Nazareth como enfoque enactivo en Carlos de Foucauld

» Caminante no hay camino, SE HACE CAMINO AL ANDAR  «

En el ANDAR, enactuando, se va configurando el mundo vivido, como traído de la mano, sin una REPRESENTACIÓN PREVIA, va emergiendo ESPONTÁNEAMENTE en la INTERACCIÓN con el entorno.

PRÓLOGO
Comprender la Enacción de manera simple
La enacción, según Francisco Varela, Evan Thompson y Eleanor Rosch,
afirma algo esencial y profundamente humano: no percibimos un mundo
preexistente que simplemente “está ahí”, sino que el mundo que
experimentamos surge de nuestra interacción viva con él. Percibir y
actuar no son procesos separados: percibimos porque actuamos, y actuamos
porque percibimos.
Este principio se comprende de manera magistral en el experimento de los
gatitos.
El experimento de los gatitos (explicado en 1 minuto)
Hubo dos grupos:

  1. Gatitos activos
  • Caminaban por sí mismos en la oscuridad.
  • Decidían hacia dónde mover sus patas.
  • Su cuerpo y sus ojos estaban sincronizados mediante la acción.
  1. Gatitos pasivos
  • Eran trasladados en un carrito.
  • Veían el mismo “mundo visual”, pero sin mover su cuerpo.
  • Sus retinas eran estimuladas igual, pero sin auto-movimiento.
    Cuando encendieron la luz:
  • Los gatitos activos veían bien y coordinaban su movimiento.
  • Los gatitos pasivos tropezaban con todo, como si no pudieran ver.
    Los ojos eran idénticos.
    Lo único diferente era la relación entre percepción y acción.
    Qué enseña este experimento
    La percepción no ocurre solamente en la cabeza.
    La percepción se construye en el movimiento.
    Los gatitos activos aprendieron:
  • qué significa mover la cabeza,
  • cómo cambia la luz al girar,
  • qué se siente al avanzar hacia algo,
  • cómo su cuerpo modifica la experiencia.
    Los gatitos pasivos vieron imágenes, pero no construyeron un mundo
    significativo, porque faltó la relación sensorio–motora.
    ¿Qué es entonces la Enacción?
  1. La percepción es sensorio–motora
    Varela lo resume con su frase célebre:
    “Ver es una forma de hacer.”
    Percibir no es recibir datos, sino actuar en el mundo para revelar
    sentido.
  2. La percepción es circular
  • Me muevo.
  • El movimiento cambia lo que percibo.
  • Lo percibido me invita a moverme de nuevo.
  • Ese movimiento vuelve a modificar la percepción.
    Este bucle construye el mundo vivido.
  1. La percepción es la construcción activa de un mundo
  • Si me muevo activamente → surge un mundo coherente.
  • Si solo recibo imágenes pasivamente → no emerge mundo significativo.
    La frase clave
    “Enacción significa que no vemos para movernos; nos movemos para ver.”
    La enacción nos recuerda que el mundo que aparece ante nosotros es fruto
    de nuestra vida encarnada, de nuestra sensibilidad corporal, de nuestra
    historia personal y espiritual. Es un mundo co-emergente: yo lo
    configuro, y al mismo tiempo, él me transforma.
    Este marco es esencial para comprender lo que sigue:
    cómo Carlos de Foucauld enactuó Nazaret en su vida hasta hacerlo emerger
    como su modo de ser más profundo.
    Nazaret como Ensamble Enactivo en Carlos de Foucauld
    El itinerario espiritual de Carlos de Foucauld puede comprenderse
    hondamente desde una perspectiva enactiva y encarnada, donde Nazaret no

es un concepto abstracto ni una idea devocional, sino un modo de ser-en-
el-mundo que él realiza corporal, afectiva y existencialmente.
Su vida se convierte en un proceso dinámico de transformación espiritual,
donde cada etapa, cada contexto y cada gesto se co-determinan con su modo
de relacionarse con Dios, con el prójimo y consigo mismo.
Desde su conversión, Carlos se deja atraer por Jesús y por la forma
humilde y escondida de la vida de Nazaret. Nazaret se vuelve su eje, pero
no como repetición, sino como emergencia: como algo que él hace nacer
mediante su propia vida encarnada.
Nazaret en la Trapa
Allí, Nazaret toma la forma de obediencia radical, pobreza y desaparición
en la vida común. Fue un primer moldeamiento enactivo: un aprendizaje
sensorial, espiritual y corporal de humildad y disciplina profunda.
Nazaret con las clarisas
En esta etapa, Nazaret se reconfigura en:

