De la exposición del Santísimo a una vida expuesta Itinerario Eucarístico de Carlos de Foucauld

Antoine Chatelard, Hermanito de Jesús,
Para hacerse una idea exacta de la importancia del sacramento de la Eucaristía en la vida de Carlos de Foucauld, hay que seguir su itinerario desde finales de octubre 1886, en la Iglesia de San Agustín de París, hasta 1º de diciembre 1916, en Tamanrasset.Un recorrido de treinta años marcado por evoluciones, tanto en la forma de concebirlo como en las actitudes prácticas. No nos podemos contentar con un texto solo, ni con un solo momento de su vida.
La Conversión      
Este acontecimiento base explica todo el resto si lo consideramos en primer lugar como un encuentro personal, que transforma la vida y afecta todo el ser. Un encuentro con alguien vivo, presente en nuestro mundo, Jesús. No sólo ese Dios que él buscaba, sino aquél que le esperaba y a quien él no se esperaba. Un Dios que ama hasta el punto de perdonar. Alguien que amó tanto a los hombres que se entrega a ellos ahora en el sacramento de su presencia. Dios no se limita a existir sino que está aquí, y se puede estar con Él, permanecer con Él, cerca de Él. Carlos de Foucauld, que tanto había dudado, parece no dudar ya ni un solo instante del realismo de la encarnación y del realismo de la presencia de Jesús en el sagrario. Para él, la Eucaristía es en primer lugar el sacramento de la presencia de Dios.Más que un alimento, la comunión “casi diaria”en sus palabras, será el medio de unirse a Él de la forma más íntima posible. El culto al Sagrado Corazón y al Santísimo, con las exposiciones y las bendiciones, no son, a sus ojos, sino una sola y única expresión de amor, que para él es lo esencial de la religión y que será el punto dominante de su caminar espiritual.De peregrinación a Tierra Santa, en 1889, será muy sensible a la gracia de los lugares santos. Pero las huellas de Jesús, por muy enternecedoras que sean, solamente son recuerdos. La realidad está en el sagrario. En las calles de Nazaret encontró la respuesta a la pregunta que le inquietaba desde hacía dos años: “¿Qué tengo que hacer?”Tendrá que vivir como Jesús en Nazaret.
La Trapa
Por esto eligió ir a vivir y morir pobre en un pequeño monasterio trapense en construcción, al norte de Siria, en un país no cristiano. Fue para amar con un amor más grande y hacer el mayor sacrificio que estuviera en su poder, dejando para siempre todo lo que tanto amaba. Pero esta ofrenda  total de sí mismo no parece tener conexión alguna con su percepción de la Eucaristía en ese momento. Su culto es otro: “En la medida de lo posible me mantengo a los pies del Santísimo Sacramento. Jesús está ahí… Me veo como si estuviera junto a sus padres, como Magdalena sentada a sus pies en Betania”.Pero lo que es “posible”en la trapa no le satisface y quiere otra cosa. Inventa entonces una nueva congregación cuya finalidad sería llevar una vida pobre trabajando y adorando el Santísimo Sacramento. El oficio divino sería reemplazado por la adoración del Santísimo expuesto. Solamente habría un sacerdote para celebrar la misa diariamente. De esta forma se haría el bien llevando al mundo la presencia de Jesús.
Nazaret
Después de siete años de vida monástica, le autorizan dejar la Trapa, y se encuentra solitario junto a un convento de Clarisas donde el Santísimo está frecuentemente muy expuesto. Leyendo los textos, muy numerosos, de ese periodo, podríamos creer que pasa todo su tiempo libre delante del Santísimo, rezando, leyendo, escribiendo allí. La realidad es algo distinta. Por una parte,  lee a menudo en su cabaña, como lo testifica esta nota de un retiro: “Oh Dios mío, el lugar y el tiempo están bien elegidos: estoy en mi pequeña habitación, ya es de noche, todo duerme, solamente se oye la lluvia, el viento, y algunos gallos lejanos que recuerdan la noche de vuestra pasión … ¡Dios mío, enseñadme a rezar en esta soledad, en este recogimiento! … Aquél que ama y que está frente a su Bien Amado, ¿puede hacer otra cosa sino tener la mirada fija en él? Rezar es miraros. Ya que estáis siempre aquí, ¿puedo yo, si de veras os amo, no miraros constantemente?”Por otro lado la oración delante del Santísimo no siempre le es fácil: “Delante del Santísimo no consigo hacer oración durante mucho tiempo: mi estado es extraño: todo me parece vacío, hueco, nulo, sin medida, excepto mantenerme a los pies de Nuestro Señor, y mirarle … Y luego, cuando estoy a sus pies, estoy seco, árido, sin