Santoral de la Comunidad Ecuménica Horeb (Un texto de Carlos de Foucauld para cada día del año)

BENDICIÓN AL INICIAR El AÑO

Florentino Ulibarri

Que al comenzar este año sintamos, una vez más,

cómo Dios nos mira con ternura

y nos envía con gozo y amor a la vida.

Que nos veamos envueltas en su manto

y seguras bajo sus alas protectoras.

Que alumbre nuestros días monótonos y grises

y sea nuestra fuerza en las horas débiles.

Que nos dé tiempo y sabiduría

para conocerlo, saborearlo y vivirlo sin rutina.

Que nos llene de sensibilidad y silencio

para leer los susurros de los corazones.

Que nos colme de paz y alegría

para vivir entregadas a todas las personas.

Que cure y sane nuestras heridas,

sobre todo, las que nos encierran en nosotras mismas.

Que sea en todo momento nuestro horizonte y fuente

para que nosotras podamos ser signos de vida nueva.

Que nos empape de su amor, como rocío mañanero,

para que destilemos esperanza por todos los senderos.

Que nos limpie del barro y costra, el cuerpo y el espíritu,

para que brillemos como estrellas en el firmamento.

Que nos tienda su mano protectora y amiga

para que el cansancio no detenga nuestros pasos.

Que a lo largo de este año

nuestros deseos se hagan realidad,

pues duermen y despiertan en el regazo de Dios,

Padre-Madre, que nos quiere y bendice.

Compartiendo la vida

COMPARTIENDO LA VIDA

Un momento para compartir camino y vida con los hermanos
La Iglesia congrega caminos diversos en la búsqueda del amor de Dios y todos ellos
se refuerzan en un solo corazón y una sola alma en Él; compartir y conocer la
peregrinación de otros hermanos contagia, ayuda, ofrece esperanza y refuerza el
camino personal.
Hoy nos habla de su vocación la Hermana Mª Elena, eremita desde la espiritualidad
de Foucauld, en la Comunidad Ecuménica de Horeb Carlos de Foucauld.
Su vida de entrega y su sentir de Dios, nos invita a conocer y compartir su camino
desde la unidad y la fraternidad. Nos une lo esencial de la vida contemplativa.
                                                                                                                     
