¿Qué es el Tiempo de la Creación?

Por María de los Ángeles Casafus Carrillo
Consultora Espiritual, Movimiento Laudato Si’

El Tiempo de la Creación es un tiempo de gracia que todas las iglesias cristianas, en diálogo ecuménico, ofrecen a la humanidad para que renueve la relación con el Creador y con la creación.

En otras palabras, el Tiempo de la Creación es la celebración ecuménica anual de oración y acción por nuestra casa común.

¿Cuándo nos reuniremos?

El Tiempo de la Creación comienza el 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, y termina el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, el santo patrono de la ecología amado por muchas denominaciones cristianas.

Los individuos y las comunidades están invitados a participar a través de la oración, los proyectos de sostenibilidad y la incidencia.

  • Oración: Organiza un encuentro ecuménico de oración que una a todos los cristianos para cuidar nuestra casa común.
  • Sostenibilidad: Dirige un proyecto de limpieza que ayude a que toda la creación prospere.
  • Incidencia: Alza tu voz por la justicia climática participando o liderando una campaña en curso, como el movimiento de desinversión de combustibles fósiles.

Te invitamos a programar tu propia participación en la temporada. Como primer paso, visita tiempodelacreacion.org. Allí encontrarás la guía oficial de la celebración del Tiempo de la Creación, una amplia gama de recursos y un formulario para registrar tus eventos.

MIRA: ¿Qué es el Tiempo de la Creación?

¿Por qué es importante?

Actuar durante el Tiempo de la Creación es vivir nuestra fe.

Jesús exhorta a los creyentes a trabajar por el bien común, lo que requiere dignificar la vida en todas sus formas, cuidar la casa común, comprometerse con la construcción de sociedades más justas, solidarias, fraternas y en paz, entre otros aspectos fundamentales.

A menudo, cuando se habla de creación se relaciona con la naturaleza, los animales, los paisajes, el sol, la luna, pero pocas veces se toma conciencia que el ser humano es el culmen del trabajo creador del Padre, “vio entonces Dios todo lo que había hecho y todo era muy bueno” (Gn 1,31), nos dice la Sagrada Escritura, dando a entender que Dios, después de la creación del hombre y de la mujer se complace al ver todo su trabajo.  

Respecto a esto, es importante mencionar que, en la Biblia, hay diferentes referencias a la obra creadora del Padre, quién hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos (Rm 4,24) y, además, con amor lo dispone todo para sustentar y promover la armonía: “Fíjense en las aves del cielo; ni siembran ni cosechan ni guardan en graneros, y sin embargo el Padre celestial las alimenta” (Mt 6,26).

Es decir, no solo es un Dios creador, sino un Padre amoroso que cuida con ternura la obra de sus manos y tiene un sueño de fraternidad para la humanidad entera.

De acuerdo con lo anterior, el Tiempo de la Creación es una celebración que permite que todas las personas nos reconozcamos “obra del acto creador del Señor”, contemplemos la naturaleza y todo lo que habita en ella, y cuidemos nuestra Casa Común.

Es necesario que todos los creyentes nos integremos a la celebración del Tiempo de la Creación. Dado que “lo que era bueno a los ojos de Dios se ha convertido en una cosa explotable en las manos del hombre”, y es urgente que todos nosotros los cristianos implementemos acciones concretas con el cuidado y preservación.

MIRA: Cómo la familia cristiana mundial se une durante el Tiempo de la Creación

La historia del Tiempo de la Creación

En 1989 el Patriarca Ecuménico Dimitros I proclamó el 1 de septiembre como el Día de Oración por la Creación para los ortodoxos.

Posteriormente, el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) extendió la celebración hasta el 4 de octubre, día de San Francisco de Asís. Por su parte, en 2015 el Papa Francisco hizo oficial el Tiempo de la Creación para la Iglesia Católica Romana. 

Al respecto, el Papa Francisco expresó en 2015:

“La Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que se celebrará anualmente, ofrecerá a cada creyente y a las comunidades una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos. La celebración de la Jornada en la misma fecha que la Iglesia Ortodoxa será una buena ocasión para testimoniar nuestra creciente comunión con los hermanos ortodoxos”.

Cada año, líderes cristianos de todo el mundo animan a los fieles a participar en el Tiempo de la Creación.

