La antigua ciudad de Damasco, con sus múltiples civilizaciones y su historia milenaria preservada entre los muros de la Ciudad Vieja, sigue siendo un ejemplo único de coexistencia y fraternidad religiosa.
En esta milenaria urbe, minaretes y campanas de iglesia se alzan juntos, componiendo una escena espiritual poco común que refleja la profunda historia de la ciudad como cuna de religiones monoteístas y centro cultural y espiritual durante milenios.
Damasco: Cuna de mensajes religiosos
El historiador Ghassan Shahin, estacó en entrevista con SANA, a Damasco como “cuna de religiones”. Fue en esta ciudad donde el apóstol Pablo se convirtió al cristianismo en el año 36 d. C. antes de emprender su misión evangelizadora.
Seis siglos después, la conquista islámica comenzó en Damasco, extendiéndose posteriormente por todo el mundo. La ciudad también albergaba un Barrio Judío con varias sinagogas, constituyendo un ejemplo máximo de diversidad y convivencia humana.
Minaretes y campanas: la vida compartida
Shahin repasó la historia de la convivencia pacífica, señalando que el desarrollo urbano islámico comenzó en el año 636 d. C., cuando los líderes conquistadores ingresaron por las puertas de la ciudad y construyeron mezquitas y minaretes junto a las iglesias existentes.
“Estas mezquitas e iglesias no eran solo lugares de culto, sino también centros educativos de química, física e idiomas, como la Escuela Asiya y las escuelas coránicas”, explicó. Todas las barreras sectarias desaparecieron, fusionándose en una identidad única: la identidad damascena.
La Mezquita Omeya: testimonio de civilizaciones y armonía
Shahin subrayó que la Mezquita Omeya refleja la historia de una ciudad abierta y plural. El edificio fue inicialmente un templo al dios Hadad durante la época aramea, luego se transformó en templo a Júpiter bajo los romanos y, siglos después, musulmanes y cristianos compartieron su espacio como iglesia y mezquita. Las oraciones se elevaban juntas, en una escena histórica que simboliza las raíces compartidas y la tolerancia de Damasco.
Durante el reinado de Al-Walid ibn Abd al-Malik, la Mezquita Omeya se consolidó como icono de la arquitectura islámica, conservando además el santuario del profeta Yahya (Juan el Bautista). Hoy, representa un corazón abierto a todas las religiones, transformando la diversidad en una sinfonía de convivencia, bajo una cúpula que acoge a todos.
Las tres catedrales: patrimonio y centralidad espiritual
Shahin explicó que Damasco alberga la sede de tres patriarcados históricos:
Patriarcado Ortodoxo Griego (Mariamita): reconstruido en el siglo XIX, es la iglesia más grande de Damasco y un faro espiritual en el corazón de la ciudad.
Patriarcado Griego Católico Melquita: construido en 1840 sobre las ruinas de una antigua sinagoga caraíta, es hoy un importante monumento religioso y arquitectónico.
Patriarcado Ortodoxo Siríaco: junto con sus iglesias hermanas, forma el Triángulo Patriarcal Antioquiano, administrando los asuntos de sus fieles en todo el mundo desde Damasco.
Shahin aclaró que estas iglesias se trasladaron de Antioquía a Damasco y se conocen como las “Iglesias de Nuestra Señora de la Dormición”, en conmemoración del fallecimiento de la Virgen María.
La Ciudad Vieja de Damasco, más que un barrio histórico, es un icono espiritual que refleja el modelo más elevado de fraternidad humana. Su singularidad radica en la concentración de numerosos lugares de culto de distintas religiones y sectas en un mismo espacio geográfico, demostrando que la fortaleza de la ciudad reside en integrar la diversidad dentro de una identidad unificadora, cuyos valores se traducen en paz, amor y convivencia.
Una de las citas más repetidas de Albert Einstein suele usarse como puente entre fe y ciencia. Sin embargo, su significado original es mucho más complejo y polémico de lo que aparenta. Cartas, ensayos y contexto histórico revelan una interpretación muy distinta.