¡QUE LA PAZ Y LUZ PASCUAL LLENE VUESTRAS VIDAS!
Mi vida eremita es una vocación contemplativa de vida consagrada, con la dimensión exterior
de ir al encuentro de los otros desde la oración en el silencio y la soledad, para vivir en
comunión con la Trinidad que nos habita, desde una común-unión con Cristo Jesús y su
humanidad.
Toda alma tiene esta sed de desierto eremita en algún momento de su vida y ésta llamada
vive en toda alma -coincido con el Padre Francisco amigo filial- en esta verdad intrínseca en
todo ser humano que nos hace «buscar a Dios, esencia misma interior del alma”.
Mi vida eremita se apoya en los siguientes pilares: Nazaret, Desierto, Trabajo, Dimensión
Ecuménica e Interreligiosa.
NAZARET:
La vida de Nazaret es uno de los pilares en la Espiritualidad de Foucauld.
En ese lugar de Nazaret se vive «sabiéndose» en Unión y en la Presencia presente en
nosotros, de Jesús Cristo «ENCARNACIÓN Y PASCUA»; en el compartir diario desde la oración
y puntualmente en el encuentro con vecinos, amigos, familiares, religiosos, familia espiritual
etc. un día a día como pobres, con carencias en el proyecto de salvación, pero que por la
conversión diaria restablecemos el Reino de Dios allí donde vivimos.
“EL REINO DE DIOS ESTA DENTRO DE VOSOTROS» y es por eso que establecemos relaciones
fraternas de lazos de comunión con los otros, como se establece esa unidad común Trinitaria
en cada alma cada vez que venimos a conversión. Esta realidad vivencial se realiza sin cesar
en el Nazaret singular del camino personal de salvación de cada alma, atraída sin cesar por
Cristo y el Padre, en la Fuerza y el Fuego de Amor.
La vida de Nazaret en el eremita de la Espiritualidad de Foucauld se concreta en la oración
diaria, haciendo comunidad espiritual con toda la humanidad en proyección después a
vecinos, familia de sangre y espiritual, amigos y a toda la Iglesia, como una fraternidad
universal.
DESIERTO:
El desierto es un estado del alma al que se llega por el silencio y la soledad, donde toda alma
vive de frente con su pobreza radical, descubre sus carencias y comprende que todo,
absolutamente todo lo esencial, lo tiene por haberlo recibido de Dios que le hace participar
de la Vida que Él es, Camino y Verdad.
En el desierto, lugar de la nada, descubrimos que todo ser humano es atraído a él para
encontrarse consigo, con Dios y con los demás. 
En mi vocación de eremita católica este lugar es el pilar central en la Espiritualidad de
Foucauld que nos diferencia de las demás vocaciones consagradas, pasando y viviendo ahí el
mayor tiempo posible de este estado interior del alma, desnuda, desapegada, para
encontrarse con lo esencial que es la Presencia presente del Espíritu Santo, que une al Padre
y al Hijo para vivir en Cristo Jesús.
En el desierto encontramos las tentaciones, bichos, venenos, arena, sed, agotamiento y la
verdadera condición pecadora, pobre, herida, llena de carencias.
Es en el desierto, donde tenemos la necesidad de vivir de Su Presencia, Cristo Jesús sale a
nuestro encuentro, nos Ama, nos toma de la mano, es todo Ternura infinita y Amor
Misericordioso. Nos lleva a exclamar: ABBA, mi papá, y postrada a sus pies: pedir perdón,
reconocer en Acción de Gracias (Eucaristía) tanto impensable Amor real y decir, como el
hermano y Padre de Foucauld dijo:» Una vez se ha conocido así a Jesús Amado, sólo puedo

vivir para ti mi Jesús” y a sus pies orar la oración del abandono: «Padre me pongo en tus
manos, haz de mí lo que quieras… para que tu plan se cumpla en mí y en todas tus
criaturas…”
Por eso el eremita de la espiritualidad de Foucauld, está centrado en la vida Eucarística, es
eremita eucarístico; el desbordar de este Misterio y Sacramento hace que viva horas en
Adoración del Smo. Expuesto, para volver una y otra vez a la Esencia de Vida de Dios
Trinitaria, que en Cristo Jesús es Presencia eucarística, de Acción de Gracias en el Gozo y
Alegría Pascual.
Es una vida de paz y alegría, contemplando la Santa Forma Consagrada, ve su Cuerpo, su
Encarnación en toda la humanidad. Por eso la penitencia: desde ayunos, desapego, ofrenda
de actos de amor, oración litúrgica de las horas, intercesión… nos lleva a participar con Él en
la Resurrección, por conversión y Sacramentos, y nos introduce con Maria en Pentecostés.
Ir al desierto es contemplar, la Adoración al Smo. es contemplar esa realidad eucarística en
cada alma. Es ahí donde Cristo no se escandaliza de mí, sino que se conmueve y me atrae
en su Amor y en sus entrañas de Misericordia.
De aquí surgen la intercesión diaria y las salidas de misión exterior puntual como charlas,
convivencias, oraciones de Hora Santa, acompañamiento de escucha, cuidar un enfermo,
llevar la comunión, a veces dar un paseo, tener una comida fraterna… además del rezo de la
Liturgia de las Horas, Liturgia de la Palabra.
TRABAJO:
En mi caso, el trabajo se centra en la intercesión ante el Smo., en la Liturgia de las Horas,
Rosario, acompañamiento y ayuda espiritual y esporádicamente algún trabajo manual.
Acojo donativos, por ejemplo, la leña (que me regalan) para la estufa.
DIMENSIÓN ECUMENICA E INTERRELIGIOSA:
Mi llamada a vivir como eremita, de la Espiritualidad de Foucauld, es la comunión ecuménica
donde cada camino cristiano es una llamada al encuentro fraterno, cuyo símbolo que nos une
e identifica es la Cruz de Cristo Jesús.
La dimensión ecuménica y el Amor de amistad a todos los que viven su camino, sea cristiano
o interreligioso: fluidez con otras religiones o confesiones, según los lenguajes de Dios;
teniendo como referencia al hno. y Padre de Foucauld que lo vivió desde el principio al
caminar junto a judíos y musulmanes en relación fraterna, y que expresó en la frase:
“Señor que quien me ve piense, si así es el siervo cómo será su Señor».
Vivió así desde el Evangelio de la Bondad, dejándonos como legado el ser el hermano
universal de todos.
Muy unida a todos vosotros en la comunión fraterna y en oración de Iglesia universal, como
familia extensa de Dios, que somos.
Bendiciones y oremos para ser fieles a nuestras llamadas para Gloria de Dios. Dando gracias
por el Don recibido del Espíritu y de la mano de Maria Madre. 

