Jerusalén: cuando el encuentro es posible

Tres religiones, una ciudad. Más allá de las fronteras, Jerusalén sigue siendo símbolo de lo sagrado, la historia y la posibilidad del diálogo.


Mateo Alberto

Hay lugares que no necesitan presentación. Su nombre basta para abrir puertas, evocar pasados y disparar preguntas. Jerusalén es uno de ellos. Ciudad de piedras milenarias, de promesas y traiciones, de rezos murmurados en tres idiomas sagrados. Es, a la vez, santuario, frontera, sueño y herida.

Pero también es, contra todo pronóstico, la ciudad donde el encuentro aún es posible. En tiempos donde las creencias se polarizan, donde las identidades se vuelven trincheras, Jerusalén persiste como un punto de contacto incómodo, pero inevitable. Judíos, cristianos y musulmanes reclaman su parte de historia, de fe y de territorio. Y en esa superposición no solo conviven narrativas: conviven visiones del mundo. 

Quien ha caminado por sus callejones sabe que ahí nada es casual. Un rezo se superpone con el llamado a la oración. Un guía cristiano señala la Vía Dolorosa mientras un rabino cruza hacia el Muro, y un grupo de peregrinos musulmanes sube al Domo de la Roca. Todo sucede al mismo tiempo. Y, a pesar de todo, sucede en paz.

Tres religiones, una raíz

La singularidad de Jerusalén no radica solo en su pasado, sino en su rol como eje espiritual de tres religiones monoteístas que, aunque distintas en forma, comparten el asombro por el misterio, la centralidad de la palabra revelada, y la fe en un Dios que se vincula con la humanidad. Para el judaísmo, es la ciudad de David y el templo. Para el cristianismo, el lugar de la pasión, muerte y resurrección. Para el islam, el punto desde donde Mahoma ascendió al cielo. Tres visiones que no se anulan, pero que tensionan.

¿Puede haber paz donde hay tanta sacralidad compartida? La respuesta no está en los tratados, sino en los gestos.

Espiritualidad en el siglo XXI

En un mundo secularizado, veloz y disperso, Jerusalén funciona como recordatorio incómodo. Todavía hay quienes creen. Todavía hay quienes rezan. Todavía hay lugares donde la fe organiza el tiempo y los vínculos. No desde la imposición, sino desde la tradición.

En la era del algoritmo, la espiritualidad parece un lujo vintage. Pero basta entrar a la Iglesia del Santo Sepulcro al atardecer, o ver a un niño rezando junto al Muro, o escuchar el eco del adhan desde los minaretes para entender que, en esta ciudad, el alma todavía encuentra hogar. Y si hay algo que Jerusalén enseña es que la religión no es solo rito o creencia. Es también identidad, pertenencia y, muchas veces, refugio.

Una ciudad que interpela

Para quienes creemos que la política debe ser puente y no muro, Jerusalén es una interpelación permanente. No se trata solo de geopolítica. Se trata de cómo nombramos al otro. De cómo honramos su fe sin negar la propia. De cómo construimos una narrativa común sin borrar lo que duele. 

No hay convivencia sin conflicto. Pero tampoco hay futuro sin voluntad de encuentro. Y en ese sentido, Jerusalén, más allá de su complejidad, ofrece lecciones. No como modelo a imitar, sino como espejo donde mirar nuestras propias tensiones: entre memoria e identidad, entre libertad y pertenencia, entre el derecho a creer y el derecho a no ser excluido por creer distinto.

Lo sagrado como espacio público

En mi generación, donde todo se cuestiona y casi nada se sostiene, volver a pensar lo religioso como parte del entramado humano puede ser un acto de apertura, no de encierro. Jerusalén no nos invita a uniformar la fe, sino a entender que la diversidad espiritual también puede ser una forma de riqueza. 

No se trata de romanticismo. Se trata de reconocer que lo sagrado, cuando es vivido con humildad y hospitalidad, puede convertirse en lugar de encuentro. Y que, en medio del ruido del mundo, hay ciudades, como Jerusalén, que todavía susurran lo esencial: que la fe no es obstáculo si el amor la habita. Que el rezo no divide si el respeto lo acompaña. Que el otro no es enemigo si nos dejamos conmover.

Una ciudad, tres veces sagrada

Jerusalén no pertenece a nadie porque, en el fondo, le pertenece a todos. No es solo la capital de una fe, sino el corazón latente de muchas. No es solo historia, es promesa. Y su promesa no es la uniformidad, sino el encuentro. Caminar sus calles es toparse con rezos que no suenan igual, pero laten parecido. Es convivir con muros que dividen y relatos que sangran, pero también con la posibilidad real de que, a pesar de todo, el diálogo no sea un milagro, sino una decisión. 

Quizá el desafío no sea resolver Jerusalén, sino aprender a mirarla como espejo. Porque lo que pasa entre sus piedras también pasa en nuestras ciudades, en nuestras familias, en nosotros. Jerusalén enseña, a quien quiera ver, que la paz no es ausencia de conflicto, sino presencia de dignidad. 

Y que rezar, a veces, es simplemente sentarse a escuchar el rezo del otro.

Fuente: https://www.newsdigitales.com/nota/305413/jerusalen-cuando-el-encuentro-es-posible/

Religiones por la Paz

El Vaticano se ‘muda’ a Camboya para exhibir, junto a los budistas, su unidad por la paz en un mundo “fragmentado”

El cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, ha dado comenzado oficialmente en Phnom Penh al octavo Coloquio Budista-Cristiano, que concluirá el 29 de mayo

VIII Coloquio Budista-Cristiano en Camboya

Por Vida Nueva

“En un mundo fragmentado por la violencia, marcado por los conflictos y oprimido por la injusticia, la pobreza y la degradación del medio ambiente, nuestra asamblea de líderes espirituales y practicantes representa un poderoso signo de esperanza”. Con este discurso de bienvenida pronunciado hoy por el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, ha comenzado oficialmente en Phnom Penh, capital de Camboya, el octavo Coloquio Budista-Cristiano, que concluirá el 29 de mayo.




Tal como recoge Vatican News, este evento, organizado por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso en colaboración con las universidades y monasterios budistas de Camboya y la Conferencia Episcopal local, el evento cuenta con la participación de unos 150 representantes de ambas religiones, entre ellos delegados de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia.

El tema elegido para la edición de este año: ‘Budistas y cristianos trabajando juntos por la paz a través de la reconciliación y la resiliencia’ dio pie al Prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso para subrayar en sus observaciones introductorias que “esta sesión ofrece un espacio sagrado en el que budistas y cristianos se reúnen no sólo como representantes de dos tradiciones venerables, sino también como compañeros de viaje, unidos por un compromiso común en favor de la paz. En el centro de nuestro encuentro hay dos tesoros espirituales: la reconciliación y la resiliencia, que están profundamente arraigadas en nuestras respectivas creencias y son capaces de construir y sostener una paz duradera”.El cardenal Koovakad en el VIII Coloquio Budista-Cristiano en Camboya

El cardenal Koovakad en el VIII Coloquio Budista-Cristiano en Camboya

El cardenal subrayó también lo fundamental que es, en un contexto histórico dominado por enormes desigualdades, dar testimonio del poder curativo de la religión en beneficio de un mundo que describe como cada vez más inquieto: “No puedo evitar pensar en los más afectados por la guerra y la injusticia, los que sufren directamente y los que, cansados de los titulares saturados de tragedia, se han alejado con desesperación. La realidad del sufrimiento causado por la violencia, los prejuicios y la desigualdad es innegable”.