Pocas frases han viajado tanto como aquella en la que Albert Einstein afirma que la ciencia sin religión está incompleta y que la religión sin ciencia pierde el rumbo. Repetida en conferencias, libros y redes sociales, suele presentarse como una defensa del diálogo entre fe y razón. Pero cuando se revisan sus propias palabras y escritos, el sentido cambia de manera sorprendente.
El origen real de una frase célebre
La famosa sentencia apareció en 1930 en un ensayo titulado Religion and Science, publicado en The New York Times Magazine. Allí Einstein escribió en inglés: “Science without religion is lame, religion without science is blind”.
El contexto es clave. El físico no hablaba de religión en términos doctrinales ni defendía credos específicos. Más bien, utilizaba el término para referirse a una dimensión vinculada a los valores, la motivación interior y la confianza en que el universo es comprensible.
En su texto, explicaba que el verdadero científico no se limita a aplicar fórmulas o repetir experimentos. Trabaja impulsado por una convicción profunda: la certeza de que el mundo posee un orden racional que puede ser descifrado. Esa confianza, esa especie de “fe” en la inteligibilidad del cosmos, es lo que él asociaba con la esfera religiosa.
Sin ese impulso, sugería, la ciencia perdería parte de su energía creadora. Pero eso no implica, como muchas veces se interpreta, una adhesión a religiones tradicionales o a dogmas sobrenaturales.
En el mismo ensayo, Einstein establecía una división clara. La ciencia se ocupa de describir hechos, descubrir leyes y explicar fenómenos naturales. La religión, en cambio, pertenece al ámbito de los fines, los valores y el sentido.
Los conflictos aparecen cuando una religión intenta formular afirmaciones empíricas sobre el mundo físico o competir con la ciencia en el terreno de la explicación de la naturaleza.
Desde esa perspectiva, la metáfora cobra otro significado. Si la ciencia ignora por completo la dimensión de los valores y la motivación interior, se vuelve limitada. Y si la religión desprecia el conocimiento empírico o lo contradice, pierde contacto con la realidad observable.
La frase, entonces, no era una reconciliación simple entre fe y laboratorio, sino una reflexión sobre los límites y alcances de cada esfera.
El problema de las interpretaciones simplificadas
Con el paso del tiempo, la cita comenzó a circular aislada de su contexto original. Utilizada como eslogan, terminó presentando a Einstein como un pensador religioso en sentido convencional.
Diversos análisis posteriores han señalado esta distorsión. El biólogo Jerry A. Coyne, por ejemplo, subrayó que sacar la frase de su marco conceptual lleva a conclusiones equivocadas. Einstein no estaba promoviendo doctrinas religiosas, sino reflexionando sobre la estructura intelectual que sostiene la investigación científica.
El propio físico fue cuidadoso en diferenciar los planos: hechos verificables, por un lado, valores y aspiraciones humanas por otro. Mezclarlos sin matices conduce a malentendidos que se repiten hasta hoy.
La carta que reavivó el debate
Años después del ensayo, una carta escrita en 1954 al filósofo Eric Gutkind volvió a encender la discusión. En ese documento, redactado poco antes de su muerte, Einstein expresó una postura mucho más contundente respecto a las religiones organizadas.
Allí describió la idea de Dios como una construcción humana y calificó a las escrituras religiosas como relatos primitivos. También rechazó la noción de que algún pueblo tuviera un estatus divino especial.
Estas palabras contrastan con la imagen que a veces se proyecta a partir de la famosa frase de 1930. Más que un creyente tradicional, Einstein parecía sostener una visión profundamente racionalista, crítica frente a los dogmas y escéptica respecto a las creencias sobrenaturales.
Una frase que invita a pensar más allá del eslogan
La sentencia sobre ciencia y religión no era una invitación a fusionar ambos campos ni una declaración de fe encubierta. Era, más bien, una reflexión sobre cómo el impulso humano hacia el conocimiento necesita una base de confianza en el orden del universo, y cómo los sistemas de valores no pueden ignorar los descubrimientos empíricos.
Entender esa distinción cambia por completo la lectura de la frase. Lo que parecía una conciliación sencilla se revela como un planteo más sutil, más filosófico y también más incómodo.
Tal vez por eso sigue generando debate casi un siglo después. Porque detrás de sus palabras no había una fórmula fácil para unir ciencia y religión, sino una invitación a pensar con rigor dónde termina una y comienza la otra.