Hna. Mª Elena García Cascallana

Revista de espiritualidad MEMORIA JERONIMA, diciembre 2023, nº15, Salamanca

«CAMINO SIN CAMINO. Peregrinación al interior de uno mismo» – Novedad editorial

Todo comienza con una decisión: Ponerse en camino. Este camino no lleva a ningun sitio, pues Dios está en todas partes. Se trata de «un camino sin camino». Un adentrarse en nuestro interior. La frase de Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» no se debe entender necesariamente en sentido objetivo o conceptual. El camino es la verdad de la vida del se humano y el sentido del camino es la meta, pero en el camino de la vida la meta se halla en todo paso cuando es auténtico. El foco no debemos ponerlo en la meta, sino en el camino. En el aquí y ahora. En el paso siguiente. Se trata de «una revolución interior» que alterará para siempre nuestra vida. El camino no es fácil. Se trata de descubrir la verdad de nosotros mismos.


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Convertido y monje

Este cuarto artículo de la serie sobre San Carlos de Foucauld explora su transformación espiritual después de peregrinar a Tierra Santa y su anonadamiento al ingresar como monje en la Trapa de Siria, revelando sus sacrificios y desafíos, entre los que destaca su lucha por mantenerse fiel a la pobreza

AKBÉS

Veíamos en el escrito anterior la predicación de Navidad que mostraba mostrando a Nuestro Señor ocupando el último lugar de manera que nadie podría desplazarlo de esa posición, impactó de tal forma en San Carlos de Foucauld que afectaría toda su vida. Ese impacto se intensificaría aún más tras realizar de una peregrinación a Tierra Santa (noviembre 1888 – febrero 1889). Es crucial destacar que esta peregrinación la emprendió por indicación del P. Huvelin y sin entusiasmo por su parte. Es importante tener en cuenta esto, pues va a remarcar su compromiso radical con la búsqueda del Señor en el último lugar, ya que: “en Nazaret, que en aquel entonces es un pueblo bastante sucio y enlodado aquel invierno, ‘caminando por las calles’ se imagina la existencia bastante miserable de aquel Jesús ‘pobre artesano’, de aquel Jesús al que ama y al que, en consecuencia, quiere imitar. Sufre una verdadera convulsión”.[1]