una palabra ni un pensamiento, y a menudo, ya veis, acabo por dormirme. Leo por voluntad, pero todo me parece vacío”.De esa misma época tenemos una meditación sobre la Eucaristía en la cual hace decir a Jesús cómo él entiende entonces el sacramento: “En primer lugar mi Presencia constante; en segundo lugar, mi ser entero, Dios y hombre, entrando en tu cuerpo y recibido por ti como alimento; en tercer lugar, Yo, encarnándome sobre el altar y ofreciéndome por todos vosotros a mi Padre en sacrificio … Son tres dones, infinitos los tres, que os hago”.Desarrolla el segundo aspecto sobre todo en el sentido de la unión nupcial: “por el segundo me tocáis, vuestra lengua, vuestra boca toca mi cuerpo; mi ser entero desciende en vosotros; os doy prueba de mi amor y a través de ello os incito fuertemente a devolverme amor por amor … Mirad qué maravilla, qué  unión inefable, qué  unidad de amor pongo por un lado entre Mí y vosotros, y por otro entre vosotros, unos con respecto a otros, al daros mi cuerpo en alimento”.El tercero es un aspecto más teológico: “Pero esto no es todo: yo me entrego a vosotros … en tercer lugar, para ser vuestra víctima, para ser ofrecido a Mi Padre en sacrificio de alabanza y de adoración … Considerad por tanto como debéis multiplicar estos sacrificios que dan a Dios tanta gloria … multiplicar los sacerdotes que puedan ofrecerlo”.A causa de esto, la nueva regla escrita en 1899 para los ermitaños del Sagrado Corazón, prevé el mayor número posible de sacerdotes, como si lo infinito de una Misa pudiese multiplicarse. Al año siguiente, en 1900, se impone el deber de llegar a ser él mismo sacerdote, para asegurar el culto de la Eucaristía en el santuario donde piensa instalarse. Con vistas a prepararse para ello, vuelve a Francia.
Cambio de orientación
Durante esta preparación se opera un giro en su vida. Quiere imitar a Jesús, no solamente en su vida escondida en Nazaret, en su retiro en el desierto y en su vida pública, sino sobre todo en su pasión, su muerte y resurrección, ofreciendo el sacrificio pascual en cada Misa. Es una nueva dimensión de su relación con la Eucaristía y de su forma de representarse la vida de Jesús.Aún más, este banquete del cual se convierte en uno de los servidores, tendrá que ofrecerlo no ya en Tierra Santa, a aquellos que tienen todas las comodidades espirituales, sino a aquellos que están más alejados. Ahora bien, a sus ojos, no hay gente más alejada que aquella que conoció antaño en los caminos y en las ciudades del Sahara y de Marruecos. Solo o junto con otros, se siente llamado a volver cercana la realidad de la presencia del Señor a estas gentes hacia quienes descubre que tiene un deber de agradecimiento. ¿No están ellos en el origen de la primera chispa de su fe? Tiene que hacer por los otros lo que hubiera querido que hicieran por él.Así, ya no piensa en “ermitaños”separados del mundo para adorar a Dios en su sacramento expuesto; ahora quiere “hermanos”,cuyas vidas expuestas irradien en esa tierra como hostias vivas.
En el Sahara
En Beni- Abbès, donde se esfuerza aún por multiplicar las horas de exposición del Santísimo Sacramento, tiene que alejarse a menudo del sagrario porque “Jesús, bajo la forma de los pobres, de los enfermos, de un alma cualquiera, me llama a otro lado”. Otra forma de estar con Jesús. ¿Otra forma de vivir la Eucaristía?Podemos constatar sin embargo, que el infinito de este misterio le impide permanecer frente a la belleza de las puestas de sol en las dunas y de las noches estrelladas: “Abrevio estas contemplaciones y vuelvo delante del sagrario … hay más belleza en el sagrario que en la creación entera”.De viaje, en el año 1904, su principal preocupación es la de celebrar la Misa cada día. Esto le obliga a hazañas ascéticas cuando caminan por la noche y no puede comer ni beber desde la media noche. Se presenta entonces un problema de pobreza y discreción, ya que le hace falta una montura especial para llevar el material necesario a la celebración de la Misa. No obstante, durante algunos años, seguirá poniendo la Misa por encima de todo, a pesar de los gastos extras que eso conlleva.Cuando hacen una parada prolongada en el norte del Hoggar, se construye una capilla de ramajes donde puede guardar el Santísimo durante unos días “una gran gracia para toda esta región”. En ese momento dice también: “Llevarlo lo más lejos posible … a fin de aumentar la zona en la que él irradie, extender la zona en la que se ejercerá su