Diálogo concreto

El silencio y la indiferencia ante los gritos de los pobres, los refugiados, los marginados, los descartados, los migrantes y ante la intensificación del cambio climático y la erosión de la dignidad humana necesitan, según el Prefecto, una respuesta basada en la compasión y el deber moral. “Nosotros no carecemos de esperanza ni de recursos para responder a esta llamada. Nuestros debates ofrecen valiosas oportunidades para escuchar y amplificar relatos positivos sobre la construcción de la paz, incluidos los que proceden de las bases. Nuestras tradiciones espirituales ofrecen tanto una visión como una misión: nos instan a rechazar la apatía y a asumir la difícil tarea de la construcción de la paz. Nos desafían a elegir la reconciliación en lugar de la venganza, la resiliencia en lugar de la resignación”.

El vicario apostólico de Phnom Penh, Olivier Michel Marie Schmitthaeusler, en su discurso de saludo a los participantes, expresó también su alegría por un acontecimiento que quedará grabado en la historia de la pequeña Iglesia camboyana: “Reforzará la fraternidad y el diálogo. El diálogo de la vida, abierto a cada persona; el diálogo de las obras, a través de la educación para la paz y la solidaridad; el diálogo teológico, que experimentaremos durante esta conferencia; el diálogo de la experiencia religiosa, que lleva a los creyentes a la contemplación para penetrar en el misterio de Dios”.

Judíos, musulmanes y cristianos en una misma marcha en Jerusalén: «Queremos la paz»

Núria Garrido Gómez

Jerusalén, (EFE).- Cuando este miércoles se cumplen 600 días de ofensiva israelí contra una Gaza ya desolada, más de una treintena de organizaciones formadas por judíos, musulmanes, cristianos y drusos celebraron una marcha conjunta en Jerusalén para pedir una convivencia pacífica.

«Queremos la paz. La religión no tiene por qué ser el problema, puede ser más bien la solución. En Jerusalén hay sitio para todas las religiones. Y ese es el mensaje que queremos transmitir», explica a EFE Yakir Renbaum, de 34 años y director de la ONG Rabinos por los Derechos Humanos, una de las organizaciones convocantes dedicada a fomentar la convivencia entre judíos y palestinos.

Renbaum, que lidera esta fundación conformada por más de un centenar de rabinos (entre ellos ortodoxos y ultraortodoxos), pidió el fin de los bombardeos israelíes contra la Franja y lamentó que su Gobierno esté «matando de hambre» a tantos palestinos.

En los discursos previos al inicio de la marcha, que aglutinó a un centenar de personas y recorrió de oeste a este Tierra Santa, diferentes líderes religiosos y representantes del islam, judaísmo, cristianismo, budismo y también de la comunidad drusa rezaron en árabe y hebreo pidiendo la paz.

El «otro Jerusalén»

«Hace dos días vimos una marcha en Jerusalén bastante racista. Nosotros hoy queremos promover otra imagen. Queremos promover el otro Jerusalén en el que hay espacio para todos y para todas las religiones», indicó sobre las escenas violentas contra palestinos que protagonizaron israelíes en la Ciudad Vieja durante el Día de Jerusalén, que conmemora la ocupación del este de esta urbe en 1967.

Durante esta marcha, anual y financiada por el Estado israelí, miles de israelíes corean cánticos como «que arda tu aldea» o «Mohamed está muerto», al tiempo que atraviesan una Ciudad Vieja desierta en la que comerciantes cristianos y musulmanes cierran sus negocios por miedo a ataques.

En este sentido, el rabino Renbaum subrayó que, aunque intentan mantener contacto con los judíos más alejados de su mensaje y afincados en el radicalismo, como muchos de los colonos que pueblan Cisjordania ocupada, su «línea roja es la violencia».

Para Jesse Burke, un judío ortodoxo de 40 años, apostar por el diálogo y la paz cobra ahora más sentido que nunca tras la muerte de su hijo, soldado, hace seis meses en la Franja de Gaza.

«Es muy triste ver tantas muertes. Y evidentemente otro 7 de octubre no puede volver a ocurrir. Pero tenemos que buscar una solución para la Franja que no sea la ocupación. Quizás la solución de los dos Estados. No sé, pero la guerra tiene que acabar y los rehenes tienen que regresar», agrega Burke.

La alemana y cristiana Ines Fischer, afincada en Jerusalén desde hace cuatro años y pastora en la Iglesia de la Ascensión en el Monte de los Olivos, también está convencida de que las diferencias culturales o religiosas entre los ciudadanos no son un impedimento para construir una sociedad sin odio.

Asimismo, israelíes seculares como Regula Alona, de 60 años y del movimiento feminista Women Wage Peace (‘Mujeres que luchan por la Paz’) también urgieron el fin de la ofensiva bélica, en la que ya han muerto más de 54.000 palestinos, entre ellos al menos 16.500 niños, según datos de Sanidad gazatí.

«Quiero que la guerra en Gaza acabe hoy mismo. No mañana, ni pasado. 600 días de sufrimiento, de muchas muertes, de muchos heridos, de mucha gente atemorizada. La guerra tiene que acabar ya y tienen que empezar las negociaciones», aseveró. EFE

Líderes cristianos, judíos y musulmanes se reunieron para celebrar en hermandad sus fiestas

Líderes religiosos se reunieron enLíderes

El evento, en la sede de la Comunidad Musulmana Ahmadía Argentina, se llevó a cabo en el contexto de la culminación del mes del ayuno islámico, Ramadán, y en vísperas de las festividades de Pesaj y Pascua

En un evento que destaca la convivencia pacífica y la fraternidad entre las religiones abrahámicas, líderes de las comunidades cristiana, judía y musulmana se reunieron en la sede de la Comunidad Musulmana Ahmadía Argentina. Este encuentro se llevó a cabo en el contexto de la culminación del mes del ayuno islámico, Ramadán, y en vísperas de las festividades de Pesaj y Pascua.

El encuentro, que fue diseñado como un espacio de reflexión para promover la paz en un marco de tensiones internacionales y nacionales, contó con la participación de destacados líderes religiosos y representantes de diversas organizaciones. Entre ellos, se encontraban el Gran Rabino Isaac Sacca, el Monseñor Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, y el Imam Marwan Gill, presidente de la Comunidad Musulmana Ahmadía.

“Con gran afecto y hospitalidad nos recibió la Comunidad Musulmana Ahmadía”, expresó el Gran Rabino Isaac Sacca destacando la importancia del diálogo interreligioso en Argentina.

Monseñor Marcelo Colombo, subrayó el valor de este encuentro como un signo de unidad frente a un mundo marcado por la división. “Vivimos un verdadero encuentro de fraternidad, escucha y diálogo entre líderes de distintas religiones”, afirmó.

Por su parte, el Imam Marwan Gill enfatizó la necesidad de construir puentes en lugar de muros, destacando que “el disenso y las diferencias teológicas, ideológicas o políticas no pueden ser excusas de alejarnos unos de otros”.

La reunión también contó con la presencia de representantes de la Secretaría de Culto y Civilización de la Nación, como el subsecretario Agustín Caulo, quien celebró la capacidad de diálogo entre los diferentes cultos en el país. “Entendemos que encuentros como estos deben seguir marcando el rumbo de la Argentina en materia de diálogo interreligioso”, dijo Caulo.Diversas organizaciones religiosas participan enDiversas organizaciones religiosas participan en el encuentro de hermandad.