Esta experiencia subrayará la dirección que llevaba y ahora “quiere bajar cada vez más, como Jesús, que no ha hecho más que bajar haciéndose pobre, desterrado, perseguido, ajusticiado… poniéndose siempre en el último lugar[2]. San Carlos busca ofrecer el mayor sacrificio posible. No se trata de una norma que ha de materializar en un tiempo específico; más bien, es un compromiso de una vida, la única posible para quien ama al Señor. Amar y desear mejor suerte que la del amado no está en ánimo de quien ama sin reservas. Amar y reservarse tiempos o espacios para sí mismo no surge de un corazón verdaderamente entregado. Amar y contemplar sin ser lo que anhela quien ama tanto como es posible no es propio de aquel que ha sido despertado por aquel a quien ama. En una carta escrita el 1 de diciembre de 1916, unas horas antes de morir, le dice a un amigo: “Nuestro anonadamiento es el medio más poderoso que tenemos para unirnos a Jesús y hacer bien a las almas; esto es lo que San Juan de la Cruz repite casi a cada línea… Cuando se puede sufrir y amar se puede mucho; se puede lo que más se puede en este mundo, se siente el sufrimiento, no se siente siempre cuando se ama, y esto es un sufrimiento más; pero se sabe que se querría amar, y querer amar es amar….[3]

Este acto de anonadarse se convierte en el hilo conductor de toda su vida y, en este primer momento, le lleva a buscar el sacrificio mayor posible para ofrecer a Jesús, y lo encuentra en hacerse monje, el último entre los monjes. Visita la abadía de Solesmes pero no es lo bastante pobre; después visitará Soligny, que aunque es más modesta que Solesme, tampoco cumple con sus criterios. Luego, visitará una Trapa muy pobre, el monasterio más alto de Francia, que a su vez ha fundado un pequeño priorato en Siria. Eso es lo que acaba eligiendo la Trapa de Akbés, en Siria, en el Imperio Otomano. Para Carlos de Foucauld, el mayor sacrificio posible implica dejar para siempre a su familia, irse y vivir lejos de ella para estar a solas con Jesús.

Tres meses después de la su llegada a la Trapa Siria, escribe al P. Huvelin expresándole que no está siendo suficientemente pobre, como lo era Jesús en Nazaret. Le desagrada que el Priorato emplee obreros locales bajo las órdenes de los monjes. Además, los monjes prefieren que deje de ser hermano converso y que se ordene sacerdote, para lo que debe estudiar tres horas diarias, lo que implica que debe reducir tres horas de trabajo manual.

Por otra parte, en 1892, los trapenses deciden mejorar la comida de los monjes y para Alberico María, nombre trapense de San Carlos de Foucauld, esto supone un retroceso. Reformar la Trapa desde adentro, como hizo el abad Rancé, no es una opción para el hermano Alberico María. Es entonces cuando comienza a concebir una nueva orden, los “Hermanitos de Jesús”, pequeñas comunidades destinadas a llevar la vida del Hermano Mayor en países musulmanes. Unas comunidades que se caracterizan por la ausencia de propiedades, ni colectivas ni individuales, que viven únicamente del trabajo de sus manos, en las que haya lugar para los pobres. En 1896, se produce un hecho muy grave: el inicio de la primera persecución contra los armenios, con unas 150.000 personas fallecidas. La inacción de Europa ante esta tragedia le resulta vergozonsa. Ante esta situación, el P. Huvelin le aconseja que deje la Trapa y vaya a vivir a la puerta de una congregación. Serán las Clarisas de Nazaret después de que siendo enviado a Roma a estudiar Teología lo llame el Padre General. Lo llama el 23 de enero de 1897, ya que el Padre General piensa que el hermano Alberico debe seguir su vocación, el camino de Nazaret. Enseguida se embarca rumbo a Tierra Santa.

Este anonadarse suyo es más profundo que la soledad del monasterio y la lejanía de su familia. Es la nada en la que él contempla al Señor en Nazaret. El anonadarse no es una acción, sino un estilo de vida, una vida en la cual se puede corresponder al Señor del Último Lugar. Su búsqueda no es intelectual, es una búsqueda vital: la razón de su ser. Estar en el último lugar es para Nuestro Señor la forma de testificar el amor del Padre. Es necesario pues, no decir nada, solo hacer lo que Él quiere, imitar lo que Él hace.

