Carlos de Foucauld y René Voillaume

Os envío el material compartido durante la XIII Jornadas de desierto, recogido por el hno. Enzo de la CEHCF, por si puede ayudar a conocer un poquito más al hno Rné Voillaume con toda su gran aportación a la Familia Carlos de Foucauld

https://drive.google.com/file/d/1OiBEBPOqdNffkKNlFP_EoYCVbAnrezya/view?usp=sharing

«LA IMPORTANCIA DEL DESIERTO» XIII JORNADAS DE DESIERTO ON LINE

Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios

Es un período por el cual toda alma que quiere dar frutos debe pasar necesariamente

Es en el momento en que se encuentra en esta triste condición, cuando Dios lo colma de favores incomparables.

En una carta al P. Jerónimo, 19 de mayo de 1898, Carlos de Foucauld se expresaba así sobre el DESIERTO:

“Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios: es allí donde uno se vacía y se desprende de todo lo que no es Dios, y donde se vacía completamente esta pequeña casa de nuestra alma para dejar todo el espacio a Dios solo.
Es un tiempo de gracia, es un período por el cual toda alma que quiere dar frutos debe pasar necesariamente… No temáis ser infieles a vuestras obligaciones para con las criaturas; es, por el contrario, el único medio que tenéis para poder servirlas eficazmente.”

El desierto representa un espacio de purificación interna, donde el alma se despoja del ruido y las distracciones para encontrarse con Dios. Es vital para crecer espiritualmente y servir desde el corazón renovado.

En una Meditación sobre el Evangelio, que Carlos de Foucauld hace en diciembre de 1896, afirma:

“Cuando Jacob está de camino, pobre, solo, cuando se tiende sobre la tierra desnuda del desierto para descansar después de una larga travesía… es en el momento en que se encuentra en esta triste condición, cuando Dios lo colma de favores incomparables.”

El desierto, más allá de ser dificultad, se convierte en lugar de consuelo divino. En el momento de mayor vulnerabilidad emerge la gracia.

Finalmente, Carlos de Foucauld meditando sobre Mateo 6,30–32, nos da el siguiente consejo:

“En nuestra vida… tomémonos tiempo de reposo, tiempo de soledad pasado en compañía de Jesús… Que estos retiros tengan tres caracteres: descanso, sosiego y soledad en compañía de Jesús. […] ya mirándole sin decir nada (contemplación), ya preguntándole (meditación).”

El tiempo de desierto inspira a vivir momentos de encuentro profundo con Cristo, donde hay silencio, paz interior y contemplación.

XIII JORNADAS DE DESIERTO – «Carlos de Foucauld y René Voillaume»

Las Jornadas de desierto es una actividad que viene realizando la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld una vez al año, la última semana del mes de noviembre, como preparación, también, del aniversario de la muerte de san Carlos de Foucauld el 1 de diciembre.

Uno de los pilares del carisma de la CEHCF es el «desierto». Nuestro deseo es seguir a Jesús, el Cristo, en su vida de Nazaret, en su vida de profeta, anunciando el Reino de Dios, en Palestina, pero de un modo particular, también, en su estancia en el desierto y en los tiempos de silencio y contemplación junto a su Padre celestial, nuestro Padre en la fe. Esta es la razón del que demos tanta importancia al silencio contemplativo, de un modo particular en la adoración eucarística.

Por todo esto, las Jornadas de desierto son un tiempo fuerte de silencio contemplativo, ayudados de la Palabra de Dios. Son unas jornadas en las que cada participante organiza su tiempo de la mejor manera que puede, pero es consciente de que está realizando estas jornadas al mismo tiempo que otros hermanos y hermanas repartidos por distintos países, ayudándose con la oración de los unos por los otros.

Cada hermano/a escoge su ritmo de oración. Quien desee tener una guía para cada día de la semana con los salmos, textos bíblicos etc. puede adquirir el librito NAZARET (EN PAPEL, KINDLE o AUDIBLE)

Cada día se recibe por el correo electrónico un tema sobre el tema propuesto para estas Jornadas de Desierto, en relación, en este caso, sobre «Carlos de Foucauld y René Voillaume».

Para inscribirse: foucauld.horeb@gmail.com

XII JORNADAS DE DESIERTO ON LINE (2024)

Queridos hermanos y hermanas: Paz y Alegría!!!

Para quien quiera participar en estas Jornadas de desierto, tenéis aquí el programa y las fechas. Son unos días de oración, la semana anterior al 1º de diciembre, aniversario y festividad de San Carlos de Foucauld, en medio de las actividades ordinarias de nuestro Nazaret. Cada participante establece su propio ritmo, sabiendo que está unido a otras hermanas y hermanos que procuran lo mismo.

