CARLOS DE FOUCAULD, INSPIRADOR DE SUEÑOS

CARLOS DE FOUCAULD, INSPIRADOR DE SUEÑOS
Los sueños de Francisco
Fratelli Tutti es una encíclica que invita con entusiasmo a participar en los grandes
sueños de Francisco: «Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la
misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno
con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos
hermanos» (FT 8). El Papa no se queda en el reducido círculo de los católicos, sino que
comparte sus sueños con toda la comunidad humana, convencido de que es necesario
aunar los esfuerzos de todas aquellas personas que portan en su corazón un «deseo
mundial de hermandad» (Id.).
En un mundo cerrado por las sombras, donde tanta gente yace herida al borde de los
caminos, «los creyentes nos vemos desafiados a volver a nuestras fuentes para
concentrarnos en lo esencial: la adoración a Dios y el amor al prójimo, de manera que
algunas de nuestras doctrinas, fuera de su contexto, no terminen alimentando formas de
desprecio, odio, xenofobia, negación del otro» (FT 282).
Entre las personas que han inspirado su pensamiento, Francisco menciona en primer
lugar a san Francisco de Asís, y a continuación cita tres personajes no católicos
comprometidos con la fraternidad universal: Martin Luther King, Desmond Tutu y
Gandhi (cf. FT 286). A modo de conclusión, añade inmediatamente:
«Pero quiero terminar recordando a otra persona de profunda fe, quien, desde su intensa experiencia de Dios, hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos. Se trata del beato Carlos de Foucauld.
Él fue orientando su sueño de una entrega total a Dios hacia una identificación con los últimos, abandonados en lo profundo del desierto africano. En ese contexto
expresaba sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano, y pedía a un amigo: «Ruegue a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos». Quería ser, en definitiva, «hermano universal». Pero solo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos. Que Dios inspire ese sueño en cada uno de nosotros. Amén» (FT 286-287).

Esta enjundiosa referencia a Carlos de Foucauld subraya la decisión papal de
canonizarle, una decisión confirmada en mayo de 2020 pero que hasta el momento no ha
podido realizarse como consecuencia de la situación sanitaria mundial.
¿Los sueños de Carlos de Foucauld?
Francisco apoya sus propios sueños en lo que él considera que fue «el sueño» de Carlos
de Foucauld: una entrega total a Dios vivida en la identificación con los más
abandonados; dicho de otro modo, ser «hermano universal» haciéndose «hermano de los
últimos».
Una lectura atenta de los numerosísimos escritos de Carlos de Foucauld deja ver que
él mismo utiliza escasamente el campo semántico de los sueños para expresar lo que le
habita, y nunca lo hace –ni en los escritos espirituales ni en la correspondencia– para
referirse a su deseo profundo de ser considerado «hermano universal». Sin ⁰,
Carlos es una persona movida permanentemente por la búsqueda de un «magis» quel
evoluciona a lo largo de su existencia hasta fundirse íntimamente con ese «minus» que le
fascinó desde el principio: «el último lugar».
Sus referencias explícitas a los sueños están más bien vinculadas a un ideal que
progresará con el tiempo: Nazaret. Al Padre Huvelin, su acompañante espiritual, le
confiesa desde Jerusalén, en octubre de 1898, cuando acaba de salir de la Trapa: Lo que
sueño en secreto, sin confesármelo a mí mismo, sin permitírmelo… lo que sueño
involuntariamente es algo muy sencillo y muy poco numeroso, que se parece a las
primeras comunidades de los primeros tiempos de la Iglesia… Algunas almas reunidas
para llevar la vida de Nazaret, vivir de su trabajo como la Sagrada Familia, practicando
las virtudes de Nazaret en la contemplación de Jesús. La historia mostrará que este sueño
tan querido para él no llegará jamás a realizarse durante su propia vida.
Perfil de un caminante
Varón, francés, aristócrata, militar, explorador, amigo,
trapense, ermitaño, sacerdote, lingüista, misionero,
hermano universal… Cada una de estas dimensiones dejará
sus huellas en la personalidad y en la santidad de Carlos de
Foucauld, nacido en Estrasburgo (Alsacia, Francia) en
1858 y asesinado en Tamanrasset (Argelia) en 1916. A los
seis años, él y su hermana Mimí se encuentran huérfanos
de padre y madre, pero son educados con gran cariño por sus abuelos maternos y viven
una infancia feliz. Carlos mantendrá a lo largo de toda su vida un vínculo muy estrecho
con su familia, manifestado en una amplísima correspondencia.

