.

Carlos se conmovió por la belleza de los paisajes, pero también por la piedad musulmana. Escribió en sus notas de viaje:La noche del destino, después del vigésimo séptimo día de Ramadán. Entonces, también los demonios salieron de la tierra, lo que justifica la noche de oración para evitar sus tentaciones. La contemplación durante semejantes noches lo conduce a uno a comprender la creencia de los árabes en una noche misteriosa, Laylat al-Qadr, donde el cielo se abre, los ángeles descienden a la tierra, las aguas de mar se tornan frescas y todo lo que es inanimado en la naturaleza se inclina a adorar al Creador.A 30​Carlos de Foucauld

Exploró Marruecos en Tissint, entre Tata (uno de los municipios de la provincia homónima) y Foum Zguid antes de volver a los peligros y a la falta de dinero. Abandonó a su compañero de viaje, con quien había tenido a menudo disputas acaloradas, y se trasladó a Mogador para pedir dinero a su familia. Permaneció varias semanas trabajando en la redacción de su diario de viaje.B 18​ Una vez que recibió el dinero, se unió a Abi Serur.A 31​ Juntos, volvieron a subir el Alto Atlas, acompañados por tres árabes que se suponía debían protegerlos, pero que los despojaron, aunque dejando sus vidas a salvo y sin robar los instrumentos y libros de Carlos.B 19​ Abi Serur y Carlos se refugiaron con la comunidad judía y volvieron a Argelia, después de casi once meses de viaje, en lugar de los cinco previstos inicialmente.A 31B 20Placa tradicional de la Sociedad de Geografía de París en el bulevar Saint-Germain. Esa institución distinguió a Carlos de Foucauld con la medalla de oro en 1885.

El viaje al corazón de Marruecos, desde junio de 1883 a mayo de 1884, y la considerable cantidad de información presentada, especialmente geográfica y etnológica, le valieron a Carlos de Foucauld la medalla de oro de la Sociedad de Geografía de París el 9 de enero de 1885,A 32​ cuando la Sociedad era presidida por Ferdinand de Lesseps. También en la Sorbona recibió honores académicos por su trabajo.A 32​ De regreso a Francia, se encontró con los suyos, especialmente su tía paterna Madame Moitessier, pero la vida en París le resultó aburrida.

Regresó a Argel, donde McCarthy le presentó a un geógrafo y topógrafo, el comandante Titre, semirretirado pero muy activo, que servía como vicepresidente de la Sociedad Geográfica (rama argelina).A 33​ Carlos conoció a la hija del comandante, Marie-Marguerite Titre, una joven hermosa de 23 años, espontánea y brillante, de moral y de carácter fuerte, y creyente ferviente. Se enamoraron y él planeó casarse. Lo único en lo que no coincidían era en la fe: Carlos era agnóstico. Él fue muy sincero con ella:Cuando nos casemos, te dejaré completamente libre de hacer lo que desees en materia de religión pero, en lo que a mí se refiere, no practicaré porque no soy creyente.A 33H 6Cuadernos de Charles de Foucauld 25, p. 38

María de Bondy, prima de Carlos, se opuso al matrimonio, y junto con ella su tía Madame Moitessier, su propia hermana María y el resto de la familia.A 34Nota 9​ Finalmente, decidió concluir el compromiso, aunque aparentemente sufrió por algún tiempo a causa de la ruptura.A 34​ El 30 de diciembre de 1884 María de Foucauld, hermana de Carlos, se casó con el banquero Raymundo (Raymond) de Blic,A 33​ y llevó desde entonces ese apellido.

Carlos embarcó para Argel el 14 de septiembre de 1885, a fin de dirigir una segunda expedición en el Sahara.B 21​ Antes de publicar los datos obtenidos en su exploración a Marruecos, quería recorrer las partes del Sahara argelino y tunecino que todavía no conocía, a fin de verificar los puntos de semejanza entre ellos y el Sahara marroquí.H 7​Debido a la inseguridad crónica de la región, llevó solo un caballo y dos mulas de carga. Atravesó la cordillera Amour en la sección central del Atlas sahariano,A 35​ y llegó a Laghouat el 6 de octubre, a Ghardaïa y El Golea el 9 de noviembre. Estuvo en Ouargla a fines de noviembre, y en Gafsa el 18 de diciembre.H 7​ Durante el trayecto realizó una serie de dibujos y croquis de los lugares visitados.15​ A comienzos de enero de 1886 llegó a Gabès, ocupada por los franceses desde 1881, desde donde se embarcó hacia Francia. En febrero de 1886 estuvo en Niza y luego en París.H 7