En 2020, en su bendita carta de año nuevo, Bartolomé I de Constantinopla invitó a los hombres y mujeres ortodoxos a aprovechar el nuevo año para actuar en favor de la creación y evitar más daños ecológicos a la Tierra de Dios.

“La lucha por la protección de la creación es una dimensión central de nuestra fe. El respeto al medio ambiente es un acto de doxología del nombre de Dios, mientras que la destrucción de la creación es una ofensa al Creador, totalmente irreconciliable con los principios básicos de la teología cristiana”, escribió.

“Hacemos un llamamiento a los jóvenes ortodoxos para que se den cuenta de la importancia de vivir como cristianos fieles y contemporáneos”.

El arzobispo de Canterbury, Justin Welby, pide sistemáticamente a los fieles que celebren también el Tiempo de la Creación.

En 2019, describió la crisis climática como “el mayor desafío al que nos enfrentamos nosotros y las generaciones futuras”, y pidió a los cristianos de todo el mundo que lucharan contra el cambio climático con mayor urgencia y solidaridad durante todo el año, pero especialmente durante el Tiempo de la Creación.

Un tema nuevo cada año

Cada año, el Comité Directivo Ecuménico sugiere un tema y proporciona recursos que orientan la celebración del Tiempo de la Creación; en 2019 el tema fue “Red De Vida”.

El tema de 2020 fue “Jubileo Por La Tierra”.  Se trató de un año marcado por una nueva realidad, en la que todos los seres humanos recordamos que somos vulnerables y que, además, necesitamos de los otros para subsistir, la pandemia de COVID 19, aún con todo el dolor causado fue y sigue siendo, una oportunidad para que todos volvamos los ojos a Dios.

Con alegría, pudimos constatar que durante el Tiempo de la Creación 2020, miles de personas y comunidades participaron en eventos vivificantes, iluminando el camino de nuestras hermanas y hermanos más vulnerables, que buscan esperanza en medio de una pandemia y del recrudecimiento de la crisis climática, entre otras crisis que afectan a nuestro mundo.

Para este año, el tema propuesto es: “¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios”. Oikos es la palabra griega que significa “hogar” o “casa”; así mismo, el símbolo propuesto es la Tienda de Abraham, que representa nuestro compromiso de preservar un lugar para todos los que comparten nuestra casa común: Descubre aquí la guía de celebración para TdC 2021

¿Quiénes pueden participar en la celebración del Tiempo de la Creación?

Todos: creyentes y no creyentes. Porque todos estamos llamados a vivir en armonía, siendo custodios responsables de nuestra casa común, lo que implica que todos debemos comprometernos en el cuidado de la vida en todas sus formas, recordemos que cuidar no solo se refiere a proteger, sino que necesariamente implica amar, contemplar y sentirse parte de la obra creadora de Dios. 

Te invitamos a que te animes y hagas parte de esta celebración a nivel personal, familiar y comunitaria. Comparte publicaciones en redes sociales con el hashtag #SeasonofCreation o #TiempoDeLaCreación. Y no olvides encomendar este tiempo al Señor con la Oración para el Tiempo de la Creación 2021.

«No podemos volver al mundo de antes. Nuestras vidas han de encontrar un sentido y una cualidad»

El hermano Pedro de Taizé, amigo personal de juventud en Barcelona, hace cincuenta años que forma parte de la Comunidad.

Catalunya Religió. Dll, 30/08/2021

Ramon Bassas –CR)


El hermano Pere es miembro de la comunidad ecuménica de Taizé desde hace cincuenta años. “Conocí la comunidad por los escritos del hermano Roger, el fundador, en este pequeño pueblo del sur de la Borgoña, a unos cien km. al norte de la ciudad de Lyon. Con un equipo de la parroquia vinimos para participar en un encuentro, me desveló mucho, ensanchó mi mirada sobre el mundo, empecé a pensar que quizás me podría quedar… el resto son cosas del Espíritu!”, me comenta.