Después de haber perdido la fe durante la adolescencia y de ser expulsado del liceo de
los jesuitas en París, se embarca en una carrera militar de la que muy pronto se aburre.
Lleva una vida de cierto desenfreno durante un corto período, aprovechando la herencia
de una gran fortuna. Sin embargo, su espíritu curioso y aventurero le incita a realizar un
viaje de exploración en Marruecos, cuyos brillantes resultados le valdrán a su regreso el
más alto reconocimiento de la comunidad científica.
Intensa experiencia de Dios
La fe de los musulmanes que conoce durante este viaje le interpela profundamente. De vuelta a París, el
testimonio de ciertas personas inteligentes y
espirituales, especialmente su prima Marie de Bondy,
le mueve a acercarse a la Iglesia y a murmurar en lo
profundo de su corazón: Dios mío, si existes, haz que
te conozca. La relación con el Padre Huvelin, que se
onvertirá en su acompañante espiritual hasta la
muerte de éste, tendrá un peso fundamental en su
conversión, en su decisión de entregarse
completamente a Dios y en su deseo de identificarse
con Jesús en el «último lugar».
En Francia (1913) con su prima Marie de
Bondy y su amigo tuareg Ouksem
El itinerario interior de Carlos de Foucauld atraviesa parajes muy diversos, pero se
dirige siempre en una doble dirección: El amor a Dios y el amor a los hombres es toda
mi vida y será toda mi vida, espero (A Henry Duveyrier, Trapa de Nôtre-Dame des Neiges
24/04/1890). Carlos desea ardientemente imitar a Jesús de Nazaret, y durante siete años
busca su camino como trapense, unos meses en Francia, pero enseguida en un monasterio
en Siria.
Allí vive, quizá por primera vez en su vida, el encuentro real con los pobres de carne
y hueso. Ellos le harán notar una diferencia que será cada vez más insoportable para él:
Los pobres, a quienes Dios no da aquello que nos da con tanta generosidad a nosotros,
religiosos (alojamiento, comida abundante y regular, buen sueño, buenos vestidos,
buenas mantas), dan compasión (A Mimí, Siria, 6/02/1891). Esa compasión emerge de
una constatación espiritual muy profunda, que Carlos empieza a hacer en este momento
y que tendrá consecuencias radicales en su itinerario posterior: Los pobres son nuestros
hermanos: «amaos unos a otros, así verán que sois mis discípulos». Son Jesucristo
mismo: «Todo lo que haréis a uno de estos pequeños, me lo haréis a mí»» (A Mimí, Siria,
19/10/1891).
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Camino de transformación
Antes de hacer su profesión solemne, Carlos sale de la Trapa una vez que se siente
confirmado por sus superiores en la llamada a una vida diferente. Primero busca su
camino en Tierra Santa, instalándose como mandadero de las clarisas de Nazaret. Más
tarde, siempre seducido por el misterio de la vida oculta de Jesús, Carlos será ordenado
sacerdote en 1901 y se dejará conducir al desierto del Sáhara, no para aislarse del mundo,
sino para compartir con los últimos el tesoro que ha transformado su existencia: la
presencia de Jesús. Mis últimos retiros de diaconado y de sacerdocio me mostraron que
esta vida de Nazaret, mi vocación, tenía que vivirla, no en la Tierra Santa, tan querida,
sino entre las almas más enfermas, las
ovejas más perdidas, más abandonadas.
Este divino banquete del que me convertía
en ministro, tenía que llevarlo, no a los
hermanos, a los parientes, a los vecinos
ricos, sino a los más cojos, los más
ciegos, los más pobres, las almas más
abandonadas y con menos sacerdotes.
(…) Una vida tan conforme como pudiera
con la vida oculta del Bienamado Jesús
de Nazaret» (A Monseñor Caron, Beni
Abbés 8/04/1905).
En Beni Abbés (1903) con Abd Iesu, un niño
rescatado de la esclavitud, y el Capitán de Susbielle
Fue orientando su sueño
Carlos aspira a vivir a fondo el encuentro con Dios y con todas aquellas personas que
habitan en el desierto. Entiende que su principal ministerio es la santificación personal,
la oración, el amor a Dios; a partir de ahí podrá dirigirse a los oficiales alejados de la
religión, a los soldados que llevan una vida desordenada, y a los musulmanes que no
conocen a Cristo, con el fin de hacerse amar por la virtud, la bondad y la caridad. Movido
por estos ardientes deseos, irá saliendo de un ideal de clausura todavía bien presente en
Beni Abbés (1901-1904) para abrirse a la itinerancia misionera que caracteriza la etapa
de Tamanrasset (1905-1916).
Una razón fundamental para salir de sus proyectos de vida eremítica será la mayor
utilidad a los demás. Me quedaré, o iré acá o allá, según sea más útil a las almas, dirá en

