Francisco de Asis – Film 1961

Misticismo, entrega, espiritualidad y pobreza conforman la historia de Francisco de Asís, el hijo de un acaudalado comerciante de telas que un día abandonó todas las comodidades y riquezas de la casa paterna para dedicarse en cuerpo y alma a servir a Dios y a los pobres. Biografía de uno de los personajes religiosos más importantes de la Historia.

Como mostró el filósofo y teólogo francés, el franciscano Éloi Leclerc (+1977), superviviente de los campos de exterminio nazi, para él los elementos exteriores como el sol, la tierra, el fuego, el agua, el viento y otros no eran apenas realidades objetivas sino realidades simbólicas, emocionales, verdaderos arquetipos que dinamizan la psique en el sentido de una síntesis entre el exterior y el interior y una experiencia de unidad con el Todo.

Como arquetipo, Francisco penetró en el inconsciente colectivo de la humanidad, en Occidente y en Oriente y desde allí anima las energías bienhechoras que se abren a la relación amorosa con todas las criaturas, como si estuviésemos aún en el paraíso terrenal (cf. L. Boff, Francisco de Assis: saudade do paraíso, Vozes 1986).

DIMENSIÓN EREMÍTICA DE LA CEHCF – Tres audios del hno. Pablo eremita

https://drive.google.com/file/d/15B3HCoAQ_bzrgIzRywUVKA02wa1OFahI/view?usp=sharing https://drive.google.com/file/d/1hUCFlpHEbWZXzc7SLs2TuXg7BXT_Dd7g/view?usp=sharing https://drive.google.com/file/d/1rCxOIFH5EoshUlliLLqpR0EAtjXeKUg5/view?usp=sharing

LA VIDA EREMÍTICA

 EN LA COMUNIDAD ECUMÉNICA HOREB

CARLOS DE FOUCAULD

Una vocación particular

En realidad, en sentido estricto un ermitaño es un monje que vive solo. Analizando el concepto del teólogo franciscano Duns Escoto de qué el ser humano es soledad y relación y observando la vida del hermano Carlos de Foucauld, un hermano o hermana eremita de la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld cultiva el amor compasivo y la solidaridad en total abajamiento, pasando como un hombre cualquiera, cómo uno de tantos, en total anonadamiento, desapercibido, simplemente creando lazos de amistad de cercanía, de proximidad.

Vivirá de su trabajo, sea en una casita propia o alquilada en plena ciudad (el nuevo desierto) o alejado en una zona de campo, aunque siempre prefiriendo, estar cerca de la gente.

Un eremita del Horeb acoge, comparte y es solidario. Nazareth es su dimensión relacional contemplativa.

En su dimensión Orante contemplativa trata de crear un pequeño espacio con un altarcito para recogerse en la intimidad con su Dios.

La adoración eucarística es la matriz de su dimensión Orante, unida a la lectura de Pequeños trozos del Evangelio qué serán leídos, releídos, como esa gota que cae en la roca y que con el tiempo la va horadando.

Esta dimensión de soledad contemplativa se encuentra aceitada mente ensamblada a su vida de relación con los hermanos, de tal manera que estas dos dimensiones relacionales, una en intimidad con Dios y la otra en amor compasivo por sus hermanos constituyen un binomio inseparable. Y de forma recíproca una alimenta a la otra creciendo juntas y transformando al eremita que se va configurando con Cristo pobre y crucificado.

Su oración contemplativa en la intimidad con su Dios (Desierto), hace que sus relaciones en Nazaret sean contemplativas. De esta forma el eremita de la CEHCF es contemplativo en la soledad y en la relación con sus hermanos.

Procura en general la cercanía con los que están en el último lugar, una proximidad especial con los más abandonados, los invisibles, con los que no tienen esperanza, sí bien su relación de amabilidad y comprensión es hacia todo ser humano por ser hijos e hijas de un mismo Padre, por tanto, hermanos de Jesús y hermanos míos, sea de la religión que sea o de la cultura de donde provenga.