En verano, los jóvenes de menos de 29 años pueden acompañarlos durante una semana, de domingo a domingo, participando en las plegarias de la comunidad de hermanos, tres golpes en el día con los cantos meditativos, tradicionalmente conocidos como cantos de Taizé”. “Hay momentos de reflexión e intercambio de experiencias con jóvenes de todas partes” —señala el hermano Pere—. “También participan en los talleres de temas sociales, ecológicos, espirituales, bíblicos. Algunos espacios están reservados para vivir un tiempo de silencio”


Este año los encuentros parten del mensaje que ha escrito hermano Alois, el prior de la comunidad y que se llama “Esperar en todo tiempo, que busca desvelar la atención en los signos de esperanza”. A nivel más práctico, en verano se puede llevar tienda y se tendrán que adaptar a las medidas

El alojamiento y las comidas son muy sencillas y se toman en común. Cada cual aporta su participación económica para hacer posible la acogida. A cada joven participante se le encomienda un servicio durante la semana. También hay jóvenes que se quedan algunas semanas o meses como voluntarios.

Los encuentros internacionales de jóvenes a Taizé empezaron hace muchos años, verdad?


Sí, los hermanos abrieron sus puertas para crear un lugar de encuentro entre jóvenes de tradiciones cristianas y culturas diferentes, para ir juntos a las fuentes espirituales y encontrar fuerzas para habitar juntos nuestro planeta con dignidad y cuidando la Tierra.

Los encuentros son cada semana durante todo el año. Son diferentes, ahora que somos en periodo de vacaciones?

Venir a Taizé no es ir de vacaciones. Venir a Taizé es ponerse en camino para descubrir o redescubrir un sentido en la vida, y para retomar el aliento. Estar en Taizé significa también prepararse para asumir responsabilidades de vuelta a casa, para ser portadores de paz y de confianza. Quién viene a Taizé es recibido por una comunidad de hermanos que han tomado el compromiso de seguir el Cristo con una gran sencillez de vida.

Tengo entendido que con la pandemia habéis tenido que cerrar al menos en tres ocasiones. Cómo lo vivís?

La incertidumbre de esta pandemia nos ha hecho más disponibles pero también más vulnerables. Hemos tenido que adaptar horarios y estilos de vida. La pandemia nos hace estar cada vez más atentos a los otros y en la Tierra. Los encuentros personales son fuente de vida.

Y qué retos os planteáis a partir de ahora?

>Queremos poner en práctica esta nueva sensibilidad a la solidaridad hacia toda la familia humana y hacia toda la creación. No podemos volver «al mundo de antes», «a la normalidad». Nuestras vidas tienen que encontrar un sentido y calidad. Cambio interior y cambio de prioridades.


El hermano Pere nació en Barcelona, hijo de una familia de agricultores aragoneses emigrados en Cataluña. “Hice estudios de comercio, sociología y después un poco de teología, antes de hacer toda la formación para ser hermano de Taizé” —me explica—. “Siempre buscaba como poner en práctica los dones recibidos: para mí el do más grande, junto con la vida, es la fe, do de Dios y de mis padres. Siempre me pregunto cómo vivir mis dones en el servicio de la humanidad”.

No hay que decir, pues, que la fe juega todavía un papel fundamental en su vida. Es el motor. Es la voz interior que siempre me dice “Levántate, adelante! Dios te estima y quiere que seas feliz”. La profundización más intelectual también tiene su lugar, pero el importante es esta voz de confianza, voz que invita a seguir el Cristo y su Evangelio.
Y que podríamos hacer por Taizé?


Si podéis, venid! En este tiempo de pandemia vuestra ausencia ha sido difícil, vuestra presencia cuenta mucho para nosotros. Os hemos echado de menos. Necesitamos compartir los dones de cada uno.

Introducción al día del Desierto

Desierto de la Paz (Murcia)

 Aurelio Sanz

El desierto es un lugar, un espacio. Es el tiempo que, en gratuidad, nos da el Señor; no un tiempo que le damos como ofrenda. Estamos acostumbrados a realizar un día de desierto mensualmente, pero también es una situación en la vida que puede durar no sólo un día, sino semanas o meses. 

Es bueno empezar el desierto haciendo silencio interior, eliminando los ruidos internos, aunque éstos nos sorprendan una y otra vez a lo largo de la jornada. Debemos vaciarnos, desnudando el corazón ante Dios, presentándonos ante él vacíos, para que sea él y sólo él quien nos llene. Los discípulos de Emaús no van de camino haciendo desierto: están llenos de ruidos interiores. Sólo cuando saben escuchar a Jesús lo reconocen.