  1. Por ello, si en Beni Abbés acoge en la fraternidad a todo el que llega, en las fases
    siguientes, y hasta el final de sus días, será él mismo quien se ponga en marcha hacia el
    encuentro del otro. Este deseo de llegar a los que están más lejos es el motivo de la
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    construcción de la ermita del Asekrem, razón por la cual afirmará en 1910: Mis ermitas
    se multiplican. Este año he tenido que agrandar la de Tamanrasset y construir una nueva
    en el Asekrem, en plena montaña; ésta última era indispensable para entrar en contacto
    con las tribus que no veo jamás en Tamanraset».
    Identificándose con los ú7ltimos, hermano de todos
    Hijo de su tiempo, de su patria, de su medio y de su Iglesia, Carlos de Foucauld no
    cuestiona la legitimidad del régimen colonial ni se libera de una concepción paternalista
    de la gestión de los territorios ocupados. No obstante, se compromete en el rescate de
    esclavos y alza claramente la voz contra las prácticas esclavistas que continúan en vigor
    entre los indígenas: No tenemos derecho de ser centinelas dormidos, perros mudos,
    pastores indiferentes (A Dom Martin, Beni Abbés, 7/02/1902). Al mismo tiempo que
    denuncia ciertos desórdenes en la administración francesa de las colonias, propone un
    modelo que respete la dignidad de los habitantes y promueva su desarrollo: Como francés,
    sufro por ver que nuestros indígenas no son administrados como deberían serlo, y por
    no ver que los cristianos de Francia se esfuercen, no por la fuerza ni la seducción, sino
    por la bondad y el ejemplo de las virtudes, por llevar al evangelio y a la salvación a los
    infieles de sus colonias de África, hijos ignorantes de los que ellos son los padres (A
    Henri de Castries, Tamanrasset, 8/01/1913).
    Con su actitud y con su manera de encarnarse en medio del pueblo tuareg, con su
    capacidad de encontrar en él verdaderos amigos, Carlos de Foucauld taladra la burbuja
    colonial y muestra que es posible compartir la vida y llevar el evangelio «no por la fuerza
    ni la seducción, sino por la bondad y el ejemplo de las virtudes». Este empeño de
    compartir la existencia con los últimos se traduce en un esfuerzo titánico por aprender su
    lengua, el tamacheq. Carlos se sienta durante horas en una tienda y, a cambio de algunas
    monedas, las mujeres tuaregs le recitan poesías tradicionales que él recopila con esmero.
    Su trabajo no es solo de lingüista, sino también de etnólogo. Conocer la lengua del otro
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    no se limita, para él, a ciertas generalidades; es necesario ir siempre más lejos, hasta el
    fondo, hasta el alma misma de un pueblo que se expresa en sus poemas y en sus cantos.
    A esta empresa formidable, no superada ni siquiera en nuestros días, Carlos le consagra
    más de diez horas diarias durante los últimos doce años de su vida.
    La muerte le llega de manera accidental el 1 de diciembre de 1916 en Tamanrasset, no
    en su ermita sino en el fortín que había construido para defenderse junto con la población
    local en caso de un ataque por parte de los senusistas, radicales que pretendían arrancar
    la zona al ocupador francés. No muere solo: tres militares musulmanes, al servicio de la
    armada francesa, son asesinados en el mismo ataque y los cuatro serán enterrados juntos.
    Su deseo de ser hermano de todos queda definitivamente sellado por una muerte
    compartida con hombres de otra raza, de otra cultura y de otra religión, hijos del mismo
    Padre.
    Tras las huellas de Jesús de Nazaret,
    Carlos de Foucauld permanece en el desierto,
    pero va más allá del desierto, por su deseo de
    ser «hermano universal» y por el «apostolado
    de la bondad» vivido cotidianamente en el
    contacto con una cultura y con una religión
    muy diferentes de las suyas. De esta forma,
    se convierte sin saberlo en precursor de la
    nueva evangelización, marcada por la salida
    hacia las periferias, el compromiso de todos
    los bautizados, el carácter sinodal, el diálogo
    interreligioso y el testimonio de vida. Gracias
    al Papa Francisco, Carlos de Foucauld
    emerge hoy como inspirador de sueños para
    la Iglesia universal.
    Carlos de Foucauld hacia el final de su vida
    Margarita Saldaña Mostajo
    Hermanitas del Sagrado Corazón de Carlos de Foucauld1
    1 Autora de San José. Los ojos de las entrañas (Sal Terrae 2021), Tierra de Dios (Sal Terrae 2019), Cuidar. Relato de una aventura (PPC 2019) y Rutina habitada (Sal Terrae 2014)

DESDE VIVIERS A BENI ABBÉS

9 DE JUNIO – 28 DE OCTUBRE DE 1901

La tarde de su ordenación sacerdotal, «El Padre de Foucauld»1 salió de Viviers para volver a Nuestra Señora de las Nieves, donde celebrará, a la mañana siguiente, su primera misa, en presencia de su hermana. ¿Dónde va a practicar su ministerio de ahora en adelante? ¿Dónde va a establecer a «los hermanitos del Sagrado Corazón» con los que desea fundar «un tipo de humilde y pequeña ermita» «una fraternidad»?

