¿Qué es «la Iglesia del delantal», que defendieron hasta la muerte cuatro Misioneras de la Caridad?

Las cuatros religiosas asesinadas en Yemen
Las cuatros religiosas asesinadas en YemenFides

Se cumplen diez años del asalto de un comando yihadista a la casa para ancianos que gestionaban las religiosas en Yemen

Reginette y Margarita eran originarias de Ruanda, Anselma procedía de India y Judith era de Kenia. Las cuatro religiosas de las Misioneras de la Caridad fueron asesinadas el 4 de marzo de 2016 por un comando yihadista que asaltó la Casa para Ancianos de Adén (Yemen), gestionada por las hermanas de la Madre Teresa, y acabó también con la vida de doce colaboradores laicos de distintas nacionalidades y religiones.

Durante el ataque fue secuestrado el sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil, quien fue liberado en septiembre de 2017 tras una prolongada cautividad.

El Vicariato Apostólico de Arabia Meridional conmemoró ayer el décimo aniversario del martirio de las cuatro religiosas. El obispo Paolo Martinelli, vicario apostólico, presidió una celebración eucarística en su memoria en la catedral de San José de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), según informa Fides.

«Celebrar este aniversario en un momento en que toda la región del Golfo atraviesa un grave conflicto es motivo de esperanza», ha subrayado el prelado. «Las Misioneras de la Caridad entregaron su vida y algunas de ellas siguen hoy presentes en Yemen, sirviendo a los más pobres sin distinción y dando testimonio de la caridad de Cristo que supera toda barrera. Mirándolas, nos sentimos alentados a ser, en esta tierra, constructores de paz», añadió.

Atendían a ancianos y a discapacitados

Hace diez años, las religiosas atendían a ancianos y personas con discapacidad, en su mayoría musulmanes, cuidando tanto sus cuerpos debilitados como sus heridas interiores. Tras la matanza, el entonces vicario apostólico, el capuchino Paul Hinder, relató que la población local las apreciaba profundamente y «admiraba su modo de servir sin fijarse en la pertenencia religiosa, sino solo en la opción de privilegiar a quien más lo necesitaba».

«La memoria de las Misioneras de la Caridad asesinadas en Adén -reconoce hoy el obispo Martinelli, también capuchino- sigue alimentando la vida de nuestra Iglesia y nos impulsa a vivir la fe cada día con alegría y compromiso». Y recuerda las palabras escritas por monseñor Hinder poco después de los hechos de 2016: «Imploremos a las cuatro mártires que intercedan por Yemen y por todo Oriente Medio, para que llegue la paz y cese la violencia».

Las imágenes difundidas tras la masacre mostraban los cuerpos sin vida de las hermanas. Dos de ellas llevaban, sobre el hábito, un sencillo delantal de cocina, el mismo que utilizaban a diario para realizar tareas que exigían «ensuciarse las manos» sin estropear la ropa.

«La Iglesia del delantal»

El recordado obispo italiano Tonino Bello solía pedir que el Señor hiciera callar «por algunos años a los teólogos y a los oradores» que se limitan a pronunciar discursos. Para él, la misión de la Iglesia necesitaba precisamente el delantal: «Es el delantal el que debemos ponernos como Iglesia. Debemos ceñírnoslo de verdad», solía repetir. Una imagen que evocaba el gesto de Cristo al atarse la toalla a la cintura para lavar los pies a sus discípulos antes de la Pasión. «La Iglesia del delantal -afirmaba Tonino Bello – es la Iglesia que Jesús prefiere, porque Él actuó así».

Las religiosas mártires de Yemen fueron asesinadas con el delantal ceñido, símbolo del servicio cotidiano que prestaban a ancianos musulmanes pobres y enfermos por amor a Cristo. No hacían proselitismo: desinfectaban heridas y ofrecían instantes de consuelo a vidas marcadas por el sufrimiento. El odio que destrozó sus cuerpos indefensos fue tan injustificado como el que llevó a Cristo a la cruz.

«Cuanto más cerca está la Iglesia de Jesucristo, más participa de su pasión», afirmó entonces a la agencia Fides el obispo comboniano Camillo Ballin, vicario apostólico de Arabia Septentrional. Y añadió: quien se acerca más a Cristo, «queda implicado en su pasión y en su muerte, para participar también en la gloria de su victoria».

