¿ES CARLOS DE FOUCAULD, UN PADRE DEL DESIERTO?

Quizás para comenzar hay que afirmar que Carlos de Foucauld no fue al desierto para responder a una “llamada del silencio”, ni para ser ermitaño perdido en la inmensidad del desierto del Sahara. ¡No! El hermano Carlos fue al Sahara para encontrarse con la gente que allí́ vivía y vivir con ellos.

Para responder a esta pregunta lo vamos hacer en tres pasos:

1. ¿Quiénes eran los Padres del desierto? El ejemplo de san Pablo el Ermitaño.

San Pablo El Ermitaño y San Antonio

A finales del siglo III, un cristiano de nombre Pablo que vivía en la ciudad de Tebas, Egipto, se vio obligado a huir al desierto durante la persecución del emperador romano Decio, que trataba no tanto de que los cristianos llegaran a ser mártires, sino de hacerlos renegar de su fe.

En el desierto vivió en una cueva a la espera de que terminara la persecución. Estando en esta situación descubrió el valor de la soledad, del silencio, y la libertad para ayunar y rezar. Abrazó la vida en el desierto y vivió en esa cueva durante muchas décadas como ermitaño, dedicado a la adoración de Dios. Cerca del final de su vida, otro hombre en Egipto, Antonio, recibió inspiración del Evangelio para renunciar a sus posesiones y servir únicamente a Dios. Antonio oyó hablar sobre Pablo el Ermitaño y fue a visitarle en su retiro. Antonio quedó inspirado por su modo de vida y se convenció de que Dios también le llamaba a convertirse en un eremita en la naturaleza. Antonio dedicó el resto de su vida a ayunar y orar, a vivir una vida de pobreza por la gloria de Dios. Su santidad se hizo famosa y, durante la persecución de Diocleciano, los cristianos se vieron atraídos al desierto como forma de escapar del mundo y vivir una vida cristiana.

La vida y la sabiduría de Antonio inspiraron a muchos hombres y mujeres a renunciar a sus ambiciones terrenales y a vivir en soledad venerando a Dios. Los monasterios se fueron desarrollando con el tiempo y se extendieron por Egipto. Se formó una norma de vida y otros hombres y mujeres santos empezaron a escuchar la llamada del desierto.

2. ¿Cuales eran los valores centrales de la espiritualidad de los Padres del desierto?

La espiritualidad que caracteriza a los padres del desierto es una «espiritualidad desde abajo», «desde dentro», es decir, aquella que conecta con la propia vida. Hablan de la necesidad de habitar el propio espacio interior, de reconocer las emociones y las pasiones que nos mueven, de convivir con ellas, ya que es ahí donde se juega nuestra vida y donde tiene lugar el encuentro con Dios. Estamos habitados por la Presencia divina.

Evagrio Pontico, uno de los más famosos padres del desierto lo decía así: «¿Quieres conocer a Dios? Aprende antes a conocerte a tí mismo». Para los Padres del Desierto el camino espiritual comienza con una opción por la autenticidad y la honestidad con uno mismo. A través de este descender a nuestra condición de tierra (humus-humilitas en latín) entramos en contacto con el cielo, con Dios.

Por esto, para ellos, permanecer en la soledad les ofrecía la posibilidad de habitarse y ser habitados por el Dios que buscaban. Para los Padres del desierto ser capaces de guardar silencio les hacía posible el conocimiento más claro de uno mismo, con la convicción de que por muy golpeados que se esté por la vida, existe en el interior de cada persona un espacio sano, el santuario sagrado donde Dios habita. Por eso, en medio del desgarro podemos sentir la presencia de Dios que sana. Y al darse cuenta de la propia herida interior, callaban y no juzgaban. Tenían la contemplación como camino de sanación. Y la mansedumbre les distinguía como seres espirituales.

El desierto de los padres significa, sobre todo, un nuevo punto de partida, un recomenzar o, dicho de otro modo, un nuevo «nacimiento» , que comporta ciertas etapas. Esto es lo que diferencia, por ejemplo, al Antonio joven del Antonio anciano, que, después de una tentación singularmente dura, el Antonio «anciano» ya no siente turbación ni necesita preguntar a la voz divina que le guía al desierto interior: «¿Quién eres tú?». Antonio ha aprendido a distinguir, sin riesgo de autoengañarse, la presencia del Señor, a reconocer su voz y a sentarse en su presencia.

3. Semejanzas y diferencias de los Padres del Desierto con la espiritualidad del hermano Carlos.

Lo que comienza a trastocar la vida disoluta de Carlos de Foucauld es la adoración de aquellos hombres del desierto islámico, cinco veces al día, en su viaje de reconocimiento de Marruecos.

Más tarde, vive un tiempo ascético de crisis y de búsqueda hasta su conversión. Impacto de Nazaret en su viaje a Tierra Santa antes de su ingreso en la Trapa (vida monástica). Tiempo de profundización y pobreza siendo recadero de las monjas clarisas de Nazaret. Ordenación y misión a las tierras del desierto.

Foucauld está marcado por el desierto y por la vida de la Sagrada familia de Nazaret en donde se desprende: a) Adoración y amistad con las gentes del lugar; b) la búsqueda del último lugar (humilitas) y c) llevar la buena nueva de Jesús a los últimos. Nazaret es el sello de su vida. En su pueblo natal, o en el desiero o en Palestina, Jesús es el «pobre y humilde obrero de Nazaret». Y nosotros sus seguidores, la Iglesia nazarena, debe ser la «humilde y pobre servidora de la humanidad».

Así, la matriz de la esposa de Cristo, que es la Iglesia, tiene que ser la de la pobreza a imagen de Jesus de Nazaret, el Cristo. Debemos anunciar el Evangelio con medios pobres, comenzando por el testimonio de la propia vida. Que escándolo sería ver, por ejemplo, un monasterio con lujos, riquezas y sirvientes, o anunciar el Evangelio a bombo y platillo con toda clase de recursos tecnológicos, al estilo de una empresa multinacional

Cuando Foucauld construye la ermita en la montaña del Asecrem no lo hace exclusivamente para retirarse como ermitaño, sino para situarse también en un lugar estratégico de las caravanas de los tuaregs y poder entablar relaciones fraternales con ellos. Es verdad que valora el desierto como lugar de silencio, como bien dice:«Hay que pasar por el desierto y permanecer allí para recibir la gracia de Dios». No hay que olvidar que estas palabras las escribe después de pasar nueve años en la Orden Trapense (1890-1897), y en concreto en la Trapa de Akbés (Siria), lugar desértico y de suma pobreza. Para Foucauld esto es indispensable: «El desierto es un tiempo de gracia. Es un período por el que debe pasar necesariamente toda alma que quiera dar fruto, es necesario este silencio, este recogimiento, este olvido de toda la creación, en medio de la cual Dios establece en el alma su reino, y forma en ella el espíritu interior, la vida íntima con Dios, la conversación del alma con Dios en la fe, la esperanza y la caridad».(Carta al padre Jerónimo el 19 de mayo de 1898). En esto tenemos a un nuevo Padre del Desierto. Pero este silencio interior poco a poco lo fue transfigurando para pasar de ser Carlos Eugène de Foucauld de Pontbriand, en Carlos de Tamanrasset, otro Cristo, como Francisco de Asís, dando su vida por sus hermanos tuareg, por el testimonio,la amistad y desbrozando el terreno para el Evangelio. Ejemplo de santidad para toda la Iglesia. Hermano universal, que es lo que pronto vamos a celebrar en su canonización.

«La pasión de Hallah» de Louis Massignon

Versión abreviada de los cuatro volúmenes que componen La pasión de Hallah, este libro estudia la vida y las enseñanzas del famoso místico y mártir sufí del siglo X, describiendo, además de su experiencia, el contexto en el que se desarrollo, es decir, los primeros siglos de la civilización islámica. Louis Massignon, a la edad de veinticinco años, quedo profundamente impresionado por la figura de Hallah y le dedico el resto de su carrera como islamista. Su discípulo y amigo Herbert Mason, por su parte, paso trece anos compilando el trabajo de Massignon, una dedicación que muy pocas obras han merecido a lo largo de la historia. La obra, en cualquier caso, se ha mantenido como ejemplo máximo del modo en que la erudición occidental ha iluminado culturas ajenas, sin condescendencias ni distorsiones. Es un punto culminante de la investigación humanista de nuestro tiempo y un logro impresionante en el campo de los estudios islámicos. Y no solo debe considerarse una obra única sobre el personaje en cuestión, sino también un estudio incomparable del marco religioso, la vida social y política y, en fin, todo el entorno cultural en el que vivió y murió Hallah.

https://books.google.com.ec/books?id=DP0G5yxAiCAC&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false

CARLOS DE fOUCAULD: Paradigma de la conversión, antecedente del diálogo interreligioso

El cambio de vida de Foucauld, tan drástico como decisivo, hizo de él uno de los paradigmas de la conversión en tiempos contemporáneos.​ Se lo considera entre los conversos más famosos de la historia, junto con Pablo de TarsoAgustín de HiponaFrancisco de AsísIgnacio de Loyola y Edith Stein, entre otros.​

Diferentes expresiones de René Voillaume, de Ali Merad, e incluso del Comité «Islam en Europa» del Consejo de las Conferencias episcopales europeas y de la Conferencia de Iglesias europeas,​ mostraron a Carlos de Foucauld como pionero en el diálogo entre el cristianismo y el islam. Los escritores Ian Latham y Dominique Casajus, analizaron los alcances y límites de tal presentación.Ian Latham señaló que el diálogo entre Foucauld y el islam fue un diálogo «de presencia». La palabra «hermano» era para Foucauld la síntesis para dar la bienvenida a la diferencia, al tiempo que reconocía lo que él tenía en común con el otro: la humanidad.​ Ese era el fundamento para construir un diálogo de mentes y de espíritus: no un diálogo acerca de la fe de cada cual –aunque esto no se excluyera–, sino un diálogo de vida, desde las pequeñas cosas ordinarias del quehacer compartido.​ Mentor del gran islamólogo Louis Massignon, que difundiría una visión renovada del islam, se considera a Carlos de Foucauld como una de las figuras preparatorias del camino de diálogo interreligioso que alcanzaría una expresión especialmente intensa en la declaración Nostra aetate y en la constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II. ​

Fuente: Wikipedia

El santo de Nazaret (Chile)


 

Autor: PAZ ESCÁRATE CORTÉS | Revista Mensaje Región Metropolitana de Santiago (Chile)

CANONIZACIÓN DEL HERMANO CARLOS DE FOUCAULD



El papa Francisco anunció la canonización del místico francés que ha inspirado varias familias espirituales que buscan seguir a Jesús desde el Nazaret de hoy, es decir, desde el lugar cotidiano y último que casi ya no valoramos.

Benito Cassiers (86) murió de COVID 19 en el Hogar para ancianos Villa Padre Hurtado, ubicado en la comuna de Pedro Aguirre Cerda, el pasado 13 de junio. Se fue, como 231 personas informadas ese día por el Minsal en Chile, en el día previo a la celebración de Corpus Christi, pan partido para la vida de los demás.
De esa misma manera, Benito fue alimento para sus vecinos en Renca, para sus compañeros de trabajo en la cooperativa SERVATEC que agrupó a un centenar de personas del rubro de la construcción y para la Coordinadora Cultural de Huamachuco, entre otros muchos que lloraron su partida a la distancia debido a la pandemia. Benito, belga de nacimiento, eligió ser hermanito de Jesús en Chile inspirado por el testimonio de Carlos de Foucauld, recientemente fue reconocido como camino de santidad para la Iglesia católica.
La noticia emanada desde el Vaticano describe a Foucauld como «sacerdote diocesano; nacido en Estrasburgo (Francia) el 15 de septiembre de 1858 y muerto en Tamanrasset (Argelia) el 1 de diciembre de 1916». Proveniente de una familia noble, queda huérfano a los 6 años. Se cría con su abuelo, pierde la fe, tiene una juventud licenciosa, entra al ejército y confecciona el primer mapa de Marruecos.
Su contacto con el mundo árabe lo hace preguntarse nuevamente por Dios y la relación entrañable con su prima lo empuja a los templos, donde reza: «Dios, si existes, haz que lo sepa». Su conversión se desencadena durante el encuentro con un sacerdote que le ofrece el sacramento de la reconciliación. Allí nace Carlos de Jesús, que se fascinó con la vida que Cristo vivió los treinta años que pasó en Nazaret. Esa vida la buscó en La Trapa, como sirviente de las clarisas en Tierra Santa y finalmente como ermita en Argelia, donde murió por un disparo. No dejó ningún seguidor en vida. Años más tarde, el sacerdote René Voillaume y la hermanita Magdalena Hutin toman la espiritualidad vivida por este místico itinerante y fundan, respectivamente, a los hermanitos y a las hermanitas de Jesús, respectivamente. Nóel Merand (83), hermano de Jesús y vecino en la población Huamachuco en Renca desde hace 42 años, explica así la espiritualidad así: «La vida de Jesús está marcada por ser de Nazaret. Durante su vida pública hasta la cruz, siempre es nombrado como Jesús de Nazaret.
No es solo una etapa de su vida, no es la preparación a su misión, sino que es ya su misión; desde ahí realiza la voluntad de su Padre». Y, para él, Nazaret es la calle Las Garsonias y el trabajo que tuvo como soldador al arco durante décadas.
La noticia de la canonización significa para él seguir viviendo en pos de Jesús «en medio de los vecinos, en el caminar junto al pueblo de Dios en el lugar donde estoy, en la población». EL ÚLTIMO LUGAR Para la hermana de Jesús Donata Cairo, con treinta años de religiosa en la población La Victoria, la noticia de la futura canonización la remite a un punto central de su espiritualidad: el último lugar. Cita al hermano Carlos al decir: «Cuando les inviten a un banquete, pónganse en el último lugar. Esto es lo que él mismo hizo al venir al banquete de la vida y lo hizo hasta su muerte.
Vino a Nazaret, el lugar de la vida oculta, de la vida ordinaria, de la vida de familia, de oración, de trabajo, de oscuridad, de virtudes silenciosas practicadas sin más testigos que Dios, sus Íntimos y sus vecinos; el lugar de aquella vida santa, humilde, benéfica, oscura, que es la vida de la mayor parte de los seres humanos, de la que dio ejemplo durante treinta años… ». Y luego reflexiona: «Para nosotras es importante que la radicalidad evangélica vivida por el hermano Carlos sea reconocida en la Iglesia como camino de santidad, camino de seguimiento propuesto a la Iglesia universal, porque de verdad él hizo de la religión un amor». Y de esa radicalidad, Donata y su comunidad religiosa saben. «En otros tiempos hemos vivido de nuestros trabajos manuales en fábricas, en los planes pro-empleo de gobierno, limpiando una plaza cerca de nosotras, etc.
En este momento Vivimos de la artesanía, de nuestras pensiones y del sueldo de la hermanita Flor que trabaja como auxiliar de aseo en la UCI del Hospital Barros Luco». Su Nazaret, el pasaje de la población, hoy por hoy está lleno de familias con COVID positivo y hablan de la muerte y de las ollas comunes a diario. HUELLAS CHILENAS ¿ Cómo llegaron los seguidores de Carlos de Foucauld a nuestro país? El padre Alberto Hurtado S.J. Fue el impulsor de su llegada. En la década del cuarenta conoció al padre René Voillaume y le pidió que enviara una fraternidad a nuestro país. La primera se abrió en la primavera del 1950 con tres hermanos franceses en la población Los Nogales, frente al templo Jesús Obrero. Núel relata: «En 1956 llegó a vivir a la fraternidad Elías González, que posteriormente se hizo hermanito, siendo el único chileno que, hasta el momento, se ha consagrado a la vida religiosa en esta vocación.
Por mi parte, llegué a fines de 1963 a vivir a Los Nogales». En 1968 se trasladaron a la población Villa O’Higgins, zona sur de Santiago, donde estuvieron hasta 1973, cuando y Jerry, un hermano estadounidense, fueron expulsados del país. En 1978 regresan, esta vez a la población Huamachuco.
Cuando se le pregunta por una experiencia que le haya sido especialmente significativa en su población, Núel responde que hay varias, pero destaca una que ocurrió a principios de los ochenta, cuando se construyeron las dos capillas de la parroquia Jesús Carpintero. «El trabajo se realizó con los vecinos de la población, sean o no parte de la comunidad cristiana, teniendo fe o no. Hubo un compartir entre todos, sin discriminar por lo que pensaba o creía, lo central fue realizar la construcción de manera colaborativa y fraterna entre los vecinos.
Fue algo que marcó a dicha generación hasta el día de hoy». También las hermanitas de Jesús están en Chile gracias a la invitación del padre Hurtado y, tal como la rama masculina, arribaron en la población Los Nogales en la década del cincuenta. En 1959 se trasladaron a la población La Victoria, cuando aún era una toma de terreno sin agua, luz ni pavimentación. Hoy residen allí, reagrupándose tras el cierre de las fraternidades de Talcahuano, Pulotre y Copiapó por falta de religiosas. En La Victoria participan de la junta de vecinos, del «Grupo de reflexión y acción por la paz en contexto de violencia» y de La comunidad cristiana de la parroquia Nuestra Señora de La Victoria.
Donata dice: «La comunidad cristiana es un lazo muy fuerte que vigoriza nuestra fe y nuestra acción, es el codo a codo cotidiano que da sentido a nuestra presencia acá». Agrega: «Hoy, en plena pandemia, más que nunca nos damos cuenta de que no todo depende de nosotros y con el aislamiento lo que más necesitamos no tiene costo económico: una sonrisa, un abrazo, un encuentro… Justo en estos días somos testigos de muchos gestos de solidaridad en la comunidad cristiana y en las organizaciones sociales». Y relata que en la parroquia funciona un comedor popular a la hora de almuerzo y otro a la hora de la cena, que hay personas participando de la ruta calle todas las noches, existen varias ollas comunes y entre todos tratan de cuidar y solidarizar con los vecinos contagiados de COVID. «Descubrimos que el templo que vemos cerrado ha ensanchado su puerta.
Hoy el templo es la casa de cada familia que propone la oración de la noche, vía facebook-live, donde muchos participamos, oramos, intercedemos, estamos cercanos, motivamos la solidaridad y construimos comunidad». EN LA COTIDIANEIDAD Este año, cuando se canonizará a Carlos de Foucauld, ¿cuál es su acción de gracias? DONATA CAIRO: «Este 2020 son sesenta años de nuestra presencia en La Victoria… ¿Qué hemos dejado? No podemos olvidar a nuestros amigos de Talcahuano, los temporeros de Copiapó, los muchos compañeros de trabajo de unas y otras.
Ellos han sido testigos de la bondad de Dios para nosotras. ¿Cómo no dar gracias por nuestra vecina Lily, siempre disponible para ir al encuentro de los que más sufren a tiempo y destiempo? ¿ A Margarita, que toma a cargo la abuela vecina que está sola y la acompaña hasta el último día de su vida? ¿ A Claudio, que se preocupa de que no falte fruta o verdura en los comedores? Y podría seguir al infinito… En el anonimato, sin show, sin televisión».. NOEL MERAND: «El decirlo en primera persona me complica, pero creo que respetar y escuchar al otro es lo más significativo.
Estar y tener la casa abierta a los vecinos del barrio o de la comunidad cristiana en que participo es algo que tengo marcado como parte del espíritu de la fraternidad y eso lo quiero hacer día tras día en lo que me resta de vida». MSJ

FAMILIAS ESPIRITUALES Las familias espirituales de Carlos de Foucauld presentes en Chile son los hermanitos y las hermanitas de Jesús, la asociación de fieles laicas consagradas, la fraternidad laica Carlos de Foucauld, la fraternidad sacerdotal lesus-Caritas y el instituto secular fraternidad Jesús Caritas. Juan Barraza, párroco de San Vicente de Paul en Caldera, es el coordinador de la fraternidad sacerdotal lesus Caritas que existe en Chile desde mediados del siglo XX.
Su servicio es articular la organización de los 42 sacerdotes diocesanos que la componen a lo largo de Chile, asícomo ponerla a dialogar con los muchos presbíteros que están en la misma sintonía a lo ancho del mundo.
A sujuicio, tras el estallido social y la pandemia de COVID 19, tenemos «un tiempo clave para volver a lo fundamental descubriendo el paso de Dios en lo cotidiano y poniendo la mirada, sobre todo, en la situación de los más pobres. La pandemia ha revelado los horrores que se han cometido como fruto de sistemas injustos que han dejado y siguen dejando tanta gente botada en el camino.
Foucauld nos sigue animando, de manera especial, a hacer camino con los botados de este mundo, desde la marginalidad, siendo testigos del Dios bueno». Ximena Hormazábal (23), estudiante de Pedagogía, conoce y se siente cercana a la espiritualidad de Carlos de Foucauld porque desde 2016 participa de las Semanas de Nazaret parajóvenes, una experiencia que propone vida comunitaria, contemplación, adoración eucarística y trabajo manual cerca de comunidades sencillas a lo largo de Chile. Se han realizado anualmente desde 2012 en Caldera, Longotoma y Chiloé, por ejemplo.
Al hablar de esta espiritualidad dice que le hace sentido porque «los jóvenes nos vemos constantemente bombardeados por la publicidad para seguir un estilo de vida en donde lo que más importa es el “tener”, donde eres calificado como persona en base a las cosas que compras y tener el último celular es signo de estatus. Entonces, en este mundo, volver los ojos a esta espiritualidad es volver a ver el mundo desde otra perspectiva, sin apariencias, donde importa lo esencial. Creo que para un joven hoy, esta espiritualidad aporta eso, reconocer a Cristo en el hermano que sufre y en nuestra vida cotidiana». Cree que la próxima canonización «es una noticia de esperanza.
De alguna forma, siento que muestra que este estilo de vida nos permite ver y mostrar el rostro de Cristo hoy (… ) nos acerca a la sencillez y nos anima a vivir más como Jesús de Nazaret».

«Para nosotras es importante que la radicalidad evangélica vivida por el hermano Carlos sea reconocida en la Iglesia como camino de santidad, camino de seguimiento propuesto a la Iglesia universal, porque de verdad él hizo de la religión un amor». HERMANA DONATA CAIRO.

¿ QUÉ DICE ESTA CANONIZACIÓN A LA IGLESIA CHILENA? «El deseo que sea más nazarena, más junto al pueblo de Dios.
Que dé más espacio a los laicos en el trabajo dentro la comunidad», opina Nóel Merand. «Foucauld señalaba que debía haber más Priscilas y Aquilas, es decir, más laicos en posiciones de responsabilidad en la Iglesia, entrando en espacios que hasta el momento son de exclusividad del sacerdote».

«Estar y tener la casa abierta a los vecinos del barrio o de la comunidad cristiana en que participo es algo que tengo marcado como parte del espíritu de la fraternidad y eso lo quiero hacer día tras día en lo que me resta de vida». HERMANO NOEL MERAND.

«El desierto aclara lo esencial de la vocación contemplativa» – René Voillaume

La experiencia nos lleva a constatar que somos más tentados en la soledad del desierto y quizá pudiéramos deducir que es mejor no ir al desierto. No. No es que seamos más débiles en el desierto, sino que se nos pide allí una elección más absoluta y radical, elección cuyas alternativas no valoramos acertadamente en el curso normal de la vida porque entonces las vemos diluidas en la multiplicidad de los acontecimientos diarios y desfiguradas por compromisos más o menos inconscientes.

El desierto nos aclara lo esencial de nuestra fidelidad a la vocación contemplativa: “permanentes en la oración” “salvadores con Jesús” por medio de una oración de alabanza e intercesión cuya intensidad requiere lo absoluto del desierto”.

René Voillaume