influencia”.Eso es lo que hace al instalarse en Tamanrasset al año siguiente. Coloca el Santísimo “en una pequeña covacha más pequeña que la de Nazaret”, y añade “eso será una gran felicidad para mí”. El año siguiente hace cuatro mil kilómetros para ir en búsqueda de un compañero que le permita “hacer con frecuencia exposiciones del Santísimo en Tamanrasset. Eso será una gran gracia para mi joven hermano y para mí”. Pero, de camino, tiene que despedir al compañero y volver solo al Hoggar. Vuelve aún sabiendo que, no solamente no podrá exponer el Santísimo, sino que ni siquiera podrá celebrar la Misa, ya que no tendrá asistente. Nueva evolución. Sin saber explicar su comportamiento, sabe que debe regresar al Hoggar,  ya que es  el único que puede residir allí, en cuanto que hay muchos que pueden celebrar la Eucaristía, y constata que su idea de hacer poner la Misa ante todo no debía ser muy acertada, “puesto que los grandes santos sacrificaron en ciertas ocasiones la posibilidad de celebrar en pro de trabajos de caridad espiritual, viajes u otros”. Efectivamente, durante seis meses no podrá decir la Misa sino una o dos veces. Y sin embargo escribe a su obispo: “No me inquieto para nada de esta falta de celebración del Santo Sacrificio”. En Navidad de 1907 está solo y no puede celebrar. Es la primera Navidad sin Misa desde su conversión. En enero de 1908, cae enfermo y ve la muerte muy cercana. Durante ese anonadamiento físico, se encuentra expuesto, sin defensa, como Jesús en la cruz. enteramente entregado a la buena voluntad de los que le rodean. ¿No es esta otra forma de vivir el misterio pascual, de compartir este misterio que ahora no puede celebrar litúrgicamente con aquellos que, para salvarlo, le traen un poco de leche y el apoyo de su amistad?El 31 de enero, cuando empieza a recuperar las fuerzas, recibe la autorización de celebrar la Misa sin asistencia. Es Navidad. Durante esos seis meses sin Misa, él conservaba el Santísimo en el sagrario, pero no se creía autorizado a comulgar. Esta presencia de “Jesús vivo e irradiante aunque escondido como en Nazaret”, le parecía legitimar su propia presencia: “Mi presencia ¿hace algún bien aquí? Aunque no lo haga, la presencia del Santísimo Sacramento sin duda hace mucho. Jesús no puede estar en un lugar sin irradiar”. ¿No era este otro razonamiento falso? Según esto, cuando, algunas semanas más tarde, se enterará de que no está autorizado a conservar el Santísimo por estar solo, debería haberse ido a otro sitio, en cuanto que se queda y deja el sagrario vacío. No lo hace sin dolor, pero no lo duda. Es de nuevo la ocasión de dar un paso más, como le explica su obispo: “Si el Señor le priva de Su presencia real en el sacramento, le hará apreciar más aún la ofrenda cotidiana del Santo Sacrificio. Al igual que su presencia, muy real también, en su alma por la gracia”. Más tarde el hermano Carlos escribirá a una Clarisa: “Hay que estar dispuesto a todo por el amor del Esposo, incluso a ser privado de su presencia sacramental en este mundo, si tal es su voluntad”.Esta privación durará seis meses. De esta forma, en el Assekrem donde, en 1911, pasa cinco meses en un lugar donde “la belleza y la impresión de infinito acercan tanto al Creador”, el sagrario que se llevó con la esperanza de recibir a un compañero, permanece vacío. Si no toma tiempo para ir a ver las puestas de sol, no es por quedarse al pie del sagrario, sino porque no se concede ni un solo minuto de descanso para terminar lo más rápidamente posible su diccionario tuareg. Se contenta con las salidas del sol: “¡qué bueno es, en esta gran calma y esta bella naturaleza tan atormentada y extraña, levantar el corazón hacia el Creador y Salvador Jesús!”. ¿No parece reconocer entonces que este Jesús, Creador y Salvador, es aquél mismo que no reside ya en su sagrario? Nueva evolución desde Beni-Abbes. “Me cuesta despegar mis ojos de esta admirable vista cuya belleza y sensación de infinito acercan al Creador, al mismo tiempo que su soledad  y su aspecto salvaje muestran cómo estamos solos con Él y cómo no somos sino una gota de agua en el mar”. (L.M.B. 09.07.11)Pero, cuando después de seis años de privación será autorizado a “guardar la reserva del Santísimo” no ha perdido el sentido ni el gusto de esta presencia y no ocultará su alegría: “dulzura extrema, gran apoyo, fuerza grande para mí y gracia grande para todas las almas de este país”. No obstante hay que señalar que nunca cumplirá con los requisitos exigidos para la exposición del Santísimo.En el momento en el que está colmado por esta nueva proximidad con Jesús, no deja de desear una mayor proximidad con aquellos que le rodean. La Palabra de Jesús toma  un realismo nuevo: “Todo aquello que hagáis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hacéis”. Pone esta palabra, que anteriormente ya produjo en él una profunda impresión, en el mismo plano que esta otra, salida de la misma boca: “Este es mi Cuerpo”.  