Las jornadas comienzan el lunes 18 de noviembre y concluyen el domingo 24. Este año nos fijaremos en el testimonio de Madeleine Delbrêl, discípula de Carlos de Foucauld. Cada día recibiréis un texto, via email, sobre el tema. Con este email también os podeís comunicar con todos los participantes, si es vuestro deseo: 12-jornadas-de-desierto@googlegroups.com

La inscripción y la participación en estas jornadas de desierto no tiene coste alguno. Puede darse el caso que una persona necesite un acompañamiento más ritmado para cada uno de los días de la semana. En este caso, para este año podéis obtener en Amazon el librito NAZARET, ya en papel o en digital, clicando en https://www.amazon.es/dp/B08FS2YG44

No me resta más que deciros que la inscripción a las 12 Jornadas de desierto se ha de hacer a este email: foucauld.horeb@gmail.com

Esperemos que este sea un tiempo de gracia para todos.

Bendiciones!!!

JLVB

«DESIERTO», Espiritualidad Carlos de Foucauld – Libro que puede ayudar para las XI Jornadas de desierto online, del 20 al 26 de noviembre

«La imagen del desierto se asocia a un tiempo de soledad donde los apoyos cotidianos desaparecen enfrentándonos con nuestra propia realidad. Es el lugar por excelencia del despojo supremo. Es un lugar necesario para la construcción de la propia persona, espacio de purificación y de abandono, lugar de las pruebas. Según las enseñanzas bíblicas ir al desierto no significa desertar de nuestra época, sino camino de tránsito hacia la tierra prometida. Por eso los grandes espirituales de los primeros siglos de la Iglesia han reflexionado más sobre los “desiertos interiores” que sobre los desiertos geográficos. Entonces, es verdad que hay que pasar por el desierto, que también puede ser geográfico, pero especialmente es interior, hay que recogerse, hay que hacer silencio, para tomar conciencia de la Presencia Amorosa de Dios que nos llama y que nos da una vocación, una misión, para vivirla en nuestro propio Nazaret».

XI JORNADAS DE DESIERTO

«Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios: es en el desierto donde uno se vacía y se desprende de todo lo que no es Dios, y donde se vacía completamente la casita de nuestra alma para dejar todo el sitio a Dios solo. Los hebreos pasaron por el desierto, Moisés vivió en él antes de recibir su misión; san Pablo al salir de Damasco fue a pasar tres años a Arabia, vuestro patrono san Jerónimo y san Juan Crisóstomo se prepararon también en el desierto. Es indispensable. Es un tiempo de gracia. Es un período por el que tiene que pasar necesariamente toda alma que quiera dar fruto. Es necesario ese silencio, ese recogimiento …Y es en la soledad … donde Dios se da todo entero a quien se da todo entero a Él. Si esta vida interior es nula … es un manantial que querría dar la santidad a los demás, pero no puede, porque carece de ella» (Carlos de Foucauld1898).

XI JORNADAS DE DESIERTO: J. Maritain y Carlos de Foucauld

Cada año, como preparación al aniversario de la muerte del hermano Carlos, a finales del mes de noviembre, se ofrece la posibilidad de un retiro on line, para hacer unas jornadas de desierto y unirnos en la oración. El tema de este año es Jacques Maritain y Carlos de Foucauld, ya que estamos celebrando los cincuenta años de la muerte de J. Maritain.

La importancia del silencio

Frente al poder que nos amenaza y envuelve con el ruido, en todas partes y en todo momento, necesitamos entrar en el silencio, para encontrarnos y encontrar el sentido de la historia y el sentido de nuestra propia existencia. Aquí, las palabras de Arturo Pauli toman todo su sentido

«El poder es ruidoso, es una estatua enorme con los pies de barro, un árbol inmenso que esteriliza la superficie que cubre con su sombra, pero no tiene raíces, está desligado del misterio de la historia. Curiosamente los pobres que no tienen secretos, que viven en casas sin puertas y en barrios sin muros de cinta, son los verdaderos clandestinos: la gran amenaza del poder viene de ellos…La multitud silenciosa y silenciada seguirá conservando misteriosamente en la permanente derrota la esperanza de la victoria y aquella vehemencia purificada para siempre del orgullo que Jesús infundía en los pobres haciéndoles príncipes del Reino» ( A. PAULI, El silencio, plenitud de la palabra, Paulinas, Madrid1991).