Las Misioneras de la Caridad, fundadas por Teresa de Calcuta, están presentes en Yemen desde 1973, a invitación del entonces gobierno de Yemen del Norte. La Casa para Ancianos de Adén fue inaugurada el 25 de marzo de 1992, también a petición de las autoridades.

Aún hoy -señala un comunicado del Vicariato Apostólico de Arabia Meridional- «la presencia de las Misioneras de la Caridad en Yemen sigue siendo un humilde pero poderoso signo de esperanza, a través de su servicio a los más débiles y pobres». Ahora, dos comunidades de las Misioneras de la Caridad continúan su labor en Hodeidah y Saná.

Fuente:El Debate 

El gran libro

El gran libro

«La Biblia de Ferrara (1553), editada hoy en la admirable Biblioteca Castro, estaba traducida del hebreo al judeo-español, en una lengua inventada por los traductores»

Félix de Azúa

Félix de Azúa (Barcelona, 1944) es escritor, doctor en Filosofía y catedrático de estética. En junio de 2015 fue elegido miembro de la Real Academia Española.

Todas las religiones encierran un magno secreto. Cada una a su manera y desde la prehistoria, nos sitúan en el universo y veneran una existencia sobrehumana y libre de la muerte. Son muy distintas entre sí: las más antiguas veían ese orden sagrado en algunos animales, en los meteoros, en las imponentes manifestaciones naturales. Luego vinieron religiones más próximas al humano, como el politeísmo, en el cual cada uno de los dioses representaba y protegía una faceta de la humanidad, buena o mala: en cada dios había una parte de virtud y otra de vicio. Y finalmente llegaron las religiones llamadas «del libro».

Tres son las religiones que se guían por un libro, el judaísmo, el cristianismo y el islam, cada una hija de la anterior, pero la más peculiar es el cristianismo porque es una religión narrativa, es decir, un increíble depósito de novelas. Si ya el Antiguo Testamento de los judíos proyectaba la fabulosa imaginación y el talento narrativo del mundo hebreo, el cristianismo, al añadir un Nuevo Testamento, es decir, la vida, pasión y muerte de Jesús de Nazaret, enriqueció la historia bíblica con una última aventura heroica de colosal grandeza. De modo que el cristianismo se enuncia en narraciones, fábulas y sucesos con personajes inolvidables.

Que un libro (al que llamamos «la Biblia», porque quiere decir «el Libro») sea el fundamento de las tres últimas religiones conocidas es algo difícil de entender y explicar. Es el magno secreto. Y aún más para los católicos, ya que tuvieron prohibida su lectura hasta anteayer, lo que explica algunas peculiaridades de la literatura española frente a la inglesa, según el docto entender de Andreu Jaume.

Pocas fueron las traducciones de la Biblia al español. Incluso cuando las sectas luteranas abrieron la lectura del texto a los ciudadanos y lo tradujeron a todas las lenguas romances, en España solo circuló (en secreto y con peligro de muerte) la fabulosa traducción de Casiodoro Reina, la famosísima Biblia del Oso (1569), por suerte reeditada en la actualidad por Alfaguara.

Sin embargo, no era la primera; la había precedido unos años antes la Biblia de Ferrara (1553), editada hoy en la admirable Biblioteca Castro. Su divulgación no fue muy extensa debido a una peculiaridad: que estaba traducida del hebreo al judeoespañol, pero en una lengua que no coincidía ni con el sefardita ni con el ladino. Era (¡es!) una lengua inventada por los traductores, judíos huidos de la persecución española y portuguesa, que casi puede compararse con las invenciones literarias de Joyce.

«El de la Biblia de Ferrara es un español hebraico o judaizante absolutamente original»

En sus prólogos, tanto la muy competente Paloma Díaz-Más como el experto Moshe Lazar explican la singularidad de la traducción palabra por palabra, construida según el modelo tradicional de la enseñanza rabínica para facilitar los comentarios a cada versículo. Evidentemente, una traducción palabra por palabra mantiene los elementos de la lengua de origen, de modo que el de la ferraresa es un español hebraico o judaizante absolutamente original.