Dice el papa Benedicto XVI: Por consiguiente, el auténtico educador cristiano es un testigo cuyo modelo es Jesucristo, el testigo del Padre que no decía nada de sí mismo, sino que hablaba tal como el Padre le había enseñado (cf. Jn 8, 28). Esta relación con Cristo y con el Padre es para cada uno de nosotros, queridos hermanos y hermanas, la condición fundamental para ser educadores eficaces en la fe”.[4] Este anonadarse podría ser considerado como otra categoría pastoral válida para nuestros días, especialmente cuando los sacerdotes pueden sentir vértigo ante planes y proyectos que parecen no funcionar. Tal vez un asiento oportuno para estos proyectos pastorales sea un presbiterio y un laicado cuya razón principal sea ser nada, permitiendo que Cristo sea todo en ellos. Esta forma de anonadarse podría entenderse y vivirse a través del ejemplo del hermano Alberico María, que llevaba el monasterio en sí mismo, en su interior. Así, el Señor fluía en sus obras y palabras por no tener este hermano otros objetivos que no fueran los expresados en la cita: Y sin duda alguna, grande es el Misterio de la piedad: Él ha sido manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, visto de los Ángeles, proclamado a los gentiles, creído en el mundo, levantado a la gloria”.[5] Esta es una semejanza importante con Cristo, quien en la fiesta de Pascua dijo a los judíos: Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré»”. [6]

[1] Jean François Six: “Calos de Foucauld ». Traducción de Manuel Ordóñez Villarroel. Ed Monte Carmelo. Burgos 2008. P. 52 -53.

[2] Id. O.c. p. 53.

[3] Carlos de Foucauld. “Escritos espirituales”. Ed. Studium. Madrid 1964. P. 174

[4] Discurso del Santo Padre Benedicto XVI en la Inauguración de los Trabajos de la Asamblea Diocesana de Roma. 11 de junio de 2007

[5] 1 Tm 3, 16

[6] Jn 2, 19

San Carlos de Foucauld (El hermano universal, místico del silencio en el desierto)

  Estamos ante un místico contemplativo de nuestro tiempo, que nos ha traído la denominada “Espiritualidad del desierto”. Nació en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858, descendiente de una familia que ostentaba el título de Vizcondes de Foucauld. A la edad de 6 años, cuando todavía era un niño, quedó huérfano de padre y madre, haciéndose cargo de él su abuelo, que se prodigaría en cariño y afecto con el pequeño Carlos. La vida seguía y tuvo que afrontar la situación tal y como se presentaba. El 28 de abril de 1872 hace su Primera Comunión y se confirma en el mismo día, pero pronto sería víctima de una sociedad sin Dios y se va alejando para pensar solo en él mismo y en el modo de satisfacer sus propios deseos.

 En 1876 ingresó en la Academia de Oficiales. Acabados los estudios militares, muere su abuelo y recibe una cuantiosa herencia. Es un joven de 20 años que solo piensa en vivir bien y comer mejor, por lo que le llamaban el “Gordo Foucauld”. “Duermo mucho. Como mucho. Pienso poco.”, nos dirá él mismo.  En octubre de 1880, Carlos fue enviado a Argelia de donde salió despedido por comportamiento poco ejemplar.

Posteriormente trabajaría en Marruecos de incognito, como explorador y geógrafo, realizando un trabajo excelente de investigación, que mereció que se le otorgara la medalla de oro de la Sociedad Geográfica de Paris y lo que es más importante la publicación de este trabajo, en el año 1883-84, bajo el título de “Reconnaissance au Maroc” le catapultaría a la fama, pero él por aquel entonces estaba ya metido en otros asuntos. Una crisis espiritual le traía fuera de sí. “Dios mío, si existes, haz que te conozca”. Esta era la oración desesperada de un alma que buscaba a Dios por todas las partes y no acababa de encontrarlo. Le buscaba en la calle, le buscaba en las Iglesias, le buscaba dentro de sí; hasta que un día, exactamente el 30 de octubre de 1886, se encontró con el P. Henri Huvelin y ahí comenzó a cambiar todo. Pidió ser oído en confesión y ya reconciliado con Dios, por consejo de Huvelin, emprendió de inmediato un viaje a Tierra Santa para conocer más de cerca a Jesús de Nazaret. Su vida se había trasformado y él no sabía cómo agradecérselo a Dios. “¡Cómo me guardabas bajo tus alas mientras yo ni siquiera creía en tu existencia!”. “Forzado por las circunstancias, me obligaste a ser casto. Era necesario para preparar mi alma a recibir la verdad: El demonio es demasiado dueño de un alma que no es casta.” “¡Qué bueno que has sido! ¡Qué feliz que soy!” 