El eremita de la CEHCF, como vocación particular, construye su matriz básica, entonces en, cuatro aspectos básicos de la vida contemplativa a la que está llamado un hermano de la CEHCF, e intenta vivirlos en forma más radical:

Nazaret

Vida en sobriedad, vida cotidiana, con un intenso amor compasivo, viviendo en la ciudad ( el nuevo desierto), o alejado de las mismas según lo requiera su vivir, vida de relación con el otro, creando lazos de amistad, en los trayectos al hacer las compras, pedidos de ayuda, y todo lo que conlleva el diario vivir.

Desierto

Dimensión de soledad, silencio, quietud en su rincón orante, en la Adoración Eucarística en su Parroquia, en la Celebración Eucarística, en la rumiación del Evangelio, en la lectura de libros espirituales, sobre todo los relacionados con el hermano Carlos, Padres del desierto, vida de Santos, rezo del Santo Rosario, Liturgia de las horas, caminatas orantes.

Trabajo

Para vivir, auto sustentarse, trabajando en lo que sabe hacer, artesanías, empleado, simple jornalero, un oficio etc.

Dimensión relacional ecuménica e interreligiosa

Asumiendo la legitimidad del otro como otro, singular, distinto a mí, en su cultura, religión, procedencia cristiana, estableciendo lazos de amistad, de ayuda, de comprensión, » gritando el Evangelio con la vida».

Dichosas las personas que asumen la cruz (1 de octubre)

Del libro, JL. VÁZQUEZ BORAU, Teresa de Lisieux, un camino evangélico para el siglo XXI, BAC, Madrid 2003, 105-108

Dios no se complace en el sufrimiento humano ni tampoco lo utiliza como castigo para la humanidad pecadora. El sufrimiento no tiene valor en sí mismo. El sufrimiento destruye y deshumaniza. Hunde más que eleva. El Dios cristiano, el Dios trinitario, es un Dios de vida y no de muerte; de liberación y no de frustración. El sentido y significado del sufrimiento es un añadido a la simple experiencia. El sufrimiento es la cara seria y festiva de la existencia, pues nos acerca a los demás, nos vuelve más comprensivos, más tolerantes, y nos va curando de nuestra intransigencia. El discípulo de Jesús no vive para sí y debe estar dispuesto a afrontar la deshonra y la muerte. La persecución es inevitable por la maldad del mundo. Nace un valor sublime cuando una vida se entrega en solidaridad por los demás. Hay una divinización humana del sufrimiento en la experiencia mística1.

La solidaridad cristiana hace que cada persona sienta como personal la suerte de las demás. La solidaridad se traduce en compartir, en ejercer la caridad en la compasión y en la búsqueda de un orden satisfactorio para todos. En medio de una civilización que enaltece el éxito y el bienestar y que es ciega para el sufrimiento de los demás, el recordar que en el centro de la fe cristiana se encuentra un Cristo aparentemente fracasado, que sufre y que muere vergonzosamente, puede abrir los ojos de las personas. Tal recuerdo puede destruir la tiranía del orgullo y despertar sentimientos de solidaridad con aquellos que son oprimidos y dañados por nuestra civilización2.

La experiencia de Teresa de Lisieux responde al relato más antiguo de la pasión de Jesús, donde éste aparece como abandonado de los hombres y abandonado de Dios; el grito de la cruz tiene que interpretarse como una llamada lanzada por una persona que, en su abandono, grita de angustia a un Dios del que no comprende cómo ha podido abandonarla, pero que sigue siendo para ella el único recurso. En cuanto al sentido de la muerte, llega a la conclusión de que ésta, vista a la luz de la resurrección, revela que, en toda situación, incluso la más desesperada, Dios está ahí; que es posible encontrarse con él no solamente en la luz y en el gozo, sino también en la noche y en el sufrimiento. Así, el amor de Dios no nos preserva de todos los sufrimientos, pero nos preserva en todos los sufrimientos. Jesús no nos da una explicación del sufrimiento humano, sino que lo sufre como el inocente ante Dios. Es en la fe que Dios sigue siendo la luz en medio de una abismal oscuridad.

Asumir la propia cruz, asumir el sufrimiento que la propia vida nos ofrece, o por la causa de Jesús, no quiere decir sublimar la cruz, sino solidarizarse con los que sufren, para transformarla en señal de bendición y de amor sufrido. Sólo desde la solidaridad de los crucificados se puede luchar contra la cruz para liberarlos de sus tribulaciones. El sufrimiento nunca tendrá la última palabra. La negatividad del sufrimiento está envuelta en la positividad del universo, que en definitiva puede defenderse contra el absurdo. Y ello, porque Dios es experiencia presente en el mismo dolor, presencia misteriosa del amor en el aparente abandono de la finitud.