Mientras en muchos lugares del mundo la religión sigue siendo un motivo de fricción, hay países donde ocurre justo lo contrario: la fe es un espacio compartido. No porque se diluya, sino porque se superpone, dialoga y convive. Tres de esos ejemplos más claros están en Asia y, curiosamente, lejos del ruido geopolítico, han construido modelos cotidianos de tolerancia religiosa que funcionan.
No hablamos de teorías ni de discursos institucionales, sino de calles donde un templo, una mezquita y una iglesia comparten acera; de rituales que se respetan aunque no se practiquen; y de sociedades donde la identidad religiosa no es excluyente. No es casualidad que estos ejemplos cobren especial sentido durante la Semana Mundial de la Armonía Interconfesional, impulsada por la ONU para recordar que creer distinto no debería separar.l
Singapur: la convivencia como política de Estado
Singapur es probablemente el laboratorio más avanzado de convivencia religiosa del mundo. En apenas 730 km² conviven budistas, cristianos, musulmanes, taoístas, hinduistas y personas sin afiliación religiosa, sin que ninguna fe monopolice el espacio público.
El resultado se ve en barrios como Chinatown, Little India o Kampong Glam, donde los templos no compiten, coexisten. La religión forma parte del paisaje urbano, no del conflicto. En Singapur, la armonía interconfesional no es un ideal: es una condición básica para la estabilidad social.
Taiwán: espiritualidad sin fronteras rígidas
Taiwán ofrece un modelo distinto, menos institucional y más orgánico. Aquí las religiones se mezclan, se solapan y, en muchos casos, se practican de forma simultánea. No es extraño que una misma persona rece en un templo budista, encienda incienso taoísta y participe en festividades populares de raíz confuciana
La isla combina budismo, taoísmo, confucianismo, cristianismo, islam y religiones tradicionales sin jerarquías visibles. Los templos funcionan como centros sociales, no solo espirituales, y el respeto entre credos se da por hecho, no se debate.
Esa flexibilidad explica por qué Taiwán es uno de los países asiáticos con mayor libertad religiosa y menor conflictividad interconfesional. Creer aquí no implica definirse contra nadie.
Vietnam: sincretismo como forma de vida
Vietnam lleva siglos practicando algo que en otros lugares todavía se discute: el sincretismo religioso. Budismo, confucianismo y taoísmo forman una base común a la que se suman el cristianismo, el islam y religiones propias como el caodaísmo, que mezcla elementos de varias tradiciones espirituales.
Aquí la religión es práctica, cotidiana y profundamente cultural. No se vive como un sistema cerrado de creencias, sino como un conjunto de rituales que acompañan la vida: nacimientos, funerales, festividades, memoria familiar.
Ese enfoque ha permitido que diferentes credos compartan espacio sin fricción. En muchas ciudades, pagodas y iglesias conviven a pocos metros, y las celebraciones religiosas son asumidas como patrimonio común, no como símbolos identitarios excluyentes.
Un mensaje pertinente en la Semana Mundial de la Armonía Interconfesional
Que estos tres países estén en Asia no es casualidad. En ellos, la religión no se ha entendido históricamente como frontera, sino como lenguaje. Y eso explica por qué, en pleno siglo XXI, siguen ofreciendo modelos reales —no utópicos— de convivencia espiritual.
En una semana dedicada a reivindicar el diálogo entre credos, Singapur, Taiwán y Vietnam recuerdan algo incómodo pero necesario: el problema no es la religión, sino el uso que se hace de ella. Allí donde la fe se vive sin miedo y sin imposición, la armonía no es un lema: es rutina.
La religión continúa siendo uno de los fenómenos sociales más influyentes del planeta. Más allá de las creencias individuales, los recintos sagrados se han consolidado como espacios de identidad, historia y cohesión colectiva.
Desde templos milenarios hasta santuarios contemporáneos, millones de personas recorren cada año grandes distancias para acudir a estos sitios, ya sea por fe, tradición o patrimonio cultural. En un mundo marcado por la diversidad religiosa, algunos recintos destacan no solo por su significado espiritual, sino por su capacidad de congregar a multitudes y convertirse en puntos neurálgicos de peregrinación global.