No acaba ahí el interés de la edición. Que apareciera en Ferrara (y no en Ámsterdam o en Basilea) es una rareza y exige la rigurosa explicación de Díaz-Más sobre otro personaje de novela, Gracia Nasí (o Naci), que vivió en España con el nombre de Beatriz de Luna hasta la expulsión del siglo XV. Es una de las grandes mujeres, tanto de la historia de España como del pueblo hebreo, a la que nunca dedicará la tele española una serie.

El lenguaje de la Biblia de Ferrara suena así: «En principio crió el Dio a los cielos y a la tierra. Y la tierra era vana y vacía, y escuridad sobre faces de abysmo, y espíritu del Dio se movía sobre faces de las aguas». Así, tal cual, el Dio, traducen los judeoespañoles, porque un sonido de plural (que no lo es), Dios, les parecía inadecuado: querían subrayar su unicidad. El suyo era un monoteísmo férreo y militante, como todo lo de este país. Maravilloso libro, el Libro, incluso en una lengua inventada.

Coincidencia histórica entre Cuaresma, Ramadán y año nuevo chino

Desde 1863 no se producía un fenómeno similar. Foto: Canva IA.

Estas tres grandes tradiciones religiosas y culturales del mundo tienen lugar estos días a la vez, algo que no pasaba desde 1863

No pasaba desde 1863, hace ya 163 años. En 2026, la Cuaresma de los cristianos, el Ramadán de los musulmanes y el Año Nuevo Lunar de los chinos tienen lugar en las mismas fechas. Se trata de una coincidencia histórica entre tres grandes tradiciones religiosas y culturales, que marca durante estas semanas la vida de más de 5.000 millones de personas en todo el mundo. 

«Este año, gracias a una convergencia providencial de calendarios, los cristianos observamos este período de ayuno y devoción junto con ustedes durante el tiempo sagrado de Cuaresma, que conduce a la Iglesia hacia la celebración de la Pascua». Así comienza el mensaje del cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso para el mes de Ramadán que celebran los musulmanes. 

En el texto, Koovakad define estos períodos como «de intensa espiritualidad», en los que los creyentes de ambas religiones «buscamos seguir la voluntad de Dios con mayor fidelidad». Se trata de «un camino compartido» que permite a los fieles «reconocer nuestra fragilidad inherente y afrontar las pruebas que pesan sobre nuestros corazones». 

Los creyentes estos días «buscamos seguir la voluntad de Dios con mayor fidelidad». Foto: CNS.
Los creyentes estos días «buscamos seguir la voluntad de Dios con mayor fidelidad». Foto: CNS.

Para el prefecto «cristianos y musulmanes, junto con todas las personas de buena voluntad, estamos llamados a imaginar y abrir nuevos caminos para renovar la vida». Esta renovación es posible «gracias a la creatividad alimentada por la oración, la disciplina del ayuno que despeja nuestra visión interior y actos concretos de caridad». 

La mayor fiesta en China 

La coincidencia entre las tres tradiciones ocurrió en la noche del 17 y el 18 de febrero, debido a la alineación de los calendarios lunar, solar y lunar-islámico. Concretamente, el Año Nuevo Chino comenzó el 17 de febrero y terminará el 5 de febrero de 2027. Se trata de un ciclo está regido por el Caballo de Fuego, que según el horóscopo chino, es un tiempo ideal para avanzar hacia metas ambiciosas y romper con lo viejo. Es la celebración más significativa de China, por lo que conlleva el mayor movimiento de personas en el país, ocupando todos los medios de transporte para reunirse con sus familiares y amigos. 

«Que esta alegre celebración sirva para reforzar los lazos familiares y de amistad, lleve serenidad a los hogares y a la sociedad, y sea una ocasión para mirar juntos hacia el futuro construyendo la paz y la prosperidad para todos los pueblos», les saludó el Papa León XIV en el Ángelus del 15 de febrero. 

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo 

Non multa sed multum: el método de León XIV

por Marco Felipe Perfetti

Hay un rasgo que llama la atención al leer con detenimiento las palabras dirigidas por León XIV a los cardenales, y es su ausencia de énfasis. Ningún acento muscular, ninguna retórica del mando. El Papa no busca imponerse: acompaña. No convoca para ocupar un espacio, sino para abrir un proceso. Y es precisamente en esta mansedumbre donde se juega el corazón de su discurso.