Para silenciarnos puede ayudar comenzar repitiendo alguna jaculatoria, bien de la Biblia (“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, “Habla, Señor, que tu siervo escucha”, “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero”…) o alguna expresión personal.

Es importante el silencio externo: que los sonidos de la naturaleza sean un espacio contemplativo, así como la luz solar, la luna, las estrellas, el frío o el calor, el campo, la montaña, el mar, las plantas. Son espacios contemplativos, pero no objeto de nuestra poesía o admiración. Sólo en el silencio podremos escuchar a Dios: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón”. El desierto es búsqueda, no huída: buscar y dejarnos llevar por él, abandonarnos en nuestro guía.

El hermano Carlos vive en el desierto porque su vida es una continua búsqueda; un discípulo de Emaús cuyo acompañante estaba muy lejos. Carlos de FOUCAULD sabe escuchar a Dios y de él vive permanentemente enamorado. El desierto no es adoración, sino búsqueda y escucha. Por eso, el hermano Carlos hará de la Adoración el momento de encuentro amoroso con Jesús, el bien amado, y el espacio perfecto de unión con él.

Quien hace verdadero desierto no pretende hacer una terapia, ni reforzar su autoestima, ni un día de excursión, ni una manera de estar en paz consigo mismo o con la naturaleza.  Podemos regresar del desierto más preocupados o inquietos que al ir a él. “Cuando Dios habla, nos quedamos mudos” (José SÁNCHEZ RAMOS). Poco a nada podemos decir: sólo contemplar, sentirnos queridos por él.

En el desierto dejamos de “mirarnos el ombligo”, para no caer en la actitud del fariseo: “Te doy gracias, Señor, porque no soy como los demás hombres…”. El desierto es el lugar donde Dios nos enseña a valorarnos más, a valorar mucho más a los demás cuando de nuevo nos encontramos con ellos. El verdadero fruto del desierto se nota en la vida, cuando ésta se hace problema, cuando es gozo y alegría, como las pequeñas semillas que están en la tierra o en la arena del desierto y que generan plantas verdes, hermosas, cuando llueve.

En el desierto podemos encontrar mucha paz o mucho desasosiego: encontrarnos con nuestra realidad nos puede dar miedo, y tenemos el riesgo de convertir el desierto en una evasión. Sólo si sabemos apreciar el amor de Dios, que nos escucha, perderemos los miedos y estaremos pisando tierra. “Nada te turbe, nada te espante. Dios no se muda, todo se pasa. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta” (Teresa de Jesús). Y así se fortalece nuestra esperanza.

El desierto no es el lugar para escribir nuestras memorias, ni nuestros pensamientos, aunque éstos estén cargados de fe y de buenos sentimientos. Tampoco para leer, ni la Biblia, ni textos de espiritualidad. Tampoco para rezar, ni el rosario ni la Liturgia de las Horas. Es tiempo gratuito para el Señor, sólo para él, no para nosotros mismos. Leer, rezar, escribir, podemos hacerlo en otros momentos. Un buen desierto nos ayudará después a preparar una buena Revisión de Vida o a tomar decisiones que antes no teníamos claras.

En el desierto saboreamos la presencia de Dios fuera de la Eucaristía y del factor humano: su cercanía, hasta su abrazo. Sólo eso, en actitud de escucha y de búsqueda, es lo importante. Así es como el Señor nos habla, con el lenguaje del Dios Amor que mira a sus hijos con ternura, sin malas  miradas ni recriminaciones o reproches.

También saboreamos lo material, nuestros cuerpos, lo que nos rodea, la comida o el agua que llevamos o encontramos como un gran regalo. Hasta el momento de comer debe ser un acto contemplativo, sintiendo que el alimento es naturaleza hecha por Dios que nos nutre. “En esa naranja, en esa manzana, está el mundo” (José SÁNCHEZ RAMOS). Y el agua, obra de Dios que nos calma la sed, nos refresca y nos purifica. Por eso es bueno comer y beber muy despacio. Hay que llevar lo necesario, ni mucho ni poco, para no preocuparnos si va a faltarnos, para que no nos provoque ansiedad la falta de agua si hace mucho calor.

