
«¿Podemos encontrar en una carta aislada la última evolución de Carlos de Foucauld en la conceptualización de su ideal? El Padre Peyriguère lo creyó así y se «apoyó» en este texto para oponerlo a la regla de 1899. El padre Gorée la publicó por primera vez presentándose el mismo como el primer miembro de la orden de los «monjes-misioneros del Padre Foucauld», después de dejar los Hermanitos de Jesús en 1934″1 No es el momento aquí de entrar en la historia de las divergencias que han existido sobre esto entre el padre René Voillaume y el padre Albert Peyriguere. Se trata de un texto escrito en 1911 por Carlos de Foucauld 2.
1 A. CHATELARD, o. C. , 281.
2 El padre Peyriguère pudo realizar lo que le fue prohibido a Foucauld: instalarse en Marruecos y vivir treinta años hasta su muerte, el 26 de abril de 1959 en El Kbab, pequeño pueblo del Medio-Atlas marroquí (cf. M. Lafon, Le Père Peyriguère, Seuil 1967) «Experimentar la vida de monje misionero siguiendo la tendencia de la carta del 13 de mayo de 1911″, escribe el 27 de agosto de 1937 (A. Peyriguère, Laissez-vous saisir par le Christ, Seuil 1981, 106) Habla de su «vida de misonero», el 27 de julio de 1945. «Intento poner a punto la espiritualidad misionera del Padre Foucauld», 20 de septiembre de 1946 «Ha llegado el momento de sacar lo que tiene de profundamente original y muy adaptado a las necesidades del apostolado de hoy este mensaje tan rico» 4 de noviembre de 1947. «Su talla, en la Iglesia misionera, es una talla de gigante», el 14 de abril de 1948. Así, podemos decir, que el pensamiento del padre Peyriguère es claro. Se trata de la Misión. Pero el presentador del libro interpreta este pensamiento hablando de «premisión»:el padre Peyriguère habría desarrollado una «doctrina» y una «espiritualidad de la premisión» «La premisión: en esta palabra se condensan estas páginas de esperanza entregadas a todos los desenredadores» (pág. 6)
M. Lafon ha escrito esta palabra en 1967, al día siguiente del Concilio Vaticano II. Pero, el término «premisión» había aparecido algunos años antes del Concilio para designar un movimiento de acercamiento a los mundos no cristianos o no religiosos antes de ser anunciado el Evangelio. El Concilio rechazó este concepto; para él, la misma vida, los actos humanos de los bautizados, de los misioneros, comunican el mensaje de Cristo Resucitado son ya la obra en el corazón de aquellos y aquellas que encuentra el bautizado deseoso, en el profundo silencio de él mismo, de dar a conocer el mensaje de Jesús. Un «desenredador» (desbrozador) tal como lo concibe Foucauld no está en premisión, sino en la Misión, integralmente. Y el padre Fouicauld se hubiese llevado las manos a la cabeza si se definiese los trabajos de «desenredador evangélico» como «premisión», una especie de trabajos anteriores a la Misión, cuando en realidad esos trabajos son el principio indispensable de la Misión, su primera siembra.
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