Recordemos que había regresado de Tierra Santa a Francia en agosto de 1900 para prepararse al sacerdocio bajo el patrocinio de Nuestra Señora de las Nieves, y con la perspectiva de que ordenado sacerdote, volver de nuevo a Tierra Santa. Era el consejo del padre Huvelin animándolo en este proyecto en una carta que le envió el 1 de septiembre de 1900: «Adopción por la Orden del Císter, ordenación en Nuestra Señora de las Nieves (…), y después Tierra Santa – después- ¡lo que Jesús quiera! ¡Eso es todo!»2.

Sin embargo, este ideario tomará forma en un proyecto un tanto diferente: «la adopción» por la orden cisterciense será sólo temporal. Carlos de Foucauld se considerará «oblato» de La Trapa, durante los años que pasó en Nuestra Señora de las Nieves preparándose al sacerdocio y luego se ordenará, no en Nuestra Señora de las Nieves, sino en Viviers, como sacerdote diocesano, y entonces ya no será su vocación la Tierra Santa, sino el África subsahariana para vivir la vida de Nazaret, con otros, en caso de que Jesús le envíe hermanos. No se presentará como el padre de Foucauld, sino que desde el principio, se presenta como el «Hermano Carlos de Jesús».

NO EN TIERRA SANTA TAN AMADA SINO EN LA FRONTERA MARROQUÍ

Mientras tanto, Carlos de Foucauld de hecho, acariciaba la idea de volver, una vez ordenado sacerdote, a Marruecos y a las regiones vecinas de África del Norte para fundar allí «los Hermanitos del Sagrado Corazón de Jesús»: sus retiros de diaconado y sacerdocio fueron determinantes en la elección de esta orientación.

El 23 de junio, sólo 15 días después de su ordenación, comparte con Henry de Castries su investigación – por no decir su proyecto presentado como un proyecto comunitario-: «Estamos unos pocos monjes que no pueden recitar el Padre Nuestro sin pensar con dolor en este vasto territorio de Marruecos, donde tantas almas viven sin santificar a Dios, para hacer presente su reino, cumplir su voluntad o conocer el pan divino de la Santa Eucaristía y sabiendo que se debe amar a las pobres almas, como nosotros mismos desearíamos hacer con la ayuda de Dios, todo lo que depende de nuestra pequeñez, para llevarlas a la luz de Cristo y hacer caer sobre ellas los rayos del Corazón de Jesús. Con esta finalidad, para hacer en favor de estos desgraciados lo que quisiéramos que se hiciera por nosotros, si estuviéramos en su lugar, querríamos fundar en la frontera marroquí, no una Trapa, no un gran y rico monasterio, no una explotación agrícola, sino una especie de ermita humilde y pequeña, donde algunos monjes pudieran vivir de algunas frutas y un poco de mijo, recolectados con sus manos, en estricta clausura, penitencia y adoración al Santísimo Sacramento, sin salir de su claustro, sin predicar, sino ofreciendo hospitalidad a todo el que llegara, bueno o malo, amigo o enemigo, musulmán o cristiano. Es la evangelización no por la palabra, sino por la presencia del Santísimo Sacramento, la ofrenda del divino sacrificio, la oración, la penitencia, la práctica de las virtudes evangélicas, la caridad, una caridad fraternal y universal, compartiendo hasta el último bocado de pan con cualquier pobre, con cualquier huésped, con cualquier desconocido que se presentara, y recibiendo a cualquier humano como a hermano bienamado»3.

«¿Qué lugar elegir para comenzar esta pequeña fundación? El más favorable al bien de muchas almas (…) un lugar en el que podemos entrar en relación con los marroquíes (…)»

LOS MUSULMANES QUE AMO CON TODO MI CORAZÓN

Henry de Castries era un ex oficial, historiador y explorador, un gran conocedor de Argelia y Marruecos. Un hombre que había sido especialmente sensible a los valores del Islam, que había tratado de comprender desde el interior, al tiempo que difundido en Francia con respeto y simpatía a través de un libro titulado «El Islam, impresiones y estudios». Conociendo la actividad del historiador, el Padre de Foucauld le escribió de nuevo el 8 de julio a Nuestra Señora de las Nieves: «No leemos libros seculares, pero su libro no es un libro profano: enseñándome a conocer mejor a los musulmanes que amo que con todo mi corazón, me hace más capaz de hacerles el bien. Estaría muy feliz y muy agradecido de que me lo mandase y lo leeré con mucha atención4«.