Carlos de Foucauld, explorador en Marruecos (1882-1886)

Ilustración de Reconnaissance au Maroc (1883-1884), libro de Carlos de Foucauld ilustrado con cuatro fotograbados y 101 dibujos realizados a partir de bocetos del autor. Albert Dujardin fue responsable de los grabados, mientras que Carlos de Foucauld fue el autor del texto. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia.

Carlos de Foucauld se trasladó a Argel en mayo de 1882 y se preparó para su viaje. La reunión con Oscar Mac Carthy, geógrafo, explorador y director de la Biblioteca Nacional de Argelia, confirmó el objetivo del proyecto: Marruecos, un país por entonces muy poco conocido. Carlos estudió durante un año el idioma árabe y el islam, así como el idioma hebreo.​ Siguiendo el consejo de Mac Carthy, se reunió con el rabino Mordejái Abi Serur (en hebreo, מרדכי אבי סרור; más conocido por la transliteración al francésMardochée Aby Serour) quien se ofreció como guía y le sugirió que simulara ser judío para pasar desapercibido en aquel país,​ por entonces prohibido para los cristianos y poblado mayormente por tribus que escapaban al control directo del sultán.​El rabino y explorador Mordejái Abi Serur, guía de Carlos de Foucauld en Marruecos.

Comenzó su viaje el 10 de junio de 1883, en compañía del rabino Abi Serur. Carlos se hizo llamar «rabino Joseph Aleman»; dijo haber nacido en Moldavia y haber sido expulsado de su país por los rusos. Declaró que el objeto de su viaje era visitar la comunidad judía de Marruecos​ Llevaba consigo todos los instrumentos de trabajo necesarios para su expedición: sextantebrújulasbarómetrostermómetros, mapas y documentos que escondió en su mula.

De acuerdo con los consejos de su guía, vivió como un indigente y observó el Sabbat. Estando todavía en Argelia, el 13 de junio se cruzó en Tremecén con oficiales franceses que no lo reconocieron. Uno de ellos se rio al ver a Carlos y dijo: «Miren al pequeño judío comiendo aceitunas en cuclillas. Se parece a un mono».​ Arribaron a Marruecos y disfrutaron de la hospitalidad de las familias judías. Carlos subía a la terraza para hacer sus mediciones mientras Abi Serur vigilaba, desviando la atención de los eventuales curiosos.​ Ante la imposibilidad de cruzar la salvaje región de Rif, tomaron el camino de Fez.​ Carlos decidió explorar el este antes de ir al sur.​ Frente a los temores de Abi Serur y para garantizar la seguridad, Carlos contrató algunos jinetes como guardaespaldas que los condujeran a la ciudad de Taza. En cada pueblo debía desembolsar dinero para comprar la protección del kaid o jefe local.​ Llegaron a Mequinez el 23 de agosto para dirigirse luego hacia el sur, a pesar de la desconfianza manifestada por Abi Serur. Durante el viaje, Carlos tomaba notas en un cuaderno pequeño escondido en la manga, incluyendo datos topográficos y croquis, que ocultaba de la vista de sus acompañantes. Durante la noche comenzaba el largo proceso de transcribir en un libro más grande las diferentes anotaciones tomadas durante el día.

La expedición llegó al Alto Atlas, las mayores alturas del norte de África, cruzándolo a través del paso de Tizi n’Telouet situado a más de 2600 msnm. Foucauld se convertía así en el primer europeo que exploraba esa región de Marruecos.​ El trayecto estuvo pleno de riesgos e incidentes. A modo de ejemplo, Carlos relató que el 26 de octubre vio tres pequeñas caravanas. El jefe de una de ellas entró en largas discusiones con los custodios de Carlos. Quería robarle y sugería a quienes lo escoltaban que lo ayudaran, ofreciéndoles la mitad del botín. Los custodios rechazaron la oferta y el tentador no encontraba palabras para expresar cuán estúpidos eran.​

Carlos se conmovió por la belleza de los paisajes, pero también por la piedad musulmana. Escribió en sus notas de viaje:»La noche del destino, después del vigésimo séptimo día de Ramadán. Entonces, también los demonios salieron de la tierra, lo que justifica la noche de oración para evitar sus tentaciones. La contemplación durante semejantes noches lo conduce a uno a comprender la creencia de los árabes en una noche misteriosa, Laylat al-Qadr, donde el cielo se abre, los ángeles descienden a la tierra, las aguas de mar se tornan frescas y todo lo que es inanimado en la naturaleza se inclina a adorar al Creador«.