El gozo no es el único camino de la felicidad, pues esta también puede venir a través del dolor, cuando este es vivido como sacrificio. El dolor asumido es un instante eminente, un presente eterno. Hay que conducirse siempre como si las pequeñas cosas fuesen muy importantes, pues el conjunto de estas hace los grandes conjuntos. Todos y cada uno de nosotros formamos parte de un conjunto misterioso al que llamamos Dios. Por lo tanto, el sufrimiento y la muerte no son nunca la última palabra. Son tan sólo el final de una etapa.

El misterio pascual, la muerte y resurrección de Jesús, es una revelación de Dios. Jesús se entrega totalmente al Padre. El grito final de la cruz no es de desesperación, sino de la entrega total hasta la desposesión de sí mismo3. Los relatos evangélicos subrayan la identidad entre el crucificado y el resucitado. Jesucristo conserva su singularidad. Su humanidad no se diluye ni es absorbida en la vida trinitaria. Su historia no es borrada ni sus relaciones anteriores suprimidas. De la misma manera, nosotros entraremos en la vida de Dios, en un reposo de perpetuo intercambio amoroso, con nuestra personalidad entera, marcada por una historia singular y unos lazos afectivos determinados. Este yo mío, expresión de mi libertad, en el que está inscrita mi historia, que es principio de todas mis relaciones y que está abocado a la muerte, la resurrección de Jesucristo le promete la vida como un don gratuito. La ‘resurrección de los cuerpos’ niega la reducción del yo al alma, que para los cristianos es el misterio interior del deseo de Dios, que Él mismo suscita en nosotros. La resurrección de los cuerpos no es una simple continuación de nuestro cuerpo terrenal, que se ha descompuesto y vuelto al polvo, y del alma, que con su capacidad de relación y de abertura hacia el Absoluto es alcanzada también profundamente por la muerte. Se trata de una novedosa e insospechada forma que no podemos figurar.

Por todo esto, cuando el 24 de febrero de 1897 Teresa de Lisieux escribe al padre Bellière, estando ya muy próxima su muerte, le dice que lo va a ayudar en su tarea misionera desde el cielo, pero que esta ayuda fraterna es una gracia que hay que obtener de Dios en la oración. Pero como los Santos del cielo no rezan más, hace falta que el padre Belliere, que está todavía en la tierra, pida al Padre de llenar a Teresa en el cielo del fuego de su Espíritu de Amor, para que ella pueda incitar los corazones a dejarse amar por este Dios de Amor y amarle. Le pide que rece esta oración cada día después de su muerte, que realiza todos sus deseos:

                 “Padre misericordioso,

                 en nombre de nuestro misericordioso Jesús, de la Virgen María y de los Santos,

                 te pido que llenes a mi hermana de tu Espíritu de Amor

                 y le concedas la gracia de hacerte amar mucho”


1 cf. M. VÁZQUEZ CARBALLO, La solidaridad de Dios ante el sufrimiento humano, Madrid 1999.

2 cf. J. B. MOLTMANN, El lenguaje de la liberación, Salamanca 1972.

3  cf. J. THOMAS, “Résurrection ou réincarnation?”, Etudes 375 (1991),235-243

Se acerca «Together», la gran Vigilia Ecuménica que precederá al Sínodo

El 30 de septiembre por la tarde, el Papa estará en la plaza de San Pedro con el Patriarca Ecuménico Bartolomé I, el arzobispo de Canterbury Welby y otros líderes eclesiales para rezar por los trabajos de la asamblea que se inaugurará el 4 de octubre. El acto ha sido organizado por la Comunidad de Taizé en colaboración con los Dicasterios vaticanos y el Vicariato de Roma. Se esperan miles de jóvenes de Europa, Estados Unidos, África y Asia.