Ocho días después, 15 de julio, empieza las gestiones ante «el Obispo del Sahara»: «El deseo de su humilde servidor sería partir al Sahara este otoño. Le escribo ahora, porque antes de dar cualquier inicio a la ejecución de este humilde proyecto, madurado desde hace ocho años, tenemos que saber si se le va a conceder las facilidades necesarias. Su Excelencia puede informarse a través del Padre Huvelin mi director durante quince años, o ante el Reverendo Padre Don Martín, abad del monasterio de la Trapa de Nuestra Señora de las Nieves, mi antiguo superior y benefactor desde hace doce años, o ante el obispo de Viviers, nuestro querido y venerado obispo5«.

PARA DAR ASISTENCIA ESPIRITUAL A NUESTROS SOLDADOS Y SOBRE TODO HACER EL MAYOR BIEN QUE PODAMOS HACER AHORA A LAS POBLACIONES MUSULMANAS

El 22 de agosto siguiente, su solicitud se hace más urgente. Quiere salir para el Sahara, «sin un solo dí de retraso» «tan pronto como sea posible». «El recuerdo de mis compañeros muertos sin sacramentos, sin sacerdotes hace veinte años, en las expediciones contra Bou Amama, en las cuales participé, me impulsa urgentemente a salir para el Sahara lo antes posible, en el mismo momento que me haya concedido la facilidades necesarias, sin un día de retraso, porque un día adelantado puede ser la salvación de uno de nuestros soldados. Así que considero que es un deber de caridad dirigirme a usted de nuevo para salir tan pronto como sea posible (…) El objetivo es dar asistencia espiritual a nuestros soldados, para evitar que sus almas se pierdan por falta de los últimos sacramentos; y, sobre todo, para santificar a los pueblos infieles llevándoles a Jesús, presente en el Santísimo Sacramento, como María santificó la casa de Juan el Bautista, llevando con ella a Jesús6«.

Por su parte, el abad de Nuestra Señora de las Nieves, el 15 de julio7, el padre Huvelin, el 25 de agosto8, el obispo de Viviers, el 5 de septiembre9, se apresuraron a escribir a las autoridades eclesiásticas con jurisdicción sobre el Sahara para recomendar a unos y a otros al «humilde y santo sacerdote que quiere ayudar(les)». Mientras tanto, Carlos de Foucauld se encuentra todavía en Nuestra Señora de las Nieves, preparando su salida para Argelia. El 31 de agosto, recibió una carta, fechada el 27 de agosto, de Mons. Guérin, recién nombrado responsable de la Prefectura Apostólica del Sahara que acaba de eregirse: éste le pide «todavía un poco de tiempo para pensar y reflexionar antes de darle una respuesta final10«.

El 4 de septiembre, Mons. Guérin quiere llegar a Ghardaïa sin pérdida de tiempo y envía a Nuestra Señora de las Nieves un telegrama invitando al Padre de Foucauld a presentarse sin tardar ante él en Argel. Éste, sin más demora el día siguiente, el 6 de septiembre, salió de Nuestra Señora de las Nieves.

El 8 de septiembre, sube en peregrinación a la Sainte Baume, para confiar esta nueva etapa de su vida a «Santa Magdalena, su madre» El 9 de septiembre, antes de embarcar en Marsella hacia Argel, escribe a Marie de Bondy y le explica el doble objetivo que le mueve a actuar así: «He hecho gestiones para ir al sur de la provincia de Orán, en la frontera de Marruecos, a una de las guarniciones francesas que no tienen sacerdote para vivir allí como monje, silencioso y enclaustrado, no a título de capellán, ni de párroco, sino como un monje que ora y administra los sacramentos: el objetivo es doble: 1°, evitar que nuestros soldados mueran sin sacramentos, en lugares donde la fiebre los mata en gran número y no hay ningún sacerdote; 2° y, sobre todo, hacer el mayor bien que actualmente se pueda a las poblaciones musulmanas tan numerosas y tan abandonadas, llevándoles a Jesús en el Santísimo Sacramento como la Santísima Virgen santificó a Juan el Bautista llevando junto a él a Jesús11«.

DE SEPTIEMBRE 1901: DE VUELTA AL SUR DEL SAHARA

Del 9 de junio 1901 al 9 de septiembre 1901, unos tres meses después de su ordenación, experimenta un giro en su vida, «un cambio en su vida, porque a partir de ahí, es la vida, los acontecimientos, los encuentros con las personas, que lo que le van a transformar», como escribió Antoine Chatelard12.