Además, participaron autoridades y representantes de organizaciones como la DAIA, el Congreso Judío Latinoamericano, el Centro Wisenthal, el CALIR (Consejo Argentino para la Libertad Religiosa) y el IDI (Instituto para el Diálogo Interreligioso).

Entre los asistentes estuvieron presentes el rabino Saul Bonino; el pastor Jorge Gómez, director ejecutivo de ACIERA; el pastor Norberto Saracco, también miembro de esa organización; así como el director del Centro Wiesenthal para América Latina, Ariel Gelblung, y la rabina Silvina Chemen del Seminario Rabínico Marshall Meyer.

La representación del Instituto del Diálogo Interreligioso (IDI) estuvo a cargo de su copresidente Omar Abboud y de su secretario Lucas Randle. Completaron la nómina Claudio Epelman, director del Congreso Judío Latinoamericano, y Alberto Zimermann en nombre de DAIA.

Por parte del Estado nacional, asistieron Tomás Randle, jefe de Gabinete de la Secretaría de Culto y Civilización de la Nación. También participaron Claudio Avruj, actual presidente de Asuntos Indígenas; Andrés Murchison; y David Frol, presidente del Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR).

Estos líderes y representantes destacaron la armónica convivencia interreligiosa en Argentina, un resultado de los valiosos aportes de las diversas comunidades y líderes religiosos. “La paz social en una sociedad se construye entre todos y requiere un esfuerzo conjunto y constante”, señalaron.

El evento se llevó a cabo en un contexto global de creciente judeofobia e islamofobia, exacerbado por conflictos en el Medio Oriente. Sin embargo, en Argentina, los líderes religiosos han logrado sentarse en la misma mesa, demostrando que la diversidad religiosa no es un obstáculo para la convivencia pacífica. “Este encuentro fue un lindo ejemplo para demostrar que la diversidad religiosa no es un obstáculo para la convivencia pacífica y la fraternidad universal”, afirmó el Imam Marwan Gill.

Los líderes religiosos y comunitarios renovaron su compromiso con la paz, la libertad y la cercanía a los más vulnerables, esperando que este gesto inspire a otros a seguir su ejemplo. “Que esta Pascua que los cristianos vamos a celebrar sea un tiempo de renovación profunda del trabajo por la paz y la fraternidad”, concluyó el Monseñor Marcelo Colombo.

El diálogo interreligioso como palanca de cohesión social

Algunos de los participantes en el Foro Interreligioso de la Universidad Pontificia Antonianum

Concluye este 9 de abril en la Universidad Pontificia Antonianum la Conferencia iniciada ayer bajo el título de «Horizontes comunes», organizada por el Centro internacional para el diálogo con el Centro europeo de líderes religiosos. En el debate está la necesidad de encontrar vías interreligiosas para la cohesión social y la justicia climática en Europa

Fausta Speranza – Ciudad del Vaticano

Fortalecer las «estructuras espirituales» de las sociedades en crisis en todas partes: es el objetivo que se desprende del Foro titulado «Horizontes comunes», organizado por el Centro internacional para el diálogo (Kaiciid) con el Centro europeo de líderes religiosos (Ecrl) los días 8 y 9 de abril en la Universidad Pontificia Antonianum. En particular, se debate sobre las «vías interreligiosas para la cohesión social y la justicia climática en Europa».

Disertación del cardenal Koovakad

«La cultura ecológica no significa ocuparse de cuestiones medioambientales, sino que es más bien una visión, un proyecto de desarrollo integral que se concibe para el bien común de todo el mundo», subrayó el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el diálogo interreligioso, recordando en primer lugar la Encíclica Laudato si’ que el Papa Francisco presentó al mundo hace diez años.

Es una invitación – subrayó – a «concebir una comunidad humana más fraterna y capaz de afrontar las profundas interrelaciones de los mayores desafíos actuales: desigualdades crecientes, consumo insostenible de los recursos del planeta y conflictos. En este contexto, la Santa Sede y los creyentes – añadió – pueden contribuir ante todo a reafirmar y defender la dignidad inalienable de la persona humana y el valor de la educación».

Una nueva alianza en torno a los valores del humanismo

El rector del Antonianum, fray Agustín Hernández Vidales, reiteró la importancia de una «nueva alianza cultural en torno a los valores del humanismo», subrayando que la «Laudato si’ representa la herramienta hermenéutica esencial».

Habló además de «dignidad ontológica que debe convertirse en dignidad social», para contrarrestar el escenario al que asistimos de «fragmentación». Y los ámbitos en los que los líderes religiosos están más llamados a ser «fermento» de solidaridad y justicia son los del «conocimiento, la cultura, la responsabilidad». Por eso lanzó su invitación a concebir «una inteligencia integral».

El objetivo del Foro fue reiterado y respaldado por todos: crear redes de diálogo y cooperación cada vez más sólidas. Y según el secretario general de Kaiciid, el embajador Antonio Almeida-Riberio, «se necesitan ideas frescas para enfoques siempre nuevos, de modo que el diálogo no sea sobre palabras, sino sobre experiencias».

Las «estructuras espirituales» y la contribución social de los líderes religiosos

Fue Kiran Bali, magistrada del Reino Unido y líder de la Global Chair of the United Religions Initiative (Cátedra Global de la Iniciativa Religiones Unidas), quien sugirió el término «estructuras espirituales» para hablar de la posible contribución concreta de los líderes religiosos en las sociedades.

Kiran Bali abogó por considerar «las redes y puentes de diálogo entre religiones como el software ideal para las políticas sociales que pueden considerarse como el hardware de una sociedad».

Asimismo recordó que son las mujeres las primeras víctimas de las catástrofes medioambientales y afirmó que «el miedo a las consecuencias del cambio climático debe convertirse en una oportunidad para redescubrir los valores fundamentales».

Kiran Bali

Kiran Bali

Kari Mangrud Alvsvåg, presidenta de la Ecrl y obispa de la Iglesia protestante de Noruega, se detuvo en lo que calificó como «secularización agresiva» que se está produciendo en los países europeos y más allá de sus fronteras. Imaginando las funciones y tareas de los líderes religiosos, hizo un sentido llamamiento a «explorar y debatir sin cesar para enseñar a la gente a rezar y a defenderse de la manipulación», y recomendó a continuación «estar unidos en todo lo que une y empatizar».

«No siempre se puede ser optimista, teniendo en cuenta lo que nos rodea, pero – dijo – siempre se puede ser mujeres y hombres de esperanza».

El legado de San Francisco

El término crisis volvió a aparecer en el discurso del hermano Giuseppe Buffon, vicerrector y director del Centro de investigación del Antonianum, quien definió los contornos de «una crisis social que se expresa en nuevas formas de colonialismo e imperialismo, pero que es ante todo una crisis epistemológica, de sentido y de significado». Su llamamiento a debatir sobre las fuentes de energía sostenibles, y de modo particular sobre la «energía para la vida».

Además, hablando del redescubrimiento de los valores de la filosofía y la religión en Occidente, llamó la atención sobre un aspecto del legado de San Francisco: «Haber aclarado hace 800 años lo que es la fraternidad recordando la condición común ante la presencia de Dios: nullu omo ène dignu te mentovare».

¿Cómo puede el pensamiento cristiano e islámico ser vía para el diálogo y la convivencia?