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Serán sobre todo sus rostros, los rostros de chicas y chicos de diversas partes del mundo, «el icono» de la Vigilia pre-sinodal titulada «Together – Encuentro del Pueblo de Dios», que el 30 de septiembre abrirá idealmente en oración la asamblea sobre la sinodalidad, prevista del 4 al 29 de octubre. El Papa ha querido que sea un momento ecuménico de recogimiento e invocación al Espíritu Santo que preceda al inicio del Sínodo y la afluencia de las aproximadamente 3.000 personas que se esperan en Roma para el evento está implicando, informa el Vicariato en una nota, a más de 80 parroquias y comunidades religiosas de la diócesis capitolina.

El Papa con los líderes de las confesiones cristianas

Francisco llegará a la plaza a las 18.00 horas para compartir la oración con el Patriarca Ecuménico Bartolomé, el Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, y muchos otros líderes eclesiales, junto a miles de cristianos de diversas confesiones. Antes de la llegada de Francisco, de 17.00 a 18.00 horas tendrá lugar para los presentes en la plaza y para los que seguirán la Vigilia desde los medios de comunicación una celebración de gratitud en torno a cuatro dones: gratitud por el don de la unidad y por el camino sinodal, por el don del otro, por el don de la paz y por el don de la Creación. El programa que precederá la oración y la Vigilia será retransmitido en directo por Vatican Media, a través de su canal YouTube, con traducción a 8 idiomas.

En Roma desde muchos países

La Vigilia cuenta con la Comunidad de Taizé entre los principales organizadores, con la colaboración de la Secretaría del Sínodo de los Obispos, el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y el mismo Vicariato, que calcula el número de participantes que llegarán en particular de Polonia (470), luego de Francia (400), España (280), Hungría (220), pero también de Egipto, Vietnam, Corea, Estados Unidos, así como de Italia. La Plaza de San Pedro será el epicentro de una serie de iniciativas similares en todo el mundo, tanto con motivo de la Vigilia del 30 de septiembre como en torno a esa fecha. Hasta ahora se han programado más de 200, con cristianos de distintas Iglesias que compartirán oración y reflexión juntos en sus respectivos países, pero la lista se está actualizando.

Encuentros y mesas redondas para los jóvenes

En el periodo en que las Iglesias celebran el Tiempo de la Creación, la misma Plaza de San Pedro se transformará en un «jardín», lleno de árboles y flores, en el que destacará la Cruz de San Damián de San Francisco. Para los miles de jóvenes de 18 a 35 años que Roma prepara a recibir, además de la Vigilia, habrá un programa de talleres y encuentros. Tendrán lugar del 29 de septiembre al 1 de octubre e incluirán una oración de alabanza y adoración en la Basílica de San Juan de Letrán el sábado por la tarde. Los temas de los talleres incluyen escuchar a los refugiados, sus experiencias, aprender de otras confesiones y religiones, visitar el trabajo de las misiones de la ciudad con personas marginadas, reconocer a Cristo en la diversidad de las distintas tradiciones, participar en mesas redondas ecuménicas y preocuparse por la Creación.

El proyecto de la Vigilia

La idea del encuentro de oración nació, informa un comunicado oficial, en octubre de 2021, cuando el hermano Alois, prior de Taizé, fue invitado a intervenir en la apertura del proceso sinodal de la Iglesia católica. En esa ocasión había declarado : «Por el bautismo, somos hermanas y hermanos en Cristo, unidos en una comunión todavía imperfecta pero muy real, incluso cuando las cuestiones teológicas siguen sin respuesta. Un encuentro así -aquí en Roma y simultáneamente en otras partes del mundo- tendría como centro una sobria celebración de escucha de la Palabra de Dios, con un largo momento de silencio y una intercesión por la paz». «La preparación de la Vigilia -continúa el comunicado- fue un verdadero ejercicio de sinodalidad, con el deseo de implicar desde el principio a numerosos interlocutores eclesiales: más de cincuenta, de diferentes orígenes confesionales, que trabajaron juntos en estrecha colaboración con la Secretaría del Sínodo de Roma, el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y el Vicariato de Roma».

