“El más pobre, el más repulsivo, un recién nacido, un pecador, el mayor pecador, el más ignorante, el último de los últimos, el que más repugna tanto física como moralmente es un hijo de Dios, un hijo del Altísimo, acompañado de un ángel de la guarda resplandeciente de belleza y poder.¡Cómo debemos valorar a todo ser humano, cómo debemos amarle! Es hijo de Dios. Dios quiere que sus hijos se amen entre ellos como un tierno padre quiere que sus hijos se amen entre sí. Amemos a todo hombre, porque es nuestro hermano y porque Dios quiere que le miremos y le amemos muy tiernamente como tal, ¡pues es hijo del Dios bienamado y adorado! Porque es el precio de la sangre de Nuestro Señor, cubierto con su sangre como de un manto, amado por Dios y por Jesús hasta consumar por él el sacrificio del Calvario, amado de Dios hasta entregar a su Hijo, amado de Jesús en asociación, en imitación de unión, en conformidad perfecta con Dios, hasta inmolarse por él. Amemos a este hombre a quien Dios ama todos los instantes de su vida, a quien Él da, hasta el último minuto de su existencia, con paciencia y bondad infinitas, los medios para vivir eternamente en el cielo participando maravillosamente de la herencia divina. Estimemos, amemos desde el fondo del corazón a todo hombre por Dios, nuestro Padre común” (CARLOS DE FOUCAULD)
¿Cómo fue el día de la beatificación del hermano Carlos en Roma?

BEATIFICACIÓN DEL HERMANO CARLOS DE FOUCAULD
Quisiera compartir con vosotros la alegría que tuvimos el pasado domingo día 13 de noviembre de 2005 en Roma, con motivo de la beatificación de Carlos de Foucauld. Especial emotividad tuvo la “vigilia de oración” el sábado por la tarde en el monasterio de Tre Fontane, lugar dónde, según la tradición, murió San Pablo. Hermanas y hermanos venidos de cualquier parte del mundo nos reunimos para dar gracias a Dios por el don de la vida del hermano Carlos. Después, al día siguiente, en la basílica de Sant Pedro, completamente llena, subieron a la gloria de los altares, junto con el hermano Carlos, dos hermanas fundadoras: Maria Pia Pastena (1881-1951), fundadora de las hermanas del Santo Rostro y Maria Crocifissa Curcio (1877-1957) fundadora de las hermanas carmelitas misioneras de santa Teresa del Niño Jesús. La misa de beatificació fue concelebrada miedo 65 cardenales y obispos, entre ellos el cardenal Camillo Ruini, obispo vicario de Roma; el cardenal Polycarp Pengo, l’arzobispo de Dar-se-Salamos; monseñor Andre Vingtrois, l’arzobispo de París; monseñor Vincent Landel, arzobispo de Rabat (Marroc); y monseñor Maroun Elias Nimeh Lahham, obispo de la Tunicia. Tras la celebración eucarística, en la que el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, leyó la carta apostólica papal en la que inscribía a estos tres sirvientes de Dios en lo catálogo de los beatos, el pontífice vino a la Basílica para venerar sus reliquias. A continuación, dirigió unas palabras de saludo a los peregrinos que llenaban por entero la basílica y la plaza, entre quienes había algunos tuaregs del desierto del Sáhara, con sus vestidos azules y su turbante blanco. Hablando en francés, dio gracias a Dios por el testimonio del padre de Foucauld diciendo que «a través de su vida contemplativa escondida en Nazaret encontró la verdad de la humanidad de Jesús, invitándonos a contemplar el misterio de la Encarnación. descubrió que Jesús, vino pora unirse a nosotros en nuestra humanidad, invitándonos a la fraternidad universal, que vivió mes tarde en el Sahara, dándonos ejemplo del amor a Cristo». «Como sacerdote –continuó diciendo-, puso a la Eucaristía y el Evangelio en el centro de su existencia».
Si tuviéramos que decir en pocas palabras la relevancia de Foucauld, diríamos que ha sido un hombre que siguiendo a su querido Señor Jesús, s’ha hundido en el corazón de la Misión de l’Iglesia, ha sabido captar la paciencia de Dios en la realización de sus planes, y, en medio de un mundo que no conoce a Jesús, a querido ser un Evangelio viviente, encarnándose plenamente en su ambiente, interesándose por el progreso humano y practicando el apostoladot de la bondad. Carlos de Foucauld va descubriendo el plan de Dios en el hoy concreto de su existencia y nos ofrece a todos nosotros una llamada “misionera”, ya en tierras d’otras creencias, ya en tierra de total increencia, no tanto a l’estilo de Francisco de Asís, que gritaba el Evangelio por las calles y plazas, o como Jesús en Palestina, sino al estilo de Jesús en Nazaret, siendo Evangelios vivientes, practicando el apostolado de la bondad y colaborando en el desarrollo integral de las personas con qué compartimos comunidad de destino, como Foucauld lo hizo con su trabajo científico al realizar el diccionario tuareg-francés y recogiendo las tradiciones del pueblo con qué se identificó, a sabiendas de que ahora vamos abriendo caminos nuevos, en medio de terrenos inhóspitos, con la confianza y la esperanza de que “quizás tras siglos”, allí dónde estamos encarnados, nazca la Iglesia, al estilo de Jesús de Nazaret.
Quien era Carlos de Foucauld?
Carlos de Foucauld nació el 15 de septiembre de 1858 y murió asesinado el 1 de diciembre de 1916 cuando tenía poco más de cincuenta y ocho años. Se puede decir que estaba en la etapa de madurez de su vida. Ya a los cuarenta y tres había iniciado su opción fundamental instalándose en Beni-Abbés, en el corazón del Sáhara argelino, donde se da cuenta de que hay una multitud de personas por evangelizar y un ministerio muy importante que realizar. Pero durante los años que pasa en este oasis del desierto va experimentando una nueva transformación. Sale de su clausura. Acepta con sencillez los acontecimientos que van contra lo que siempre había creído que era la voluntad de Dios y se deja llevar por las circunstancias, que son manifestación de la voluntad divina. Así, esta obediencia al momento presente le conduce a los tuareg, “los hombres azules del desierto”, instalándose en medio de ellos el año 1905 en Tamanrasset. Once años convivirá con ellos, siendo uno de tantos, aprendiendo su lengua, sus costumbres, etc. con ánimo evangelitzador, aunque apenas sea realizando gestos de bondad. Foucauld se dicidió pronto por el léxico, reuniendo los elementos para realizar una gramática y un diccionario. Recogió textos en prosa, poesías, y preparó un gran diccionario, una verdadera enciclopedia del Hoggar y de los tuareg. Tuvo una gran alegría haciendo este trabajo, pero su móvil profundo era su amor al mundo tuareg y el deseo de favorecer la comunicación entre estos y los franceses. Su vida no ha sido, cono algunos han dicho “una sucesión de movimientos dispersos”, sino un movimiento siempre más profundo que le hace ir adaptándose e inventar. No hay diferentes carismas de Foucauld. Su carisma se uno, y muchos lo viven acentuando mas l’Evangelio, l’Eucaristía o l’Evangeltzació pero todos a la manera de “Nazaret”.
Precedentes de todo esto
Carlos de Foucauld nace en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858 al seno de una familia rica y cristiana. Desde los seis años conoce el que es ser huérfano de padre y madre. Como consecuencia de esto ha de ir a vivir con su abuelo, el coronel Morlet, que lo quiere con ternura. De él recibirá los dones de la simpatía y de la generosidad, el amor por la familia, el país y también el amor al estudio, el silencio y la naturaleza. Conoce el padecimiento de la guerra de 1870 y la invasión de su ciudad. Con su familia se refugia en Nancy, dónde prosigue sus estudios. Es allí dónde, con gran fervor realiza su primera comunión. Le sostiene la fe de su familia, sobre todo de su abuelo y su prima Maria, a quien admira mucho. El 1874 se matricula a Santa Genoveva de París pora estudiar filosofía, viviendo en régimen de pensionado en los Jesuitas. Como quiere ser militar entra en la escuela de Saint Cyr. Son años de despreocupación. No trabaja, trae una vida solitaria, pierde el tiempo, anda vagando, se entretiene con obras literarias y no encuentra sentido a la vida. Con gran pesar, a los diecinueve años pierde su abuelo, a quien admiraba mucho por su inteligencia y su ternura. Algo se rompe en él y su vida va a la deriva. De desesperación se abandona, se deja estar, va de fiesta en fiesta, malgastando la herencia de su abuelo. Su familia está muy triste. A pesar de todo, acaba sus estudios en la escuela de Caballería de Saumur. Tiene veinte años y hace una carrera corta en el ejército, porque a los veinticuatro años renuncia a este pora ir a explorar Marruecos. Para este viaje se prepara estudiando el árabe en Argel (Argelia) y aprende todo lo que ha de utilizar para este proyecto. Se pone en contacto con el rabí Mardoqueo, que acepta guiarlo disfrazado de judío. Realiza una verdadera expedición científica, de tres mil kilómetros de recorrido, con mucho éxito, y la Sociedad de Geografía de Francia le concede la medalla de oro.
El grande giro de su vida
El viaje a Marruecos lo conquista. Le conmueve el acogimiento de la gente, su fe en Dios manifestada sin verguenza y su oración. Pero interiormente no se siente satisfecho. De vuelta en París, empieza a entrar a la Iglesia dónde pasa largas horas repitiendo esta oración: «Dios mío, si existes, haz que te conozca». Su prima le aconseja ir a visitar el padre Huvelin, vicario de la parroquia de Santo Agustín, que resultará un encuentro decisivo en la vida de Foucauld. Este le pedía lecciones de religión y Huvelin le hizo arrodillar y confesar, para después darle la comunión. Unas palabras del padre Huvelin, pronunciadas durante uno de los sus sermones, le impactaron: «Nuestro Señor, tomó de tal manera el último lugar, que nadie se lo puede arrebatar». A partir de entonces tan sólo piensa en seguir Jesús pobre. Huvelin le aconseja una peregrinación a Tierra Santa, que le ayude a descubrir el rostro concreto de Jesús. Lo encuentra en Jerusalén y en el Calvario. Pero en Nazaret toma conciencia de la importancia de la vida oculta de Jesús que vivió la mayor parte de su vida como un pobre artesano de pueblo. A partir de entonces Nazaret permanecerá como una búsqueda constante de la imitación de Jesús que lo irá llevando cada vez más lejos. En una carta a su amigo Henry de Castries afirma: «Tan pronto creí que había un Dios, entendí que no podía hacer otra cosa que vivir en Él: mi vocación religiosa nace en el mismo momento que mi fe: Dios es tan grande. Hay tanta diferencia entre Dios y todo el que no es Él…» El 15 de enero de 1890 entró a la Trapa de la Virgen de las Nieves en Francia, tomando el nombre de Mará-Alberico. Meses más tarde, fue enviado a la Trapa de Akbés, en Siria. Allí se encuentra muy bien, aprecieando el trabajo manual que le acercaba a Jesús de Nazaret. Empujado por la búsqueda apasionada por imitar Jesús de Nazaret dejó la Trapa en febrero de 1897 .
De Nazaret al Sáhara
Animado por el padre Huvelin, marcha a Tierra Santa al lugar dónde Jesús vivió, por llevar una vida escondida. Durante tres años fue servidor del Monasterio de las Clarisas de Nazaret, viviendo pobremente en una cabaña. Allí pasó muchas horas de adoración silenciosa meditando las Escrituras. Hasta ahora no había querido ser sacerdote, porque temía alejarse de la pobreza y del último lugar. Pero acepta ser ordenado a los cuarenta y tres años, por llevar a Jesús a los más abandonados. En una carta escrita a Henry de Castries le dice: «No se trata, por ahora, de convento, mucho menos de predicación, ni de idas y venidas, sino de establecerme en un lugar francés del Sahara sin sacerdote, vivir allí sin título oficial de ninguna clase, como sacerdote libre, yendo cada día a la enfermería a consolar los enfermos, traerles los sacramentos, velarlos y enterrarlos cristianament si mueren”. Va al Sáhara y se instala en Beni Abbés (Argelia), cerca de la frontera en Marruecos, país en el que pensaba residir cuando las circunstancias fueran propicias. En una carta a Monseñor Guerin cuenta como transcurren allí sus días: «Los pobres soldados vienen siempre a mí. Los esclavos llenan la casa que se les ha construido. Los viajeros vienen derechos a la ‘Fraternidad’. Los pobres abundan… Todos los días hay huéspedes para comer y dormir, etc.«. Durante l’año 1902 no cesa de denunciar ante las autoridades la injusticia de l’esclavitud. En una carta al padre Martin afirma: «Hace falta estimar la justicia y odiar la iniquidad, y cuando el gobierno comete una gran injusticia contra aquellos que tenemos a nuestro cargo, hace falta decírselo… no tenemos derecho a ser centinelas dormidos o perros mudos o pastores indiferentes” En junio de 1903, su amigo el coronel Laperrine, , le cuenta el bello testimonio de una mujer tuareg que, tras una batalla, se opuso a que mataran a los soldados heridos, cuidándolos ella misma, y haciendo que los repatriaran en Trípoli. Carlos de Foucauld, sorprendido por este gesto y pese a que le cuesta dejar Beni-Abbés, siente la llamada hacia los tuareg, que para él son los más abandonados.
Al país tuareg del Hoggar en el sur de Argelia
Atento a los acontecimientos, parte hacia el Hoggar el 13 de enero de 1904. Después de un largo viaje por el desierto, descubre a los tuareg y es aceptado por Moussa Ag Amastane, jefe de la tribu del Hoggar, instalándose en Tamanrasset, dónde crecerá la amistad entre ambos a lo largo de los años. Hace grandes recorridos conociendo la gente en su vida y participando en ella. Aprende su idioma e inicia un grande trabajo lingüístico por respeto y amor a su cultura. El hermano Carlos transcribe los poemas que se cantan durante la noche alrededor del fuego, y en donde se transmite el alma del pueblo tuareg. Mira a todos como hermanos, conviviendo con ellos y formando parte de su familia. De todas partes vienen a pedirle consejo. Comprende que sus amigos aspiren a tener mejores condiciones de vida y trata de ayudarlos. Durante el hambre de 1906/1907, comparte todo el que tiene y cae muy enfermo. Los tuaregs lo cuidan ofreciéndole algo de leche de cabra, que han de ir a buscar muy lejos. A partir de este cambio de situación, la amistad entre los tuaregs y el hermano Carlos se profundiza.
Desde hace mucho tiempo que quería fundar una familia religiosa, pero está solo. En su diario de 1909 encontramos este texto: “Mi apostolado tiene que ser el apostolado de la bondad. Viéndome tienen que decirse: Puesto que este hombre es tan bueno, su religión debe ser buena. Y si me preguntan por qué soy manso y bueno, debo decir: porque soy el servidor de alguien que es más bueno que yo. Si supieran que bueno es mi maestro Jesús!… Yo querría ser lo suficiente bueno para que se diga: si así es el servidor, cómo tiene que ser el Maestro?”.
El hermano Carlos va a Francia tres veces. Ve su familia y constituye una asociación denominada Unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón, que tenía los siguientes objetivos, tal y como se puede ver en el texto que Foucauld nos dejó con el nombre de Consejos Evangélicos o Directorio: 1. Vida evangélica imitando al “Modelo Único”; 2. Vida Eucarística, desarrollando el sentido del sacramento de l’amor; 3. Vida apostólica, por la vía de la bondad en medio de los más necesidades.
Si el grano de trigo no cae en tierra…
Las repercusiones de la primera guerra mundial llegan hasta el Hoggar. La violencia y la inseguridad dominan estas regiones. Durante la mañana del 1º de diciembre de 1916 escribe a su prima: “Nuestra abyección es el hecho más poderoso que tenemos para unirnos a Jesús y hacer bien a las almas”. Al atardecer del mismo día, durante una operación de los rebeldes sinusitas, se deja coger sin resistencia y lo matan al ver llegar a dos soldados franceses que traían el correo. En contra de su propia voluntad, que quería ser enterrado dónde muriera, algunos años después, el 18 d’abril de 1929, los restos del “tuareg universal”, excepto el corazón depositado en un cofre que quedó a Tamanrasset, fueron trasladados El Golea, a los pies de la primera iglesia de los Padres Blancos en el Sahara. A más de mil kilómetros de distancia, hacia el norte, y a 950 kilómetros de Argel.
Los dos pilares de la vida del hermano Carlos son: La presencia de Jesucristo en la Eucaristía y la presencia de Jesucristo en los pobres. Foucauld se siente empujado a vivir Nazaret en el lugar que sea más útil para el prójimo, a través del “apostolado de la bondad”. Como dice en los Consejos Evangélicos, “se hace el bien, no en la medida de lo que se dice y de lo que se hace, sino en la medida de lo que se es, en la medida de la gracia que acompaña nuestros actos, en la medida que Jesús vive en nosotros, en la medida que nuestros actos son actos de Jesús obrando en nosotros y por nosotros”.
Si hay una palabra que pueda expresar mejor el mensaje de Foucauld es “Nazaret”, porque se trata de vivir el amor apasionado por la persona de Jesús en medio de las circunstancias más corrientes de la vida, y también descubrir a Jesús resucitado, incógnito, que hace ruta anónima con los discípulos de Emaús, un Cristo Eucaristía que no se manifiesta en grandes apariciones, pero que se encuentra en las rutas y las circunstancias más banales, las más familiares de l’existencia de las personas, un Jesús a quien se reza en la vida de todos los días.
Los frutos de una entrega
Cuando Carlos de Foucauld volvió de su viaje a Francia en 1911, escribió al padre Crozier, a quien había visitado el 14 de marzo, reiterándole su insistente petición: «Ayudeme en la realización de la obra que tanto deseo, una asociación fuertemente constituida«. Y será gracias a Crozier que Foucauld, poco a poco, desde 1911 hasta su muerte, va simplificando los estatutos de la Unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón, la única fundación que creó Foucauld en vida y de la que el mismo fue miembro. Foucauld no encuentra en nadie que se ocupe de su obra en Francia, como tampoco encontraba discípulos por llegar a ser hermanos e ir con él al Sahara. Entonces piensa que un boletín puede reemplazar los directores. En una carta al padre Voillard, su director espiritual, en Pentecostés de 1916, se ve obligado a reconocer que no tiene a nadie pora dirigir a la Unión. En otra carta le hace una referencia a Luis Massignon diciendo: «Hay un hermano laico, fervoroso, a quien se le puede encargar la publicación del boletín y, si Dios le da vida (está al frente), podría hacer grandes servicios a la asociación«. Pero Foucauld cree que hace falta buscar un sacerdote. Y él mismo no se ve viniendo a Francia por tomar la dirección de la Unión: «Me creo el menos capaz de casi la totalidad de los sacerdotes para las gestiones que hace falta realizar, no a sabiendo más que rezar en solitario, callar, vivir entre mis libros, y hablar familiarmente frente a frente con los pobres«.
Hace falta señalar que en el momento de su muerte Foucauld no había encontrado la forma de su asociación, pero sí el fondo. Sobre el espíritu lo esencial estaba hecho: Más allá de las posiciones debidas a su época, más allá del vocabulario, hay un amor extremo a Jesucristo y el Evangelio, la expresión del amor extremo hacia todos, el respeto a la vida de cada uno, todo aquello que había commocionado a todas las personas que lo conocieron.
La decepción de Emaús
En vida del hermano Carlos, el padre Laurin transmitía los Estatutos a las personas que él le indicaba. Si daban su consentimiento, vivían según el espíritu del Directorio. Foucauld se dirigía especialmente a sus amigos, que hacían a su vez la difusión que querían. No tenían ninguna reunión. El padre Laurin, que era el lazo de unión entre los nuevos miembros de la Unión y Foucauld, cuando conoció la muerte de este no actuó más. L’actitud de Luis Massignon es completamente diferente. El 1950, dirá retrospectivamente, tras pasar una noche de adoración en Tamanrasset: «No hay duda que Foucauld, a quien me he entregado incondicionalmente el 14 d’octubre 1913 (siendo el único miembro vivo de los 49 primeros hermanos en el momento de su muerte nl 1916), a quien he conducido mi mujer, que ha bendecido a mi hijo en su carta que escribió al día de su muerte, me ha pedidopost mortem completar, sustituirme a él en relación a lo que faltaba de su pasión«. Cuando Massignon se entera de la muerte de Foucauld, escribe al padre Laurin, preguntando por la situación en que se encuentra la asociación y que pasará. La respuesta del padre Laurin del 20 de febrero de 1917 es parecida a la de los discípulos de Emaús: «recibí hace aproximadamente dos meses, escrita poco antes de su muerte, una carta en que me decía que la Regla, simplificada, estaba escrita y que ahora sólo hacía falta que viniera a Francia… Y actualmente la cosa está, humanamente hablando, completamente acabada. ¿Ve usted alguna otra solución? Estoy sorprendido de este final. El padre Foucauld era un alma santa, muy generosa. Parecía que Dios lo había suscitado para algo especial. Y he aquí que tras su muerte todo se ha destruido. Quizás tan sólo tenía que hacer su obra en el Sahara…”.Se puede decir que es una carta de un “discípulo de Emaús”, una carta que muestra como el padre Laurin esperaba la venida de Foucauld pora establecer todo y ahora había desaparecido. Todo estaba acabado.
Luis Massignon continuador de la obra de Foucauld
Luis Massignon visita el 23 de febrero de 1917 a Mons. Le Roy, superior de los Padres Blancos, que aceptó presidir l’Asociación Foucauld y le pide editar una biografía y publicar los Estatutos. Massignon recuerda que Foucauld le había hablado de René Bazin y le pide una entrevista. Este le invita a venir a visitarlo, y Massignon el 2 de marzo le pide que sea el biógrafo de Carlos de Foucauld, recordando la carta que el 11 d’abril de 1916 le había enviado Foucauld a Massignon: «El Sr. René Bazin, sus pensamientos están en general en armonía con los míos«. René Bazin accedió y su biografía ha sido la pieza clave para que se conozca el testimonio de Foucauld. Mientras tanto Massignon se encuentra, entre los papeles de Foucauld, los estatutos simplificados de su Asociación, con fecha de 1916, y que fueron aprobados por Mns. Bonnet. El breve texto de ocho páginas traía por título Unión Aapostólica, y en pequeños caracteres: «Para la conversión de los infieles de las colonias francesas«. En el plan religioso, este texto podría compararse con l’obra de la Propagación de la fe, si bien hay una preocupación de promover en las almas una más grande vida espiritual. El padre Laurain se consuela. Ya no creía y de pronto las cosas se mueven en torno al padre Foucauld y lo resucitan. Seha encontrado un biógrafo. El mismo cardenal-arzobispo de París aprueba la Asociación Foucauld. En todo esto, el verdadero protagonista es Massignon. Commocionado por la muerte del hermano Carlos, Massignon con treinta tres años d’edad, se considera como un hijo que tiene que continuar la obra de su padre. Es con esta convicción que realiza todas las gestiones. En un artículo que Massignon publicó el 1922, afirma que la nota distintiva de la Unión es un espíritu de fraternidad en el Corazón de Jesús. Prácticamente es «una organización que combina vida interior y trabajo de apostolado«. ¿Qué apostolado? Un «apostolado indirecto»: el apostoladode la amistad, de la bondad, que evita toda presión y que no suscita desconfianza ni antipatía. En palabras del propio Massignon, «la Unión ofrece a toda alma de buena voluntad, un simple consejo discreto, humilde, pero es el consejo de las bienaventuranzas«.
El nacimiento de las Fraternidades
Luis Massignon ve que con la biografía de René Bazin no no hay suficiente; quiere editar el texto clave, cargado de fuego, aunque imperfecto por su estilo y visión de la época, que el mismo Foucauld quería realizar de una manera más simple, clara y limpia. Publica Los Consejos Evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld y sigue sus consejos casi a la letra, de una manera eremítica, si se puede decir, en solitario en el mundo; aquellos y aquellas que se reúnen de una manera secreta y callada alrededor del Directorio tendrán la misma actitud. Durante diez años se dirigen a Massignon numerosos lectores de Bazin que s’interesan por los diversos proyectos de Foucauld. Sorprende que el primero grupo que surge del padre Foucauld bajo la guía de Suzanne Garde, el Grupo Carlos de Foucauld, sea una fundación que es estrictamente laica, cosa que en aquel momento, 1923, era revolucionario. La primera congregación religiosa que nace del padre Foucauld fue la de las Hermanitas del Sagrado Corazón, fundada gracias a una viuda de 43 años, la Sra. Macoir-Capart, que habiendo leído a René Bazin y tras la muerte de su marido en 1928, quiere poner en práctica la regla indicada por Foucauld en una congregación femenina. El 8 de septiembre de 1937, el padre René Voillaume, que también se había encontrado con Massignon, tomó el hábito, con otros cuatro compañeros, en la basílica de Montmartre. Dejan París hacia La Abiodh Sidi Cheikh, en el Sur argelino, dónde establecen su fraternidad. Al principio se denominan Hermanitos de la Soledad y pronto se llamarán Hermanitos de Jesús. El 7 de mayo de 1947 René Voillaume fundó con tres hermanos la primera fraternidad obrera en Aix-en-Provence. Cuatro años más tarde se publicó el libro En el corazón de las masas que sobrepasó los 100.000 ejemplares. Las Hermanitas de Jesús nacieron el 1939, gracias a la hermana Magdaleine de Jesús, y hoy en día están repartidas por todo el mundo en 321 fraternidades, manifestando el amor gratuito de Dios a través de la amistad y la solidaridad. El año 1956, René Voillaume fundó también los Hermanitos del Evangelio extendidos por todo el mundo.
La grande familia del hermano Carles de Foucauld
Hoy en día la Asociación Carlos de Foucauld reúne a un numeroso número de grupos que se llaman y son discípulos del hermano Carlos de Foucauld. Además de los ya mencionados hace falta citar a las Hermanitas de Nazaret, fundadas en Bélgica y que están presentes en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), los Hermanitos de la Cruz (Canadá), los Hermanitos de la Encarnación (Haití), las Hermanitas del Corazón de Jesús (República Centro Africana), la Fraternidad Jesús Caritas, (Instituto Secular Femenino), Fraternidad Sacerdotal Jesus Caritas, la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld, la Comunidad de Jesús, nacida en Barcelona gracias a Pere Vilaplana Puntí, la Comunità Jesus Caritas (Italia), la Fraternidad Carles de Foucauld (Asociación de fieles: laicas con celibato), el Grupo Charles de Foucauld, otro en Vietnam y además en Cataluña tenemos también las Fraternidades de Betània,que tienen la Fraternidad General en Barcelona, y la Fraternidad de Emaús , las Fraternidades de la Amistad en València y la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld de carácter universal.
¿Qué imagen tenía Carlos de Foucauld los últimos años de su vida?

Esta fotografía es de los últimos años de Foucauld entre 1914 y 1916.
No podemos establecer la fecha con exactitud, pero la puerta que aparece detras de la foto nos puede dar una idea del lugar donde fue tomada, ya que no corresponde a la «fragata», la primera casa del pueblo construida por Carlos de Foucauld, ni a la puerta de la ermita fortificada habitada después de junio de 1916. El fotógrafo sólo puede ser uno de los soldados del fortín de Motylinski, a unos 50 Km. de Tamanrasset donde Foucauld estuvo allí los días 12, 13 y 14 de abril de 1916 o uno de los soldados en misión temporal en el Hoggar. En este caso, uno de estos fotógrafos aficionados podría ser el médico militar Paul Vermale, asistente principal de la Compañía Sahariana de Tidikelt, asignado al Grupo Hoggar en 1914, y del que sabemos que le gustaba fotografiar paisajes y personas del desierto. El 30 de octubre de 1914, se quedó en «la casa de los oficiales» construida en los primeros meses de 1914. Y el Doctor Vermale, al que Foucauld había llamado para tratar muchos casos de malaria, permaneció en Tamanrasset hasta el 23 de noviembre. Entonces surge la pregunta: ¿La foto fue tomada en noviembre de 1914 en «la casa de los oficiales»? Si es de noviembre de 1914, Charles de Foucauld a los cincuenta y seis años, parece una persona mayor. Su salud era bastante pobre, según el diagnóstico del Dr. Vermale, quien lo tratará contra el escorbuto unas semanas después.
¡Pero los ojos y la sonrisa están vivos!
Y la fisonomía habla por sí misma, especialmente en comparación con la de Foucauld de los años de la juventud.

Olivier Clément (1923- 2009), profesor de teología en el Institut de théologie orthodoxe de Paris, describe la impresión que sintió al contacto con esa imagen antes de su conversión al cristianismo en 1950 :»Estaba abrumado por las fotografías, que encontré, por casualidad en un libro, del padre Charles de Foucauld. Estas fotografías habían sido tomadas en varios momentos de su vida. La transformación que había visto que la muerte lograba en ciertos rostros se había realizado en plena vida. Fue como el paso a través del fuego o como una muerte-resurrección» (El otro sol, autobiografía espiritual , Stock, 1975, 127-128).
Presentación

» ¿Cuánto bien no hubiera hecho Jesús evangelizando al mundo durante los años oscuros de Nazaret? Y sin embargo juzgó que lo hacía mayor quedándose en ese silencio»
— Carlos de Foucauld
Queridas amigas y amigos:
Con este bloc pretendo dialogar con Foucauld y con todos vosotros sobre espiritualidad, y en particular la fouccouldina, con el fin de que el Espíritu del Señor Resucitado conduzca a plenitud nuestras vidas en el Amor.
Vuestro hermano J. L. Vázquez Borau