Un mapa global de creencias: religiones que configuran al mundo
En el mundo existen alrededor de 4 mil 200 religiones, de acuerdo con estimaciones especializadas. Sin embargo, la práctica religiosa se concentra mayoritariamente en cuatro grandes credos. Según el Pew Research Center, el 77 % de la población mundial profesa el cristianismo (31 %), el islam (24 %), el hinduismo (15 %) o el budismo (7 %). En contraste, el 16 % de la población no tiene afiliación religiosa, convirtiéndose en el tercer grupo más numeroso a nivel global.
Las religiones se agrupan en familias doctrinales. Las llamadas religiones abrahámicas — judaísmo, cristianismo e islam — comparten la figura de Abraham como patriarca y surgieron en Oriente Próximo. Estas creencias monoteístas reconocen a un solo dios creador del universo y han influido de manera decisiva en la historia política, cultural y social de amplias regiones del mundo.
El judaísmo, surgido hacia el 1800 a. C., dio origen posteriormente al cristianismo en el siglo I y, siglos más tarde, al islam en el siglo VII. Cada una desarrolló múltiples ramas internas: el judaísmo cuenta con corrientes ortodoxas, reformistas, conservadoras y seculares; el cristianismo se divide principalmente en católicos, protestantes, ortodoxos y mormones; mientras que el islam se estructura en corrientes como la suní y chií, además de escuelas jurídicas y tradiciones místicas.
Por otro lado, las religiones dhármicas — hinduismo, budismo, jainismo, sijismo y taoísmo — surgieron en el subcontinente indio alrededor del 1500 a. C. Estas tradiciones comparten conceptos como el karma, la reencarnación y la búsqueda del equilibrio universal, y no se centran necesariamente en una deidad única.
Cada una de estas religiones ha desarrollado espacios sagrados específicos — iglesias, mezquitas, sinagogas, templos o monasterios — que funcionan como centros de oración, peregrinación y cohesión comunitaria, algunos de los cuales se han convertido en los recintos religiosos más visitados del planeta.
Tradiciones en transformación: creencias que emergen y desaparecen
El panorama religioso mundial no es estático. En las últimas décadas han surgido religiones neopaganas que recuperan tradiciones precristianas europeas, como el paganismo nórdico, celta, grecorromano o la wicca. Estas creencias politeístas reconstruyen antiguos sistemas simbólicos y rituales asociados a la naturaleza y a identidades culturales específicas.
En África, persisten religiones tradicionales como el vudú y el chamanismo, caracterizadas por la veneración de múltiples deidades, espíritus y fuerzas naturales. En estas prácticas, los rituales, los tótems y la figura del chamán o brujo ocupan un lugar central en la vida comunitaria.
En América, muchas religiones indígenas han quedado al borde de la desaparición. No obstante, algunas aún se practican, como la religión azteca en México, el culto al peyote entre comunidades nativas de Estados Unidos y la religión Casa-Grande de los iroqueses en Nueva York. Estas tradiciones conservan una relación estrecha entre espiritualidad, territorio y cosmovisión.
A pesar de su diversidad, todas las religiones comparten la construcción de espacios sagrados que concentran la vida ritual y simbólica, y que en muchos casos se han convertido en destinos de peregrinación masiva a escala global.
La Basílica de Guadalupe: fe, identidad y peregrinación masiva
La Basílica de Guadalupe, ubicada en la Ciudad de México, es uno de los recintos religiosos más visitados del mundo. Su origen se remonta a las apariciones de la Virgen María a San Juan Diego en el cerro del Tepeyac en 1531, donde, según la tradición católica, quedó impresa su imagen en una tilma. El sitio se erigió sobre un antiguo santuario dedicado a la diosa prehispánica Tonantzin, consolidando un espacio de sincretismo religioso.
A lo largo de los siglos se construyeron distintos templos, hasta llegar a la Nueva Basílica inaugurada en 1976, diseñada para albergar a millones de fieles y garantizar la visibilidad permanente de la imagen guadalupana. Este recinto recibe decenas de millones de peregrinos cada año, con picos superiores a los 12 o 13 millones tan solo durante las celebraciones del 12 de diciembre.