Y ella  no deja de transformar su vida, llevándole a buscar y a amar a Jesús en “estos pequeños”. Servicio eucarístico y servicio de los “pequeños”, el mismo culto del cuerpo de Cristo. No solamente presencia real de aquél que se entrega para ser contemplado, comido y ofrecido, sino presencia real en un pueblo de una vida humana perpetuamente expuesta a todas las miradas y a todos los riesgos, presencia de una vida ofrecida como un pan fácilmente devorable. Es por esto que quería llegar a ser “pequeño y abordable”, consciente de que su vida sería la única Biblia que todos leerían. La Biblia que él quería ver iluminada por una sola y misma lámpara con el sagrario, uniendo “las dos mesas, de la Palabra y del Pan”.Vida ofrecida a Dios y a los hombres como la de Jesús, en un sacrificio que ya no es únicamente el del primer día, aunque éste siga muy real, sino que es también ofrenda de la vida de aquellos que le rodean, ofrenda de la amistad compartida, y sobre todo, en un mundo de guerra, ofrenda del sufrimiento de los demás e intercesión “en la tormenta, … durante el combate de los suyos … en la barca zarandeada por las olas”.Al día siguiente de su muerte, el cuerpo de Carlos de Foucauld es enterrado por la gente del pueblo. Tres semanas después, el capitán de la Roche planta una cruz de madera sobre su tumba y, en la arena de la capilla, encuentra la lúnula (que él llama custodia), la abre y verifica que hay una hostia entre los dos cristales. Un suboficial la lleva y la consume, solo, en el desierto. Esta hostia arrojada al suelo es un último símbolo eucarístico, como el cuerpo de aquél que la había consagrado y que había hecho de su propia vida “una hostia viva para alabanza de la gloria de Dios”.         La vida y la muerte de este hombre ¿pueden hablarnos todavía?Las circunstancias le obligaron a actuar de forma que parecía estar en contradicción con sus convicciones más firmes; cada vez, consiguió superar su forma de concebir las cosas, ir más allá de su devoción y no confundir el fin y los medios. El fervor de su amor por la persona de Jesús ¿puede aún reanimar la llama en nuestros tibios corazones? El realismo de su fe en la presencia viva del Resucitado, ¿podrá dar nuevo vigor a nuestras “adoraciones”, si hemos continuado fieles a ellas, o, por el contrario, si las hemos desdeñado, podrá darnos de nuevo el gusto de esta presencia como camino de contemplación?La fuerza de sus convicciones y el valor de que hizo prueba nos impresionan. Su capacidad de adaptación a las situaciones nuevas es tan grande como su fidelidad en someterse a las leyes de la Iglesia. Su forma de hacer frente a esas situaciones nos invita a volver a lo esencial, sin despreciar los medios que nos son dados. Más allá de las formas de devoción de su tiempo y de todas las desviaciones,  como la Misa delante del Santísimo Sacramento expuesto, la importancia dada a la custodia, a la forma y al color de la hostia, que vacían el pan de su realismo, por encima de la tendencia a “cosificar” la Eucaristía, a materializar y a localizar la irradiación de la hostia en el espacio, tenemos que redescubrir y utilizar los signos y los símbolos que siguen siendo inagotables para que podamos rezar, no sólo en espíritu, sino en la verdad de nuestro ser entero. ¡Ojala podamos acoger el testimonio de una vida entregada y ofrecida, de una vida consumada en sacrificio pascual, en la que la muerte toma su lugar normal, como remate y paso hacia la realización. Con palabras de Carlos de Foucauld, digamos para terminar que esta presencia de Cristo nos es dada “por amor, para nuestro bien, para hacemos más  entregados, fervientes, amantes, tiernos, ya que somos fríos; para hacemos fuertes y animosos, ya que somos débiles; para darnos esperanza y confianza, ya que estamos sin esperanza; para hacernos felices, ya que estamos tristes y desanimados”.
 https://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/162/itinerario-eucaristico-del-hermano-carlos.htm