Welby: un encuentro que puede inspirar el cambio

El Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, que también estará presente, dijo de “Together”: «No deberíamos subestimar el impacto que podemos tener como cristianos sobre el resto del mundo, porque es un impacto dado por el Espíritu Santo. Como signo visible de unidad, esta vigilia ecuménica de oración es una oportunidad para que todos nosotros de reunirnos e inspirar el cambio. Espero que «Together – Encuentro del Pueblo de Dios» sea una experiencia inspiradora para todos lo que participarán». La Secretaria General de la Federación Luterana Mundial, Rev. Anne Burghardt, declaró en una entrevista: «Quisiera expresar mi profunda alegría por esta iniciativa, porque iniciativas como ésta, que reúnen a jóvenes de todo el mundo para dialogar, son sencillamente maravillosas cuando se trata de promover la unidad de los cristianos».  

«Ostrov» (La Isla 2006) Película de la Iglesia oriental subtitulada

Oración de Jesús. Vida monástica y vida eremítica

Una reflexión a partir de la película «Ostrov».

La película rusa OCTROB (La isla) es una obra maestra del arte cinematográfico. De temática religiosa, es un film que provoca la oración. De difícil acceso, su interpretación hay que hacerla también en clave orante y hasta, quizás, es menester sumergirse en su ethos místico para lograr descifrarla acabadamente.

La trama permanecerá apenas oculta a lo largo de todo el roadaje. Mas, aunque su argumento pueda aparecer claro hacia el final -la théosis de un hombre aparentemente loco, o más preciso “bromista”- esto no significa que el mensaje central de la obra podamos asirlo y empaquetarlo, como si se tratase exactamente de una película más. De hecho, a medida que uno más veces la contempla, más y nuevas noticias se descubren. No interesa saber quién es su director y cuál haya sido la inspiración del mismo al escribir su magnífico guión para animarse el simple aficionado al buen cine a sacar sus conclusiones, o al menos intentar explicar el sentido del mismo. Sea como fuere, dado que he mirado dicha película ya varias veces, me arriesgaré a compartirles algunas intuiciones.

La obra rusa en cuestión es un ascenso místico. Una redención del tenor de obras como la de aquellos otros inmensos rusos de la literatura -Dostoievsky y Tolstoi- que gustan de patentizar en sus escritos. En necesario prestar suma atención a todos los detalles del film, aunque nos parezcan algunos tal vez demasiado nimios o insignificantes. Hay que verla con “muchos ojos” y atesorar todo lo que va aconteciendo desde el principio hasta el fin. Puesto que todo en la película significa algo, señala algo, sugiere algo. Desde la música, pasando por los colores y las tomas de los paisajes, hasta las acciones de todos sus personajes y los trascendentes diálogos entre ellos. Todo es elocuente, aún las pausas de silencio, y nada se puede echar por tierra por mera distracción (…probablemente sea ésta una de las causas por las que poca gente se tome el tiempo de pensar y contemplar la susodicha película).

Pero volviendo a la primera idea, este ascenso se comienza a desvelar en la primera imagen del relato: la caldera de fuego ardiendo. El protagonista -Anatoly- no es más que un pobre muchacho, enfermizo y raro, cuya labor es ser carbonero. Sí, en esta primera escena se ve el estado de su vida -en el fondo, de su propia alma-: el infierno. Miserable como es en donde se encuentra, muy pronto se lo verá lloriqueando en una actitud cobarde y deplorable, traicionando a su supuesto amigo y capitán -Thikon Petrovich-, para finalmente darle un tiro de puro miedoso y vil; y todavía más, regocijarse luego como un lunático de semejante crimen hecho a su camarada y a su patria. Así se muestra a las claras como un ser desgraciado que se merece lo peor; tanto que la explosión ulterior del barco repleto de carbón donde Anatoly había quedado sólo y con vida, vendría a ponerle un justo fin a ese mozalbete canalla y chillón.

Sin embargo, en la escena siguiente, se lo ve a Anatoly arrojado sobre una playa llena de barro y turba, siendo rescatado por tres monjes… ¡El Brazo de la gracia providente entraba en Acción! Cuando se está como el joven Anatoly, en trances de morir, en ese preciso instante, aparecen misteriosamente los Tres para salvarte: la Trinidad Santísima. Cuando se está tendido sin esperanza, “con el agua hasta el cuello” y todo deshecho, el Dios Unitrino se encarga de hacer de tu lodazal donde postrado estás una isla de misericordia divina. Y una vida nueva comienza…