El hilo que recorre la intervención, de manera discreta pero continua, es el de la atracción. No una estrategia comunicativa ni una categoría sociológica, sino una ley espiritual que concierne al modo mismo en que la Iglesia está en el mundo. León XIV no construye una idea nueva: la recoge de la Tradición de la Iglesia y sigue su desarrollo a lo largo de los siglos, hasta encontrarla expresada también en el Concilio Vaticano II y luego retomada por los pontificados anteriores. Y, sin embargo, el modo en que la relanza dice algo propio: una clave que habla de su estilo, de su gobierno, de la forma de autoridad que pretende ejercer. La Iglesia, recuerda el Papa, no es una fuente autónoma de luz. Es una realidad reflejada. La luz viene de otra parte, y solo si la Iglesia acepta permanecer expuesta a esa luz puede convertirse en lugar de orientación para otros. Es un pasaje decisivo, porque desplaza el baricentro: no es la eficiencia eclesial la que hace creíble el anuncio, sino la transparencia. No es la fuerza de la organización, sino la calidad de la relación con Cristo.

Cuando León XIV insiste en que «no es la Iglesia la que atrae, sino Cristo», está poniendo implícitamente una distancia crítica respecto de toda forma de autosuficiencia eclesiástica. La atracción no nace de lo que la Iglesia produce, sino de lo que deja pasar. Es una imagen coherente con esa “savia vital” que atraviesa los canales frágiles de la comunidad cristiana solo si estos no se obstruyen con la pretensión de ser protagonistas. Aquí el Papa retoma explícitamente una convicción teológica que Benedicto XVI había formulado con su espléndido estilo: en el origen del ser cristiano no hay una idea ni una opción moral, sino un encuentro que cambia el horizonte de la vida.

Es en este marco donde la insistencia en el amor adquiere densidad real. No como sentimiento indistinto, sino como fuerza que “apremia”, que estrecha, que mantiene unido. León XIV cita a Pablo: Caritas Christi urget nos. El amor no como ornamento de la vida eclesial, sino como principio de cohesión. De ahí la frase que suena casi como un criterio de verificación: «La unidad atrae, la división dispersa». No es un eslogan, sino más bien un diagnóstico. Donde la Iglesia se fragmenta, pierde fuerza gravitacional; donde se recompone en torno a lo esencial, vuelve a ser significativa.

Esto explica por qué el Papa vincula la atracción no a lo externo, sino ante todo a la vida interna de la Iglesia. El mandamiento del amor recíproco no tiene el tono de un simple consejo ascético: para León XIV es una verdadera condición misionera. Y no es casual que, en su magisterio naciente, vuelva con insistencia a san Agustín: padre inspirador de la Orden a la que pertenece y figura decisiva en su itinerario teológico y espiritual. Agustín lo expresa con una concreción casi física: los miembros permanecen unidos porque están ligados por un vínculo suave; solo así pueden ser cuerpo de un Cabeza. Cuando ese vínculo se afloja, la comunión se deshilacha y el cuerpo, inevitablemente, se desintegra. En esta perspectiva debe leerse también la elección de no pedir al Consistorio un texto final. León XIV no quiere “producir” documentos, busca un método. Habla de “conversación”, de escucha real, de esencialidad. Non multa sed multum. Pocas palabras, pero habitadas. Prevost quiere recomenzar desde las relaciones, desde la escucha real. Es una elección que remite a una visión más amplia del tiempo eclesial: un tiempo que no debe ser conquistado, sino habitado. No dominado, sino recorrido juntos. Es significativo que, en lo que ha surgido en los grupos, esta categoría del habitar emerja como alternativa tanto a la utopía como al desencanto: habitar el tiempo significa aceptar la realidad, con sus heridas y sus contradicciones, sin dejar de buscar un sentido compartido.

Al final, lo que impresiona de las palabras pronunciadas por León XIV durante el Consistorio es que no promete soluciones rápidas ni atajos institucionales. Propone una postura: permanecer bajo la acción de una fuerza que precede y supera. Una Iglesia que renuncia a retener para sí la luz, y precisamente por eso se vuelve capaz de orientar. Es una mansedumbre que no retrocede, sino que excava. Y quizá sea precisamente aquí donde se juega algo nuevo, no solo para el presente, sino para el futuro de la Iglesia.