En 2025, autoridades del Gobierno de la Ciudad de México reportaron la llegada de 13 millones de personas a los alrededores del santuario, cifra que consolida a la Basílica de Guadalupe como uno de los centros de peregrinación más concurridos a nivel mundial, incluso por encima del Vaticano en número anual de visitantes.
El Vaticano: centro espiritual y político del catolicismo
El Vaticano representa el corazón espiritual de la Iglesia católica y el país más pequeño del mundo. Su historia se vincula al martirio de San Pedro y a la construcción de la Basílica homónima en el siglo IV. Con el paso del tiempo, el sitio se convirtió en el eje del poder papal y en la sede de los Estados Pontificios.
Tras la pérdida de estos territorios en el siglo XIX, el Vaticano se consolidó como Estado soberano en 1929 mediante los Pactos de Letrán. Actualmente, alberga la Basílica de San Pedro, la Capilla Sixtina y los Museos Vaticanos, atracciones que reciben entre 6 y 18 millones de visitantes anualmente, con incrementos significativos en años jubilares como el Año Santo 2025.
La combinación de relevancia religiosa, valor histórico y riqueza artística convierte al Vaticano en uno de los recintos religiosos y culturales más visitados del mundo.
La Tumba del Gran Imán Reza: epicentro del islam chií
En la ciudad de Mashhad, Irán, se encuentra la Tumba del Gran Imán Reza, mausoleo del octavo imán chií, Ali ibn Musa al-Rida. Este recinto se consolidó como un centro de peregrinación fundamental para el islam chií, especialmente durante la dinastía Safávida, cuando se expandió hasta convertirse en un complejo monumental con mezquitas, bibliotecas y museos.
Cada año, entre 20 y 30 millones de peregrinos visitan este santuario, lo que lo posiciona como uno de los sitios religiosos más concurridos del mundo islámico y como el núcleo espiritual del chiísmo en Irán.
Monte Tai: espiritualidad, imperio y paisaje sagrado
El Monte Tai, en China, es una de las montañas sagradas más antiguas y veneradas del mundo. Con más de tres mil años de historia, fue escenario de ceremonias imperiales en las que los emperadores realizaban rituales de “Feng Chan” para legitimar su mandato ante el Cielo y la Tierra.
El sitio alberga 22 templos, cerca de 1,800 inscripciones en piedra y un vasto patrimonio cultural que lo vincula con el taoísmo, el confucianismo y la historia imperial china. Aunque no existen cifras precisas actuales, su afluencia es comparable a los principales destinos turísticos de China, que antes de la pandemia superaban los 60 millones de visitantes anuales.
La Meca: el corazón del islam
La Meca, en Arabia Saudita, es el sitio más sagrado del islam y el destino final del Hajj, una de las cinco obligaciones religiosas de los musulmanes. Alberga la Kaaba, el punto hacia el cual millones de fieles orientan sus oraciones diarias.
Históricamente, La Meca fue un centro comercial estratégico antes del surgimiento del islam. Con el nacimiento del profeta Mahoma en el año 570 y la posterior consolidación del monoteísmo islámico, la ciudad se transformó en el núcleo espiritual del islam. Cada año recibe millones de peregrinos provenientes de todo el mundo.
En las últimas décadas, la ciudad ha experimentado una profunda modernización para atender la creciente afluencia de visitantes, un proceso que ha generado debates sobre la preservación de su carácter histórico y espiritual.
Cuando la espiritualidad también es fenómeno social
Los recintos religiosos más visitados del mundo reflejan que la espiritualidad sigue siendo un eje central de la vida humana, incluso en sociedades cada vez más secularizadas. La masiva afluencia de fieles a lugares como La Meca, la Basílica de Guadalupe, el Vaticano, el Monte Tai o la Tumba del Gran Imán Reza evidencia que la religión no solo persiste, sino que se manifiesta como un fenómeno social, cultural y político de gran escala. Estos espacios concentran historia, poder simbólico y memoria colectiva, y funcionan como puntos de encuentro donde la fe trasciende fronteras, credos y generaciones, reafirmando su vigencia en el mundo contemporáneo.