Exploró Marruecos en Tissint, entre Tata (uno de los municipios de la provincia homónima) y Foum Zguid antes de volver a los peligros y a la falta de dinero. Abandonó a su compañero de viaje, con quien había tenido a menudo disputas acaloradas, y se trasladó a Mogador para pedir dinero a su familia. Permaneció varias semanas trabajando en la redacción de su diario de viaje.B 18​ Una vez que recibió el dinero, se unió a Abi Serur.​ Juntos, volvieron a subir el Alto Atlas, acompañados por tres árabes que se suponía debían protegerlos, pero que los despojaron, aunque dejando sus vidas a salvo y sin robar los instrumentos y libros de Carlos.​ Abi Serur y Carlos se refugiaron con la comunidad judía y volvieron a Argelia, después de casi once meses de viaje, en lugar de los cinco previstos inicialmente.​

El viaje al corazón de Marruecos, desde junio de 1883 a mayo de 1884, y la considerable cantidad de información presentada, especialmente geográfica y etnológica, le valieron a Carlos de Foucauld la medalla de oro de la Sociedad de Geografía de París el 9 de enero de 1885,​ cuando la Sociedad era presidida por Ferdinand de Lesseps. También en la Sorbona recibió honores académicos por su trabajo.A 32​ De regreso a Francia, se encontró con los suyos, especialmente su tía paterna Madame Moitessier, pero la vida en París le resultó aburrida.

Regresó a Argel, donde McCarthy le presentó a un geógrafo y topógrafo, el comandante Titre, semirretirado pero muy activo, que servía como vicepresidente de la Sociedad Geográfica (rama argelina).​ Carlos conoció a la hija del comandante, Marie-Marguerite Titre, una joven hermosa de 23 años, espontánea y brillante, de moral y de carácter fuerte, y creyente ferviente. Se enamoraron y él planeó casarse. Lo único en lo que no coincidían era en la fe: Carlos era agnóstico. Él fue muy sincero con ella: «Cuando nos casemos, te dejaré completamente libre de hacer lo que desees en materia de religión pero, en lo que a mí se refiere, no practicaré porque no soy creyente«.​Cuadernos de Charles de Foucauld 25, p. 38

María de Bondy, prima de Carlos, se opuso al matrimonio, y junto con ella su tía Madame Moitessier, su propia hermana María y el resto de la familia. Finalmente, decidió concluir el compromiso, aunque aparentemente sufrió por algún tiempo a causa de la ruptura. El 30 de diciembre de 1884 María de Foucauld, hermana de Carlos, se casó con el banquero Raymundo (Raymond) de Blic,​ y llevó desde entonces ese apellido.

Carlos embarcó para Argel el 14 de septiembre de 1885, a fin de dirigir una segunda expedición en el Sahara.Antes de publicar los datos obtenidos en su exploración a Marruecos, quería recorrer las partes del Sahara argelino y tunecino que todavía no conocía, a fin de verificar los puntos de semejanza entre ellos y el Sahara marroquí.7​Debido a la inseguridad crónica de la región, llevó solo un caballo y dos mulas de carga. Atravesó la cordillera Amour en la sección central del Atlas sahariano,​ y llegó a Laghouat el 6 de octubre, a Ghardaïa y El Golea el 9 de noviembre. Estuvo en Ouargla a fines de noviembre, y en Gafsa el 18 de diciembre.​ Durante el trayecto realizó una serie de dibujos y croquis de los lugares visitados.​ A comienzos de enero de 1886 llegó a Gabès, ocupada por los franceses desde 1881, desde donde se embarcó hacia Francia. En febrero de 1886 estuvo en Niza y luego en París.