SPELLO: CASA DE ENCUENTRO Y ACOGIDA

Franco Ribolla es un Hermano del Evangelio que vive actualmente en Spello, pueblecito de la Umbría, a diez kilómetros de Asís. Nuestro encuentro en el retiro de la fraternidad seglar en el puente de la Inmaculada en la Casa diocesana de Espiritualidad de Guadix (Granada) aviva momentos de amistad cuando allá por los años ochenta y cuatro – ochenta y cinco Franco hacía su noviciado acompañado por André Berger en la barriada de Los Albaldinales del término municipal de Roquetas de Mar en Almería. En aquella etapa fecunda, por iniciativa de los Hermanos y con el apoyo de la parroquia que yo servía, se construyó la ermita de Los Jarales en el término municipal de Lubrín y quedan cientos de recuerdos compartidos con aquellas gentes en barriadas deprimidas en pleno corazón del desierto con decenas de jóvenes que admiraban a los novicios. Si las piedras hablaran gritarían en Rambla Aljibe, Rambla Honda, el Marchal y tantos otros lugares. Recuerdo de manera especial la peregrinación con cientos de feligreses el domingo de resurrección de mil novecientos ochenta y cuatro al santuario mariano de El Saliente en la villa de Albox. Muchos recuerdos que vienen a mi mente y que, al fin y al cabo, demuestran que la amistad no muere jamás.

Manuel Pozo Oller

Hermanos del Evangelio. Comunidad de Spello

P. Es inevitable al hablar de Spello recordar a Carlo Carretto, ¿qué huellas perduran de este amigo de Dios con el paso del tiempo?