  • oración silenciosa,
  • simplicidad del trabajo,
  • vida oculta y eucarística.
    Su mundo vivido se transforma según su práctica, su espacio y su afecto.
    Nazaret en el desierto: Beni Abbès y Tamanrasset
    En el desierto, la enacción de Nazaret alcanza una madurez particular:
  • Nazaret se vuelve hospitalidad radical y silenciosa.
  • Su soledad se convierte en presencia para los tuareg.
  • Su clausura es ahora una inserción profundamente encarnada.
  • Su vida es un Evangelio vivo: silencioso, tierno, compasivo.
    En Tamanrasset, su Nazaret integra enactiva y coherentemente tres
    dimensiones:
  • El Nazaret escondido: vida simple, silenciosa, laboriosa.
  • La soledad del desierto: escucha, oración, disponibilidad total.
  • La vida pública de Jesús: acogida, amistad, bondad concreta.
    Sin abandonar su vida contemplativa, Carlos encarna una presencia que
    transforma y es transformada. Su mundo espiritual emerge en interacción
    con el mundo humano y geográfico del desierto.

Conclusión enactiva
Carlos no reproduce Nazaret.
Lo hace emerger.
Nazaret se vuelve una forma de vida: corporal, afectiva, relacional,
espiritual.
Su identidad espiritual y su mundo vivido se entrelazan hasta volverse
inseparables.
Bibliografía
– Carlos de Foucauld, Escritos espirituales.
– José Luis Vázquez Borau, Vivir Nazaret.
– Francisco Varela, De Cuerpo Presente.
– Francisco Varela, El Fenómeno de la Vida.
– Maurice Merleau-Ponty, Fenomenología de la Percepción.
– Humberto Maturana & Francisco Varela, El Árbol del Conocimiento.
Autor
Dr. Pablo Ghilini
Médico Neurocirujano
Hermano eremita de la Comunidad Ecuménica HOREB Carlos de Foucauld
Actualmente dedicado a la investigación autónoma en:
– Neurobiología del comportamiento humano
– Implicancias neurobiológicas de la espiritualidad y la contemplación
– Fenomenología y enacción en la vida espiritual

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Información :

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El pacto de las catacumbas

https://share.google/xEMEX27fEdNpbWUMf JL Vázquez Borau

Pacto de las Catacumbas (Catacumbas de Domitila, 16 de noviembre de 1965)

El 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, cerca de cuarenta padres conciliares celebraron una eucaristía en las catacumbas de Domitila. Pidieron «ser fieles al espíritu de Jesús», y al terminar la celebración firmaron lo que llamaron El Pacto de las Catacumbas. El «Pacto» es una invitación a los «hermanos en el episcopado» a llevar una «vida de pobreza» y a ser una Iglesia «servidora y pobre» como lo quería Juan XXIII. Los firmantes –entre ellos muchos latinoamericanos y brasileños, a los que después se unieron otros– se comprometían a vivir en pobreza, a rechazar todos los símbolos o privilegios de poder y a colocar a los pobres en el centro de su ministerio pastoral. Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza segun el Evangelio; motivados los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de Nosotros ha evitado el sobresalir y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos en el episcopado; contando, sobre todo, con la gracia y la fuerza de nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y con la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo que sigue:

1. Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población en lo que toca a casa, comida, medios de locomoción, y a todo lo que de ahí se desprende. Mt 5,3; 6,33s; 8,20.

2. Renunciamos para siempre a la apariencia y la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (ricas vestimentas, colores llamativos) y en los símbolos de metales preciosos (esos signos deben ser, ciertamente, evangélicos). Mc 6,9; Mt 10,9s; Hch 3,6. Ni oro ni plata.

3. No poseeremos bienes muebles ni inmuebles, ni tendremos cuentas en el banco, etc., a nombre propio; y, si es necesario poseer algo, pondremos todo a nombre de la diocesis, o de las obras sociales o caritativas. Mt 6,19-21; Lc 12,33s.

