
En octubre de 1911, la guerra estalla entre Italia y Turquía: “Los turcos hacen todo lo posible para predicar la guerra santa entre las tribus árabes de la Tripolitana”, escribe a su prima el 25 de diciembre. Así, una de estas tribus, bajo la influencia religiosa de los Senusitas, durante los años siguientes trabajará particularmente a los tuaregs para empujarles a la disidencia de Francia; y es plausible que el 1º de diciembre de 1916, cuando Foucauld fue tomado como rehén por un grupo de inspiración senusita llegado a Tamanrasset, su joven guardián lo asesinara accidentalmente. La muerte de Foucauld es también una lejana consecuencia de la guerra italo-turca comenzada en 1911.
Si dejó el Asekrem antes de lo previsto fue por una cuestión de salud, y también porque Ba Hamnou no cesaba de quejarse: no le gustaba estar allí, tenía frío. Cuando Foucauld bajó de la montaña se encontró con muchos problemas: “He encontrado Tamanrasset y las poblaciones vecinas en un estado de miseria sobrecogedor”, escribe el 25 de diciembre a su prima. Dos son las razones de esta situación: “La sequía dura desde hace veinte meses”; “En 1911 las dos cosechas han sido nulas. Resultado: en el país no hay nada que comer”.
Se encuentra también con otro problema que no cesa de preocuparle y que es para él “una herida”, como había escrito al superior de los Padres Blancos, Monseñor Levinhac, el 7 de diciembre, antes de dejar el Asekrem: “El número de muertes infantiles es grandísimo; quizás un cuarto o un tercio de los niños muere cuando nace; las costumbres son muy liberales, se admite corrientemente; pero la costumbre no admite el nacimiento fuera del matrimonio; cuando esto ocurre se salva el honor haciendo desaparecer al niño”. Foucauld pide leyes severas: “Me responden que tengo razón, pero que el establecimiento de estas normas, tal como están las cosas, es muy difícil, debido a la dificultad de la represión: poner a estas mujeres en prisión guardándolas soldados árabes!!! Me han dicho: ‘Establezca religiosas y nosotros promulgaremos inmediatamente la ley’”. Hace falta, pues, en primer lugar “establecer religiosas dispuestas a acoger a los recién nacidos”.
Finalmente, el tercer problema: el tema de la lengua. “En la actualidad, como los franceses no saben el tuareg, las autoridades francesas escriben en árabe a los tuaregs, lo que les obliga a estos tener secretarios árabes para leer las cartas y responder; las autoridades francesas hablan a los tuaregs en árabe, con intérpretes árabes que traducen más o menos mal en tuareg; al principio se hizo como se pudo… Pero creo que esto es un error pues se arabiza e islamiza a los tuaregs a pesar de ellos”, escribe a su director espiritual, el padre Voillard, el 6 de diciembre de 1911. ¿Qué hacer? “Abrir discretamente en el Hoggar una escuela tuareg-francés, no árabe-francés… La mayor dificultad para crear escuelas, es encontrar profesores. ¿Árabes? Ellos arabizan en lugar de afrancesar. ¿Laicos franceses? Estos tendrán, quizás, poca moralidad, espiando, calumniando a los oficiales, escribiendo contra éstos en los periódicos, exigiendo grandes salarios”.
Cf. Testamento de Carlos de Foucauld, Jean François Six, Maurice serpette, Pierre Sourisseau, Ediciones San Pablo
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