R. Spello es conocido por todos los amigos del Hermano Carlos de Foucauld porque está unido a la figura de Carlo Carretto que residió allí veinte años . Él fue quien puso en aquel lugar el carisma foucaldiano al servicio de aquellos que buscan a Jesucristo y quieren comprometerse con el Evangelio. El Hermano Carlo tenía un gran carisma personal y era un hombre de una rica personalidad. No olvidemos que fue presidente nacional de la Acción Católica con lo que este cargo suponía de liderazgo y de amistad con personajes del momento tales como Andreotti o Scalfaro. El Hermano Carlo, por poner un ejemplo, casi todas las semanas despachaba asuntos con los pontífices de turno y era querido tanto por Pío XII como por Pablo VI con los que trabajó como inmediato colaborador. Su gran carisma y sus dotes de líder se manifestaban, no obstante, en el trato con todos sin diferencias, de manera especial si cabe con los sencillos del pueblo y gentes del campo de Spello donde le recuerdan con mucho cariño.

P. Y los Hermanos que ahora vivís en Spello, ¿cuál es vuestra ocupación?

R. Actualmente vivimos en la comunidad de Spello cuatro hermanos. Dedicamos nuestra vida a procurar vivir el Evangelio incidiendo en las notas específicas de nuestro carisma religioso procurando compartir la vida, el trabajo, la oración y la eucaristía con aquellas personas que vienen a nosotros buscando encontrarse consigo mismo y con Dios. Dedicamos tiempo a la escucha de las personas y, si llega el caso, a acompañar humana y espiritualmente a quienes de manera voluntaria nos lo piden.

P. ¿Cuál es la procedencia de las personas que llegan a Spello?

R. Generalmente vienen de toda Italia aunque también vienen de otros países, en su mayoría de Europa.

P. ¿Y la edad?

R Suelen venir de todas edades entre dieciocho y setenta años. Más que la edad sólo se requiere venir a compartir con sencillez lo que le ofrecemos y a buscar lo que Dios quiere de cada uno. Muchos descubren el sentido a su vida, otros orientan algún aspecto de su existencia. El lugar, la acogida comunitaria y el silencio son medios para la búsqueda de lo esencial. También quiero resaltar que la comunidad ofrece una experiencia fuerte de silencio a través de la adoración eucarística prolongada y, a veces, nocturna y la práctica del desierto y la revisión de vida.

P. ¿La comunidad sigue ofreciendo la posibilidad de silencio prolongado en las ermitas?

R. Efectivamente. En estos últimos años, a partir del desgraciado terremoto de mil novecientos noventa y siete que dañó la iglesia y derribó prácticamente las ermitas, hemos repensado llevados por la necesidad esta oferta de silencio y soledad. Después del terremoto fue necesario interrumpir la acogida durante tres años. Antes acogíamos a centenares de personas y actualmente no acogemos en los encuentros más de cuarenta personas. La masificación ciertamente que no ayuda al trato personal ni facilita la escucha. En este sentido las ermitas se han reducido en número muy a nuestro pesar pues al no ser de nuestra propiedad y encontrase en la zona del terremoto los propietarios han recibido muchas ayudas de organismos oficiales y las han reconvertido en casas de campo para el turismo rural. Actualmente disponemos de seis ermitas para la acogida en soledad.

P. ¿Nada es de vuestra propiedad?

R. De las veintiséis ermitas que teníamos antes del terremoto ninguna era de nuestra propiedad de ahí que sólo hemos recuperado aquellas que los propietarios han creído conveniente cedérnoslas para la acogida. Ni siquiera el convento donde vivimos es nuestro. Es propiedad del Ayuntamiento.