Pasan, pues, los años -poco más de 33 años, lo que hace de la cifra numérica quizás otra sugerencia- y vemos al mismo…loco. Pero, ¿por ventura es éste el mismo chiflado de la juventud oscura? Poco a poco iremos descubriendo que el protagonista, ya viejo, sigue rematadamente loco; no obstante, su locura, ha mudado de sentido. ¿De qué locura se trata? Responder a este interrogante tal vez sea el único enigma real e importante a desentrañar en el curso de todo el film. ¿Habrá que enloquecer como el ahora Starets Anatoly para comprenderlo cabalmente? Sin duda que durante la vida de éste supuesto demente y siempre “bromista” -como lo apodaban en la comunidad de monjes que lo había rescatado tiempo ha y donde a partir de entonces moraba y trabajaba como…carbonero- nadie lo supo comprender. Ahora bien, después de su muerte -sublime-: ¿lo habrán comprendido, al menos, los Padres Filaret y Job? Es algo que no podríamos terminar de saberlo con certeza, pero que bien podríamos sospechar que sí. Que finalmente el misterio del personaje -en su doble sentido- de Anatoly fue develado para sus superiores monjes.

La locura, o mejor dicho, la santidad de Anatoly es el tema central de la película. Pero hay más… Que continúe el mismo oficio de carbonero, antes y después de su metanoia, es ilustrativo para destacar que su cambio completo y total, su metamorfosis, se producirá en las mismas condiciones y con los mismos elementos que cuando se hallaba en la “fosa infernal”. Es un signo de que por más que la Gracia de la conversión impacte en el alma con fuerza, no quiere decir esto que uno quede transfigurado de golpe y que ninguna mancha ya se asome en el rostro. Anatoly seguirá sucio y negro por mucho tiempo hasta que al fin llegue el día en que su cara quede limpia y resplandeciente, y su corazón en paz. “Hay ángeles cantando en mi corazón”, exclama con júbilo nuestro protagonista terminando la película. Pero vamos despacio…

También se puede colegir, en el hecho de que siga siendo carbonero, que él quiere borrar su delito quemando todo el cuantioso carbón que se había conservado en el barco que, ciertamente, estaba destruido por la explosión producida por el buque de guerra de los Nazis en la segunda Gran Guerra (42´). Este mismo barco atracó precisamente en esta minúscula isla de monjes perdidos. Y así se pasó más de 30 años echando el mismo carbón, más negro que la noche cerrada, sobre el fuego de otra caldera que arde. Así figuran las dos calderas. La primera era estéril y cruel; esta segunda acrisola para hacer relucir el oro precioso en la Eterna Vida. En la primera el carbón obscurísimo nunca se acaba y las puertas de hierro jamás se cierran. En la segunda sí se cierran, una vez que el carbón del buque de carga averiado es totalmente incinerado. Entonces no seremos más carboneros, ni vestiremos más de luto ni andaremos más mugrientos…

Además de todo lo anterior, hay un Anatoly taumaturgo y profeta, que a su vez admite otras tantas lecturas. Vale aclarar, antes de que siga el comentario -un tanto extenso, es cierto- que en boca de Anatoly hay más palabras de la Sagrada Escritura, especialmente de los Salmos, que de su propia autoría. Y en esto también -el “loco por Cristo”- se distingue, en que su dicción tenga más Palabra Divina que palabra humana. Desde que se levanta -como lo vemos en una de las primeras escenas- hasta que se acuesta, lo primero que profiere en sus labios es: “Gospodi”, ¡Señor!

Pero volviendo a este perfil profético y milagrero de Anatoly, pareciera que su celo estará en que no se lo tenga por tal. Evita con violencia y con todo tipo de artificios extravagantes exhibir sus dones sobrenaturales (…¿o mostrarlos?). A priori uno constata que Anatoly miente por este afán de ocultarse, pero si uno observa detenidamente el Starets termina dando a entender que él es el Profeta y el Taumaturgo. Vale la pena insistir que, entre milagro y milagro, o profecía y profecía, la oración todo lo envuelve. Anatoly ora continuamente, siempre recurre a la oración y es en ella y desde ella que obra prodigios. Cierto es que lo prodigioso de su obrar no se debe pura y exclusivamente a la oración, o mejor expresado, en verdad sí se debe a ello el que acontezcan maravillas en virtud de su plegaria pero esta misma poco podría sin una vida penitente detrás que la respalde. Es así que, por sobre todo y ante todo, Anatoly es un orante y un penitente. Y es viviendo así, en intensa oración y penitencia, durante tantos años, que terminó convirtiéndose hacia el final de su historia en Exorcista… “porque a esta casta se la expulsa solo con oración y ayuno.”