En una palabra para entrar en el misterio de lo que no se ve, que es más importante que lo que se ve; de lo que no se oye, que es más importante que lo que se oye, hay que ir al silencio donde amanece lo esencial está más allá de lo que se ve y oye.

Cada vez más, sin darnos cuenta, las personas estamos inmersas en una dimensión virtual a causa de mensajes audiovisuales que acompañan nuestra vida de la mañana a la noche. Los más jóvenes, que han nacido ya en esta condición, parecen querer llenar de música y de imágenes cada momento vacío, casi por el miedo de sentir, precisamente, el vacío interior. Algunas personas ya no son capaces de quedarse durante mucho rato en silencio y en soledad. Pero el silencio cuando se hace presente no pasa inadvertido, te llama la atención sin pretenderlo, nos habla sin decir nada, nos interroga sin hacer preguntas, nos sitúa y nos descubre el lugar donde nos encontramos, sin análisis ni cálculos mentales.

El silencio y la palabra definen la identidad de una persona más que los rasgos físicos y su estilo de vida, pues nos muestran a la persona como un ser orgulloso o humilde, ya que en el silencio interior encontramos nuestro centro personal y en el hondón de este centro encontramos al Señor. El silencio, el verdadero silencio nos sitúa más allá de las palabras, en el manantial infinito y silencioso desde donde toma forma toda palabra. Nos sitúa en el mismo silencio de Dios, desde donde brotó la Palabra infinita y amorosa de Dios, Jesús, Hijo de Dios, Palabra eterna del Padre. Como dice san Juan de la Cruz: “Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y esta habla siempre en eterno silencio, y en el silencio ha de ser oída del alma” (JUAN DE LA CRUZ, o. c., Dichos de luz y amor, 99, BAC, Madrid 1994, 166).

Nuestra mente, habitualmente dispersa en una gran diversidad de pensamientos y de ideas, debe ser unificada y llevada de la multiplicidad a la simplicidad, de la diversidad a la sobriedad. Debe ser purificada de toda imagen mental, de todo concepto intelectual, hasta no ser consciente de nada, salvo de la presencia amorosa de Dios invisible e incomprensible. Es así como, entrando en el silencio aprendemos el arte de la oración, que es un camino espiritual que nos une con Dios y no un lugar para reflexionar sobre Dios o sobre nosotros mismos. Recordemos las palabras de san Bernardo: “Toda la fuerza sale del silencio. A través del silencio nos abismamos en el seno del Padre y a la vez resurgimos de Él con su Palabra eterna. Reposar en el abismo de Dios supone curación para los desordenes del mundo, pues la tranquilidad todo lo sosiega” (SAN BERNARDO,Obras completas de San Bernardo III: Sermones litúrgicos, Monjes Cistercienses de España, Sermón 23, 16).

Dios nos da el espíritu de sabiduría para manifestarnos el verdadero conocimiento y nos ilumina nuestros ojos para conocer a que esperanza estamos llamados.               El silencio es una música callada que brota en el corazón cuando se callan todos los sonidos de alrededor. El silencio es la melodía de Dios, una presencia amorosa, quieta y luminosa que envuelve a toda la creación. El silencio siempre habla, pero se escucha en silencio. Silencio y quietud es lo mismo que presencia amorosa.

Según Karlfried Graf Dürckheim,

«Hay un conocimiento temporal y un saber intemporal. La ciencia que sirve para dominar el mundo está en continuo desarrollo. Un invento excluye a otro. Lo que se ha descubierto ayer, hoy ya no satisface. Pero el saber de Lao-Tse es una sabiduría tan válida hoy como lo fue en su tiempo. El tesoro de sabiduría de la humanidad tiene que ver con su devenir interior y con su vinculación a lo sobrenatural. Este vivo contenido es independiente de lo espacio-temporal. Las apariencias y contradicciones bajo las que se presenta, que están determinadas por la época y el lugar, la expresan y ocultan a la vez. Y a través de todas las capas externas irradia la vida más allá del espacio-tiempo” (K. G. DÜRCKHEIM, El maestro interior, Mensajero 1992, 23).

El silencio es necesario para encontramos a nosotros mismos y para autodescubrirnos de manera auténtica; nos ayuda a mirar el pasado con ecuanimidad, el presente con realismo y el futuro con esperanza. El silencio nos permite contemplar al dador de la Vida, a los hermanos y a la naturaleza con una nueva mirada, y nos ayuda a proyectarnos, en la realización del plan o la vocación que Dios ha dispuesto para cada uno de nosotros desde siempre.