P. Para terminar te pregunto sobre tu presencia en España y en este retiro.

R. Volver a España es recordar muchos momentos vividos en plenitud al tiempo que encontrarme con familias y amigos muy queridos. Durante mi noviciado trabajé en los invernaderos y bajo el mar de plástico se tejen muchas y hondas amistades. Es un gozo poder encontrarse con mis Hermanos con los que compartí años de mi vida. El lugar ha cambiado bastante. Es más rico y, al tiempo, existen más pobrezas humanas baste señalar el gran problema de la inmigración. Nuestra casa, la casa de la calle don Quijote en Roquetas de Mar está rodeada de gentes que han venido de África. Es impresionante compartir la fe con tantas culturas en la eucaristía del domingo a medio día y, finalizada ésta, charlar sin prisas en la plaza de la iglesia intercambiando experiencias de vida y sueños para el futuro.

P. ¿Cómo has encontrado las distintas  fraternidades españolas?

R. Este retiro es una señal de la vitalidad del carisma por estas tierras del sur y sureste español. Me agrada sobremanera que el tema elegido para este encuentro sea la eucaristía. También ha sido una suerte escuchar los distintos encuentros de oración y eucarísticos celebrados con motivo de la beatificación del Hermano Carlos de Foucauld. Ya conocía algo por la página web de las Familias pero ciertamente he quedado impresionado por los muchos actos y por el número de asistentes de todas las edades incluidos adolescentes y jóvenes.

El Hermano Franco me pide, por último, que facilite la dirección postal y electrónica de su Comunidad: Piccoli Fratelli del Evangelo, Vía San Girolamo, 1, 06038 Spello –PG- Italia; FRATERNITA.SPELLO@TIN.IT

Al teclear sobre mi ordenador las notas tomadas con rapidez he sentido la necesidad de buscar en mi archivo lejanos recuerdos y he encontrado fotografías del Hermano Franco, mucho más joven, y he dado gracias a Dios por la vida religiosa que al fin y a la postre es un reflejo de la presencia del amor de Dios en nuestro mundo y anuncio del reino futuro.

Magdeleine Hutin, la Sensibilidad femenina al Servicio del Diálogo interreligioso

La fundadora de las Hermanitas de Jesús, Magdeleine Hutin (1898-1989), siguiendo las huellas de Charles de Foucauld, imprime un nuevo carácter a la convivencia entre cristianos y musulmanes.

Es una de las constataciones que surgieron en la gran mezquita de Roma, el pasado 21 de abril, con ocasión de la presentación de un libro sobre esta cristiana que dio origen a la Fraternidad de las Pequeñas Hermanas de Jesús.

«Su ejemplo de diálogo de la vida entre cristianos y musulmanes ha tenido valor profético que ha cambiado la Iglesia Católica y fue llevado al Concilio Vaticano II», dice Francesca de Lellis, autora del libro «Magdeleine de Jesús y las Hermanitas en el mundo del Islam».

Como fruto de un trabajo en historia de la civilización arabo-islámica, el libro se cataloga a la altura de «las biografías de personas virtuosas en este mundo, dignas de ser conmemoradas y admiradas», según dijo el musulmán Gabriele Tecchiato, bibliotecario del centro Islámico en Roma.

Magdeleine de Jesús es «el ejemplo de extrema convivencia y servicio de quienes creen en el único Dios, para que fuese tomado y continuado en los tiempos actuales, como un signo viviente en la memoria de los musulmanes», afirmó Tecchiato, durante la presentación del libro en el centro islámico.

La historiadora autora del libro insistió en el impacto que tuvo Magdeleine en el cambio de visión de la Iglesia sobre el diálogo con el Islam, gracias a «los contactos que la Hermanita tuvo a todos los niveles y a través de teólogos y sacerdotes que llegaron al Concilio Vaticano II».

«El cardenal Giovanni Battista Montini, antes de ser elegido Papa había sido un benefactor de las Hermanitas, y se influenciaron mutuamente», aseguró la historiadora, y recordó que el documento del Concilio para el diálogo interreligioso fue firmado por él.

De Lellis concluyó que «el diálogo de la vida es el camino del futuro diálogo interreligioso», como lo hace la Fraternidad de las Hermanitas, que rompió el esquema de religiosas misioneras o contemplativas al inculturarse en el mundo áraboislamico.