De Tierra Santa volvió enfervorizado, con la promesa en firme de encerrarse en los muros de un convento y vivir solo para Dios, pero su confesor puso freno a este arrebato y le hizo esperar 3 años de reflexión, que se le hicieron interminables. Por fin llega el día deseado y el 15 de enero de 1890 Foucauld entra en la trapa, se hace a la vida monacal, aprende a convivir en comunidad, se siente a gusto allí, pero él piensa que puede dar aún más a nuestro Señor y por su mente pasa la idea de fundar una congregación que se ajuste a sus aspiraciones. “Me he preguntado si no habría la posibilidad de buscar algunas almas con quienes pudiera formarse un comienzo de pequeña congregación.” El 23 de enero de 1897 el Superior General le concede el permiso para salir de la trapa.

Carlos llega a Nazaret. Vive en una humilde cabaña y trabaja de jardinero para unas monjitas, pasando largas horas ante el sagrario. Se da cuenta que solo siendo sacerdote puede gozar del privilegio de vivir apartado teniendo solo por compañía a Jesús Sacramentado, por lo que marcha a Francia. Allí consigue ordenarse después de un año de preparación. Se siente llamado a entregar su vida por las almas abandonadas y piensa en Marruecos que conoce bien.  Su vida ya no le pertenece, se la ha entregado enteramente a Dios : “Padre, me pongo en tus manos/ Haz de mí lo que quieras/ Sea lo que sea, te doy gracias/ Estoy dispuesto a todo/ Lo acepto todo/ Con tal que tu voluntad/
Se cumpla en mí/ Y en todas tus criaturas/ No deseo más/ Padre/ Te confió mi alma/ Te la doy con todo mi amor/ Porque te amo/ Y necesito darme a ti”

El 28 de octubre de 1901, Carlos llega a Béni Abbèspequeño y abandonado pueblo del Sahara argelino, cerca de la frontera de Marruecos, donde es bien recibido y le construyen una casita, con una capillita y unas celdas para huéspedes. Carlos no se cansa de estar frente al sagrario.  “La Eucaristía es Jesús, es todo Jesús.” Desde el primer día quiere ser el hermano de todos y para todos en el amor a Jesucristo. A él acuden todo tipo de gentes: peregrinos, necesitados, enfermos, esclavos. Él solo no puede dar abasto, necesita otros hermanos que le ayuden, pero allí no llega nadie, el único que se acerca a visitarle es el obispo de Sahara, quien le informa de la escasez de sacerdotes en Tuaregs y Carlos se ofrece a ir allá.  Se siente feliz de llevar hasta allí a Jesús Sacramentado.  “Hoy, tengo la felicidad de colocar – por primera vez en zona tuareg – la Santa Reserva en el Tabernáculo.” Las conversiones no llegan, pero la presencia de Jesús Sacramentado lo llena todo.  La última guerra mundial llega al África. El padre del desierto y el hermano mayor de los pobres allí se queda, donde habrá de ser asesinado el 1 de diciembre de 1916. Años después el P. Congar pedía a los padres Conciliares, que repararan en Teresa de Lisieux y Carlos de Foucauld: “dos faros que Dios ha puesto en nuestro camino”. Cierto; aunque se había olvidado de otro faro más para formar la terna que fue San Rafael Arnaiz, el entrañable “Hermano Rafael”.  