4. En cuanto sea posible, confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, para ser menos administradores y más pastores y apóstoles. Mt 10,8; Hch 6,1-7.

5. Rechazamos que verbalmente o por escrito nos llamen con nombres y títulos que expresen grandeza y poder (eminencia, excelencia, monseñor…). Preferimos que nos llamen con el nombre evangélico de “padre”. Mt 20,25-28; 23,6-11; Jn 13,12-15.

6. En nuestro comportamiento y relaciones sociales evitaremos todo lo que pueda parecer concesión de privilegios, primacía o incluso preferencia por los ricos y por los poderosos (por ejemplo en banquetes ofrecidos o aceptados, en servicios religiosos). Lc 13,12-14; 1 Cor 9,14-19.

7. Igualmente evitaremos propiciar o adular la vanidad de quien quiera que sea, al recompensar o solicitar ayudas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a que consideren sus dadivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social. Mt 6,24; Lc 15,9-13; 2 Cor 12,4.

8. Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc., al servicio apostólico y pastoral de las personas y de los grupos trabajadores y económicamente debiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis. Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y trabajadores, compartiendo su vida y el trabajo. Lc 4,18s; Mc 6,4; Mt 11,4s; Hch 18,3s; 20,33-35; 1 Cor 4,12; 9,1-27.

9. Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus mutuas relaciones, procuraremos transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes. Mt 25,31-46; Lc 13,12-14 y 33s.

10. Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, estructuras e instituciones sociales que son necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo armónico y total de todo el hombre y de todos los hombres, y, así, para el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios. Cf. Hch 2,44s; 4,32-35; 5,4; 2 Cor 8–9; 1 Tim 5,16.

11. Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en miseria física cultural y moral –dos tercios de la humanidad– nos comprometemos: a. a compartir, según nuestras posibilidades, en los proyectos urgentes de los episcopados de las naciones pobres; b. a pedir juntos, al nivel de organismos internacionales, dando siempre testimonio del Evangelio, como lo hizo el papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan que las mayorías pobres salgan de su miseria.

12. Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio. Así, a. nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos; b. buscaremos colaboradores para poder ser más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo; c. procuraremos hacernos lo más humanamente posible presentes, ser acogedores; d. nos mostraremos abiertos a todos, sea cual fuere su religión. Mc 8,34s; Hch 6,1-7; 1 Tim 3,8-10.

13. Cuando regresemos a nuestras diocesis daremos a conocer estas resoluciones a nuestros diocesanos, pidiéndoles que nos ayuden con su comprension, su colaboración y sus oraciones. Que Dios nos ayude a ser fieles.

Firmantes No hay una lista oficial de los 39 obispos que estuvieron en la celebración de la misa en las catacumbas de Domitila el 16 de noviembre de 1965, cuando firmaron El Pacto de las Catacumbas. Querían tener una celebración discreta lejos de la prensa, con algunos obispos (originalmente se suponía que serían solo unos veinte), para evitar que su gesto de sencillez y compromiso fuera interpretado como una “lección” a los otros obispos. Tanto es asi que la primera noticia de la celebración solo apareció en una nota de Henri Fesquet en el diario Le Monde, más de tres semanas más tarde, en la clausura del Consejo el 8 de diciembre de 1965, bajo el título “Un groupe d’eveques anonymes s’engage a donner le temoignage exterieur d’une vie de stricte pauvrete” (“Un grupo anónimo de obispos se compromete a dar testimonio externo de una vida de estricta pobreza≫; cf. Henri Fesquet, Journal du Concile, Forcalquier, Paris 1966, pp. 1110-1113).