En efecto Magdeleine «superó una concepción de la mujer que no podía vivir sola e inculturada en medio del islam con una identidad claramente cristiana», dijo de Lellis, mientras que Tecchiato aseguró que así era la «fe manifestada en su modo más alto y más puro… en la convivencia, en el dar sin la certeza del esperar».

Luigi de Siva, secretario de la sección italiana de Religiones por la Paz, cerró la presentación del libro con la lectura del elogio de la sonrisa «expresión de ternura y misericordia, disponible y acogedor. Quien sonríe lleva comprensión»

«Hoy, mucho más que ayer, tenemos sus ejemplos de consolación, entre los cuales está la sensibilidad exquisitamente femenina de su diálogo, del cual sentimos una fuerte necesidad», escribe Brunetto Salvarani, en el prefacio del libro, de la Editorial Misionera Italiana. [ROMA, lunes, 30 abril 2007 (ZENIT.org)]

MUJER DE CADA DÍA (CASALDALIGA)

Mientras crece la noche, cada día

prende el Amor su llama

en tu candil de aceite desvelado,

siempre igual y creciente.

El pan de tus moliendas se cuece, cada día.

bajo el fuego tranquilo de tus ojos,

mientras crece también la madrugada.

La fuente de la plaza te entrega, cada día, su limosna

mientras le crece el corazón al mundo.

Como el ave del Tiempo vas y vienes.

de la casa a la calle, del Misterio al misterio,

muchas veces al día,

y llevas con tus pasos el compás de las horas…

Tú sabes qué es vivir a pulso lento,

sin novedad para la prensa humana.

Apenas sin distancia: la de un grito.

En esta pobre aldea que vigilan

las higueras comadres

y el centinela de un ciprés oscuro.

-¿De Nazaret va a salir algo bueno?

José viene cansado, cada noche.

Y el Niño trae el hambre entre los dedos

por undécima vez.

-¿Qué quieres, hijo?

(Las almendras se miran, asustadas de gozo,

y el plato ríe miel por todas partes).

Tú ya has dejado el huso sobre el banco dormido

y la lana suspira blancamente.

Esta mañana has ido por retama,

y te sangran las manos, en silencio,

y te huelen las manos a lejía de yerbas.

Has ordeñado luego las dos cabras sumisas,

y sabes toda a leche.

Ayer vino el siroco, y te abrasó las flores.

Hoy irrumpe el simún

como una tropa de soldados romanos,

y hay que cerrarlo todo y, con la prisa, a oscuras.

se te pierde una dracma. rescatada

del tributo de Heredes.

Si las vecinas rompen tu retiro, como gallinas locas,

tú sonríes.

Un día nace un niño, y tú lo acunas.

Y un día muere un hombre, y tú lo velas.

En la olla inservible crece un lirio morado,

y tú riegas su lenta profecía.

Nazaret se despuebla, cuando llega la Pascua,

y tú marchas con todos.

peregrina del Templo,

con Yahvé de la mano,

con un salmo en la boca.

La ruta de Israel converge en tus sandalias.

Y los caminos múltiples del mundo

arrancan de tus pies caravaneros.

Tu corazón no para, día y noche.

Día y noche recogen sus limpios cangilones

el agua de la Vida.

Y el Verbo se hace Hombre, día y noche,

delante de tus ojos,

al filo de tus manos,

detrás de tu silencio…

Deseo de eternidad

«Si la vida del hombre se limitase a la vida presente, los hombres no se aplicarían mucho en la acción, porque todo lo que harían sería muy poco, comparado con su deseo, que, en sí mismo, no se limitaría a un bien específico , por un tiempo limitado, sino que se extiende hasta la eternidad»

Santo Tomás de Aquino

Agnès Jauréguibéhère, Thomas d’Aquin – Une pensée par jour (Médiaspaul, 2012)

image: Francisco de Zurbaran, Le triomphe de saint Thomas d’Aquin – Détail / 1631 (academiachristiana.org)