Reflexión desde el contexto actual: El padre Foucauld nos insta a continuar la obra que él inició, nos pide que sigamos luchando por la fraternidad universal, más allá de las fronteras, nos invita a tomar una opción preferencial por los marginados y olvidados, nos insta a amar y no a juzgar, sobre todo nos pide que testimoniemos el evangelio con la vida más que con las palabras, porque los hombres de nuestro tiempo más que de maestros, lo que necesitan son testigos.  Hoy, después de que hace algo más de un siglo se inmolara en el desierto, Foucauld  fuedeclarado santo por el papa Francisco quien presidio la ceremonia de la canonización en una esplendorosa mañana deel 15 de mayo de 2022 .  Tu  dispersa y heterogénea familia espiritual ya bastante numerosa, repartida por el mundo, se alegra y lo celebra con júbilo, hermano.  Tu recuerdo permanece vivo aquí abajo entre todos los que queremos seguir trabajando y bregando para hacer de todos los hombres una gran familia humana. Carlos Foucauld ha sido y seguirá siendo ese ejemplo de humanismo, que solo vivió pensando en el otro. Gracias, hermano.

Navidad en la prisión: Una luz en la oscuridad


Notamos que se acerca Navidad cuando se encienden las luces en las calles, cuando
los comercios estrenan campañas publicitarias de ciertos productos, cuando las
escuelas inician las vacaciones… En la prisión no se encienden luces, ni se compran
productos navideños, ni hay vacaciones en el cumplimiento de las condenas… En la
prisión Navidad se vive con un plus de soledad y de añoranza de la familia.
Resulta difícil encontrar alternativas adecuadas al “muchos años”, “al feliz navidad,”
al “próspero año nuevo…” Los años allá pasan lentamente, la Navidad lejos de los
seres más queridos no provoca felicidad, y el próximo año seguramente no será
mucho mejor que el actual. Aun así, celebramos la Navidad dentro de la prisión,
compartiendo la ternura del Dios – Amor que se encarna en nuestra realidad,
también en la de quienes sufren soledad y añoranza dentro de aquellos muros.
El Adviento y Navidad nos ofrece la oportunidad de poner luz a una realidad
demasiado oscura, olvidada y despreciada por una sociedad que piensa que la prisión
le aporta seguridad. También es una oportunidad para mostrar a quién quiera
conocer, algunos aspectos concretos de la situación que viven los privados de
libertad. Conocer es el mejor antídoto contra el miedo, el temor ante lo desconocido.
No nos cansaremos de repetir que en la prisión hay mayoritariamente drogadictos,
enfermos mentales y pobres. Muchos no tendrían que estar allí. Desgraciadamente
muchos privados de libertad han sido condenados sin una defensa real, adecuada,
implicada por parte de quienes tienen el deber de hacerlo, de oficio o cobrando
aquello que estiman justo.
A menudo las atenciones que reciben los internos son insuficientes. Los internos y las
internas no se sienten atendidos, escuchados, por quien tienen la responsabilidad de
hacerlo. Faltan profesionales, funcionarios, psicólogos, trabajadores sociales,
médicos, enfermeros, juristas… Con estas carencias significativas se hace muy difícil
llevar a cabo la reinserción que teóricamente se pretende. Experimentamos con
impotencia como parece que todos son tragados por un sistema que no solo no
educa, sino que provoca secuelas de por vida. Hoy no se justifica de ninguna forma el
tipo de prisiones que tenemos. Más pronto que tarde nos avergonzaremos de haber
mantenido a personas en las condiciones en que se vive en las prisiones de hoy.
Otra forma de cumplimiento de penas es posible y deseable. Hay instrumentos para
hacerlo posible. De hecho, cuando interesa se reforma el código penal, se
despenalizan delitos, incluso se amnistían si la ocasión lo aconseja.
Una lectura atenta de los derechos humanos justificaría medidas extraordinarias para
salvar la dignidad de tantas personas que se encuentran en la sombra, en la
oscuridad de un presente y un futuro sin esperanza. La Pastoral penitenciaria, la
iglesia de Mallorca en la prisión, a la vez que denuncia esta realidad aportando luz,
está siempre comprometida a contribuir en la medida de sus posibilidades, a
humanizar el medio y a acompañar procesos de humanización con los más
vulnerables que sufren esta situación.
Que la luz de la Navidad abra paso a un próximo futuro de más justicia y libertad.
Felices fiestas