Llegando a Argel el 10 de septiembre, es recibido por Mons. Guérin – «mi obispo a partir de ahora» – dirá él, que le señala su destino, una vez obtenido los permisos necesarios de las autoridades civiles y militares. Inmediatamente comunica las nuevas noticias a Marie de Bondy. «Se decidió que voy a establecerme en una guarnición francesa llamada Beni Abbés (…) ¡Es un oasis importante del Sahara, situado en la frontera de Marruecos! (…) La tarea asignada a su hijo es muy hermosa: llevar el Santísimo Sacramento al Sahara, y al suroeste, más allá probablemente que nunca, y ciertamente desde la época de San Agustín, santificar las almas a través de la presencia divina, llevar los consuelos de la religión a nuestros soldados que mueren. Es una tarea muy grande, muy bella, pero que pide una gran virtud. El buen Dios nunca falla y estoy seguro de tener siempre su ayuda, pero tengo miedo de fallarle y desconfío de mí (…) Orad mucho para que sea fiel13«.

Todavía residirá cerca de un mes en la Trapa de Staouëli donde había permanecido antes durante cinco años14.

El 24 de septiembre, anota en su cuaderno: «Recibido poderes para establecerme en el Sahara (de Mons. Guérin, prefecto apostólico de Ghardaïa), el 24 de septiembre de 1901, fiesta de Nuestra Señora de la Merced15«.

El 26 de septiembre, escribiendo a Marie de Bondy, ya está en su pensamiento Beni Abbés, evocando a la vez, no sin emoción, la estancia que acaba de vivir en Francia para «salir de nuevo», renovando así su sacrificio del 15 de enero 1890, hacia «la nueva vida que comienza (…)» .

En Beni Abbés, estaré actualmente, solo como sacerdote, el más cercano está a 400 kilómetros. Mi prefecto apostólico (…) me permite tener compañeros; así, si quieres hacerme compañía, orad a Jesús para elegir estos compañeros, si es su voluntad (…) Yo estuve en Nuestra Señora de África con Mons. Guérin, para poner esta nueva vida que empieza para él y para mí (porque acaba de ser nombrado) bajo la protección de la Santísima Virgen. (…) No dejo de emocionarme ante la idea de haberme encontrado tan cerca de usted, de no volver a verla y de marcharme de nuevo16«.

HACIA SU TIERRA PROMETIDA

El 15 de octubre, con todas las aprobaciones necesarias, se va a Beni Abbés. Vale la pena leer algunos extractos de la carta17 -escrita con humor- que el prior de la Trapa de Staouëli dirige a don Martín, abad de Nuestra Señora de las Nieves contándole «la narración de los acontecimientos» que han defraudado a los Trapenses y los Padres Blancos del que llaman «Nuestro querido peregrino». Una historia digna de las Florerillas, que nos permite seguir «al Padre Alberic» desde su llegada a Argel, su «examen final»ante los Padres Blancos y su éxodo hacia la tierra prometida

«Pienso corresponder a vuestro deseo, enviándole algunos detalles relacionados con el éxodo de nuestro querido Padre Alberic. Debe ahora encontrarse muy cerca de su tierra prometida; recibí noticias recientemente. La Divina Providencia parece en realidad ayudarle en su proyecto y espero que por fin encuentre «el pequeño rincón» que busca desde tanto tiempo con una perseverancia invencible. A su llegada, nos reunimos en el puerto con el excelente Padre Guérin recién nombrado Prefecto Apostólico del Sahara. Estas dos almas están hechas para entenderse y apreciarse mutuamente, hubo cierto recelo, al principio una cierta resistencia de parte de los Padres Blancos, y los viejos conservadores de la Maison Carrée, han examinado cuidadosamente a su auxiliar por unos días; Mons. Livinhac llegó con acierto de Cartago y puso fin a toda vacilación en la decisión pronunciándose en favor del candidato.

«Todavía le faltaba la autorización del gobernador y la garantía de la protección de los militares. Todas las dificultades se resolvieron una tras otra, protectores y amigos surgieron como por arte de magia. (Completé su bolsita y organizamos para el futuro un servicio regular de abastecimiento). Quedaba por encontrar un banquero, se ofreció la Sra. de Bondy y cumplirá con todos los cargos. Nos trasladamos finalmente el día de Santa Teresa (el 15 de octubre). El ferrocarril dio cuenta de que estaba transportando a un apóstol y redujo sus aranceles en consecuencia, Por fin – último rasgo de la Providencia – por el camino nuestro solitario encontró el jefe del puesto de Beni Abbés, su futura residencia, a un ex alumno de la Escuela de la Rue des Postes que le obligó a comprar un caballo y viajar con él hasta el final de su viaje. El santo hombre se resignó con dificultad a renunciar a un paseo de 400 kms que se había prometido hacer caminando por el desierto, pero el país es tan inseguro para los individuos solitarios que no pudo rechazar la oferta de un compañero»18.