La noticia no mencionó nombres, pero entre los papeles de Mons. Charles Marie Himmer, obispo de Tournai, Bélgica, que presidio la concelebración de la mañana y dirigió la homilía, existe una lista de los que participaron: Brasil Don Antonio Fragoso (Crateus-CE) Don Francisco Mesquita Filho Austregesilo (Afogados da Ingazeira, PE) Don Joao Batista da Mota e Albuquerque, arzobispo de Vitoria, ES P. Luiz Gonzaga Fernandes, que habia de ser consagrado obispo auxiliar de Vitoria Don Jorge Marcos de Oliveira (Santo Andre-SP) Don Helder Camara, obispo de Recife Don Henrique Golland Trindade, OFM, arzobispo de Botucatu, SP Don Jose Maria Pires, arzobispo de Paraiba, PB Colombia Mons. Tulio Botero Salazar, arzobispo de Medellín Mons. Antonio Medina Medina, obispo auxiliar de Medellin Mons. Anibal Munoz Duque, obispo de Nueva Pamplona Mons. Raul Zambrano, de Facatativa Mons. Angelo Cuniberti, vicario apostolico de Florencia Argentina Mons. Alberto Devoto, de la diocesis de Goya Mons. Vicente Faustino Zazpe, de la diocesis de Rafaela Mons. Juan Jose Iriarte de Reconquista Mons. Enrique Angelelli, obispo auxiliar de Córdoba Otros países de América Latina Mons. Alfredo Viola, obispo de Salto (Uruguay) y su auxiliar Mons. Marcelo Mendiharat, obispo auxiliar de Salto (Uruguay) Mons. Manuel Larrain, de Talca en Chile Mons. Gregorio McGrath Marcos, de Panamá (Diocesis de Santiago de Veraguas) Mons. Leonidas Proano, en Riobamba, Ecuador Francia Mons Guy Marie Riobe, obispo de Orleans Mons Gerard Huyghe, obispo de Arras Mons. Adrien Gand, obispo auxiliar de Lille Otros países de Europa Mons. Charles Marie Himmer, obispo de Tournai, Belgica Mons. Rafael Gonzalez Moralejo, obispo auxiliar de Valencia, Espana Mons. Julius Angerhausen, obispo auxiliar de Essen, Alemania Mons. Luigi Bettazzi, obispo auxiliar de Bolonia África Don Bernard Yago, arzobispo de Abiyan, Costa de Marfil Mons. Jose Blomjous, obispo de Mwanza, en Tanzania Mons. Georges Mercier, obispo de Laghouat en el Sahara, Africa Asia y América del Norte Mons. Hakim, obispo melquita de Nazaret Mons. Haddad, obispo melquita, auxiliar de Beirut, Libano Mons. Gerard Marie Coderre, obispo de Saint Jean de Quebec, Canadá Mons. Charles Joseph van Melckebeke, de origen belga, obispo de Ningxia, China

León XIV proclama “el diálogo como forma de vida” ante representantes de todas las religiones del mundo

León XIV proclama “el diálogo como forma de vida” ante representantes de todas las religiones del mundo

Por Mateo González Alonso

 El Vaticano conmemora el 60 aniversario de la Declaración ‘Nostra Aetate’ sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas del Vaticano II

La Declaración ‘Nostra Aetate’ sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas del Vaticano II, cumple 60 años y en el Vaticano se ha celebrado por todo lo alto en un acto en el que han participado representantes de las religiones del mundo, los miembros del cuerpo diplomático y un buen grupo de católicos comprometidos con el diálogo interreligioso. El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo organizaron una velada “para celebrar seis décadas de diálogo, amistad y cooperación entre los seguidores de las religiones del mundo, inspirados en la Declaración ‘Nostra Aetate’, uno de los documentos más innovadores del Concilio Vaticano II”.

En el Aula Pablo VI del Vaticano se han congregado líderes y representantes del judaísmo, el islam, el hinduismo, el jainismo, el sijismo, el budismo, el zoroastrismo, confucianismo, taoísmo, sintoísmo y religiones tradicionales africanas que han podido saludar al papa León XIV que ha pronunciado un discurso al que ha seguido de una oración silenciosa por la paz. Para el pontífice, “hace 60 años se plantó una semilla de esperanza para el diálogo interreligioso”.

El diálogo como forma de fida

“Hoy, su presencia atestigua que esta semilla ha crecido hasta convertirse en un árbol poderoso, cuyas ramas se extienden a lo largo y ancho, ofreciendo cobijo y dando los ricos frutos de la comprensión, la amistad, la cooperación y la paz”, proclamó el pontífice precisamente ante un árbol situado para la ocasión en el escenario de la sala de audiencias. Este texto, para el Papa, “nos abrió los ojos a un principio simple pero profundo: el diálogo no es una táctica o una herramienta, sino una forma de vida, un viaje del corazón que transforma a todos los implicados, al que escucha y al que habla”.