Hno. Blai (Comunidad Ecuménica Horeb Mallorca)

Carlos de Foucauld y los pastores de Belén


Jesús elige a sus adoradores él mismo …
Atrae a los pastores hacia él con la voz de los ángeles, que primero quieren verlos alrededor, después de María y José. Para los padres eligió a dos trabajadores pobres; para los primeros adoradores, elige pastores pobres … Siempre la misma abyección, siempre el mismo amor a la pobreza y al pobre. Jesús no rechaza a los ricos, murió por ellos, los llama a todos, los ama, pero se niega a compartir sus riquezas y es el primero en llamar a los pobres. ¡Qué divinamente bueno eres, Dios mío! Si hubieras sido el primero en llamar a los ricos, los pobres no se habrían atrevido a acercarse a Ti, se habrían creído obligados a permanecer al margen por su pobreza. Te habrían observado desde lejos, dejando que los ricos te rodearan. Pero al llamar primero a los pastores, llamaste a todos a ti.
Todos: los pobres, porque con esto les demuestras, hasta el fin de los siglos, que son los primeros llamados, los favoritos, los privilegiados; los ricos, porque por un lado no son tímidos y por el otro depende de ellos hacerse pobres como pastores. En un minuto, si quieren, si tienen el deseo de ser como Tú, si temen que sus riquezas los alejen de Ti, pueden volverse perfectamente pobres.

¡Qué tan bueno es Dios! ¿Cómo eligió el medio correcto para llamar a todos sus hijos a su alrededor a la vez, sin excepción? Y qué bálsamo has puesto en el corazón de los pobres, los pequeños, los despreciados por el mundo hasta el fin de los siglos, mostrándoles ya desde tu nacimiento que son tus privilegiados, tus favoritos, los primeros llamados: los que siempre llamas. a Ti que quisiste ser uno de ellos y estar rodeado de ellos desde tu cuna y durante toda tu vida.

Los otros Belenes

Mi Amado hermano, de nuevo te ha tocado nacer en otro tipo de portal, aunque siempre eliges el último lugar

Aquella vez en un establo, hoy estás naciendo en otro refugio dada la ocasión, rodeado de escombros y entre crucificados antes que vos.

Antes, entre el poder de los romanos, hoy en plena guerra entre tus hermanos. Sé, estás triste y desalentado, has quedado en esta tierra en un costado. Mucha gente ha dejado de creer, quizás el resto de los animales no humanos continúe confiando que existes.

Poco le importas inclusive a muchos Bautizados. Pero somos varios los que mantenemos la esperanza de que tomados de tu mano salgamos de estos escombros, que nosotros hemos dejado, y juntos, algún día poder ver el Rostro de tu Padre Amado. Amén.  (Hno. Pablo César Ghilini)

«Encontrar el amor en todo» (San Juan de la Cruz)

«Así como la abeja extrae de todas las plantas la miel que allí encuentra y las utiliza sólo para eso, así el alma, con gran facilidad, extrae dulzura de todas las cosas que le suceden, del amor que allí hay»

Juan de la Cruz, Cantico espiritual B, dans: Oeuvres complètes (Cerf, 1990)

image: Eric Tourneret (jejardine.org)

l B, dans: Oeuvres complètes (Cerf, 1990)

image: Eric Tourneret (jejardine.org)

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