Esto es lo que escribió el prior de Staouëli el 1 de noviembre 1901. De hecho, en ese momento, el Hermano Carlos de Jesús ya estaba en Beni Abbés, «su tierra prometida», a donde había llegado cuatro días antes, el 28 de octubre. De inmediato, por decirlo así, está al «pie de obra» El día siguiente el 29 de octubre, celebra por vez primera la Santa Misa, como lo anota en el cuaderno convertido en el «Cuaderno de Beni Abbés»

ACABO DE LLEGAR A BENI Abbés

La tarde de la fiesta de Todos los Santos, sólo cuatro días después de su llegada, escribió al padre Huvelin para darle sus primeras impresiones y comentarle sus primeros proyectos de actividades:

«Beni Abbés, fiesta de Todos los Santos 1901.

Mi querido Padre,

¡Acabo de llegar a Beni Abbés, el lugar de mi descanso! Espero que sea aquí donde mi alma se irá para la otra vida (…) El viaje, obviamente, fue bendecido por Dios: el lugar de Beni Abbés también fue claramente inspirado por él; sólo éste, de todos los que he cruzado durante últimos 15 días, puede ser, y es perfecto, como lugar, población, guarnición, todo finalmente (…) He recibido aquí, de los oficiales, de los soldados, de los musulmanes, una acogida sin igual: esta mañana celebré la Misa en frente de todos los oficiales, suboficiales y más soldados que la sala podía contener (…) Ruegue a Jesús por su hijo para que sea digno de su gracia y haga el bien que hay que hacer. Hay un bien inmenso que hacer, tanto a los soldados como a los musulmanes. Todos me acogieron de manera maravillosa, pero debo ser lo que debo ser, y tímido, débil, incapaz como soy, me temo no serlo: rogad por mí (…)

Voy a tratar de conseguir un huerto, un terreno, una gran capilla suficiente para acoger a todos mis feligreses (…) Podría hacer mucho bien a los oficiales (inteligentes, sin educación religiosa, pero cuya mente funciona), dándoles buenos libros, pero cuáles ¿Bossuet? ¿Lacordaire? ¿Qué más? ¿No sé? Usted me hará un gran servicio enviándome algunos títulos y nombres de autores (…) Esto, creo, es la única manera de hacer el bien junto a la oración, el ejemplo y el amor (…)

Me pongo a sus pies, rogándole que bendiga a su hijo humilde e indigno que os ama y os venera con todo su corazón en el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesús Amado».

H. Carlos de Jesús».

DE BENI Abbés, CARLOS DE FOUCAULD VUELVE HACIA LOS QUE DEJÓ

El sacerdote que llegó a Beni Abbés en octubre de 1901 muestra que no se ha olvidado de dónde viene: de Nuestra Señora de las Nieves y de la diócesis de Viviers. El 5 de noviembre, escribe a Don Martín, el abad de Notre Dame des Neiges:

«Beni Abbés el 5 de noviembre de 1901,

Mi querido Padre

«Llegué al lugar elegido para mi instalación, después de un viaje excelente. ¡Que Jesús sea siempre alabado! Estoy confundido y me alegra ver cómo resolvió y allanó todas las dificultades. Orad por mí para hacer el bien que hay que hacer, para que sea fiel; cuanta más gracia recibo, más veo mi miseria y tiemblo ante la posibilidad de ser infiel. Me están construyendo una capilla con tres celdas y una sala grande para recibir a los invitados: me quedaré a 400 metros de las otras casas, suficientemente lejos como para estar solo, y lo suficientemente cerca como para que vengan fácilmente a misa y ante el Santísimo Sacramento. Los oficiales y soldados rivalizan en caridad hacia mí, son lo suficientemente buenos para ayudar a mi misa hasta ahora. Mi capilla y las celdas (…) estarán terminadas en quince días o tres semanas como mucho, pienso. Hasta entonces, tengo una sala muy digna para celebrar la Santa Misa (con sus ornamentos, su cáliz, su misal, y finalmente todo lo que viene de usted, no me olvido). Si es posible voy a alquilar una pequeña parcela de tierra y plantar patatas.

No me olvido ni de usted, mi querido Padre, ni de todos sus queridos religiosos. Le ruego lo mejor para usted y para ellos… Presentad, mis más profundos, devotos y agradecidos respetos a Mons. el Obispo de Viviers cuando lo vea. Orad para que su humilde hijo que le está tan profundamente agradecido y tan filialmente devoto del Sagrado Corazón de Jesús.

Hermano Carlos de Jesús»19.

AHÍ ESTÁ A LA ALTURA DE SUS DESEOS

A finales de 1901, desde Beni-Abbés, Carlos de Foucauld escribe también al obispo de Viviers. Lamentablemente esta carta no ha sido conservada, y es muy difícil adivinar el contenido sólo a partir de la respuesta que le hizo Mons. Bonnet, el 13 de enero 1902, en el contexto y el estilo de la época. A lo sumo, se puede argumentar que la frase «¡usted está a la altura de sus deseos!» hace alusión a la alegría y al entusiasmo que el Hermano Carlos había manifestado en su carta, la alegría de encontrarse «en el lugar de su descanso», como en la antesala del Paraíso. Durante un tiempo, por lo menos (…) antes de reanudar su búsqueda incesante de un amor absoluto que nunca lo dejará descansar (…).