La teóloga Almudena Soler, de la Universidad Loyola, analiza en su tesis ambas religiones

Almudena Soler, doctora en Teología por la Universidad Loyola

Por Vida Nueva

Almudena Soler Sanchez, estudiante del Programa de doctorado en Teología en la Universidad Loyola ha defendido su tesis y ha obtenido una calificación de sobresaliente. El trabajo defendido en la Facultad de Teología en Granada de la Universidad Loyola ha mostrado una serie de estudios comparativos encaminados al establecimiento de vías de diálogo entre los diferentes agentes y realidades que posibiliten la colaboración de todos los ciudadanos en la construcción de sociedades en las que todo ser humano puede desarrollarse plenamente como tal.



El trabajo titulado ‘La ciudadanía en las tradiciones cristiana e islámica: una vía para el diálogo islamocristiano’ parte de que siendo el cristianismo y el islam las dos tradiciones religiosas mayoritarias, a las cuales pertenecen más de la mitad de la población mundial, se convierte en urgente un diálogo islamocristiano que, acogiendo el pluralismo como realidad ineludible, continúe profundizando en los diferentes modos de entender al ser humano como parte de las sociedades en las cuales reside.

Avanzar en el diálogo islamocristiano

La investigación que ha realizado la doctoranda en los últimos años en cuatro capítulos ha tenido como objetivo la realización del estudio teológico de la ciudadanía emanadas de los pensamientos católico e islámico, un estudio del pensamiento político en torno a las nuevas comprensiones de la ciudadanía, y, por último, el estudio comparativo de ambas tradiciones religiosas. Todo ello con el objetivo de encontrar una serie de elementos y aprendizajes que permitan continuar avanzando en un diálogo islamocristiano anclado en la comprensión del ser humano como miembro de una comunidad política.

La pluralidad que caracteriza las sociedades mundiales actuales supone un desafío para determinadas instituciones que, como es el caso de la ciudadanía, se han configurado a lo largo de la historia en contextos sociopolíticos muy diversos al presente. La identificación plena de los conceptos de nación, ciudadanía y estado comienza a ser discutida a causa tanto de la diversidad propia de las poblaciones presentes en cada territorio estatal como de las interrelaciones transnacionales que superan las fronteras del Estado.

Como elemento clave de esta pluralidad, la diversidad religiosa ha de ser reconocida como una profunda fuente de desavenencias y conflictos. La pertenencia a una comunidad religiosa distinta a la mayoritariamente presente en el Estado en el que se reside conlleva, en no pocas ocasiones, grandes dificultades para sus miembros, privados de sus derechos fundamentales o de los derechos y deberes que disfrutan quienes profesan la religión mayoritaria.Almudena Soler, doctora en Teología por la Universidad Loyola

Almudena Soler, doctora en Teología por la Universidad Loyola

Diálogo abierto

Para realizar el estudio, la doctoranda ha contado con la amplitud de recursos bibliográficos de la biblioteca de la Facultad de Teología de la Universidad Loyola, una biblioteca especializada que posee innumerables recursos que han facilitado a la investigadora aunar la mayor parte de diversidad de estudios posibles. Además, la doctoranda ha realizado dos estancias gracias al apoyo de la Escuela de Doctorado de la Universidad Loyola y financiadas por el programa Erasmus+ en el Trinity College en Dublín, Irlanda y en la Universidad de San José de Beirut en el Líbano.

Almudena Soler es religiosa de Jesús-María, licenciada en Administración y Dirección de Empresas, Bachiller en Teología en la Facultad de teología de Granada y Máster en Teología, especialidad Diálogo con las culturas contemporáneas, en l’Université Catholique de Lyon. A partir de ahora continuará en la búsqueda por modelos más específicos de teología comparativa y de la inclusión de la cuestión de género dentro de los estudios de ciudadanía como un complemento al campo de estudio. La ciudadanía es una institución que va en evolución, por lo que ya doctora señaló: “La importancia del estudio del individuo político y la necesidad de continuar apostando y trabajando por el diálogo teológico, abierto y humilde que nos permita seguir avanzando en sociedades más humanas”.

Ramadán, tiempo de oración y reconciliación por el bien de la Creación

Comenzó el 1º de marzo el mes sagrado para el Islam, que incluye ayuno, oraciones y actos caritativos. Mustafa Cenap Aydin, sociólogo de las religiones, director del Instituto Tíber – Centro para el Diálogo: la coincidencia este año con la Cuaresma, que comienza el 5 de marzo, es un abrazo entre hijos de Abraham que caminan juntos.

Francesca Sabatinelli – Ciudad del Vaticano

El Ramadán y la Cuaresma son un tiempo, para musulmanes y cristianos, de profunda reflexión sobre temas compartidos. Para ambos, es un período de ayuno y contemplación, en el que los fieles están llamados a reflexionar sobre su existencia, su relación con la Creación y con el Creador. El musulmán Mustafa Cenap Aydin, sociólogo de las religiones y director del Instituto Tíber – Centro para el Diálogo, se detiene -en conversación con los medios vaticanos- en el significado del mes sagrado para los musulmanes, que comienza hoy, primero de marzo, y que, en este año 2025, precede en sólo cinco días a la Cuaresma cristiana, que comenzará el 5 de marzo. Esta coincidencia -explica- yo diría que es un abrazo entre dos hermanos, entre los hijos de Abraham, que caminan juntos por motivos diferentes. Un ejemplo muy concreto es el documento de Abu Dabi sobre la fraternidad humana firmado por el Papa Francisco y el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb. Este periodo puede ayudar mucho a musulmanes y cristianos a comprender mejor cuestiones fundamentales sobre la vida. También hay que señalar que las coincidencias este año no acaban ahí: la Pascua católica coincide con la Pascua ortodoxa, el 20 de abril, y del 12 al 20 de abril se celebra la Pesah, la Pascua judía. Este año tendremos muchas oportunidades de colaboración interreligiosa, también en la vida espiritual».

Ramadán y Cuaresma

Este periodo, para cristianos y musulmanes, también se caracterizará por el ayuno, que no debe entenderse sólo como una disciplina alimentaria, sino como un periodo muy importante para comprender mejor qué es la espiritualidad. «Los musulmanes -señala Cenap Aydin- desde la primera noche del Ramadán recitarán oraciones específicas, habrá momentos dedicados a la reflexión, por ejemplo, sobre el significado del texto sagrado, en los que también se repetirán los muchos y hermosos nombres de Dios». El próximo miércoles, 5 de marzo, será para los cristianos el Miércoles de Ceniza, inicio del camino de 40 días hacia la Pascua. He aquí que estos pasos, 30 del Ramadán y 40 para la Cuaresma, serán pasos que, para los musulmanes y para los cristianos, marcarán una oportunidad de renacimiento, una oportunidad de comprender verdaderamente quiénes somos y qué compromiso podemos ofrecer al prójimo».

El 60 aniversario de Nostra aetate

La declaración conciliar Nostra aetate, a la que se dirige este año el pensamiento del sociólogo con motivo del 60 aniversario de su promulgación por Pablo VI, el 28 de octubre de 1965, explica que los musulmanes «también tienen en estima la vida moral y rinden culto a Dios, especialmente mediante la oración, la limosna y el ayuno». «Ciertamente, este período del Ramadán es significativo no sólo por el ayuno, sino también por mostrar una mayor disponibilidad hacia el prójimo, para ser mucho más caritativos. Una disponibilidad que en otro sentido puede llamarse oración. Hablamos, por tanto, de oración oral, entendida como invocación para pedir al Señor su intervención para el bien, y hablamos de oración que se convierte en acto concreto, es decir, en voluntad de construir juntos para la paz, para reparar lo que está mal, un conflicto, sabiendo muy bien que la paz y la reconciliación, por las que hay que ser activistas, no pueden lograrse nunca sin la voluntad de Dios, y por tanto pidiendo su ayuda con la oración».