Entonces allí lo vemos -ahora sí que vamos concluyendo- erguido, hidalgo, con “espíritu de príncipe”, dispuesto a batirse por última vez con el peor de sus enemigos, con el más mortal, y dañino y malvado; con el mismísimo Satán. Podríamos suponer que el enemigo del Mundo muy atrás quedó, que el de la Carne lo había dominado recientemente con la quema de todos los carbones -testimonio de toda una vida ejemplarmente ascética-, y que, entonces, solo un Enemigo le faltaba derrotar definitivamente. A éste último lo “conocía personalmente” por lo que se deduce que se ha cruzado en pugilato con este Adversario en otras ocasiones. Pero hasta aquí, el último round, el último cuerpo a cuerpo. Como así eran las cosas, Anatoly, cual caballero medieval, debía ponerse una armadura nueva y vestirse con austera elegancia para el lance final. El miserable Anatoly con su impertinente y continua toz, hecho una piltrafa humana entre el hollín y las brasas, yace ahora ínclito, vertical, todo pulcro y refulgente, con ganas de acabar con todos sus feroces enemigos y tenderse sereno en una “caja” para dormir…, y despertarse en el Paraíso. Y así lo ejecuta; como fue “preordenado”. Triunfa sobre el Diablo como un campeón. Se merece la “corona de gloria”. Esta escena, a mi juicio, es la mejor de todas.

 Mas luego de la lucha final, y aunque cueste reparar en ello, Anatoly se sabe purificado por entero. Por eso se desviste de su arruinado hábito negro y se pone una túnica blanca e inmaculada. Hay mucho para comentar en el escueto consejo final que le da a Job, pero eso quedará para otra instancia. Parte nomás en paz a su Gospodi. “Peleó un buen combate, corrió una noble carrera, conservó la fe”, pero pudo hacerlo todo por la gracia divina que nunca lo abandonó y siempre estuvo presente a lo largo de toda la magnífica película (… ¡la nieve!).

¡Que el Dios de los locos y de los bromistas tenga piedad de todos nosotros, pobres pecadores!

Amín.

 Pablo Rafael, miembro de la Fraternidad Monástica Virtual, de Mendoza en Argentina.

Cuenta atrás para la celebración de la víspera ecuménica de oración, en la plaza de San Pedro

Tal y como recordó el Papa Francisco el pasado domingo después de la oración mariana del Ángelus, el próximo 30 de septiembre, a partir de las 17.00 horas, se celebrará en la plaza de Sant Pedro una víspera ecuménica de oración que contará con la presencia del propio Francisco y de representantes de diferentes iglesias y comunidades cristianas, días antes de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

Con el título de “Together – Insieme” (“juntos”), será un encuentro de carácter sinodal que reunirá desde patriarcas orientales y obispos protestantes hasta representantes ecuménicos y delegados fraternos, pasando por cardenales y cerca de 3.000 jóvenes de distintos países y confesiones.

“Por tanto, será muy simbólico ver en el mismo lugar a los líderes de las Iglesias ortodoxa, protestante y evangélica junto con algunos delegados fraternos, poniéndose junto al Papa y acompañándole en el lanzamiento de un proceso que hunde sus raíces en el Concilio Vaticano II”, tal y como reconoció Nathalie Becquart, subsecretaria de la Secretaría General del Sínodo, durante la presentación de esta celebración, a principios de septiembre.

El acto se abrirá con cantos y momentos musicales e incluirá una introducción del Papa Francisco. Ésta estará seguida de una oración del Patriarca Ecuménico Bartolomé y de la lectura de la Palabra de Dios. Las intercesiones serán leídas más tarde por un líder de la Iglesia o por un delegado fraterno en el Sínodo, mientras que el padrenuestro será introducido por el arzobispo de Canterbury, Justin Welby. A continuación, está prevista una oración final y la bendición conjunta de Francisco y los doce líderes eclesiásticos y cristianos que se reunirán. El acto podrá seguirse en directo a través del canal de Youtube de Vatican Media.