«Obispado de Viviers, 13 de enero 1902

Mi querido padre. No tiene idea de la alegría que me trajo su carta. Está a la altura de sus deseos, habéis traído nuestro Señor a una tierra que rechazaba su hospitalidad. ¡Qué bendiciones y gracias descenderán de su Corazón sobre estas desgraciadas zonas que se van a colocar bajo la influencia de su amor infinito! Usted verá qué poder tendrá su palabra y qué influencia ejercerá su ministerio. Usted renovará en estas regiones abandonadas, las maravillas conseguidas por los apóstoles. Tendrá las mismas ayudas sobrenaturales y hará los mismos prodigios. Pero también, tendrá que luchar como ellos, tal vez hasta el martirio, contra el poder satánico que va a perturbar, trabajando por la ruina de su funesto imperio. Por lo tanto, antes de enviarle, el Señor le ha dado el espíritu de oración y de mortificación, las únicas armas poderosas contra el diablo.

Puesto que está por su misión tan cerca de Dios y tan poderoso sobre su corazón, orad por su querida diócesis que tiene el honor de tenerlo entre sus sacerdotes, recordad delante de Dios, a menudo, a su pobre obispo, teniendo en cuenta que aquí no le olvidaremos y que hablaremos a menudo a Dios de sus obras, de sus peligros, de las almas que codiciará su celo.

Recibid, querido padre, con mis bendiciones y con mis mejores deseos, el testimonio de mi respetuoso y de mi tierno afecto.

J. M. Frédéric, ob. de Viviers».

HACE 100 AÑOS DE FOUCAULD LLEGABA A BENI Abbés.

En este mismo año 1901, unos meses antes, la Santa Sede había erigido la Prefectura apostólica del Sahara (que incluía el oasis sahariano de Beni Abbés), con sede en Ghardaïa y nombraría como primer Prefecto apostólico a Mons. Guérin. Esta Prefectura apostólica del Sahara se transformará en Vicariato apostólico en 1941 y en diócesis en 1955, con la sede episcopal en Laghouat actualmente con su obispo residente en Ghardaïa.

Precisamente en Ghardaïa, en el año 2001, la diócesis de Laghouat quiso celebrar sus 100 años de historia, junto con el 100 aniversario de la ordenación de Carlos de Foucauld y su llegada a Beni Abbés. Esto permitió a los participantes leer durante una sesión la historia de esta iglesia del Sahara y releer desde este lugar los últimos 15 años de la vida del Hermano Carlos de Jesús.

ANDRÉ ROUSTAN

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1 El padre de Foucauld: es así como lo nombraba Mons. Bonnet en la carta de recomendación, dirigida a Monseñor Livinhac el 5 de septiembre 1901. Lo mismo ocurre con el Padre Huvelin, el 3 de octubre de 1901, le aconsejaba presentarse a los soldados, no como el Hermano Carlos de Jesús, sino como el Padre de Foucauld, un ex oficial. «¡Así serán más edificados por la sencillez de su vida!» (Correspondencia Padre de Foucauld – Padre Huvelin p. 193). En 1904, durante un retiro en Ghardaïa, entre las 38 defectos que reconoce, se refiere en el «35 lugar»: «No he insistido suficiente para que me llamen «hermano «en lugar de «padre» (Solo con Dios, p. 189.)

2 Correspondencia Padre de Foucauld – Padre Huvelin p. 182.

3 Cartas a Henry de Castries, p. 83-85.

4 Cartas a Henry de Castries, p. 87.

5 Correspondencias saharianas, p. 26

6 Ibid., p. 27-28.

Este querido último lugar, p. 243.

Correspondencia Père de Foucauld – Abbé Huvelin, p. 190.

9 Este querido último lugar, p. 245.

10 Correspondencias saharianas, p. 29-30.

11 Cartas a Madame de Bondy, p. 85.

12 Una mirada nueva sobre Charles de Foucauld, p. 62- (Pro manuscrito)

13 Cartas a Madame de Bondy, p. 86.

14 Este querido último lugar Esta querida última plaza, p. 258.

15 Cartas à Madame de Bondy, p. 86.

16 Cartas a Madame de Bondy, p. 87

17 Este querido último lugar, p. 259

18 La carta que el Hermano Carlos escribió a Marie de Bondy corrobora el dicho del Prior de Staouëli: «Quería viajar caminando a pies como un pobre monje; he tenido de aceptar un caballo y una escolta.». Cartas a Madame de Bondy, p. 91.

19 Este querido último lugar Este querido último lugar, p. 261-263.

Fuente: https://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/166/Desde-Viviers-a-Beni-Abbes.htm