Un Puente Cultural entre Oriente y Occidente que dio y va a dar mucho que hablar. Un Legado que Perdura. Un Nuevo Proyecto
Es un ejemplo de cómo el comercio y el intercambio cultural pueden unir a las naciones y promover la comprensión mutua. Su legado perdura hasta nuestros días, y su relevancia contemporánea es un recordatorio de la importancia de la cooperación y el diálogo entre culturas.
Por Ada Noemí Zagaglia
Un Puente Cultural entre Oriente y Occidente. Un Nuevo Proyecto La Ruta de la Seda, una red de rutas comerciales que conectaba Asia con Europa y África, es un ejemplo paradigmático de cómo el comercio y el intercambio cultural pueden unir a las naciones y promover la comprensión mutua. Como afirmó el historiador Miguel Candelas, «la Ruta de la Seda fue un puente que conectó civilizaciones, permitió el intercambio cultural y sentó las bases del mundo moderno».
*Un Legado que Perdura* La Ruta de la Seda no solo fue un camino para el comercio de bienes materiales, sino también un canal para la transmisión de ideas, religiones y tecnologías. Como dijo el escritor italiano Marco Polo, «la Ruta de la Seda es un camino que une Oriente y Occidente, uniendo pueblos y culturas» .
*El Intercambio Cultural* La Ruta de la Seda fue un crisol cultural donde se fusionaron estilos artísticos, técnicas y simbolismos entre Oriente y Occidente. El arte budista, por ejemplo, incorporó elementos del arte grecorromano y persa, creando obras híbridas que reflejaban la diversidad cultural de la ruta.
*La Difusión de Religiones* La Ruta de la Seda también jugó un papel crucial en la difusión de religiones y creencias. El budismo, el cristianismo y el islam se expandieron por toda Asia a través de la ruta, creando un mosaico cultural y religioso que aún perdura hoy en día.
*La Relevancia Contemporánea* En la actualidad, la Ruta de la Seda sigue siendo relevante en la gastronomía, el turismo cultural y el comercio moderno. China ha lanzado una serie de proyectos de infraestructura para crear una nueva red comercial global que conectará a China con Europa y África .
*La Nueva Ruta de la Seda* El proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, iniciado por China en 2013, busca resucitar la antigua ruta comercial y promover el intercambio cultural y económico entre Oriente y Occidente. Como afirmó el presidente chino Xi Jinping, «la Nueva Ruta de la Seda es un proyecto que beneficiará a todos los países involucrados, promoviendo la cooperación y el desarrollo mutuo» .
En conclusión, la Ruta de la Seda es un ejemplo de cómo el comercio y el intercambio cultural pueden unir a las naciones y promover la comprensión mutua. Su legado perdura hasta nuestros días, y su relevancia contemporánea es un recordatorio de la importancia de la cooperación y el diálogo entre culturas
En este mes de octubre el papa León XIV nos invita a orar con él por la colaboración entre las distintas tradiciones religiosas: «Oremos para que creyentes de distintas tradiciones religiosas trabajemos juntos para defender y promover la paz, la justicia y la fraternidad humana». A la luz de esta intención y de la Declaración Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas del Concilio Vaticano II, recomiendo estas películas para ver y analizar en nuestras comunidades.
Esta película mezcla drama, comedia y musical para contarnos una historia de un grupo de mujeres de diferentes religiones que se organizan para que los hombres dejen el rencor y la venganza y trabajen juntos por la paz, la justicia y la fraternidad. La primera escena llama la atención: unas mujeres vestidas de nergo se dirigen al cementario, llevan las fotos de sus esposos, padres o hijos que han perdido en la guerra; al llegar al cementerio, se separan, de un lado se van las musulmanas, del otro las cristianas. Comentemos y reflexionemos este número de Nostra Aetate: «En nuestra época, en la que el género humano se une cada vez más estrechamente y aumentan los vínculos entre los diversos pueblos, la Iglesia considera con mayor atención en qué consiste su relación con respecto a las religiones no cristianas. […] Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen también un fin último, que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de salvación se extienden a todos, hasta que se unan los elegidos en la ciudad santa, que será iluminada por el resplandor de Dios y en la que los pueblos caminarán bajo su luz»(n. 1).
Tango Shalom de Gabriel Bologna (EUA, 2021, 115 min.)
