
Homero lo describe como “la alegría de los hombres”, no en vano Dioniso preside todo tipo de festejos, ya que le entregó a Icario la vid, para solaz de los humanos; a él también hemos de agradecerle el teatro, hijo bastardo de los rituales celebrados en su honor. Juerguista, excesivo, tan juguetón como cuco, esta divinidad resulta inagotable, como muestra una colosal obra, Dioniso y lo dionisíaco en la literatura griega arcaica y clásica (Abada), más de mil doscientas páginas de delirio, frenesí, agricultura, teatro, etimología, pesquisas topografía… Sobre todo ello conversamos con Alberto Bernabé (Huelva, 1946), filósofo experto en orfismo y uno de los coordinadores de este libro.
¿Qué representa exactamente Dioniso en el mundo clásico?
Es probablemente la divinidad más interesante. Asociada en origen al vino, comparte con dicha bebida sus efectos, que pueden ir de la felicidad y la euforia, a la locura y la destrucción. Sus facetas son múltiples: el mundo agrícola, el de las mujeres y su posición en la sociedad, el ámbito del teatro o el de la transgresión como necesidad. Representa, por así decirlo, una especie de alter ego de Zeus, siendo este la representación del orden y la racionalidad, y Dioniso la del desorden, temporal y necesario, y la presencia de lo irracional.
¿Qué nos dice hoy en día esa divinidad tan ambivalente, tan lábil a la clasificación?
En Grecia, Dioniso era un dios, y, como tal, recibía culto y formaba parte importante de la sociedad. Hoy día, es un fenómeno cultural, un capítulo de los estudios de ciencias de las religiones, aparte de un motor cultural (que se manifiesta, por ejemplo, en su utilización por parte de Nietzsche, como un componente esencial de la vida humana). La modernidad ha aprendido a profundizar en las visiones simplistas del dios y a comprender de un modo más cabal sus múltiples facetas. Nuestro libro insiste precisamente en eso, en distinguir, precisar y profundizar en sus funciones en el mundo antiguo.
¿Por qué este altísimo estudio sobre Dioniso, qué motivó este voraz y poliédrico ensayo?
El equipo había trabajado muchos años en el estudio del orfismo, una manifestación específica del dionisismo. Y advertimos que sobre Dioniso se había escrito mucho, pero casi siempre tomándolo como un todo monolítico, por lo que nos pareció necesario abordar las diferentes facetas del dios de un modo sistemático, a través de los distintos géneros literarios. Se trataba de crear una colección exhaustiva de fuentes literarias (que no existía en ninguna lengua) y, a un tiempo, de un análisis de su imagen en los diversos géneros, que presentaban notables diferencias entre sí.
Apolo tiene componentes irracionales e incluso salvajes y Dioniso tiene facetas muy racionales
¿Qué tiene Dioniso de lo que carece Apolo?
Hay una tendencia antigua a asociar a Apolo con la luz, lo racional y lo ordenado y a Dioniso con la oscuridad, lo irracional y lo transgresor. En realidad, ambos dioses se parecen más de lo que se suele considerar y solo el análisis nietzscheano provocó que se distinguieran artificialmente, como representaciones polares de lo racional y lo irracional. En realidad, Apolo tiene muchos componentes irracionales e incluso salvajes, mientras que Dioniso tiene, en cambio, facetas muy racionales, como la presidencia del teatro. Y no olvidemos que Platón consideraba la baccheia, la posesión báquica, como un componente de su propia filosofía. Asimismo, debemos recordar que Apolo y Dioniso compartían la tutela del santuario más famoso de Grecia, Delfos.
Las Bacantes, de Eurípides, ¿es el texto que más determinó la imagen que tenemos del dios?
Sin duda, la aportación de las Bacantes a la imagen del dios y sus seguidoras fue decisiva. Buena prueba de ello es que nuestro libro no incluye referencias a esta obra, sino que se reservó esta parte del estudio, que habría ocupado una extensión desmesurada en la misma, a una edición comentada de las Bacantes, obra de Sara Macías y publicada en la misma editorial. Sin embargo, en algunas ocasiones, el influjo de las Bacantes provocó una notable distorsión de la realidad: el caso más evidente es el hecho de que la opinión común considera que las mujeres que participaban en los ritos dionisíacos reales se comportaban como las bacantes euripídeas y eran capaces, por ejemplo, de desmembrar y devorar animales vivos, algo obviamente erróneo.
El vino, el desenfreno, la fertilidad, la agricultura, la poesía, el teatro… ¿Qué es lo que mejor lo representa?
Todo ello a un tiempo y ese es precisamente el principal interés del dios. El vino en Grecia es mucho más que una simple bebida, como lo demuestra la enorme literatura que se refiere a él en sus más diversas facetas. Y hay un par de componentes que debemos añadir a esta lista: la relación con las mujeres y los aspectos vinculados a la suerte de las almas en el Más Allá. No olvidemos que el orfismo, que se ocupó de este problema como ningún otro movimiento en Grecia, es una derivación del dionisismo.
Era conocido como “el extranjero”, su culto, ¿venía de Anatolia?
El dios tiene, en efecto, componentes de dioses extranjeros (de Osiris, en Egipto, de divinidades de Asia Menor). Pero su presencia en Grecia es tan antigua como el mundo micénico, hacia 1300 a.C., lo que hace que no fuera un extraño, en absoluto, en el panteón griego. En realidad, lo primordial de Dioniso (como ya dijo Walter Otto hace muchos años) es que es “el dios que viene”. Dioniso no está, en los primeros años no se le dedican templos. No formaba parte inicialmente de los dioses de la ciudad. Se le invocaba en determinadas fiestas, se le traía del mundo inferior o de donde quiera que estuviese, aparecía, lo trastornaba todo durante los días de la celebración, para luego volver a irse, con la consiguiente recuperación del orden cívico. Luego la situación cambia en época clásica y el culto del dios se estabiliza en muchos lugares.
Su proyección e importancia fue consolidándose con el tiempo, ¿cómo se explica que se lo represente tanto como un joven efebo (afeminado) o un anciano de barba profusa?
No un anciano, sino un varón adulto, como Zeus. En realidad, las representaciones figuradas arcaicas de Dioniso son como las de un Zeus que ha sustituido el rayo por la copa de vino o la vid. Esto es, como un dios equivalente, pero con sus propios ámbitos de aparición. En cambio, en la literatura se le representa al principio como un apuesto joven (lo que es lógico, ya que es de una generación posterior a la de Zeus). Y con el curso del tiempo acaba por ser un viejo gordo y borracho. Todo depende, por una parte, de la importancia que se le dé al fenómeno del consumo del vino y cómo se consideren sus efectos, como positivos o como negativos y, por otra parte, los diferentes ámbitos en los que se mueven los textos escritos y las imágenes.
¿Qué importancia tuvieron tanto los Misterios dionisíacos como los Misterios eleusinos en la cultura antigua?
Una gran importancia. La religión griega cívica era una religión nacida para ordenar la vida social, los cambios de edad, las fases del trabajo agrícola, las relaciones entre los ciudadanos, de modo que se orillaban aspectos importantes de la vida humana, la angustia, el temor al futuro, el fracaso en la vida y, en especial, el miedo a la muerte. Los Misterios venían a llenar esa necesidad vital con un mensaje de esperanza en un renacer en el Más Allá. Habría que añadir a la lista los misterios órficos, que son en su base dionisíacos, pero que adquieren un estatus diferente.
Fuente: “En Grecia, Dioniso era un dios y hoy día es un fenómeno cultural” | ctxt.es