Y es que, prosiguió,  el diálogo auténtico “no comienza en el compromiso sino en la convicción, en las raíces profundas de nuestra propia creencia que nos da la fuerza para llegar a los demás en el amor”. En este sentido recordó a quienes han trabajado en esta clave y han sido incluso “mártires por el diálogo, que se opusieron a la violencia y al odio”. Pero recalcó que este mensaje sigue siendo “de gran actualidad” ya que las religiones siguen intentando responder a “la inquietud del corazón humano”; y por ello la Iglesia católica “no rechaza nada de lo que hay de verdadero y santo en estas religiones.”

Para León XIV “no podemos invocar verdaderamente a Dios, Padre de todos, si nos negamos a tratar fraternalmente a cualquier hombre o mujer creados a imagen de Dios”. Así, manifestó su deseo de abrir “una nueva relación entre la Iglesia y el judaísmo” puesto que todos los líderes religiosos “comparten una responsabilidad sagrada: ayudar a nuestros pueblos a liberarse de las cadenas de los prejuicios, la ira y el odio; ayudarles a elevarse por encima del egoísmo y el egocentrismo; ayudarles a superar la codicia que destruye tanto el espíritu humano como la tierra”. Para ello invitó a desarrollar la profecía siendo “voces que denuncien la violencia y la injusticia, sanen la división y proclamen la paz para todos nuestros hermanos y hermanas”, llevando “esperanza a una humanidad que a menudo se ve tentada por la desesperación”.

Conmemoracion De La Declaracion Conciliar Nostra Aetate Budistas

¿Qué nos enseña hoy san Chárbel? La respuesta de León XIV tras visitar la tumba del santo libanés más famoso

Por la mañana del lunes 1 de diciembre, el Papa León XIV se trasladó al Monasterio de San Maroun, en Annaya, para una visita y oración personal ante la tumba de uno de los santos libaneses más famosos.

Ofrecemos a continuación la traducción al castellano de las palabras del Papa: » Queridos hermanos y hermanas: Agradezco al Superior General sus palabras y su hospitalidad en este hermoso Monasterio de Annaya. La naturaleza que rodea esta casa de oración nos atrae también con su austera belleza. Doy gracias a Dios por haberme concedido venir como peregrino a la tumba de san Chárbel. Mis predecesores —especialmente san Pablo VI, que lo beatificó y canonizó— lo habrían deseado mucho. Queridos hermanos, ¿qué nos enseña hoy san Chárbel? ¿Cuál es el legado de este hombre que no escribió nada, que vivió oculto y silente, pero cuya fama se extendió por todo el mundo? Me gustaría resumirlo así: el Espíritu Santo lo moldeó para que enseñara la oración a quienes viven sin Dios, el silencio a quienes habitan en medio del bullicio, la modestia a quienes viven para aparentar y la pobreza a quienes buscan las riquezas. Son todos comportamientos a contracorriente, pero precisamente por eso nos atraen, como el agua fresca y pura atrae a quien camina por el desierto. En particular, a nosotros, obispos y ministros ordenados, san Chárbel nos recuerda las exigencias evangélicas de nuestra vocación. Sin embargo, su coherencia, tan radical como humilde, es un mensaje para todos los cristianos. Y luego, hay otro aspecto que es decisivo: nunca dejó de interceder por nosotros ante el Padre celestial, fuente de todo bien y de toda gracia. Ya desde su vida terrena, muchos acudían a él para recibir del Señor consuelo, perdón y consejo. Tras su muerte, todo esto se multiplicó y se ha convertido en un río de misericordia. También por eso, cada 22 del mes, miles de peregrinos acuden hasta aquí desde diferentes países para pasar un día de oración y descanso del alma y del cuerpo. Hermanas y hermanos, hoy queremos confiar a la intercesión de san Chárbel las necesidades de la Iglesia, del Líbano y del mundo. Para la Iglesia pedimos comunión, unidad; empezando por las familias, pequeñas iglesias domésticas, y luego en las comunidades parroquiales y diocesanas; y también para la Iglesia universal. Comunión, unidad. Y para el mundo pedimos paz. Especialmente la imploramos para el Líbano y para todo Oriente Próximo. Pero sabemos bien —y los santos nos lo recuerdan— que no hay paz sin conversión de los corazones. Por eso, que san Chárbel nos ayude a orientarnos hacia Dios y a pedir el don de la conversión para todos nosotros. Queridos hermanos, como símbolo de la luz que Dios ha encendido aquí por medio de san Chárbel, he traído como regalo una lámpara. Al ofrecerla, encomiendo a la protección de san Chárbel al Líbano y a su pueblo, para que caminen siempre en la luz de Cristo. Gracias a Dios por el don de san Chárbel. Gracias a ustedes que conservan su memoria. ¡Caminen en la luz del Señor! «