El rabino jasídico y bailarín aficionado de Hora, Moshe Yehuda (Jos Laniado), se presta para participar en una competencia televisada de tango para salvar su escuela hebrea de la quiebra y ayudar a una mujer argentina a cumplir su sueño. Pero existe un gran dilema: en el judaísmo ortodoxo, un hombre casado no puede tocar a una mujer que no sea su esposa. Moshe consigue el apoyo de un sacerdote católico (Joe Bologna) y de líderes de diversas religiones para resolver esta situación sin comprometer su código moral. Comentemos y reflexionemos este número de Nostra Aetate:«La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. […] exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen» (n. 2).
Los niños del cielo de Majid Majidi (Irán, 1997, 84 min.)
Esta película, nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera (1998), cuenta la historia de una familia musulmana. Cuando Ali pierde los zapatos de la escuela de su hermana Zahra, a este par se le ocurre un plan: compartir los zapatos de Ali y que sus padres no descubran el secreto. La película trata con singular belleza temas como la fraternidad, el amor y la solidaridad entre hermanos. Comentemos y reflexionemos este número de Nostra Aetate: «La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. […] Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres» (n. 3).
Promesas de Carlos Bolado, B.Z. Goldberg, Justine Shapiro (EUA, 2001, 106 min.)
Esta es una película documental que trata de llevar a cabo un acercamiento al conflicto palestino-israelí a través de la mirada de un grupo de niños. Los realizadores entrevistaron y dieron seguimiento a siete niños judíos y palestinos entre 1995 y 1998. Los niños cuentan sus experiencias, puntos de vista sobre el conflicto y cómo es su vida en Jerusalén. El documental nos conmueve desde un principio y busca un encuentro entre los niños que fomente la paz. Comentemos y reflexionemos este número de Nostra Aetate: «No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. La relación del hombre para con Dios Padre y con los demás hombres sus hermanos están de tal forma unidas que, como dice la Escritura: “el que no ama, no ha conocido a Dios” (1 Jn 4,8). […] Por esto, el sagrado Concilio, siguiendo las huellas de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, ruega ardientemente a los fieles que, “observando en medio de las naciones una conducta ejemplar», si es posible, en cuanto de ellos depende, tengan paz con todos los hombres, para que sean verdaderamente hijos del Padre que está en los cielos (n. 5).
En un discurso dirigido a los miembros del Grupo de Trabajo sobre el Diálogo Intercultural e Interreligioso del Parlamento Europeo, León XIV ha querido trazar una línea clara entre fe y política, pero sin caer en la exclusión de lo religioso del espacio público. “Las instituciones europeas necesitan personas que sepan vivir un secularismo sano, es decir, un estilo de pensamiento y acción que afirme el valor de la religión, preservando al mismo tiempo la distinción —no la separación ni la confusión— con la esfera política“, ha afirmado el Papa.
El Pontífice ha felicitado a los miembros del grupo por impulsar una iniciativa que, según dijo, “puede dar muchos frutos» y recordó que promover el diálogo entre culturas y religiones “es un objetivo clave para un político cristiano”.
“Ser hombres y mujeres de diálogo significa permanecer profundamente arraigados en el Evangelio y en los valores que de él brotan y, al mismo tiempo, cultivar la apertura, la escucha y el diálogo con quienes provienen de otros contextos”, explicó el Papa. Una actitud que, en su opinión, solo puede sostenerse si se mantiene en el centro “la persona humana, su dignidad y su naturaleza relacional y comunitaria”.
León XIV en la audiencia con el Grupo de Trabajo sobre el Diálogo Intercultural e Interreligioso del Parlamento Europeo
Vivir en sociedad
“La palabra religión se refiere a la noción de conexión como elemento original de la humanidad”, señaló el Papa. “Cuando es auténtica y se cultiva adecuadamente, la dimensión religiosa puede enriquecer enormemente las relaciones interpersonales y ayudar a las personas a vivir en comunidad y en sociedad”.
Por último, en un contexto europeo atravesado por tensiones y tentaciones de repliegue, el Papa señaló la urgencia de recordar lo esencial: “¡Qué importante es hoy destacar el valor y la importancia de las relaciones humanas!”.