Oración por el Papa Francisco

Una invocación especial en este tiempo santo será entonces por el Santo Padre, concluye Mustafa Cenap Aydin. «Intentaremos así estar cerca de él, que es un hombre de oración, que la vive en cada momento de su vida. Por eso, como musulmanes, incluso durante el mes de Ramadán, estaremos muy cerca de él, con nuestras oraciones».

Cómo llegar al corazón del credo musulmán

Entrevista a Michel Cuypers   

El n. 4 de la revista «Il Regno `[El Reino]» (2007), editada en Bolonia por los religiosos dehonianos dedica una entrevista a Michel Cuypers, 56 años, belga, religioso de los Hermanitos de Jesús.Cuypers vivió doce años en Irán. Al comienzo en una leprosería en Tabriz, después estudiando la lengua y la literatura persa en Teherán alcanzando el grado de doctor en literatura persa en la universidad en 1983. Después estudió árabe en Siria y en Egipto y en 1989 se trasladó a El Cairo, donde actualmente reside y trabaja como investigador en el Instituto Dominicano para los Estudios Orientales, fundado hace medio siglo por los dominicos islamólogos Georges Anawati, Jacques Jomier y Serge Beaurecueil.

Desde 1994 Cuypers ha concentrado enteramente sus estudios sobre la composición del texto del Corán, adoptando el método de análisis retórico. Sus artículos y ensayos son cada vez más apreciados también por estudiosos musulmanes. Es reciente la publicación de un libro suyo en lengua francesa dedicado al análisis de un capítulo del Corán: “El banquete. Una lectura del sura al-Ma’ida”, con un prefacio del eminente estudioso musulmán Mohamed-Ali Amir-Moezzi.

La entrevista que publicamos, originalmente editada en francés, tiene por autor a Francesco Strazzari.

P. – Hermano Michel Cuypers, háblenos de su investigación y de su nuevo libro: “El banquete. Una lectura del sura al-Ma’ida”.

R. – Desde hace unos doce años llevo adelante una investigación sobre la composición del texto del Corán con el método llamado “análisis retórico”, ya experimentado en los estudios bíblicos. Esta investigación se beneficia de dos siglos y medio de estudios sobre la Biblia y desde hace unos veinte años ha sido sistematizada en modo excelente por Roland Meynet, jesuita, profesor de teología bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

Se trata del redescubrimiento de las técnicas de escritura y de composición que los escribas del mundo semítico antiguo utilizaban para redactar sus textos. La palabra “retórica” se debe por tanto en este caso tomar en el sentido preciso de “arte de la composición del texto” (que corresponde a una parte solamente de lo que Aristóteles entendía por “dispositio”, la retórica).

La retórica bíblica y – más ampliamente – semítica, difiere completamente de la griega, que ha marcado toda nuestra cultura occidental y también la cultura árabe, después que esta se abrió a la herencia de la cultura griega. Se funda sobre un principio simple, la simetría, que puede tomar la forma de paralelismos relativos a la sinonimia, antitéticos o complementarios, o sea los tres tipos de paralelismos que la exégesis bíblica, con Robert Lowth y sus “Lecciones sobre la poesía sacra de los hebreos”, aparecidas en 1753, ha puesto en evidencia en los Salmos, o también la forma del quiasma o “paralelismo inverso” (AB/B’A’), y finalmente el “concentrismo”, cuando aparece un elemento central entre dos aspectos simétricos del texto (AB/x/B’A’).

Tales correspondencias se prestan a diversos niveles textuales: miembros, grupos de miembros, etc., hasta siete, ocho niveles para textos importantes. La individualización de estas simetrías permite dividir el texto en unidades semánticas y evidenciar su estructura, que orienta a su vez la interpretación. En efecto, el objetivo final de esta técnica de análisis, como para todas las exégesis, es comprender el sentido del texto. Mi investigación es pues absolutamente interdisciplinaria, ya que aplico al Corán un sistema de análisis que proviene de los estudios bíblicos.

Al inicio no era más que una hipótesis de investigación: se quería verificar si efectivamente el análisis retórico bíblico era aplicable al Corán. He comenzado analizando algunas de los suras breves y rápidamente resultó evidente que este sistema se adaptaba perfectamente al análisis del texto coránico: a nivel de teoría no cambiaba nada, todos los principios se verificaban exactamente en el texto del Corán.

Después del estudio de unos treinta suras breves, que son atribuidos al inicio de la profecía mahometana, quise iniciar el análisis de un sura largo. Escogí el sura 5 (llamado normalmente “La mesa servida”, en árabe al-Ma’ida), porque según la tradición ella sería la última en orden de tiempo: en este modo el método se habría aplicado par los textos del inicio cronológico del Corán como para los del final. Esto habría permitido extraer traducciones ponderadas y afirmar que verosímilmente la totalidad del Corán está construida según estos mismos principios de composición.

P. – ¿Por qué usar la retórica como análisis de la estructura del Corán? Anteriormente ud. había practicado una lectura “atomizada”, fragmentaria, por pequeñas unidades semánticas.

R. – Es una experiencia absolutamente común a cualquier lector quedar desconcertado y rápidamente desalentado por el aparente desorden del texto coránico, especialmente a un lector no musulmán que no haya crecido con este texto desde la infancia. El Corán no se desenvuelve de manera lineal, como desarrollo progresivo de uno o más temas, como nos ha enseñado la retórica griega. Los sujetos en el Corán se mezclan. Un tema apenas aludido y rápidamente interrumpido, aparece a continuación; y algunos incisos introducen a veces un argumento completamente ajeno al contexto. El lector tiene rápidamente la impresión de una incoherencia total y es arrastrado a pesar suyo, a una lectura atomizada, discontinua, de fragmentos independientes unos de otros.

Es bueno notar que no somos nosotros solos, occidentales modernos, los que tenemos esta impresión. Ya en el Corán algunos neófitos convertidos al Islam hacen notar este particular al Profeta (Corán 25, 32). Las primeras generaciones musulmanas critican este aspecto del Corán, que llevará después a la producción de toda una serie de obras en el intento de justificar la coherencia (nazm) del Libro, pero cuyos argumentos no son convincentes y tratan solamente algunos detalles, de modo que el problema de todos modos pervive en la actualidad.

Los islamólogos occidentales modernos, por mucho tiempo, simplemente han dado fe, como hecho evidente, de esta incoherencia del texto. Y dado que todos practicaban el método histórico-crítico, encontraban en las incoherencias del texto argumentos para detectar estratos de redacción, inserciones tardías o recomposiciones a las que tal vez no dudaban en dar un orden más lógico, desplazando ciertos versículos.

La investigación de un orden en el texto aparece, pues, como un verdadero desafío. En los años ochenta del siglo XX algún islamólogo aislado ha intentado comprender la composición de los breves suras de la época de la Meca, la primera revelación coránica, con resultados muy parciales, declarando otrosí que era imposible encontrar cualquier orden en los largos suras compuestos en la época de Medina, que se colocan al inicio del texto del Corán pero que sobre los suras breves habían dado resultados absolutamente positivos. Era necesario tratar sobre amplios suras medinenses. De aquí nació “El banquete”.