AUTOR:
Marco Felipe Perfetti
Director de Silere non possum

FUENTE: Todos juntos: ESTILO LEÓN XIV https://www.silerenonpossum.com/

En el Origen está el Aliento de Vida

En el principio es, fue y será la Respiración

Practica del Zen laico.

En el Origen está el Aliento de vida

Practicar el Zen laico, cristiano e ignaciano

En el Principio estaba la Respiración

Juan Masiá

Con gratitud al Maestro Zen Pedro Vidal, paisano murciano que vive y convive compartiendo el despertar a la vida para bien de todas las personas de buen corazón:-Corazón del Bien-Vida del Corazón (Kokoro, 心)、me complace anunciar (precisamente en este blog de vivencia y convivencia en inter-espiritualidad) la publicación del quinto volumen de la serie zenista:  Metodología del Zen Laico. Luces para iluminar al buscador de la Verdad.(Ed. Centro Sincronía, 2026)

La respiración con y en el Aliento de Vida -léase Espíritu Santo-es la clave de este libro para la práctica de un Zen laico que, como repite Pedro Vidal a coro con sus maestros –Koyama Shikei, Ito Eizô y Kadowaki Kakichi- es también muy cristiano, muy bíblico y muy ignaciano.

 Se abre el libro con los versos de Lanza del Vasto: “Mantente erguido y sonríe” y el recuerdo del sacerdote Pepe Sánchez Ramos, practicante del Zen que inició al autor en este camino.

Tras una introducción al Zen laico en la primera parte, la segunda parte reproduce la traducción de los ensayos de alta divulgación, a la vez profundos y asequibles a principiantes, de Kawajiri Hôkin:Camino correcto y más rápido del Zazen (Zazen no Hayamichi, 1905).

 La tercera y cuarta parte serán de gran ayuda para la práctica del Zen laico y preparan para la lectura de los dos volúmenes paralelos de próxima aparición: Kôan del Espíritu Zen y Ejercicios espirituales ignacianos, que era el sueño del P. Kadowaki.

A mi propia implicación en la traducción al español de la obra póstuma del jesuita Maestro Zen Kadowaki, se ha añadido la participación con el autor en el mutuo acompañamiento espiritual durante un mes de ejercicios espirituales en el Centro Shinmeikutsu, fundado por el P. Enomiya Lasalle.

El hilo conductor que recorre de principio a fin la obra y la añoranza de todos estos maestros es su recomendación de adentrarse en el interior a escuchar y dejarse llevar por el Aliento de Vida que nos hace respirar, que nos respira y nos vive y nos hace despertar a la Vida de la vida. Es el Aliento de Vida que nos habita y envuelve, que habita en todo y lo envuelve todo. Dicho en estilo joánico, “en el Origen está siempre la Respiración, Aliento y Vida de la vida. Esa Respiración exhala su Soplo hacia el Todo, hacia Abba (Pros ton patera), hacia el Centro de la vida.

No estoy anunciando la venta de un libro al recensionarlo, sino invitando a una práctica (más que a una lectura): la práctica que tenemos más en común budistas y cristianos, la meditación y la compasión:; meditación que despierta a la vida y compasión que capacita para darnos vida mutuamente.

(Nunca como ahora en mi país -que me duele por sus crispaciones incurables de derechas y ultraderechas-, nunca tan necesaria esta práctica pacificadora y reconciliadora, ojalá la fomentemos aunque no coseche votos en tiempos electorales…una miajica de Zen, como decimos en murciano, !qué bien nos vendría!)

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Redacción Clarín

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Años atrás, la fundación 100 people.org ordenó en 2017 un proyecto de estudio a la Universidad de Wisconsin – Green Bay, en Estados Unidos. Querían saber como sería el planeta con sólo 100 habitantes. Se trata de un ensayo a escala, cuyos resultados se van renovando periódicamente.

La mayoría asiáticos y jóvenes 

Primero empecemos por los sexos. De acuerdo con el análisis de la organización, habría 50 hombres y 50 mujeres. Teniendo en cuenta las proporciones actuales, de las cien personas 60 serían asiáticos, 15 africanos, 14 americanos y 11 europeos.

La mayoría de ellos (66) tendrían entre 15 y 64 años, seguidos del grupo de niños de entre 0 y 14 años (26). Los mayores de 65 serían muy pocos, apenas 8. En síntesis habría 74 adultos y 26 niños.