Fuente: Zenit noticias

Preparando la Navidad en Wend Benedo (Burkina Faso)

Nuestros zagales de Wend Benedo, Burkina Faso. En sus estudios de electricidad, cocina, costura, mecánica… Carlos ha estado allí ahora, y volvemos el 25. Una grande alegría, porque van consiguiendo buenos objetivos.

Adjunto nº cuenta bancaria por si queréis hacer alguna donación. Gracias

“El joven nabateo y el ermitaño de Petra” Un Libro para buscadores de plenitud

Acabamos de concluir la Semana de Desierto, ese tiempo privilegiado que cada año
nos prepara interiormente para celebrar la fiesta de san Carlos de Foucauld. Son días
de silencio, oración y escucha profunda, en los que la Palabra y la soledad se convierten
en maestras discretas. Además de meditar los textos propuestos para la reflexión diaria,
he tenido la oportunidad de sumergirme en la lectura de un libro que ha sido para mí
una auténtica perla de sabiduría: El joven nabateo y el ermitaño de Petra, de José
Luis Vázquez Borau.
Ambientado en la ciudad de Petra, el libro nos conduce por sus desfiladeros, terrazas
rocosas y monumentos esculpidos en arenisca, transformando este paisaje milenario en
un verdadero símbolo del camino interior. Entre ellos destaca el Camino de las
Tumbas, donde el joven protagonista aprende a “enterrar” los vicios, los apegos y
aquello que impide la libertad del corazón. Solo quien deja morir lo que lo aprisiona
puede avanzar por el camino de las virtudes, un sendero que se recorre paso a paso,
como quien asciende hacia una luz que crece.
El corazón de la obra es el diálogo profundo y sapiencial entre el eremita Mughur y el
joven Siyyagh. Sus conversaciones —hechas de silencios, preguntas, intuiciones y
descubrimientos— evocan la tradición de los Padres del Desierto y nos recuerdan que la
verdadera formación se transmite más por la vida que por las palabras. Mughur, con la
serenidad de quien ha aprendido a escuchar el fondo del alma, acompaña a Siyyagh en
su despertar interior, ayudándolo a mirar de frente sus sombras, sus búsquedas y su
deseo de plenitud. Siyyagh, por su parte, representa a todo buscador: inquieto, abierto,
vulnerable y dispuesto a dejarse transformar.
El paisaje narrativo conecta también con una tradición espiritual más amplia: aquellos
mismos parajes evocan el retiro de tres años que, según la tradición, vivió Pablo de
Tarso antes de iniciar su misión evangelizadora. Como Pablo, también el joven nabateo
descubre que nadie puede anunciar lo que no ha contemplado, ni iluminar si antes no ha
sido iluminado.
En este contexto —tan afín al espíritu de Foucauld y a su llamada al desierto, al despojo
y a la presencia amorosa— la lectura del libro se convirtió para mí en un espejo y una
invitación. Como Siyyagh, también nosotros somos convocados a atravesar nuestros
propios “caminos de tumbas”, a escuchar la voz que sostiene desde dentro y a dejarnos
guiar por aquellos “Mughur” que la Providencia coloca a nuestro lado.
Ha sido, sin duda, una compañía preciosa en esta Semana de Desierto y un modo
hermoso de preparar el corazón para la fiesta de nuestro hermano Carlos de Foucauld.
Hermano Enzo Maria Guardino CEHCF