P. – ¿En que cosa difiere su lectura del Corán de las otras lecturas?

R. – Esencialmente en el hecho de que el análisis retórico del texto permite una lectura contextual. La fragmentación del texto ha sido sin duda la razón principal por la cual todos los estudiosos clásicos comentan el Corán versículo por versículo, fuera de toda consideración del contexto literario en el que está inserto. Es la razón por la que explican los versículos con elementos externos al texto, lo que técnicamente llaman las oportunidades de la revelación, recorriendo a anécdotas o hechos de la vida del Profeta, tomados de las tradiciones (hadîth) atribuidos al Profeta o a sus compañeros, expresan la razón histórica por la cual este o aquel versículo ha sido revelado, atribuyéndole así un determinado sentido.

Ahora, cuando un versículo es colocado en su contexto y delimitado por la estructura textual de la que forma parte, su verdadero sentido aparece frecuentemente sin que haya necesidad de recurrir a estas oportunidades de la revelación, que con mucha frecuencia se puede plantear la hipótesis de que hayan sido construidas “post eventum” para explicar las sombras del texto.

Doy un ejemplo. El versículo 106 del sura 2 presenta estas palabras de Dios: “No abrogamos un versículo ni te lo hacemos olvidar sin darte uno mejor o igual”. Este versículo ha sido presentado por los juristas, los fuqahâ’, como el fundamento coránico de su teoría de la abrogación, según la cual ciertos versículos del Corán abrogan otros. Esta teoría ha permitido resolver aparentes contradicciones entre versículos, sobre todo los normativos. Se considera pues que los versículos más recientes abrogan los más antiguos, y para determinar cuales son los más recientes se ha decidido a priori que los versículos más duros y más restrictivos deben ser los más recientes y que estos abroguen los precedentes, más benévolos y tolerantes.

Regresando al versículo citado, si se le coloca en su contexto se ve que el sentido es absolutamente diferente: es una respuesta a algunos hebreos que protestaban contra Mahoma porque había incluido, en su proclamación del Corán, unos versículos de la Torá, modificándolos. A esta acusación de falsificación Dios responde que Él es libre de abrogar una revelación precedente sustituyéndola con una nueva, mejor. Se trata pues de la abrogación de la Torá por parte del Corán y no del Corán en su interior.

A pesar de muchos estudiosos musulmanes, en el curso del siglo XX, y aún recientemente la islamóloga francesa Geneviève Gobillot, hemos denunciado con fuerza este error de interpretación, que continúa circulando ampliamente. Es una cuestión de gran actualidad, ya que los extremistas islámicos se sirven de este argumento para afirmar que especialmente los versículos más duros del sura 9 (29 y 73), que incitan a los musulmanes a combatir a los infieles, abrogan cerca de 130 versículos más tolerantes, que en cambio abren el camino a una coexistencia pacífica entre los musulmanes y las otras comunidades.

Fieles a la lógica de la abrogación así como ellos la comprenden, los extremistas, como ya hicieron antiguos comentadores, consideran el sura 9 como el último revelado, que abroga especialmente los versículos más abiertos y tolerantes del sura 5, mientras que cada cosa en este último muestra que se trata de un texto-testamento que concluye la revelación.

P. – ¿Qué le permite hacer esta afirmación?

R. – Solo el análisis retórico nos permite alcanzar esta conclusión. Es posible a través de una contextualización del sura, en el marco de una aproximación intertextual. En efecto, ella contiene diferentes citaciones absolutamente claras de la Biblia o de textos para-bíblicos: la rebelión de los hijos de Israel, que rechazan entrar en la Tierra prometida, tomada del libro de los Números, el asesinato de Abel por parte de Caín, la ley del talión, una sentencia de la Mishná, tomada textualmente, escenas apócrifas de la infancia de Jesús, como también una evocación bastante misteriosa de la última cena. (De ahí el título del sura.

Estas interpretaciones textuales son conocidas desde hace tiempo. Pero una lectura atenta del texto revela otras diferentes reminiscencias bíblicas, menos evidentes pero no menos reales, que colocadas juntas no dejan duda sobre el trasfondo deuteronómico del sura tales como la mezcla de leyes y de relatos, el tema central de la alianza, la entrada en una tierra santa, el léxico, la repetición del “hoy” de Dios, la conminación a obedecer a los preceptos.

El Deuteronomio se presenta como el testamento profético de Moisés que cierra el Pentateuco, la Tora. En efecto, él muere al final del libro. Según la tradición, el sura 5 habría sido revelado en el momento de la solemne peregrinación del adiós del Profeta, muerto poco después. La semejanza de las situaciones es impresionante, excepto por el hecho de que Moisés no entra en la tierra prometida, mientras que Mahoma se encuentra con su comunidad triunfante en la tierra santa del santuario de la Meca. El relato de la revuelta de los hijos de Israel, aparece primero en el libro de los Números, después es retomado en el Deuteronomio. Este relato es la clave de comprensión de todo el sura 5 porque ilustra el rechazo de la gente del Libro, judíos y cristianos, a entrar en la alianza islámica, al contrario de los musulmanes. Al final del sura la evocación de la cena se vincula a la temática de la alianza, en un contexto en el que se recogen trazos del discurso de despedida de Jesús en el Evangelio de Juan, otro discurso-testamento. Finalmente, es necesario poner en relieve que el sura se concluye con el juicio de Jesús, que niega formalmente frente al Señor el haber afirmado ser Hijo de Dios y, al contrario, proclama solemnemente el más puro monoteísmo (5, 116-117).

Esta es la última palabra, cronológicamente hablando, de la revelación coránica y corresponde exactamente al final del texto del Libro, ya que el sura 112 proclama el mismo monoteísmo intransigente, negando cualquier filiación en Dios. Los suras 113 y 114, dos oraciones que no figuran en ciertos códices primitivos, deben ser consideradas como un encuadramiento litúrgico del Corán junto al sura 1. El sura 112 es pues la conclusión real del Libro.

P. – ¿Considera importante que en este momento se afronte el Corán con una metodología científica como la hermenéutica y la exégesis bíblica?

R. – En efecto lo considero de fundamental importancia. La exégesis tradicional islámica, después de haber dado todo lo que podía, desde hace mucho tiempo acabó sus recursos, ya que durante varias decenas de años no ha hecho sino repetir los comentarios de los primeros tres o cuatro siglos de la Hégira. Los grandes comentarios clásicos siguen siendo textos de referencia y es necesario consultarlos, especialmente por las cuestiones de gramática o de filología, pero no pueden en absoluto dar respuesta a los problemas del hombre moderno, que vive en otro mundo diferente.

Precisamente por esto aparecieron en el siglo XX importantes comentarios ideológicos, entre los más conocidos están los del indo-paquistaní Mawdûdî y los del egipcio Sayyid Qutb, ideólogo de los Hermanos Musulmanes, interpretando el Corán en función de las instancias sociales y políticas actuales. Las corrientes islámicas contemporáneas les hacen referencia directamente. Su slogan es el del retorno al Corán, más allá de todas las desviaciones y decadencias de la historia de la comunidad musulmana. Pero es precisamente ésta la pregunta: ¿cómo “regresar al Corán”?