En cuanto a creencias religiosas, 33 serían cristianos, 22 musulmanes, 14 hindúes, 7 budistas, 12 practicarían otras religiones y otros 12 serían ateos.

Muchos hablan español y pocos son universitarios

¿Qué idiomas hablarían esos 100? Doce de ellos lo harían en mandarín, 6 en español, 5 en inglés, 4 en hindú, 3 en árabe, 3 en portugués, 3 en bengalí, 2 en ruso, 2 en japonés y 60 en lenguas locales o

dialectos.Sobre 100 habitantes, 83 sabrían leer y escribir, pero los 17 restantes serían analfabetos. Y sólo 7 lograrían un título universitario (Reuters).

Sobre 100 habitantes, 83 sabrían leer y escribir, pero los 17 restantes serían analfabetos. Y sólo 7 lograrían un título universitario.

Ganarían poco dinero y habría mucho sobrepeso

En el análisis sobre la cuestión laboral y el trabajo, 15 de ellos ganarían menos de 2 dólares al día, 56 obtendrían entre 2 y 10 dólares, 13 recibirían entre 10 y 20 dólares diarios, 9 personas ganarían entre 20 y 50 dólares, 6 embolsarían entre 50 y 90, y habría un único millonario que ganaría más de 90 dólares diarios.

Uno sólo manejaría la mitad de todo el dinero y los otros 99 se repartirían la otra mitad.El panorama en cuanto a la salud, de 100 habitantes, 21 tendrían sobrepeso (Shutterstock).

El panorama en cuanto a la salud, de 100 habitantes, 21 tendrían sobrepeso (Shutterstock).

El panorama en cuanto a la salud, de 100 habitantes, 21 tendrían sobrepeso, 63 estarían sanos, 15 sufrirían desnutrición y uno estaría muriendo de hambre.

De todos ellos, 51 vivirían en las ciudades y 49 en áreas rurales.

Muchos sin techo y computadora

Entre el centenar de habitantes, 77 tendrían un lugar en el que vivir y los otros 23 no tendrían un techo. De los cien, 87 tendrían acceso al agua limpia y los otros 13 encontrarían serios problemas en poder proveerse de agua potable. Y 16 de los 100 no tendrían un baño. Tendrían acceso a la electricidad 78 de ellos.Entre el centenar de habitantes, 77 tendrían un lugar en el que vivir y los otros 23 no tendrían un techo.

Entre el centenar de habitantes, 77 tendrían un lugar en el que vivir y los otros 23 no tendrían un techo.

En función de esas proporciones, y apuntando a posesiones tecnológicas, 44 de los habitantes tendrían conexión a Internet, pero solo 22 serían dueños de una computadora. Y 75 de los 100 poseerían un celular.

Y un dato que tal vez sea el más doloroso. De los 26 niños que dijimos habría entre los 100, la mitad de ellos tendría hambre.

Oración con EsperanZa VII: oración del abandono

La palabra de la diócesis de Zamora, a través de Las Edades del Hombre

Fernando Valera, obispo de Zamora

  • Carlos de Foucauld descubrió su vocación en el momento en que creyó en Dios: «En cuanto creí que había un Dios, comprendí que no podía evitar vivir solo para Él: mi vocación religiosa data de la misma época que mi fe.» Su camino fue una búsqueda profunda del amor de Dios, que lo llevó desde una juventud mundana hasta una vida de oración, humildad y servicio en el desierto del Sahara. Su vocación se expresó en tres pilares fundamentales: amar, imitar y consolar a Jesús.  No buscaba una vida de gloria o fama, sino vivir en silencio, como Jesús en Nazaret, “trabajando para santificar el mundo, sin palabras y en silencio”

Padre mío,

me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco,

estoy dispuesto a todo,

lo acepto todo.

Con tal que Tu voluntad se haga en mí

y en todas tus criaturas,

no deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en Tus manos.

Te la doy, Dios mío,

con todo el amor de mi corazón,

porque te amo,

y porque para mí amarte es darme,

entregarme en Tus manos sin medida,

con infinita confianza,

porque Tu eres mi Padre.

https://www.youtube.com/embed/PEFQB5O8iTcOración con EsperanZa VII: oración del abandono

«La encarnación se vuelve vida cuando comprendemos que es la vida de Dios la que vivimos en nuestra propia vida»

Maurice Zundel amigo de Louis Massignon

El carácter profundamente original y personal de este sacerdote marcará una generación de cristianos. Su pensamiento exigente, innovador y místico sigue atrayendo hoy en día a un gran número de admiradores.

Uno original

Maurice Zundel nació en 1897 en Neuchâtel. Vivió la experiencia, muy joven, con los benedictinos de Einsiedeln, del silencio y la contemplación, dos motores de su vida como sacerdote: «Dios es silencio, y también es pobreza», le gustaba decir. Ordenado sacerdote en 1919, con 22 años, fue nombrado vicario en Ginebra. Pero, muy pronto, llama la atención y molesta. Su apostolado desentona. Sus métodos, un poco demasiado revolucionarios en la catequesis («Dios es felicidad y la felicidad, es Dios», les decía a los niños), su pedagogía basada en la admiración por la naturaleza, el trabajo científico o las obras de arte, y su interés por los problemas sociales hicieron que pronto se le tachara de original. De él dirán que «nunca hace nada como todos los demás». En 1925, fue exiliado por su obispo, primero a Roma, luego a París, luego a Londres, antes de emprender, a partir de 1937, una vida de predicador itinerante, sin reales ataduras, estableciendo a su alrededor una serie de amistades sólidas y duraderas que le ayudaron a desarrollar y expresar su pensamiento. El hecho de haber sido considerado «indeseable» en su diócesis le permitirá una gran libertad de pensamiento y de trabajo. En 1927 (entonces era capellán de los benedictinos de la rue Monsieur, en Paris), una importante experiencia espiritual lo afianzó en sus intuiciones: «He intentado escuchar la Verdad tal como se me ha presentado. Todos mis estudios fueron cuestionados: como era libre, podía experimentarlos sobre mí mismo y ha salido un gran trabajo. Por esta misma época, empecé a escribir y he escrito.» Este «gran trabajo» es el descubrimiento de un Dios que ama, frágil, pobre, que él encontró a partir de Francisco de Asís y del que no deja de explorar su ternura. También comprendió que Dios se da a conocer y se revela a través del hombre: «A través de la experiencia humana Dios se abre camino.» A partir de ahí, Zundel escarba sin cesar en el misterio del hombre en el que Dios se presenta, se encarna, habita. Es en uno mismo donde se encuentra Dios, Zundel está seguro, y lo testimoniará toda su vida.

Un hombre resplandeciente

À partir de 1937, multiplica sus estancias en El Cairo, Londres, Jerusalén, Beirut, Roma, y habla o comprende ocho idiomas. Organiza ejercicios espirituales, da conferencias, escribe, publica libros que, poco a poco, lo van dando a conocer. Amigo de Louis Massignon, descubre el Islam y se maravilla de la fe de los creyentes. Pero ante el Dios único y solitario del monoteísmo islámico, empezó a amar aún más al Dios trinitario cuya pobreza se manifiesta en Cristo. A partir de ahí, su espíritu no dejará de ahondar en el misterio del hombre y su encuentro con el Dios trinitario. En su trabajo, ya sea escribiendo o meditando, Zundel se reveló también un gran acompañante espiritual y un admirable confesor. Le gustaba recibir, escuchar, tenía una intuición muy fuerte sobre las personas, algunas de las cuales llegaban desde lejos para conocerle. Tenía un gran respeto por cada uno de ellos. La bondad de su mirada, su dulzura, su amabilidad y su empatía hacían que comunicara con la persona dejándola siempre a su entera libertad: «Él aceptaba a la gente tal como era. Sin juzgar, sin preguntas. Y al mismo tiempo, recuperaba la confianza en sí mismo, en la vida, en el futuro. Su silencio no era mudo. Tenía una forma de sonreír, de callar, una forma de evitar una respuesta inútil que te obligaba a encontrar por ti mismo la respuesta» (Testimonio de Maïté Soulié).

Conocer a Maurice Zundel no dejará indiferente a nadie.

¡Abría unas perspectivas! En una sociedad y una iglesia anteriores al Vaticano II, con unas mentalidades bastante rígidas, él liberaba, hacía sensible en los hombres la presencia de Dios, les aseguraba que estaba en ellos, en el curso de su propia vida, que experimentaban una divina amistad. «A través de la experiencia humana Dios se abre camino», decía. Y también, «La encarnación se vuelve vida cuando comprendemos que es la vida de Dios la que vivimos en nuestra propia vida». Estas palabras encontraron un gran eco en un pequeño círculo de íntimos que se fue alargando a medida que su pensamiento se fue dando a conocer. Al envejecer, adquirió una verdadera estatura espiritual e intelectual, llevando una vida casi monástica. Su ascetismo legendario (¡cuántas veces le habrán rogado que mejorara su alimentación o que se cambiara de sotana!), la fuerza de su vida mística, tangible (su asistenta ya no se atrevía a entrar en su habitación por miedo a encontrárselo, como pasó un día, levitando?), su palabra enérgica y casi profética, su inmensa cultura, impresionaban a los que le conocían. Todo su ser irradiaba alegría.

Cuando Zundel se dirigió a la Iglesia

En 1967, el «inconformista» fue citado por Pablo VI en la encíclica Populorum progressio, fue elogiado en la alocución del Congreso tomista de 1970, y, por último, en 1972 fue invitado a predicar en el tradicional retiro del Vaticano, en presencia del papa. Es un acontecimiento al que le dedica una inmensa energía. Ante su auditorio romano, respondió a la cuestión del hombre y de Dios, obsesionado por la necesidad de reconciliarlos, repitiendo que el destino de los dos está indisolublemente unido. También habló de la Iglesia, presionó por el postconcilio. Y dio de su misión un sentido radicalmente nuevo: si quería tocar los corazones, la Iglesia tenía que aparecer como una persona, no como una institución. Si quería que el mundo contemporáneo la escuchara, era necesario que se liberara de su apariencia de sociedad tradicional y que se convirtiera en lo que se le pedía que fuera: la señal de la presencia de Cristo, que ella representa y comunica. Los agradecimientos fervientes de Pablo VI fueron un bálsamo. Maurice Zundel tenía setenta y cinco años. Él, que había sufrido tanto, en silencio y con mucha humildad, la incomprensión eclesiástica de la que fue objeto, encontró en este reconocimiento tardío un gran consuelo. Pasó los últimos años de su vida perfeccionando su pensamiento espiritual y se apagó el 10 de agosto de 1975, después de una larga y dolorosa agonía. 

Sophie de Villeneuve 

Fuente: https://es.la-croix.com/figuras-espirituales/maurice-zundel-la-libertad-hecha-hombre

Vivir el presente haciendo la voluntad de Dios

¡Hacer la voluntad de Dios cada instante de nuestra vida!

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No nos inquietemos nunca por el avenir. Cada instante de nuestra vida hagamos lo más perfecto, lo que es la voluntad de Dios en el momento presente. Hecho esto, no nos inquietemos por el avenir, tal como si tuviéramos que morir una hora después… Pensemos sólo en el avenir para demandar a Dios de hacer su voluntad, cada instante de nuestra existencia, y glorificarlo tanto como podamos… No nos ocupemos del avenir – como si la vida fuere a finalizar para nosotros- y seamos totalmente en el presente.

Si como ocupación del momento presente, la voluntad de Dios nos indica prepararnos para el avenir, ya sea materialmente (trabajo manual, reposo, alimentación, cuidado de la salud, etc. ….), ya sea espiritualmente (estudio, meditación, etc. …), ocupémonos de esa preparación. Pero ocupémonos no en vista de nosotros para prepararnos para el avenir, sino en vista de Dios, para realizar lo que él nos demanda. (…)

Es la vida de fe. No vivimos más en vista de nosotros mismos sino en vista sólo de Dios. No vivimos para nosotros, según nuestra voluntad, sino que vivimos para Dios, según la voluntad de Dios. No vivimos contando sobre nosotros ni sobre otra criatura, sino abandonándonos enteramente a Dios y esperando todo de él… Dios nos otorgará a toda hora lo necesario para cumplir la misión que nos da… (…) Sólo tenemos que obedecer cada instante, haciendo cada instante lo que él nos pide, en el instante presente.

San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Sobre el Evangelio (Œuvre spirituelle, anthologie, Seuil, 1958)