Al desierto no vamos a mortificarnos ni inmolarnos, ni a encontrar nuestro bienestar. No es unas pequeñas vacaciones. Vamos a buscar a Dios, a escuchar su voz, a gozar de su presencia. Todo ello nos hará estar después más cerca de los demás. 

                                                Buen desierto, hermanos.

Teresa de Jesús y Carlos de Jesús: exploradores de Dios en una tierra herida

Tercera ponencia del Encuentro Interfamiliar que se celebró en Ávila (España) para conmemorar el Centenario.         

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Presentación del ponente
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Esquema de la ponencia

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Presentación del ponente

Miguel Márquez es actualmente provincial de la nueva provincia ibérica de Santa Teresa de Jesús, del Carmelo. Es un hombre con un gran don y actitud para la escucha. Nació en Plasencia en 1965 y es licenciado en Teología Dogmática por la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid. Profesó en la orden en 1985, emitió su profesión solemne en 1989. Es autor de libros como ‘Hacia dónde mirar. Espiritualidad en la vida cotidiana’, ‘Amar no es acertar. Espiritualidad para náufragos’ y ‘A la puerta de la cueva… Experiencias de Dios a la intemperie’.

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 Esquema de la ponencia

>– Desde el Sur

>– Gracias

>– Están vivos

>– Hermano universal

>– Místicos, sabios y profetas

1. Teresa y Carlos, testigos vivos

  • Entre dos Centenarios (1515 – 1916)
  • Fascinación: de Bazin a Chatelard, de la hagiografía a la humanidad
  • Familiaridades y afinidades entre Teresa y Carlos
  • Claves para pisar esta tierra

2. Tres claves esenciales y tres preguntas

  • AVENTURA

«Aventuremos la vida»

(Brújula, barómetro y sextante… cuaderno de 5 cm y lápiz de 2 cm).

  • ANONADAMIENTO… ABANDONO

«… nuestro anonadamiento es el medio más poderoso que tenemos para unirnos a Jesús y hacer bien a las almas.»

  • ADORACIÓN

Maestros de oración progresivamente conducidos al discipulado del no saber y no sentir, del no orar…

A LA ESCUCHA DEL ESPÍRITU HOY… DEJARNOS DISCERNIR:

* Pequeñas minorías creativas (Benedicto XVI)* Doy gracias por nuestro fracaso (Mons. Agrelo)* Por las grietas entre la luz (Leonard Cohen)* Hospedar lo extraño. Dialogar (Von Balthasar)* Ofrecerse como instrumento (Papa Francisco)* La Gracia (K. Rahner)* No son tiempos de derrota (Sebastián, secr. Caritas)Evangelii Gaudium 22:La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf. Mc 4,26-29). La Iglesia debe aceptar esa libertad inaferrable de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas. 
Enlace al texto completo de la ponenciahttp://familia-carlosdefoucauld.blogspot.com.es/2017/02/teresa-de-jesus-y-carlos-de-jesus_15.html

IX JORNADAS DE DESIERTO ONLINE (2021)

JORNADAS DE DESIERTO ON LINE

Desde el año 2012 se vienen celebrando las Jornadas de desierto on line, la última semana del mes de noviembre y como preparación a la fiesta del aniversario de la muerte del hno. Carlos de Foucauld, que ocurrió el 1 de diciembre de 1916 en Tamanrasset (Argelia), animadas por José Luis Vázquez Borau. Son jornadas de desierto que se proponen a todo el mundo que desee participar. La media de participantes es de 50 personas: laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas. Algunos son miembros de la Familia espiritual del hno. Carlos.

Fruto de esta experiencia se ha ido elaborando un material que puede ser una ayuda para quien desee hacer los 40 días de desierto, ya que cada uno de los cinco libros que presentamos, responden a una semana con un tema determinado:

DESIERTO, Espiritualidad Carlos de Foucauld nº 1

NAZARET, Espiritualidad Carlos de Foucauld nº 2

EVANGELIO, Espiritualidad Carlos de Foucauld nº 3

EUCARISTÍA, Espiritualidad Carlos de Foucauld nº4

EVANGELIZACIÓN, Espiritualidad CarLos de Foucauld nº 5 (Pendiente de edición)

Pese a ser cinco libros, todos tienen una misma estructura: Estan divididos en los siete días de la semana, de lunes a domingo. Todos los día están divididos en la oración de la mañana, de la tarde y de la noche. Cada día tiene 4 salmos; 3 textos bíblicos; textos del hno. Carlos; de miembros de la Familia espiritual y de los Padres del desierto. De esta manera al finalizar la quinta semana se ha rezado todo el Salterio.

Pero si una persona quiere hacer tan solo una semana de desierto, puede utilizar alguno de los temas propuestos. Y lo mismo si una persona tan solo quiere hacer una jornada de desierto. Estos libros se pueden adquirir en Amazon en versión digital o en papel.

Carlos de Foucauld, testigo de hoy


Charles de Foucauld nació en Estrasburgo, Francia, el 15 de septiembre de 1858. Huérfano a la edad de seis años, fue criado, con su hermana Marie, por su abuelo. Cuando era adolescente, se desvió de la fe.

        Conocido por su gusto por la vida fácil, sin embargo, reveló una voluntad fuerte y constante en las dificultades. Realizó una peligrosa exploración en Marruecos (1883-1884). El testimonio de la fe de los musulmanes despertó en él la pregunta de Dios:

«Dios mío, si existes, déjame conocerte».

        De regreso a Francia, conmovido por la afectuosa y discreta acogida de su familia profundamente cristiana, emprendió una búsqueda. Guiado por un sacerdote, el padre Huvelin, encontró a Dios en octubre de 1886. Tenía 28 años. "En cuanto creí que había un Dios, comprendí que no podía evitar vivir solo para él".

«El amor de Dios, el amor de los hombres, esto es lo que me hace vivir y me hará vivir toda mi vida, espero …»

        Una peregrinación a Tierra Santa le reveló su vocación: seguir a Jesús en su vida en Nazaret. Pasó siete años en La Trappe, primero en Notre-Dame des Neiges, luego en Akbès, en Siria. Luego vivió solo en oración y adoración cerca de las Clarisas de Nazaret.



        Ordenado sacerdote a la edad de 43 años (1901), fue al Sahara, primero a Beni-Abbès, luego a Tamanrasset entre los tuareg de Hoggar. Quería unirse a los que estaban más lejos, "los más abandonados, los más abandonados". Quería que todos los que se le acercaban lo consideraran un hermano, "el hermano universal".

«Quiero acostumbrar a todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos … a que me consideren su hermano, el hermano universal».

        Quería "clamar el Evangelio a lo largo de su vida" con gran respeto por la cultura y la fe de aquellos entre los que vivía.



        En la noche del 1 de diciembre de 1916, fue asesinado por una banda de saqueadores que había rodeado su casa.

     Charles de Foucauld nos muestra una forma de vivir el Evangelio hoy. Desde hace más de un siglo, muchos se han sentido atraídos por este hombre que nos acerca a la intimidad de su Amado y nos empuja a reconocer, en cada persona, un hermano o una hermana en la humanidad.

Hoy, cerca de 15.000 miembros componen la Familia espiritual resultante de la espiritualidad de Charles de Foucauld: 19 grupos componen esta Familia, 11 institutos religiosos, 2 institutos seculares y 6 asociaciones públicas o privadas de fieles en todo el mundo.

por Sisters Hélène

El diálogo en el itinerario espiritual del hermano Carlos

Jean-François BERJONNEAU, France

Publicado por Fraternidad Iesus Caritas

El hermano Carlos vivió sesenta años antes del Concilio Vaticano II.

La noción de diálogo interreligioso tal como la escuchamos hoy en la Iglesia le era totalmente ajena. Aunque creo que fue un precursor de las propuestas del Concilio a la dimensión universal de la misión de la Iglesia. El proceso de diálogo entre los creyentes cristianos y los musulmanes como tal, no entraba en sus categorías. Vivió con la teología de su tiempo en el temor de unirse a los musulmanes para salvar “estas almas ignorantes” haciéndoles conocer a Cristo.

Además, desarrolló su ministerio en un contexto sociopolítico específico. Francia, en su día, extendió su imperio colonial sobre parte de África. Muchos creían en ese momento que estaba haciendo un trabajo civilizador y que podía brindar la educación necesaria para liberar a los pueblos colonizados de la pobreza y la ignorancia. El hermano Carlos se adhirió a este objetivo. Por tanto, no veía en el Islam de su tiempo una religión con consistencia propia, su historia, sus diversas corrientes con algunas de las cuales los cristianos pudieran dialogar.

Si bien el Islam había ejercido sobre él, en un determinado momento de su vida, una cierta fascinación y que el encuentro con los musulmanes constituía para él una etapa significativa en el camino de su conversión, estaría lejos de suscribir esta visión conciliar del Islam según la cual “La Iglesia mira con estima a los musulmanes que adoran al Único Dios, vivo, misericordioso y todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, que habló con los hombres…” (Nostra Aetate No. 3). Por tanto, no se sitúa en la problemática teológica del Concilio Vaticano II, que reconoce en las religiones no cristianas la presencia de “semillas de la Palabra” que pueden constituir una base para entablar un diálogo con los creyentes de otra religión.

Sin embargo, me parece que podemos considerar al hermano Carlos como un precursor del diálogo. Porque instituyó con las poblaciones musulmanas que conoció, en particular con los tuareg, un “diálogo de vida” que luego fue presentado por la encíclica “Ecclesiam Suam” del Papa Pablo VI en 1964 como base fundamental de cualquier diálogo: “No podemos salvar al mundo exterior; como la Palabra de Dios que se hizo hombre, debemos asimilar, en cierta medida, las formas de vida de aquellos a quienes queremos llevar el mensaje de Cristo … Debemos compartir usos comunes, siempre que sean humanos y honestos, especialmente los de los más pequeños, si queremos ser escuchados y comprendidos. Antes incluso de hablar, es necesario escuchar la voz y más aún el corazón del hombre … Debemos hacernos hermanos de los hombres … El clima de diálogo es la amistad ”N ° 87.

Así, el hermano Carlos, dedicando toda su energía y gran parte de su tiempo a aprender el idioma de los tuareg cuya vida compartía, desarrollando conversaciones muy sencillas sobre las realidades de su vida diaria, abriéndose a ellos, la poesía, y así, al intentar comprender la genialidad de este pueblo, supo abrir, mediante el diálogo con sus anfitriones, un clima de confianza hasta el punto en que se convirtió para muchos en “un amigo”. Así demostró que la misión de la Iglesia es también la de suscitar hermanos, respetando las diferencias de cultura o religión, como lo hizo posteriormente la Iglesia en muchos países del planeta. fuerte de las propuestas del Concilio Vaticano II.

Por lo tanto, podemos reconocer, para los sacerdotes de la fraternidad sacerdotal Iesus Caritas que somos, que el hermano Carlos nos abrió una espiritualidad de diálogo que aún puede inspirarnos en los encuentros que vivimos no sólo con los musulmanes sino también con todos aquellos que no comparten nuestra fe. Así, el camino de diálogo que abrió con los tuareg se desdobló en varias figuras fundamentales:

  • Supo alejarse de todo para sumergirse en el país de otro. Llevó a cabo este movimiento que el Papa Francisco llama “una Iglesia en salida”. Quería ser acogido por estas personas y convertirse en la medida de lo posible en “uno de ellos”. E hizo del aprendizaje de su idioma una obra mística, porque fue para él la línea de la encarnación de Cristo en esta humanidad a la que vino a salvar.
  • Aunque su mayor deseo era que los musulmanes se convirtieran a la fe cristiana, nunca ejerció ninguna presión para lograr sus fines. Siempre respetó su libertad. En 1908, reconoció que no haría ninguna conversión y concluyó que probablemente no era la voluntad de Dios. Pero permaneció en medio de este pueblo tuareg en nombre de la alianza que había hecho con ellos, simplemente para avanzar en el camino de la hermandad con ellos.
  • Su objetivo: convertirse en amigo del otro. En una carta que dirigió a un corresponsal, caracterizó así el modo de relación que quería adoptar con los musulmanes que lo rodeaban: “Primero, preparar el terreno en silencio a través de la bondad, el contacto íntimo, ejemplo; amarlos desde el fondo de mi corazón, ser estimado y amado por ellos; De esta manera, romper prejuicios, ganar confianza, adquirir autoridad -esto lleva tiempo- para luego hablar en particular a los más dispuestos, con mucha cautela, poco a poco, de diversas maneras, dando a cada uno según lo que es capaz de hacer. para recibir. “. A falta de poder proclamar explícitamente el Evangelio, él personalmente quiso convertirse en presencia del Evangelio. Esto es lo que quiso decir cuando dijo que quería “clamar el Evangelio no con palabras sino con toda su vida”.
  • Pudo adaptarse a la mirada que Dios tiene sobre los musulmanes que conoció. No los vio primero como “infieles” o “incrédulos”, sino que, en su deseo de convertirse en un hermano universal, los consideró “hermanos amados, hijos de Dios, almas redimidas por la sangre de Jesús, almas amadas de Jesús ”
  • Manifestó el rostro de una Iglesia diaconal. No solo convivió con ellos, sino que también contribuyó, en la medida de sus posibilidades, a la mejora de sus condiciones de vida y al desarrollo de su país. Luchó contra la esclavitud, luchó contra las enfermedades, introdujo la medicina, nuevas técnicas agrícolas y medios de comunicación en este país tan pobre.
  • Siempre que pudo, abrió un diálogo espiritual con los musulmanes. Por supuesto, no se adhirió en absoluto a la doctrina del Islam. Pero reconoció en ella un punto en común con la fe cristiana: el doble mandamiento de amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como a uno mismo. Sobre esta base desarrolló numerosos diálogos con sus amigos musulmanes, mostrándoles en diversas circunstancias cómo este doble mando podía desplegarse en sus relaciones cotidianas.
  • Finalmente, y éste no es uno de los elementos menores del diálogo, hizo del misterio pascual el camino real del diálogo. Porque, contemplando constantemente la vida de Cristo en Nazaret, como él, tomó el camino de la humildad, de la pobreza, de la escucha y del morir a sí mismo en el encuentro con el otro. A lo largo de su vida ha manifestado que “no hay amor más grande que dar la vida por los que amas. “

Al presentarse a sí mismo como “un pionero”, nos mostró que el diálogo en la vida es parte integral de la misión de la Iglesia.

PDF: Texto 5. El diálogo en el itinerario espiritual del hermano Carlos. Jean-François BERJONNEAU -es Esta entrada fue publicada en Documentos por Fraternidad Iesus Caritas.

«Pregúntale a la Arena, sobre las Huellas de Carlos de Foucauld»


 El beato francés Carlos de Foucauld (1858-1916) enseña a vivir la identidad y el diálogo interreligioso sin conflicto.

Es una de las constataciones durante la presentación de un libro en Roma sobre este misionero en África, eremita en el Sahara (donde murió asesinado) y portador de una espiritualidad basada en la imitación de Cristo.

«El diálogo interreligioso es un acto religioso», señaló Raffaele Luise, periodista y escritor, durante la presentación de su volumen «Pregúntale a la arena, sobre las huellas de Carlos de Foucauld» («Chiedi alla sabbia. Sulle tracce di Charles de Foucauld», editorial Cittadella) el pasado 28 de marzo en Roma.

Según explicó en el acto el musulmán Adnane Morkani, estudioso del diálogo interreligioso «De Foucauld, es ejemplo de diálogo y del encuentro con el otro como oportunidad de conversión, no es un riesgo, sino una oportunidad para encontrar nuestra verdadera identidad».

Durante el acto, el arzobispo Angelo Comastri, vicario del Papa para la Ciudad del Vaticano, señaló que el libro fue «provocado en la humildad» y que el diálogo interreligioso «a través de la experiencia del desierto, se convierte en De Foucauld, en encuentro con lo esencial y recuperación de la humildad».

El acto contó con la presencia de las « Hermanitas», hijas espirituales de Carlos de Foucauld, de miembros de la comunidad musulmana y de quienes apoyaron al autor en la redacción del libro El autor definió al beato como el «primer mártir del tormentoso diálogo islámico–cristiano».

El autor confesó que le aconsejaron no recorrer las huellas de De Foucauld, ya que hoy el lugar es considerado «zona de guerra y peligros, de difícil acceso para la prensa», pero que lo logró gracias a la acogida de las « Hermanitas» «en una trinchera espiritual».

Luise recordó que De Foucauld «dejó huellas en las arenas y en la gente del Argelia y Tamanrasset», que sirven para «entablar el diálogo con el Islam», porque él se había convertido en el «hermano universal», que tenía esta «intuición de la primacía del Reino en la predicación de Jesús». ROMA, jueves, 5 abril 2007 (ZENIT.org).