La vía más rápida y más fácil es proyectar sobre él las propias aspiraciones personales, manipulando el texto según el propio gusto. Un creciente número de intelectuales musulmanes denuncia con fuerza este modo de proceder y auspicia un estudio científico del texto, como los cristianos han hecho con la Biblia. El camino es evidentemente muy largo y trabajoso y los resultados son imprevisibles. Quizá de ahí el temor que suscita. Por parte musulmana la investigación, en este sentido, está en sus primeros pasos, aparte de alguna excepción, mientras los orientalistas occidentales ya desde un siglo y medio han proporcionado una cantidad enorme de datos que se pueden encontrar especialmente en la “Enciclopedia del Islam” y en la muy reciente «Encyclopaedia of the Qur’ân». Los grandes centros de la teología musulmana, como la universidad al-Azhar del Cairo son, hasta ahora, muy cautos respecto a estas metodologías modernas.

P. – ¿Cómo llegar al corazón del Corán, sin dejarse llevar por las diferentes tradiciones interpretativas que pueden causar desviaciones?

R. – El “método”, si así se le puede llamar, no es diferente del necesario para cualquier otra investigación científica, y es la capacidad crítica. Ella requiere una ascesis del espíritu: saber tomar las distancias del objeto del estudio, estar dispuestos a volver a poner en cuestión las ideas recibidas y a descubrir lo inesperado.

El pensador francés de origen argelino Muhammad Arkoun ha afirmado con razón y un poco de humorismo que el modo más eficaz de luchar contra la violencia y el terrorismo de los extremistas islámicos sería el de imponer, en la educación de los jóvenes, la lectura de la “Enciclopedia del Corán”, fruto de este tipo de aproximación científico-crítica al Libro. La gran dificultad es que en Oriente Medio la educación se funda esencialmente sobre la tradición y la memorización y no sobre la reflexión y el espíritu crítico. Es un fenómeno cultural, que vuelve problemático el progreso científico en general y la evolución de la exégesis en particular.

P. – ¿Esta aproximación al texto coránico, en su opinión, puede dar la impresión de atacar el Islam o, por el contrario, de llegar a la pureza de la fe coránica?

R. – El Islam no se ha construido solo a partir del Corán. Los hadîth, atribuidos al profeta y que forman la zuna, o las tradiciones que se remontan a los imanes para los chiitas, y a continuación la elaboración del derecho musulmán (el fiqh) y de la ley (shari’a) han jugado un rol igualmente importante, si no mayor. El comentario (tafsîr) del Corán es parte de la tradición islámica. Para explicar el texto, los comentadores clásicos recurren principalmente a las circunstancias de la revelación, de la que he hablado antes, o sea a un principio externo al texto.

El análisis retórico, en cambio, examina solamente el texto así como es, en su versión canónica. Metodológicamente abstrae de la tradición, al menos en un primer momento, y afronta el texto de modo completamente diferente, para llegar frecuentemente a interpretaciones que no concuerdan con la misma. Sin embargo no ataca absolutamente el corazón de la fe musulmana, al contrario la pone más a la luz, liberándola de añadidos que la han recargado a lo largo de la historia.

El ejemplo que di más arriba es una prueba de ello: el término cronológico de la revelación mahometana, desde el sura 5, y la conclusión del Libro, el sura 112, tienen un contenido idéntico, subrayando el hecho que el monoteísmo islámico rechaza rigurosamente la idea de la filiación divina de Jesús: estamos en el corazón del credo musulmán. Se podría poner todavía el ejemplo de la evocación de la cena en los versículos 112-115. Los comentarios tradicionales son extremamente engañosos, ya que tratan el texto como un relato maravilloso, que describe con complacencia los ricos manjares de la comida que Dios hace descender del cielo.

Una lectura atenta del texto encuentra en cambio muchas reminiscencias del discurso sobre el pan de vida, en el capítulo 6 del Evangelio del Juan, asunto que da inmediatamente toda otra dimensión al texto, la de la alusión a la nueva alianza traída por Jesús y a la elección que se impone a los apóstoles y a los cristianos después de ellos, de entrar en esta alianza o en su defecto de sobrepasarla, abrazando la predicada por Mahoma. La lectura contextual e intertextual permite salir de lo anecdótico para alcanzar dimensiones teológicas ignoradas por los comentarios antiguos y sin embargo absolutamente conformes a la fe islámica.

P. – ¿Los teólogos musulmanes deben comprender que el análisis retórico del texto nos abre a una interpretación de este que debería permitir una renovación de la exégesis coránica como lo ha hecho para la exégesis bíblica?

R. – Son cosas que requieren tiempo. Recordemos las dificultades encontradas a los inicios de la exégesis moderna en la Iglesia católica. Existen varias corrientes de pensamiento. El análisis retórico bíblico fue abriéndose camino junto a la aproximación histórico-crítico de la Biblia, que ha sido la única escuela reconocida por largo tiempo.

Dado el peso enorme de la tradición en el Islam, se puede prever que las cosas avanzarán más lentamente, a velocidad geológica, come bromeaba un gran conocedor del Islam. Será sin duda la tarea gravosa y difícil de los intelectuales musulmanes que están asimilando el espíritu científico moderno que habrá de tejer el vínculo entre las teologías tradicionales y las nuevas aproximaciones al texto coránico. Estos intelectuales son perfectamente conscientes de la situación. Esta es la razón por la que no he dudado en solicitar el prefacio de mi libro a un eminente investigador musulmán, el profesor Mohamed-Ali Amir-Moezzi.

P. – El análisis retórico coloca al Corán en el contexto de la literatura semítica antigua. ¿Qué comporta esta manera de proceder? ¿Cuáles son sus consecuencias?

R. – Supone ante todo que se considere el Corán un texto literario. Ya en los años treinta del siglo XX, el gran pensador y escritor egipcio Taha Husien reclamaba el derecho de leer el Corán como obra literaria, junto a Homero o a Shakespeare. El hecho de analizar el Corán bajo el perfil de la retórica semítica coloca este texto en el cuadro de la literatura de la antigüedad tardía.

Se conocen las resistencias del Islam tradicional a una simple aproximación, porque el Corán es considerado palabra divina descendida del cielo, donde es custodiado en una mesa celeste. Esta palabra es de consecuencia considerada sin algún vínculo de origen con cualquier realidad terrena. Tal posición teórica, en la práctica evidentemente no tiene valor porque el Corán ha sido escrito en lengua árabe, como afirma él mismo, una lengua que ha hecho nacer, desde el origen de la exégesis coránica, análisis gramaticales y lexicológicos en relación a la lengua árabe existente, a un lugar y a una época bien definidos.

Entonces no se ve por qué el considerar la composición del texto desde el punto de vista de la similitud con la composición de los otros textos semíticos de la antigüedad pueda crear un verdadero problema teológico. La retórica, tal como la definimos, no es otra cosa que una gramática del texto, a un nivel superior del de las palabras y de la frase.

Más allá de esta posible dificultad, los musulmanes deberían alegrarse de descubrir que este texto, tan criticado por algunos por su incoherencia, está en realidad bien construido, con mucha fineza, a veces incluso hasta una sofisticada finura. A condición, obviamente, de aceptar que puedan haber en ello otra lógica y otra retórica, diferentes de las de la tradición griega. Algunos musulmanes podrían incluso verlo apresuradamente como una prueba del carácter milagroso del Corán.

P. – Una pregunta muy frecuente. ¿El Corán debe ser tomado enteramente a la letra, o hay algo que puede ser dejado al pasado?

R. – La pregunta se hace también a la Biblia y la respuesta que se puede dar es la misma. Tarea principal de la exégesis es dar la letra del texto, lo más fielmente posible. Pero esta letra es compleja y llena de contradicciones aparentemente imposibles de conciliar. De aquí la necesidad de una interpretación que lleve cuenta no sólo del detalle del texto, sino del conjunto del Libro.

Y si se considera que estos textos fundamentales son textos vivos, que tengan todavía hoy algo que decirnos, se debe tener en cuenta en su lectura la evolución moral y espiritual de la humanidad. Ya el gran pensador reformista egipcio, el jeque Muhammad Abú, muerto el 1905, afirmaba que no se pueden poner todos los versos del Corán en el mismo plano porque muchos son circunstanciales, valen para una situación dada, como fue la fundación de la comunidad musulmana, ya superada hace tiempo.

Junto a estos versículos hay otros que reflejan una sabiduría universal, válida para todos los tiempos. En éstos versículos es donde hemos de fundar la fe y la práctica religiosas. Esto es lo que hacen los 38 y después 100 intelectuales musulmanes que han firmado la “Carta abierta a su santidad Benedicto XVI”, entre los que hay un número considerable de «gran muftí» de diferentes países. En ese documento ponen en evidencia algunos versículos que permiten una pacífica convivencia de los musulmanes con las otras comunidades humanas.

Ello puede significar que ellos consideran implícitamente los versículos belicosos, que se encuentran sobre todo en el sura 9 ya citado, como caducos en su aplicación. Pero sería necesario que esto fuera declarado oficialmente y con claridad, considerado como definitivo e irrevocable. Pero aquí se enfrentan con otra dificultad, la de un magisterio en el Islam, que pueda dar autorizadamente un paso así.


P. – Una pregunta más. ¿Con el Islam el diálogo debe ser cultural o religioso?

R. – Sin entrar aquí en la conveniencia o no de reajustes estructurales de la curia pontificia, me parece evidente que el diálogo con los musulmanes, así como con las otras religiones, no puede ser sino ambas cosas.

Si se cree en la declaración del Concilio Vaticano II, en particular en la “Nostra aetate”, es claro que el Islam representa una de las mayores religiones de nuestro tiempo más cercana al cristianismo – por sus raíces históricas – que la mayor parte de las otras religiones. Tiene ciertamente un estatuto diferente al judaísmo, árbol sobre el que se ha injertado el cristianismo, pero posee partes comunes esenciales con nuestra fe, así como se señala en el texto conciliar.

¿La Carta a los Hebreos no dice también que “quien se acerca a Dios debe creer que Él existe y que Él recompensa a quienes lo buscan” (Heb 11,6)? Y a su vez el Corán afirma dos veces que “los que creen [los musulmanes], los judíos, los sabeos o los nazarenos y quien sea que cree en Alá en el último día y cumpla el bien, no tendrán que temer [el infierno] y no serán afligidos” (5, 69; cf también 2, 62).

Pero es verdad que el Islam no es solamente una religión, sino que también es una cultura, vasta y múltiple precisamente como el cristianismo, y este aspecto debe igualmente hacer parte del diálogo. Al Padre Georges Anawati, fundador del Instituto dominicano para los estudios orientales, le gustaba repetir: “Ni cultura sin religión, ni religión sin cultura”.

F. Strazzari, «La Biblia, el Corán y Jesús: Cómo llegar al corazón del credo musulmán»

http://www.funci.org/es/2007/06/07

TRES BUENAS RAZONES PARA NO PELEAR

por Eloy Roy

CLAVE:

  • Los cristianos, los judíos y los musulmanes somos tres árboles nacidos de un mismo tronco. Los tres adoramos al mismo Dios, somos hijos e hijas de Abrahán y compartimos una misma misión. Tres buenas razones para no pelear.

El mismo Dios

«Yavé» del judaísmo, «Alá» del islam y «Dios Padre» del cristianismo son sólo diferentes nombres del mismo Dios. De suerte que, sin saberlo tal vez, el cristiano adora a Alá y a Yavé, el musulmán adora a Yavé y al Padre de Jesús, y el judío creyente adora a Alá y al Padre de Jesús.

La misma familia de Abrahán

Sea por la sangre o sea por la fe, nosotros los seguidores y seguidoras de Moisés, de Jesús o de Mohammed, somos miembros de la familia de Abrahán. Este dato, fundamental en la Biblia de los judíos y de los cristianos y en el Corán de los musulmanes, nos une a todos a un nivel medular.

Compartimos la misma misión

Los hijos e hijas de Abrahán reciben de Dios una misión común, la que, en un pasaje clave pero muy poco conocido del principio de la Biblia, se define así:

Dios se preguntó:

«¿Ocultaré a Abrahán lo que voy a hacer, cuando justamente quiero que salga de él una nación grande y poderosa, y que a través de él sean bendecidas todas las naciones de la tierra? Pues lo he escogido para que ordene a sus hijos y a los de su descendencia que guarden el camino del Señor viviendo según la justicia y el derecho, para que el Señor cumpla con Abrahán todo lo que le ha prometido.»(Génesis 18,17-19)

Así de sencillo. Ningún misticismo. Ningún ritualismo. Simplemente: llevar la bendición de Dios (o sea los mayores «bienes» de la vida) a todas las naciones de la tierra. ¿Cómo? «viviendo según la justicia y el derecho».

Por lo tanto, que seamos cristianos, judíos o musulmanes, todos compartimos la misma vocación y la misma misión: ser en todo el mundo servidores y servidoras de la justicia.

Lo cual, en lenguaje concreto, nos compromete a dejar de mentir, de codiciar, de robar, de oprimir y matar, y a reconocer para todos los seres humanos los mismos derechos que reclamamos para nosotros mismos.

Más específicamente, nuestra misión común nos incita a que no nos quedemos encerrados en nuestras sinagogas, iglesias o mezquitas, o en nuestros códigos jurídicos particulares tan marcados aún por nuestro pasado patriarcal y tribal, y que participemos activamente en la edificación de un mundo acorde con los grandes principios de la Declaración universal de los Derechos humanos de la ONU, amén de otras declaraciones destinadas a proteger a los grupos humanos más vulnerables como las mujeres, los niños y los pueblos originarios. Sin olvidarnos de los derechos de nuestros hermanos animales y de nuestra Madre Tierra.

Si hemos de ser santos como Dios es santo (Levítico 11,44; 1 Pedro 1,16), si hemos de amar al mundo como Dios lo ama, si hemos de ser los instrumentos de Dios para extender la paz y traer la bendición a todas las naciones, el camino es la justicia.

En la justicia se encuentran nuestra raíz y nuestra identidad, nuestra vocación y nuestra misión. En la justicia… la salvación.

AUTOR:

Eloy Roy. Sacerdote católico, nacido en Brauceville (Canadá) perteneciente a una congregación de misioneros de Quebec, que ha sido cura párroco en regiones aisladas como Choluteca (Honduras), Tilcara (Honduras), Tilcara (Argentina) y en China. En 1988, en Argentina, cuando el gobierno de ese país sancionó la Ley de Punto Final y la Ley de Obediencia Debida, conocidas como las leyes de impunidad de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadira de 1976 a 1983, Eloy Roy, como cura párroco de Tilcara, le colocó a la Virgen Dolorosa el pañuelo blanco característico de las Madres de la Plaza de Mayo. El hecho generó airadas manifestaciones de protestas por parte de sectores conservadores, y Eloy Roy fue trasladado por el obispo del lugar. De allí, Roy se marchó a la China. Diez años después, volvió a Tilcara (Argentina) donde fue recibido como un héroe por los que lo habían acompañado en su lucha. Pero nunca fue rehabilitado. De ahí marcho a Quebec (Canadá) en la actualidad reside en Laval (Canadá)

FUENTES: